﻿{"id":17980,"date":"2023-07-03T13:39:00","date_gmt":"2023-07-03T19:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=17980"},"modified":"2025-07-30T18:13:35","modified_gmt":"2025-07-31T00:13:35","slug":"chloe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/chloe\/","title":{"rendered":"Chlo\u00e9"},"content":{"rendered":"\r\n\r\n\r\n<p>Ana Esther Urquizo<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico,<\/em> n\u00fam. 57.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_57_11_Cuento_compressed.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Opresi\u00f3n. P\u00e9rdidas. Dolor. Reconstrucci\u00f3n. Vivir el destierro.<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\" style=\"text-align: right;\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo en aquel momento tuve conciencia de cu\u00e1n largos y devastadores eran los a\u00f1os del exilio. Y no solo para los que nos fuimos, como lo cre\u00eda hasta entonces, sino tambi\u00e9n para ellos: los que se quedaron.<br \/>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20548\" aria-describedby=\"caption-attachment-20548\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20548\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_023-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_023-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_023-768x511.jpg 768w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_023.jpg 1000w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20548\" class=\"wp-caption-text\">Adriana Valencia, Nostalgia, t\u00e9cnica mixta, 2020.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El escenario es Hait\u00ed bajo el r\u00e9gimen dictatorial de Fran\u00e7ois Duvalier. La mujer protagonista de esta historia es una maestra gallarda y valiente, de piel mulata, ojos de esmeralda, labios delineados, cintura definida, caderas anchas y coraz\u00f3n de algod\u00f3n. Hermana menor de tres mujeres alegres, hija de padres opositores a la represi\u00f3n pol\u00edtica de la \u00e9poca.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Su nombre es Chlo\u00e9, su apellido es Lelong y su desgracia fue sufrir el r\u00e9gimen de terror impuesto por la polic\u00eda secreta y milicia personal del dictador: los temidos <em>Tonton-Macoutes<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Su familia, catalogada como enemiga del r\u00e9gimen represivo de la \u00e9poca, fue perseguida, y se vio obligada a huir de su isla querida. La se\u00f1al fue aquel momento en que su casa fue baleada. De pronto, los disparos la ensordecieron y un torrente de olor a p\u00f3lvora y metal envolvi\u00f3 el ambiente. Padres e hijas se tiraron al piso, boca abajo, cubri\u00e9ndose la cabeza. Chlo\u00e9 se recarg\u00f3 en la pared echa un ovillo; ella ya no escuchaba ni los gritos de sus hermanas, ni los lamentos de su madre, ni las maldiciones de su padre. Ya s\u00f3lo sent\u00eda el latido desbocado de su coraz\u00f3n; aun as\u00ed, una estrofa de la canci\u00f3n de cuna criolla <em>Dodo Titi<\/em> le vino a la mente y la tarare\u00f3 con el \u00fanico af\u00e1n \u2012malogrado\u2012 de evadirse de ese momento.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Dodo ti pitit manman<\/em><br \/><em>Si ou pa dodo krab la va mange\u2019w<\/em><br \/>(Duerme peque\u00f1o de mam\u00e1<br \/>Si no duermes el cangrejo te va a comer)<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Chlo\u00e9 no se durmi\u00f3, el cangrejo no se la comi\u00f3.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto pudo, corri\u00f3 precipitada en busca del padre de uno de sus alumnos que trabajaba para el gobierno y quien, ante la s\u00faplica de la aterrorizada maestra, le consigui\u00f3 salvoconductos para ella y los suyos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Miami fue el destino de la madre, Puerto Rico el de la hermana mayor, M\u00e9xico el de Chlo\u00e9. El padre y sus otras dos hermanas habr\u00edan de volar a Panam\u00e1, pero ellos tres no llegaron al que ser\u00eda su nuevo hogar. Al paso del tiempo, se supo que no pudieron subir al avi\u00f3n que los salvar\u00eda. Hab\u00edan sido interceptados en el aeropuerto.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta una leyenda afrocaribe\u00f1a que los hombres del saco o en creole, los <em>Tonton-Macoutes<\/em>, se llevan a los ni\u00f1os que no regresan temprano a su casa. Esa leyenda cobr\u00f3 vida. Esta vez, los maldecidos <em>Tonton-Macoutes<\/em> no se llevaron a ning\u00fan ni\u00f1o, sino al padre y a dos hermanas de Chlo\u00e9. Los desaparecieron muy probablemente en sacos y nadie, nunca, volvi\u00f3 a saber de ellos.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20547\" aria-describedby=\"caption-attachment-20547\" style=\"width: 506px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-20547\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_024-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"506\" height=\"759\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20547\" class=\"wp-caption-text\">Adriana Valencia, El ba\u00f1o, acr\u00edlico, 2021.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tres sobrevivientes de la familia Lelong \u2012las afortunadas que lograron huir de la isla, con apenas una maleta en mano\u2012 afrontaron nuevas vidas, separadas. Jam\u00e1s regresaron a su tierra. Aun as\u00ed \u2012parafraseando a John Dos Passos\u2012 aunque las arrancaron de su pa\u00eds, jam\u00e1s les arrancaron el pa\u00eds de su coraz\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Chlo\u00e9 hab\u00eda nacido en Puerto Pr\u00edncipe en el seno de una familia acomodada. Hab\u00eda disfrutado una infancia feliz, una juventud color de rosa. Los bailes en familia, los aromas, la m\u00fasica y el ambiente de los carnavales quedar\u00edan para siempre tatuados en su memoria. Nunca olvidar\u00eda el sabor del <em>tassot frit<\/em>; pero eso, ya formaba parte de su pasado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e9xico le abri\u00f3 las puertas a su futuro y ella supo ocultar sus heridas del alma y adoptar las tradiciones de su nueva tierra. La vista al mar en su nuevo hogar en Campeche no se comparar\u00eda jam\u00e1s con aquella de su isla; pero al menos, el color del agua, aunque m\u00e1s oscuro, el brillo del cielo, aunque m\u00e1s tenue, y el centelleo de las estrellas, aunque m\u00e1s lento, le recordar\u00edan siempre la primera parte de su vida. La segunda parte, a fuerza de trabajarla arduamente, la termin\u00f3 amando. En tierra maya se dedic\u00f3 tambi\u00e9n a la docencia y ense\u00f1\u00f3 franc\u00e9s a cientos de estudiantes. Ah\u00ed se asent\u00f3, conoci\u00f3 a su marido, nacieron y crecieron sus hijos y sus nietos, y dej\u00f3 huella en las arenas blancas y finas del lugar.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20549\" aria-describedby=\"caption-attachment-20549\" style=\"width: 500px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20549\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_57_022-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"750\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20549\" class=\"wp-caption-text\">Adriana Valencia, Nopalera, \u00f3leo, 2019.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Chlo\u00e9 naci\u00f3 haitiana y muri\u00f3 mexicana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>Su \u00faltimo deseo fue que sus cenizas se esparcieran en el mar, con la firme convicci\u00f3n, de que, el vaiv\u00e9n de las corrientes har\u00eda que su esp\u00edritu fuera y viniera de un hogar a otro.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Esther Urquizo En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 57. Opresi\u00f3n. P\u00e9rdidas. Dolor. Reconstrucci\u00f3n. Vivir el destierro. S\u00f3lo en aquel momento tuve conciencia de cu\u00e1n largos y devastadores eran los a\u00f1os del exilio. Y no solo para los que nos fuimos, como lo cre\u00eda hasta entonces, sino tambi\u00e9n para ellos: los que se quedaron.Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. El escenario es Hait\u00ed bajo el r\u00e9gimen dictatorial de Fran\u00e7ois Duvalier. La mujer protagonista de esta historia es una maestra gallarda y valiente, de piel mulata, ojos de esmeralda, labios delineados, cintura definida, caderas anchas y coraz\u00f3n de algod\u00f3n. Hermana menor de tres mujeres alegres, hija de padres opositores a la represi\u00f3n pol\u00edtica de la \u00e9poca. Su nombre es Chlo\u00e9, su apellido es Lelong y su desgracia fue sufrir el r\u00e9gimen de terror impuesto por la polic\u00eda secreta y milicia personal del dictador: los temidos Tonton-Macoutes. 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