﻿{"id":17009,"date":"2023-03-14T16:19:37","date_gmt":"2023-03-14T22:19:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=17009"},"modified":"2025-07-31T11:44:26","modified_gmt":"2025-07-31T17:44:26","slug":"orden-en-el-paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/orden-en-el-paraiso\/","title":{"rendered":"Orden en el para\u00edso"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><\/span><strong><span style=\"color: #800000;\">, n\u00fam. 59.<\/span><\/strong><\/h4>\r\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/BiC_59_SEPIA-1.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21078\" aria-describedby=\"caption-attachment-21078\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21078\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_189.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"526\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_189.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_189-300x197.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_189-768x505.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21078\" class=\"wp-caption-text\">Porfirio Parra, m\u00e9dico, ca. 1910, inv. 24510, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda pensarse que este se\u00f1or de atildados mostachos y anteojos redondos, que Le\u00f3n Trotsky y John Lennon popularizar\u00edan algunas d\u00e9cadas despu\u00e9s de esta imagen de finales del siglo XIX, es de esos que se rodean del caos para vivir en el orden. Pilas de expedientes, libros aqu\u00ed y all\u00e1, carpetas de archivo que parecieran ascender hasta el techo, papeles sueltos que intentan llegar a alg\u00fan lugar, una l\u00e1mpara potente para destronar la oscuridad. Y unos estantes de biblioteca deshabitados que, en sus espacios libres, m\u00e1s que invitar a ocuparlos, parecen c\u00f3modos con el \u00e9xodo. Quien habita en el mundo de las letras, tinteros, libros de tapas duras, p\u00e1ginas cocidas o plumas estilogr\u00e1ficas tiene claro que ese es el para\u00edso del hombre de los cabellos rizados. Nada lo agobia en esa escenograf\u00eda. La definici\u00f3n de intelectual le viene acertada. Y lo era.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Porfirio Parra ten\u00eda t\u00edtulo de m\u00e9dico cirujano, pero lo suyo era la filosof\u00eda. Maestro de l\u00f3gica \u2013uno de sus libros se ley\u00f3 en la Escuela Nacional Preparatoria hasta 1930\u2013, fue el segundo personaje ilustre del positivismo detr\u00e1s de su maestro Gabino Barreda y, por lo mismo, marginado durante un tiempo, pero tambi\u00e9n novelista y poeta \u2013su oda \u201cA las matem\u00e1ticas\u201d ense\u00f1aba a amarlas, como se ama la poes\u00eda y la historia, escribi\u00f3 Enrique Krauze\u2013. Justo Sierra lo hizo uno de los miembros m\u00e1s destacados de su proyecto educativo, luego de pasar por una etapa de olvido ante las cr\u00edticas, si bien moderadas, al r\u00e9gimen porfirista. Al morir en 1912, la Secretar\u00eda de Instrucci\u00f3n P\u00fablica dispuso nueve d\u00edas de duelo, y tanto Madero como Pino Su\u00e1rez encabezaron su ceremonia f\u00fanebre, lo cual habla de la trascendencia de Parra, considerado un intelectual del porfiriato. Jos\u00e9 Vasconcelos le escuch\u00f3 decir: \u201cLa extensi\u00f3n de lo que conocemos es un islote en el oc\u00e9ano de lo desconocido\u201d, y qued\u00f3 deslumbrado. Era un hombre \u201calgo atormentado y misterioso\u201d, describi\u00f3 en sus memorias. La mirada en la foto asoma una respuesta. A su entender, y lo dec\u00eda Vasconcelos, \u201cun genio\u201d.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 59. Podr\u00eda pensarse que este se\u00f1or de atildados mostachos y anteojos redondos, que Le\u00f3n Trotsky y John Lennon popularizar\u00edan algunas d\u00e9cadas despu\u00e9s de esta imagen de finales del siglo XIX, es de esos que se rodean del caos para vivir en el orden. Pilas de expedientes, libros aqu\u00ed y all\u00e1, carpetas de archivo que parecieran ascender hasta el techo, papeles sueltos que intentan llegar a alg\u00fan lugar, una l\u00e1mpara potente para destronar la oscuridad. Y unos estantes de biblioteca deshabitados que, en sus espacios libres, m\u00e1s que invitar a ocuparlos, parecen c\u00f3modos con el \u00e9xodo. Quien habita en el mundo de las letras, tinteros, libros de tapas duras, p\u00e1ginas cocidas o plumas estilogr\u00e1ficas tiene claro que ese es el para\u00edso del hombre de los cabellos rizados. Nada lo agobia en esa escenograf\u00eda. 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