﻿{"id":17907,"date":"2023-06-30T15:37:40","date_gmt":"2023-06-30T21:37:40","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=17907"},"modified":"2025-09-08T18:51:48","modified_gmt":"2025-09-09T00:51:48","slug":"anclas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/anclas\/","title":{"rendered":"Anclas"},"content":{"rendered":"\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/em>o, n\u00fam. 52.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_52_Sepia_Anclas.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image\">\r\n<figure class=\"aligncenter is-resized\">\r\n<figure id=\"attachment_21590\" aria-describedby=\"caption-attachment-21590\" style=\"width: 755px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21590\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_162.jpg\" alt=\"\" width=\"755\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_162.jpg 755w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_162-227x300.jpg 227w\" sizes=\"(max-width: 755px) 100vw, 755px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21590\" class=\"wp-caption-text\">Dorothea Lange, Migrant worker on California highway, 1935. Library of Congress, USA.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La paradoja del migrante est\u00e1 en que la riqueza a la que aspira se nutre de las acechanzas de oportunistas y pendencieros, de las miradas de exclusi\u00f3n y la humillaci\u00f3n de favores, los soles lapidarios y los fr\u00edos extenuantes, del peso de la esperanza cimentado sobre el infierno del pasado, de quedar anclado con un pie en cada lado. Posiblemente, poco de esa riqueza oteada sobre el firmamento llegar\u00e1 a disfrutar. Como esos autores que no obtienen reconocimiento en vida o los luchadores sociales a los que alguien pone punto final como si pudiera echar atr\u00e1s el miedo a cambiar, el migrante o inmigrante (seg\u00fan d\u00f3nde est\u00e9 el ojo que lo vea), recoger\u00e1 en hijos y nietos las ilusiones creadas sobre un tiempo desmembrado. La di\u00e1spora, el exilio, el refugio pueden ser individuales o colectivos: de los braceros de ayer y de hoy, de las caravanas de desahuciados que buscaban barcos en los puertos de Europa para escapar de la pobreza, y m\u00e1s tarde la persecuci\u00f3n, camino a la prometida Am\u00e9rica en los inicios del siglo XX. De los centroamericanos del presente y cuanto infiltrado se sume de otras miserias del Sur del mundo para alcanzar el Norte bienaventurado. Migrantes que no necesariamente cruzan fronteras pol\u00edticas para buscar un tiempo mejor. \u201cPartir es morir un poco, llegar nunca es llegar definitivo\u201d, dice la Oraci\u00f3n del migrante. Migrar es nutrirse de magia y de tragedia. Tocar a las puertas de una casa sin ser convocado ni invitado no resulta sencillo, mucho menos estimulante. La miseria estruja el orgullo como tambi\u00e9n la violencia, el otro germen de las motivaciones por huir. Todo migrante quiere la oportunidad que otros tuvieron. Dorothea Lange, autora de esta imagen y que se hizo muy conocida por retratar la desolaci\u00f3n de la pobreza rural estadunidense luego de la Gran Depresi\u00f3n \u2013Mujer migrante es su obra m\u00e1s destacada\u2013, dec\u00eda que en las fotos quer\u00eda encontrar la profundidad de aquello que no se necesita explicar. Es la espalda, el saco y su sombra con lo m\u00e1s elemental de las necesidades de nuestro migrante sobre la carretera, como tambi\u00e9n es la mirada frontal que necesitamos imaginar sobre el enigma de unos d\u00edas por venir esperanzadores. Nada puede ser peor de lo que fue<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 52. 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