﻿{"id":17553,"date":"2023-06-05T18:15:33","date_gmt":"2023-06-06T00:15:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=17553"},"modified":"2025-07-30T12:08:04","modified_gmt":"2025-07-30T18:08:04","slug":"la-plaza-mayor-vistas-urbanas-de-manuel-de-arellano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-plaza-mayor-vistas-urbanas-de-manuel-de-arellano\/","title":{"rendered":"La Plaza Mayor: Vistas urbanas de Manuel de Arellano"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Roberto Fern\u00e1ndez Castro<br \/>Facultad de Filosof\u00eda y Letras-UNAM<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>Revista\u00a0<\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 54.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/BiC_54_08_Arte.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">Si se quiere tener un retrato pict\u00f3rico de lo que fue el centro de la ciudad de M\u00e9xico a inicios del siglo XVIII, con sus comerciantes y viandantes, la diversidad de los productos locales e importados y una arquitectura \u00fanica, no hay como detenerse a observarlos a detalle en las pinturas de Manuel Arellano Traslado de la imagen y estreno del santuario de Guadalupe y Celebridad de nochebuena en M\u00e9xico. A\u00f1o de 1720.<\/span><\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_20503\" aria-describedby=\"caption-attachment-20503\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20503\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_024.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"908\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_024.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_024-300x272.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_024-768x697.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20503\" class=\"wp-caption-text\">Manuel de Arellano, Celebraci\u00f3n de Nochebuena en M\u00e9xico [detalle], \u00f3leo sobre tela, 1720. Colecci\u00f3n P\u00e9rez Sim\u00f3n, M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A principios del siglo XVIII, la Plaza Mayor de la ciudad de M\u00e9xico era elogiada como una de las m\u00e1s famosas del mundo por su opulencia. Se la comparaba y se la hac\u00eda competir con algunas de las edificadas en la antig\u00fcedad y con las m\u00e1s c\u00e9lebres de Europa. La raz\u00f3n principal era que aqu\u00ed pod\u00edan verse tanto los frutos de la tierra americana como los de Europa y Asia. Y si hab\u00eda algo que por entonces llamaba poderosamente la atenci\u00f3n de los viajeros era el bullicio de la gente que se reun\u00eda en ella para intercambiar productos de los m\u00e1s variados g\u00e9neros.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en su <em>Segunda carta de relaci\u00f3n<\/em>, fechada en octubre de 1520, Hern\u00e1n Cort\u00e9s hab\u00eda descrito con inter\u00e9s las muchas plazas que ten\u00eda la ciudad, donde hab\u00eda continuo mercado y tratos para comprar y vender. Dec\u00eda que en los mercados se vend\u00eda cuanta cosa se pod\u00eda hallar en toda la tierra, que eran tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no tener en la memoria a todas, y aun por no saber sus nombres, no pod\u00eda expresarlas. Tampoco dej\u00f3 de mencionar el orden de los pobladores que a cada calle asignaban un tipo de mercanc\u00eda para su venta.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos siglos despu\u00e9s, a pesar de la violenta destrucci\u00f3n que signific\u00f3 la conquista, Juan de Viera tambi\u00e9n destac\u00f3 los tres espacios diferenciados que se apreciaban en el mercado de la Plaza Mayor. El primero estaba dedicado a la venta de los bastimentos de primera necesidad, vendidos sobre todo por los ind\u00edgenas; el segundo se destinaba a los lujos de importaci\u00f3n, concentrados en el Alcaicer\u00eda o Pari\u00e1n; y el \u00faltimo, conocido como el Baratillo, exhib\u00eda los art\u00edculos no comestibles destinados a los pobres.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada tendej\u00f3n del primer apartado estaba construido con carrizos, techado con paja y parasoles de petate, pero se distribu\u00edan en corredores con trazado reticular en donde se pod\u00edan encontrar frutas y verduras de Xochimilco, ma\u00edz de Toluca y Chalco, dulces de Cuernavaca y las Amilpas, o el muy apreciado pulque de Apam, el cual, seg\u00fan Fray Toribio de Benavente, cuando era bebido con templanza, resultaba saludable y de mucha fuerza.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo espacio en la Plaza, llamado de la Alcaicer\u00eda o Pari\u00e1n, era una enorme construcci\u00f3n de madera, ubicada en la zona poniente. Hab\u00eda tomado su nombre del mercado de Manila, pues la mayor\u00eda de los art\u00edculos de lujo eran los que proced\u00edan de Filipinas y eran llevados por los comerciantes del \u201cgremio de chinos\u201d. Este, seg\u00fan Viera, era un verdadero \u201cteatro de maravillas\u201d donde se pod\u00edan encontrar libros, telas y ropa fina, biombos, camas, espejos, joyer\u00eda, abanicos, cristales y cer\u00e1mica.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Baratillo, por \u00faltimo, hab\u00eda un sitio para los dulces, pero tambi\u00e9n herramientas, ropa vieja, sombreros y botas. Aunque, como contaron algunos otros observadores de la \u00e9poca, el Baratillo tambi\u00e9n fue considerado un lugar para el comercio y el intercambio de objetos robados, donde malvivientes y ladrones encontraban refugio para su actividad ilegal y su desaf\u00edo hacia la autoridad y el orden.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo con Fray Antonio de la Anunciaci\u00f3n, quien describi\u00f3 la apariencia de la Plaza hacia 1729 en su libro <em>El Carmelo regocijado<\/em>, entre las nueve y las once de la ma\u00f1ana, en la amplitud y el espacioso sitio abierto de la plaza concurr\u00edan los m\u00e1s variados pobladores de Nueva Espa\u00f1a. Su testimonio es s\u00f3lo uno de los numerosos ejemplos que muestran la Plaza como el complejo espacio social y cultural de una naci\u00f3n multi\u00e9tnica, cuyos pobladores comienzan a hacerse visibles en la pluma de los escritores y en el pincel de los artistas por su fisonom\u00eda, por sus vestidos y por sus actividades cotidianas. A veces esto se explica por lo extra\u00f1as que resultaban a los ojos de los viajeros las costumbres y las caracter\u00edsticas f\u00edsicas de la gente, pero tambi\u00e9n porque la ciudad y la plaza, adem\u00e1s de ser la <em>urbe <\/em>de los edificios y el territorio f\u00edsico, representaba la <em>civitas christiana <\/em>o el esp\u00edritu comunitario del espacio que los criollos buscaban enaltecer; la imagen de las virtudes nacionales defendidas por ellos, como espa\u00f1oles americanos que eran.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez esta fue la intenci\u00f3n de Crist\u00f3bal de Villalpando cuando, hacia 1695, pint\u00f3 su <em>Vista de la Plaza Mayor <\/em>por encargo del virrey Conde de Galve, quien, por conservar un recuerdo de su obra en el virreinato mexicano, dio \u00e9nfasis a los proyectos que su administraci\u00f3n promovi\u00f3. Por eso, Villalpando pint\u00f3 el mercado del Pari\u00e1n como se contemplar\u00eda si estuviera terminado, lo que no pas\u00f3 sino hasta 1703. Sin embargo, la Plaza apareci\u00f3 en su obra puntualmente descrita, con toda su riqueza humana, incluyendo el bullicio.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20502\" aria-describedby=\"caption-attachment-20502\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20502\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_023.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"897\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_023.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_023-300x269.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_023-768x689.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20502\" class=\"wp-caption-text\">Manuel de Arellano, Celebraci\u00f3n de Nochebuena en M\u00e9xico [detalle], \u00f3leo sobre tela, 1720. Colecci\u00f3n P\u00e9rez Sim\u00f3n, M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">Vistas monumentales<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Quien s\u00ed pudo contemplar la Plaza Mayor, ya reconstruida despu\u00e9s del mot\u00edn que destruy\u00f3 casi por completo el palacio virreinal en 1692 y con el Pari\u00e1n terminado, fue Manuel de Arellano, probablemente disc\u00edpulo de Villalpando y miembro de una familia de pintores que estuvo activa en Nueva Espa\u00f1a entre 1690 y 1730. A pesar de que todav\u00eda existen algunas dudas acerca de su identidad y de la posibilidad de atribuirle otras obras, de \u00e9l se conocen con seguridad dos vistas urbanas monumentales: <em>Traslado de la imagen y estreno del santuario de Guadalupe <\/em>(1709) y <em>Celebridad de nochebuena en M\u00e9xico. A\u00f1o de 1720 <\/em>(1721). En ambos casos, sin perder detalle alguno, Arellano despleg\u00f3 una narrativa peculiar y muy poco convencional, as\u00ed como una mirada aguda, capaz de traducir en im\u00e1genes las m\u00e1s variadas escenas cotidianas. Es posible imaginar a Arellano sobre la azotea de los edificios, tomando los apuntes que luego reunir\u00eda, a fin de conservar la espontaneidad de las pinceladas en el resultado de sus dos grandes vistas urbanas: <em>Traslado de la imagen<\/em>, de 176 x 270 cm, y <em>Celebridad de nochebuena<\/em>, de 252 x 282 cm.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Celebridad de nochebuena en M\u00e9xico <\/em>o <em>Vista de la Plaza Mayor de M\u00e9xico en Nochebuena<\/em>, como tambi\u00e9n se conoce al lienzo de Arellano de 1721, es una vista nocturna en la que el elemento m\u00e1s destacado es precisamente el mercado. En \u00e9l, tanto los diversos cuadrantes de la Plaza, como los cajones del Pari\u00e1n y cada uno de los puestos aparecen iluminados por las fogatas, las velas, los cirios y los farolillos que lleva la gente reunida, o aquellos que cuelgan y adornan los pasillos que sirven para circular entre las tiendas. Una decoraci\u00f3n como esta s\u00f3lo se hac\u00eda de manera especial para la celebraci\u00f3n de la fiesta, porque tambi\u00e9n entonces como hoy, la Plaza fue, adem\u00e1s de lugar para la civilidad, espacio para la festividad y para la protesta.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo conservado su cartela descriptiva, como se hac\u00eda en la mayor\u00eda de los mapas y muchas pinturas de tema hist\u00f3rico de la \u00e9poca, es posible identificar los principales edificios, sitios y sucesos de inter\u00e9s en aquella Nochebuena de 1720. Para mejor orientaci\u00f3n, Arellano agreg\u00f3 las inscripciones con el punto cardinal que correspond\u00eda a cada lado del cuadro. Al tratarse de una vista de sur a norte, la Catedral aparece vista de frente y al fondo, en la parte superior dice <em>septentrio<\/em>, en la inferior <em>meridio<\/em>, en el lado derecho <em>oriens<\/em> y, aunque es un fragmento que parece faltar actualmente en la tela, es de suponer que en su lado derecho debi\u00f3 tener la inscripci\u00f3n correspondiente al occidente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de que en una explicaci\u00f3n social de la fiesta puede decirse que la mayor\u00eda serv\u00eda para sobrellevar las tensiones de la vida cotidiana, y que al mismo tiempo era una forma de contravenir el orden moral a trav\u00e9s de la embriaguez y los excesos, esto s\u00f3lo permite entender, en parte, porqu\u00e9 la Iglesia y el Estado eran los principales interesados en promover celebraciones p\u00fablicas que sirvieran para mantener las jerarqu\u00edas, la desigualdad social y la unidad impuesta a la comunidad cristiana. Si la fiesta fue objeto de inter\u00e9s para propios y extra\u00f1os, quienes dejaron noticia de su riqueza y complejidad, se debi\u00f3 sobre todo a la posibilidad de ser parte de algo que, de convencional, se transforma en extraordinario.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En la escena que pinta Arellano, la arquitectura de la Plaza, con sus edificios y sus numerosos personajes, transmite un mensaje y recurre a una ret\u00f3rica que principia con el paisaje urbano, en el cual la figura humana no es ya lo primordial, es peque\u00f1a y abocetada; su presencia y su actuar son m\u00e1s bien po\u00e9ticos, porque su belleza se encuentra en la reproducci\u00f3n sincera y natural de lo que ocurre en esa noche. As\u00ed, la profundidad espacial y la perspectiva componen uno de los elementos m\u00e1s notables del cuadro. El artista no s\u00f3lo opt\u00f3 por un punto de vista muy elevado, sino que adem\u00e1s su mirada ofrece una de las soluciones m\u00e1s t\u00edpicamente barrocas que se pueden reconocer en el cuadro, la de la doble mirada: una frontal para captar la portada de la Catedral en toda su monumentalidad, y al mismo tiempo, una vista \u201ca vuelo de p\u00e1jaro\u201d que le permite ver las azoteas, los techos del mercado y lo que sucede entre sus pasillos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, antes que, por su contenido, lo que hace del cuadro de Arellano una obra de verdad extraordinaria, es que se trata de una vista nocturna de la Plaza. Desde el siglo XVII, algunos maestros comenzaron a replantear el aspecto puramente formal de la luz, a trav\u00e9s de programas te\u00f3ricos y espirituales genuinamente innovadores. Si algunos de los primeros nocturnos renacentistas hab\u00edan introducido el gusto por la alternancia r\u00edtmica de ciertos juegos crom\u00e1ticos entre zonas iluminadas y oscuras, el cuadro de Arellano toma parte, en cambio, del virtuosismo que, en los siglos XVII y XVIII, implic\u00f3 la observaci\u00f3n de los efectos que causaba el registro de la luz artificial como un valor simb\u00f3lico y evocador, algo que adem\u00e1s serv\u00eda para evidenciar todos los detalles de la escena narrada que se quer\u00edan destacar. Dicho de otro modo, el pintor deja ver, con una mirada espiritual, lo que desde una perspectiva exclusivamente natural ser\u00eda imposible de apreciar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, uno de los elementos m\u00e1s escenogr\u00e1ficos de la arquitectura urbana es la plaza. Dentro de la ciudad, los espacios vac\u00edos, rodeados de edificios monumentales presididos por la fachada de las iglesias o por suntuosos palacios, pasaron de ser espacios urban\u00edsticos de especial decoro a ocupar el sitio m\u00e1s representativo en la proclamaci\u00f3n de la religiosidad y la orientaci\u00f3n pol\u00edtica de los espa\u00f1oles americanos, quienes les fueron dando la forma que hoy siguen conservando como centro de poder. En la plaza se celebraba el poder, pero como un espect\u00e1culo cuya ficci\u00f3n no duraba m\u00e1s all\u00e1 de su representaci\u00f3n. Como registr\u00f3 Juan de Viera, entre las ocasiones especiales que animaban la vida y las ventas de la Plaza, hab\u00eda dos festejos anuales de indiscutible significado en la ciudad de M\u00e9xico: el D\u00eda de Muertos y la Noche Buena.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de la meditaci\u00f3n acerca de la vida y la muerte, lo m\u00e1s importante no era la celebraci\u00f3n religiosa, como podr\u00eda pensarse, sino la venta generalizada de un tipo especial de mercanc\u00edas que no se ve\u00edan en el resto del a\u00f1o: los dulces. Seg\u00fan Viera, la fiesta era un pretexto para elaborar, con pasta de almendra, de pepita de calabaza o caramelo, todo g\u00e9nero de figuras y confites. El dominico Thomas Gage, en su relato de <em>El ingl\u00e9s americano<\/em>, le dedic\u00f3 todo un cap\u00edtulo a los varios g\u00e9neros de atoles y otras bebidas que ah\u00ed se vend\u00edan, pero para Fray Antonio de la Anunciaci\u00f3n, cuando m\u00e1s resplandec\u00edan la grandeza, riqueza y opulencia de la plaza mexicana, era en las Pascuas de Navidad:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque, desde el d\u00eda de la Concepci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora, es tan sinn\u00famero el n\u00famero y g\u00e9nero de especies de cosas comestibles, dulces, frutas de Espa\u00f1a y Am\u00e9rica, que en multitud casi infinita de tiendas y puestos, vistosa y curiosamente compuestos, concurren y ofrecen a la vista y est\u00e1n convidando al gusto, la variedad de pescados, jamones y otras cosas de este g\u00e9nero, que una de las mayores diversiones de las se\u00f1oras y se\u00f1ores de M\u00e9xico, en estos d\u00edas y sus noches, es pasear en sus coches y forlones esta plaza, por las calles que forman estos puestos y tiendas, iluminadas con la multitud curiosa de varias y hermosas hechuras de luces y faroles, y recrear la vista y el gusto con tanto bueno y exquisito como del reino y de la Europa se les hace tangible y manifiesto. Tambi\u00e9n aumenta mucho la hermosura de esta Real Plaza, una bell\u00edsima pila y fuente copiosa de agua que, con variedad de tazas y surtideros, refrigera a los sedientos y deleita la vista de los que la ponen en ella.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20501\" aria-describedby=\"caption-attachment-20501\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-20501\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_022.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"875\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_022.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_022-300x263.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_022-768x672.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20501\" class=\"wp-caption-text\">Manuel de Arellano, Celebraci\u00f3n de Nochebuena en M\u00e9xico [detalle], \u00f3leo sobre tela, 1720. Colecci\u00f3n P\u00e9rez Sim\u00f3n, M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/blockquote>\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Antonio de la Anunciaci\u00f3n escribi\u00f3 su cr\u00f3nica nueve a\u00f1os despu\u00e9s de que Arellano pintara su cuadro, pero en efecto, el centro de toda la escena, la m\u00e1s iluminada de toda la obra, la ocupan los puestos de la Plaza. El alumbrado de cada puesto forma un conjunto de faroles, estrellas, esferas, cruces e im\u00e1genes devocionales, entre otros adornos que no esconden su variedad de colores. Tal y como anuncia la cartela, los puestos de frutas secas y de temporada son los que m\u00e1s se destacan, junto a los numerosos puestos de pescado. El humo y los vapores que despiden algunos locales dan cuenta de los alimentos que se vend\u00edan calientes o cocidos al momento. No pocos transe\u00fantes van comiendo y bebiendo. Mujeres, hombres y ni\u00f1os lucen elegantes peinados, vestidos y capas, aunque son de todos los estratos y colores. Tampoco faltan caballos y perros que recorren la Plaza, pero casi nadie parece percatarse de que el pintor nos permite observarlos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de los numerosos grupos que se re\u00fanen al calor de las fogatas encendidas a las afueras del mercado, el puente del palacio, en el \u00e1ngulo inferior derecho, aparece sumamente transitado. Por la izquierda, hacia el poniente, el puente de los Flamencos y el puente de las flores lo son un poco menos, pero el bullicio se compensa con varias canoas que flotan sobre la acequia, alumbradas por faroles de quienes ofrecen productos a la venta o que se han reunido precisamente ah\u00ed para comer, beber y jugar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En la mitad inferior izquierda del cuadro, aparece el segundo edificio que m\u00e1s se destaca: El Pari\u00e1n. La perspectiva del pintor nos permite ver los arcos de su fachada sur, la azotea y la celebraci\u00f3n que tiene lugar al interior, con grupos que tambi\u00e9n pasean entre los pasillos o mantienen la fiesta junto a sus propias fogatas. Por detr\u00e1s, hacia el norte, se abre un espacio amplio, menos transitado, pero de una convivencia muy distinta, es la que Arellano llama plazuela de la Catedral, en cuyo centro se encuentra la cruz que aparece en la cartela con el n\u00famero nueve. A pesar de ser la secci\u00f3n m\u00e1s oscura, poco iluminada y, en apariencia, de menor importancia, Arellano pint\u00f3 con todo detalle y belleza las tres portadas de la Catedral barroca de la ciudad de M\u00e9xico, con su \u00fanica torre todav\u00eda sin terminar y la peque\u00f1a plazuelita del oriente, donde m\u00e1s tarde se edificar\u00eda el Sagrario.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En la portada de la Catedral, no s\u00f3lo se perciben los relieves y las columnas que la adornaban mirando hacia la Plaza, tambi\u00e9n sus puertas abiertas que dejan ver un interior iluminado al que se encamina cierto n\u00famero de feligreses, unos recibidos por el sacerdote en la puerta m\u00e1s occidental y otros que ingresan portando las farolas que los iluminan. Es de notar que, por encima de la Catedral, el artista no ha dejado de pintar un cielo azul brillante, oscurecido s\u00f3lo por algunas nubes que lo atraviesan, pero contrastante con el rojo intenso de la larga azotea que se extiende desde la esquina sur del palacio real, hasta la azotea del palacio episcopal, en el \u00e1ngulo superior derecho.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00faltimo elemento que destaca el cuadro es un suceso que parece m\u00e1s anecd\u00f3tico o teatral, aunque no lo bastante inquietante como para romper con el resto de las escenas. Arellano lo registr\u00f3 en la cartela con el n\u00famero 27 como \u201cPendencia que apacigua la guardia de Palacio\u201d. El asunto es tan poco preocupante, que su notaci\u00f3n aparece entre la \u201cCalle del Relox\u201d, n\u00famero 26, y los \u201cPuestos de bu\u00f1uelos\u201d del n\u00famero 28. Mucha gente corre en distintas direcciones, desde la calle oriental que desemboca junto a la Catedral hasta la fuente de la Plaza, frente a la puerta del palacio. Tal parece que la pendencia y las ri\u00f1as que no dejan de parecer aisladas en otros sitios del cuadro, tambi\u00e9n eran frecuentes en medio de la fiesta.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, el cuadro de Arellano resulta ser una obra de excepcional belleza por la calidad t\u00e9cnica de sus detalles y por su audacia de pintar la Plaza Mayor de noche, iluminada por la propia poblaci\u00f3n y el mercado, empleando en ello recursos pict\u00f3ricos muy poco comunes para su \u00e9poca. Pero, adem\u00e1s, el pintor nos puso delante una imagen de la compleja sociedad del momento, entretejiendo un sinn\u00famero de narraciones simult\u00e1neas mediante detalles de aparente marginalidad. Junto a su valor est\u00e9tico, <em>Celebridad de nochebuena<\/em> es tambi\u00e9n un documento hist\u00f3rico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Antu\u00f1ano Maurer, Alejandro (ed.), <em>Plazas mayores de M\u00e9xico. Arte y luz<\/em>, pr\u00f3logo de Guillermo Tovar de Teresa, fotograf\u00eda Jos\u00e9 Ignacio Gonz\u00e1lez Manterola, M\u00e9xico, Grupo Financiero BBVA Bancomer, 2002.<\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\"><em>El Z\u00f3calo, 500 a\u00f1os narrados desde el Palacio de Moctezuma<\/em>, M\u00e9xico, Nacional Monte de Piedad, 2018.<\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Gonzalbo Aizpuru, Pilar (coord.), <em>Historia de la vida cotidiana en M\u00e9xico. III. Siglo XVIII. Entre tradici\u00f3n y cambio<\/em>, M\u00e9xico, COLMEX\/FCE, 2014.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Fern\u00e1ndez CastroFacultad de Filosof\u00eda y Letras-UNAM Revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 54. Si se quiere tener un retrato pict\u00f3rico de lo que fue el centro de la ciudad de M\u00e9xico a inicios del siglo XVIII, con sus comerciantes y viandantes, la diversidad de los productos locales e importados y una arquitectura \u00fanica, no hay como detenerse a observarlos a detalle en las pinturas de Manuel Arellano Traslado de la imagen y estreno del santuario de Guadalupe y Celebridad de nochebuena en M\u00e9xico. A\u00f1o de 1720. A principios del siglo XVIII, la Plaza Mayor de la ciudad de M\u00e9xico era elogiada como una de las m\u00e1s famosas del mundo por su opulencia. Se la comparaba y se la hac\u00eda competir con algunas de las edificadas en la antig\u00fcedad y con las m\u00e1s c\u00e9lebres de Europa. 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