﻿{"id":17422,"date":"2023-05-29T19:58:22","date_gmt":"2023-05-30T01:58:22","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=17422"},"modified":"2025-07-30T11:56:25","modified_gmt":"2025-07-30T17:56:25","slug":"charros-y-jockeys-encuentro-de-dos-mundos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/charros-y-jockeys-encuentro-de-dos-mundos\/","title":{"rendered":"Charros y Jockeys. Encuentro de dos mundos"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<br \/>Museo Nacional de las Intervenciones<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>Revista\u00a0<\/strong><\/span><em><span style=\"color: #800000;\"><strong>BiCentenario<\/strong><\/span><span style=\"color: #800000;\"><strong><em>.<\/em> El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><strong>, <\/strong><\/span><\/em><span style=\"color: #800000;\"><strong>n\u00fam. 54.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/BiC_54_01_Charros.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">La tradici\u00f3n campirana de la charrer\u00eda tuvo su conquista urbana en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se instal\u00f3 en la ciudad de M\u00e9xico y tuvo su principal centro de exhibici\u00f3n en Canal de la Viga y el pueblo de Santa Anita. La posterior incorporaci\u00f3n entre los sectores acaudalados de la tradici\u00f3n inglesa de las carreras de caballos pura sangre gener\u00f3 reticencias y recelos.<\/span><\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_20473\" aria-describedby=\"caption-attachment-20473\" style=\"width: 593px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20473\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_013.jpg\" alt=\"\" width=\"593\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_013.jpg 593w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_013-178x300.jpg 178w\" sizes=\"(max-width: 593px) 100vw, 593px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20473\" class=\"wp-caption-text\">Charro a caballo, ca. 1880, inv. 451834, Fondo Felipe Teixidor, SINAFO F.N. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-MEX.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un lugar com\u00fan decir que las actividades ecuestres y vaqueriles mexicanas, que en conjunto conocemos como charrer\u00eda, comenzaron a ser consideradas como un deporte de exhibici\u00f3n hasta despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n mexicana, cuando las grandes haciendas ganaderas desaparecieron y la creciente urbanizaci\u00f3n oblig\u00f3 a que fuesen trasladadas del campo a la ciudad para ser practicadas en lo que hoy conocemos como lienzo charro.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal idea ignora varias fuentes que hablan de la charrer\u00eda como deporte desde la primera mitad del siglo XIX. La se\u00f1ora Calder\u00f3n de la Barca, Carl Christian Sartorius y Manuel Payno, por ejemplo, dejaron testimonios de que los herraderos, eventos en los que se marcaba el ganado con hierro candente, se convert\u00edan en una fiesta, pero tambi\u00e9n en una exhibici\u00f3n ecuestre, pues atra\u00edan masivamente a p\u00fablicos que disfrutaban de las habilidades de los charros, quienes, al competir entre s\u00ed por lograr las mejores faenas (colear, tirar manganas y piales, jinetear toros y caballos, florear la reata), despertaban expectaci\u00f3n y entusiasmo. Por tanto, puede decirse que ya, para entonces, la charrer\u00eda se hab\u00eda constituido en un espect\u00e1culo ecuestre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Campirana por naturaleza, la charrer\u00eda comenz\u00f3 a ser introducida de a poco en las ciudades hasta convertirse en un deporte de exhibici\u00f3n hacia la d\u00e9cada de 1880. Tal evoluci\u00f3n puede rastrearse en la prensa de la capital, donde, desde la d\u00e9cada de 1840, las suertes charras aparecen asociadas a las corridas de toros, pues se hizo costumbre presentarlas al final de la fiesta taurina. As\u00ed lo muestra el siguiente p\u00e1rrafo de un cartel de promoci\u00f3n: Para que la diversi\u00f3n sea m\u00e1s completa, se dar\u00e1 una que rara vez se ve en la capital y consiste en:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p>Manganear Y Jinetear<\/p>\r\n<p>Mulas Y Potros Cerreros<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La referencia m\u00e1s antigua que hemos encontrado de la charrer\u00eda como deporte data del 17 de octubre de 1869, en el siguiente art\u00edculo de El Monitor Republicano: \u201cEl pasado jueves una gran parte de lo que M\u00e9xico cuenta de escogido, se dirig\u00eda desde las nueve de la ma\u00f1ana hacia la hacienda de la Teja. Un coleadero m\u00e1s \u00edntimo que el de la semana anterior, era ofrecido por los <em>sportman<\/em> de esta capital a su elegancia femenina.\u201d Cabe aclarar que el autor del art\u00edculo recurr\u00eda al anglicismo <em>sportman<\/em>, derivado de sport, porque en espa\u00f1ol no exist\u00edan las palabras deporte ni deportista. Seg\u00fan el Diccionario de la Lengua Espa\u00f1ola de la Real Academia, la palabra deporte es un \u201ccalco del ingl\u00e9s sport\u201d, que significa diversi\u00f3n; lo cual era apropiado aplicarlo a la charrer\u00eda, pues los charros llamaban \u201ctravesear\u201d a la pr\u00e1ctica de las suertes charras cuando las practicaban por pura diversi\u00f3n. Suponemos que <em>sportman<\/em> sonaba mejor y m\u00e1s chica los o\u00eddos de los periodistas que \u201ctraveseador\u201d, pues siguieron usando el anglicismo durante el resto del siglo, hasta que la palabra deporte se incluy\u00f3 en el diccionario espa\u00f1ol para expresar la idea de ejercitarse por diversi\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n cabe destacar que el peri\u00f3dico reportaba la presentaci\u00f3n de suertes charras porque las organizaban lo m\u00e1s \u201cescogido\u201d de la sociedad capitalina: la realizaci\u00f3n de los coleadores estaba a cargo de personas ricas que hasta constru\u00edan tribunas para los asistentes.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n exist\u00eda, al parecer, cierto empe\u00f1o de conservaci\u00f3n de la tradici\u00f3n ecuestre. A\u00f1os despu\u00e9s, en febrero de 1872, <em>El Monitor Republicano<\/em> volv\u00eda a reportar un evento de charrer\u00eda en estos t\u00e9rminos: \u201cVoy a hablaros de una fiesta [el coleadero] que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n, porque recuerda las costumbres nacionales, que por desgracia comienzan a borrarse de nuestra memoria\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A juzgar por una noticia del mismo peri\u00f3dico meses despu\u00e9s, la celebraci\u00f3n de coleaderos en la ciudad o sus alrededores inquiet\u00f3 a las autoridades por su novedad \u2013es decir, los herraderos eran tradicionales, y se hab\u00edan celebrado en pueblos y haciendas en fechas determinadas por siglos, pero a los llamados coleaderos los organizaban j\u00f3venes arist\u00f3cratas en cualquier lugar y fecha\u2013, por lo que decidi\u00f3 prohibirlos. Por su parte, la redacci\u00f3n de <em>El Monitor Republicano<\/em> decidi\u00f3 apoyarlos criticando el hecho de que los garitos fuesen legales, pese a que concurr\u00edan \u201clos viciosos o los necesitados en busca del oro\u201d, mientras se condenaba un juego \u201cde arte y fuerza como el coleadero\u201d al que asist\u00edan \u201cj\u00f3venes de nuestra buena sociedad\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La presi\u00f3n de la prensa tuvo \u00e9xito, pues los coleaderos continuaron celebr\u00e1ndose, ya fuera asociados a las corridas de toros o de manera independiente, y en medio de un creciente entusiasmo por la conservaci\u00f3n de lo mexicano: \u201cLa plaza estaba tan animada como el domingo, los dandis de nuestra sociedad convertidos en charros\u2026, mucha alegr\u00eda, el gozo de volver a las costumbres nacionales\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El traje de charro segu\u00eda dominando la escena campirana en las afueras de la capital, a juzgar por una rese\u00f1a sobre el paseo del canal de la Viga publicada por El Monitor Republicano el 6 de mayo de 1877, la cual resultaba pr\u00e1cticamente id\u00e9ntica a las que escribieron visitantes extranjeros sobre ese mismo paseo, y sobre el de Bucareli y la Alameda, desde la d\u00e9cada de 1820. Describ\u00edan all\u00ed el paisaje, la belleza de las mujeres paseantes en carruajes y el traje de charro: \u201cA esto se a\u00f1ade el aspecto peculiar de los charros con sus ricas chaparreras de pelo y largas botonaduras de plata y oro, los sombreros jaranos de anchas alas bordadas del mismo metal y adornados de piedras preciosas [\u2026]\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan observadores estadunidenses, las \u201cclases educadas\u201d en M\u00e9xico se cubr\u00edan y vest\u00edan seg\u00fan la moda de Londres y Nueva York, pero las clases medias y bajas mostraban verdadera devoci\u00f3n por la indumentaria tradicional. Un mexicano pobre era capaz de dejar a su familia sin comer o de renunciar al zapato y conformarse con el humilde huarache, con tal de comprar un sombrero jarano. La distinci\u00f3n m\u00e1xima era montar a caballo, y las calles de todas las ciudades y pueblos se ve\u00edan llenas de jinetes al amanecer y al anochecer. Uno de ellos pod\u00eda gastar hasta 1 000 pesos en un traje charro, de 100 a 500 en una montura plateada, 25 en riendas con adornos, las enormes espuelas otro tanto, 50 por una espada y 100 por una botonadura doble de plata, a lo que hab\u00eda que agregar el sombrero, el l\u00e1tigo, un par de rev\u00f3lveres, entre otros elementos. \u201cPueden comprarse trajes de charros para ni\u00f1os; de seis a\u00f1os por $50; y es risible ver a un chiquit\u00edn [\u2026] ir a caballo con enormes espuelas al lado de su padre, de quien es una miniatura\u201d (<em>El Monitor Republicano<\/em>, 11 de junio de 1887).<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El pueblo de Santa Anita y el canal de la Viga eran el escenario de escenas folkl\u00f3ricas los fines de semana, en las que trajes de charro y china se entrelazaban al son del tradicional jarabe. Para la d\u00e9cada de 1880, los empresarios teatrales decidieron \u2013como d\u00e9cadas despu\u00e9s har\u00edan los directores de cine\u2013 llevar tales estampas a los escenarios. El 19 de noviembre de 1882, El Monitor Republicano hac\u00eda la siguiente rese\u00f1a de la presentaci\u00f3n del jarabe en el Teatro Principal:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pres\u00e9ntase una pareja moreliana leg\u00edtima, el charro con su puro en la boca y su indispensable sarape, la china con su castor de cortes amarillos y su rebozo de bolita. Suenan los primeros acordes del jarabe y el p\u00fablico se electriza, comienza el pespunteo, la china se sube sobre las puntas de los pies y baila los nacionales brincos con mil figuras diversas; el charro echa sus brazos atr\u00e1s y comienza a entretejer sus pies, a zapatear, a torcerse, a dar de punta y tal\u00f3n y el p\u00fablico grita entusiasmado, creyendo que va a bordo de la canoa en los paseos de Santa Anita.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n<figure id=\"attachment_20475\" aria-describedby=\"caption-attachment-20475\" style=\"width: 660px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20475\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_011.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_011.jpg 660w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_011-198x300.jpg 198w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20475\" class=\"wp-caption-text\">Ponciano D\u00edaz vestido de charro, ca. 1890, inv. 430358, SINAFO F.N. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-MEX.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">El Jockey Club<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo este bullir nacionalista enfrent\u00f3 un inesperado desaf\u00edo con la fundaci\u00f3n del Jockey Club mexicano en mayo de 1881. Ya en 1824 Sartorius hab\u00eda temido el d\u00eda en que el estilo de monta europeo sustituyese al pintoresco traje de charro en los paseos de la ciudad de M\u00e9xico, y la redacci\u00f3n de <em>El Monitor Republicano<\/em> no dud\u00f3 en tomar partido por lo nacional y advertir del peligro. En su art\u00edculo del 24 de julio de 1881, expres\u00f3 gran nostalgia por la antigua fiesta de Santiago, en la que, en medio del ambiente festivo, charros y chinas luc\u00edan con orgullo la abigarrada riqueza de sus trajes, para terminar, sonando la alarma con exagerado tono apocal\u00edptico: \u201cTodo eso se ve\u00eda en la fiesta de Santiago; hoy fiesta, y charros y chinas van desapareciendo, van acabando, el cuadro nacional se borra a impulso de nuestros tiempos. Dentro de poco y en cambio tendremos Jockey Club, catrines cabalgando sobre ligero albard\u00f3n, y renegando del jarano para pasarse al sorbete con todo y bagajes.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El Jockey Club fue fundado por un grupo de arist\u00f3cratas mexicanos, pero con fondos de la Secretar\u00eda de Fomento, lo que produjo la animadversi\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica, sin hablar del rechazo instintivo hacia una tradici\u00f3n ecuestre extra\u00f1a. No ayud\u00f3 el hecho de que la nueva instituci\u00f3n tuviera por objetivo la introducci\u00f3n en M\u00e9xico de la raza caballar thoroughbred (pura sangre ingl\u00e9s), y por ello importase las estrictas normas inglesas de reglamentaci\u00f3n de las carreras de caballos, lo que implicaba excluir de sus competencias a los criadores mexicanos y sus productos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La extra\u00f1eza que produjo la llegada de la h\u00edpica inglesa entre los charros se aprecia en un art\u00edculo sobre la inauguraci\u00f3n del hip\u00f3dromo de Tlaxcala: \u201cEntre los concurrentes se notaban algunos ricos hacendados de los alrededores, y no pocos de esos gallardos rancheros del sombrero galoneado y la plateada calzonera, que iban a juzgar sobre la diferencia que hay entre el sport del hip\u00f3dromo y ese otro que llamaremos tambi\u00e9n sport del coleadero, herradero, etc.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">No sabemos qu\u00e9 relaciones y negociaciones se habr\u00e1n dado entre charros y jockeys (el jockey era el due\u00f1o de los costosos pura sangre, quien tambi\u00e9n se encargaba de montarlos en las carreras), pero el caso es que al poco tiempo de inaugurado el Jockey Club, si bien en efecto excluy\u00f3 de las carreras a los caballos mexicanos, acept\u00f3 que el espect\u00e1culo incorporara al final de la funci\u00f3n, igual que en el caso de las corridas de toros, un \u201ccoleadero y manganeadero\u201d. En adelante, la secci\u00f3n deportiva \u2013llam\u00e9mosla as\u00ed\u2013 de los peri\u00f3dicos se iba a componer con los carteles de las corridas y de las carreras, con sus respectivos coleaderos. Estos eran los \u00fanicos deportes que ten\u00edan promoci\u00f3n en la prensa; una nota sobre b\u00e9isbol no la hemos encontrado sino hasta mayo de 1895.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres a\u00f1os pasaron de asociaci\u00f3n entre charrer\u00eda y Jockey Club, hasta que en 1884 comenz\u00f3 a hablarse de su separaci\u00f3n, tal vez por el inter\u00e9s de los jockeys por limpiar el turf (el ambiente formado por las carreras y las apuestas) de la presencia folkl\u00f3rica, pues no faltaron ocasiones en las que la rusticidad del campo mexicano alter\u00f3 el refinado ambiente del hip\u00f3dromo de Peralvillo (sede del Jockey Club): \u201cHubo carreras y coleadero, apuestas y charros y jockeys, y por \u00faltimo, una fuga de toros que puso a los concurrentes en un brete\u201d. As\u00ed, el 28 de octubre de 1884, El Monitor Republicano celebr\u00f3 que, a su parecer, la h\u00edpica inglesa no pod\u00eda superar a la afici\u00f3n por el coleadero y se hab\u00eda decidido a expulsarlo del hip\u00f3dromo construyendo una plaza aparte para la pr\u00e1ctica del <em>sport<\/em> mexicano: \u201cLas carreras de caballos parece que no se aclimatan en este pa\u00eds, nada m\u00e1s natural que pensar en otro <em>sport<\/em>. Las colas, las manganas, los piales [\u2026] olvidemos por un momento el <em>turf <\/em>y aficion\u00e9monos a los arciones\u201d.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_20474\" aria-describedby=\"caption-attachment-20474\" style=\"width: 804px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-20474\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_016.jpg\" alt=\"\" width=\"804\" height=\"1000\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_016.jpg 804w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_016-241x300.jpg 241w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_54_016-768x955.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 804px) 100vw, 804px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20474\" class=\"wp-caption-text\">Ponciano D\u00edaz vestido de charro, ca. 1890, inv. 430358, SINAFO F.N. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-MEX.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">No fue necesario que el Jockey Club financiara un lugar para el coleadero. En enero de 1885 se anunci\u00f3 la creaci\u00f3n del Club de Coleadores, que tendr\u00eda su propia sede, nada menos que a la vera del canal de la Viga, ya por entonces considerado el \u201crefugio de las costumbres del pa\u00eds\u201d. Ah\u00ed se construy\u00f3 un estadio o plaza para m\u00e1s de 1 000 espectadores, el cual fue inaugurado por el presidente Porfirio D\u00edaz, y ante la m\u00e1s distinguida concurrencia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En los meses siguientes, el diario estuvo reportando el \u00e9xito que d\u00eda con d\u00eda cobraba el Club de Coleadores, sin abstenerse de compararlo con una supuesta decadencia del Jockey Club: \u201cAs\u00ed han terminado las carreras de caballos [con poca asistencia] el domingo el Jockey Club quiso hacer al <em>turf<\/em> sus debidas exequias, las carreras han muerto\u201d. Los coleadores pod\u00edan carecer de un elegante casino, pero contaban con el gusto del p\u00fablico, que decididamente \u201cprefiere con mucho el sport de la cola al <em>sport <\/em>de Peralvillo\u201d. La concurrencia al coleadero era tan numerosa que se ten\u00eda pensado ampliar las tribunas. Los charros eran tan aplaudidos \u201cque se propusieron reformar y continuar un espect\u00e1culo que renace bajo tan buenos auspicios\u201d. Comenzaron por cambiarle el nombre de coleadero por el de jaripeo, espect\u00e1culo que inclu\u00eda coleadero, manganas, piales y monta de toros y broncos, es decir, la estructura b\u00e1sica de lo que hoy conocemos como charreada.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el Jockey Club no muri\u00f3 y la contaminaci\u00f3n extranjera en la equitaci\u00f3n nacional no pudo detenerse. Para marzo de 1886 el diario hac\u00eda notar que el temido momento de ver caballeros montando en albard\u00f3n en los paseos de la capital hab\u00eda llegado al fin, pues cada vez era m\u00e1s com\u00fan ver carruajes y tiros al estilo ingl\u00e9s, as\u00ed como jinetes vistiendo y montando a la europea. En 1896 se celebr\u00f3 el primer concurso h\u00edpico mexicano al estilo de los que se hac\u00edan en Europa y Estados Unidos, en los que se juzgaban los mejores carruajes y ejemplares equinos de razas extranjeras. Adem\u00e1s, el coleadero o jaripeo sigui\u00f3 present\u00e1ndose en el hip\u00f3dromo de Peralvillo. Al parecer se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n que la equitaci\u00f3n mexicana y la inglesa eran tan diferentes que resultaba absurdo compararlas, y sobre todo contraponerlas como enemigas o rivales. El rechazo inicial tan s\u00f3lo hab\u00eda sido una reacci\u00f3n xen\u00f3foba, reflejo defensivo del que el pueblo mexicano ya hab\u00eda dado varias muestras desde la apertura al extranjero con la independencia, sin mencionar lo chocante que result\u00f3 que fuesen arist\u00f3cratas quienes parec\u00edan atentar contra la pureza ecuestre nacional.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras conclusiones interesantes saltan a la vista. En primer lugar, es de notar que la palabra charrer\u00eda no se usaba en el siglo XIX para referirse a la equitaci\u00f3n mexicana, seguramente surgi\u00f3 en el siglo XX para distinguirla de la europea. Otro t\u00e9rmino que tampoco exist\u00eda era el de charreada, este tambi\u00e9n debe datar de principios del XX para referirse a una competencia que primero se llam\u00f3 coleadero y despu\u00e9s jaripeo. Siguiendo con el tema ling\u00fc\u00edstico, es de destacar que la conceptuaci\u00f3n de la charrer\u00eda como un deporte es bastante m\u00e1s antigua de lo que cre\u00edamos y, adem\u00e1s, se trata de la primera competici\u00f3n cien por ciento mexicana que recibi\u00f3 el calificativo de <em>sport<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Si a fines del siglo XVIII el escritor costumbrista Jos\u00e9 Agust\u00edn de Castro se burl\u00f3 de la rusticidad e ignorancia de los charros \u2013en ese siglo eran jinetes semisalvajes, incapaces de entender muchos aspectos de la vida urbana\u2013, a fines del siglo XIX quienes presum\u00edan el t\u00edtulo de charro eran los arist\u00f3cratas, del tipo de Carlos Rinc\u00f3n Gallardo, marqu\u00e9s de Guadalupe. Al parecer, esto se debi\u00f3 a que, desde inicios del decimon\u00f3nico, los hacendados y las clases medias adoptaron la indumentaria y arreos de aquellos jinetes y, al comenzar a llevar las suertes charras a la ciudad en forma de espect\u00e1culo asociado a las corridas de toros, o de manera independiente, fueron los ricos y arist\u00f3cratas quienes asumieron el papel de empresarios de dichos eventos y los convirtieron en una diversi\u00f3n (es decir, un <em>sport<\/em>) de la elite.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La organizaci\u00f3n de la charrer\u00eda posterior a la revoluci\u00f3n mexicana, con la fundaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n Nacional de Charros (1921) y la construcci\u00f3n de multitud de lienzos charros por todo el pa\u00eds, no fue producto de la generaci\u00f3n espont\u00e1nea; es evidente que para entonces ya se contaba con toda una experiencia en materia de organizaci\u00f3n del deporte nacional.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\">PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li><em>Am\u00e9rica, tierra de jinetes. Del charro al gaucho<\/em>, siglos XIX-XXI, M\u00e9xico, Citibanamex, 2018.<\/li>\r\n<li>Rinc\u00f3n Gallardo, Carlos, <em>El libro del charro mexicano<\/em>, M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1983<\/li>\r\n<li>Visitar el Museo de la Charrer\u00eda, Isabel La Cat\u00f3lica 108, Centro, alcald\u00eda Cuauht\u00e9moc, Ciudad de M\u00e9xico.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchezMuseo Nacional de las Intervenciones Revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 54. La tradici\u00f3n campirana de la charrer\u00eda tuvo su conquista urbana en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se instal\u00f3 en la ciudad de M\u00e9xico y tuvo su principal centro de exhibici\u00f3n en Canal de la Viga y el pueblo de Santa Anita. La posterior incorporaci\u00f3n entre los sectores acaudalados de la tradici\u00f3n inglesa de las carreras de caballos pura sangre gener\u00f3 reticencias y recelos. Es un lugar com\u00fan decir que las actividades ecuestres y vaqueriles mexicanas, que en conjunto conocemos como charrer\u00eda, comenzaron a ser consideradas como un deporte de exhibici\u00f3n hasta despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n mexicana, cuando las grandes haciendas ganaderas desaparecieron y la creciente urbanizaci\u00f3n oblig\u00f3 a que fuesen trasladadas del campo a la ciudad para ser practicadas en lo que hoy conocemos como lienzo charro. Tal idea ignora varias<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2498],"tags":[2505,2504,450,2506,2503],"class_list":{"0":"post-17422","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-54","8":"tag-charros","9":"tag-el-monitor-republicano","10":"tag-jockey-club-de-mexico","11":"tag-sport","12":"tag-sportman"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17422","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17422"}],"version-history":[{"count":24,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17422\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22311,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17422\/revisions\/22311"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17422"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17422"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17422"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}