﻿{"id":16901,"date":"2023-03-06T13:52:44","date_gmt":"2023-03-06T19:52:44","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16901"},"modified":"2025-07-31T11:42:18","modified_gmt":"2025-07-31T17:42:18","slug":"apuntes-de-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/apuntes-de-familia\/","title":{"rendered":"Apuntes de familia"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Silvia L. Cuesy<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 59.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/BiC_59_Cuento.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21074\" aria-describedby=\"caption-attachment-21074\" style=\"width: 667px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21074\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_178.jpg\" alt=\"\" width=\"667\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_178.jpg 667w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_178-222x300.jpg 222w\" sizes=\"(max-width: 667px) 100vw, 667px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21074\" class=\"wp-caption-text\">La heroyca Ciudadana Ma. Leona Vicario, litograf\u00eda en Joaqu\u00edn Fern\u00e1ndez Lizardi, Calendario para el a\u00f1o de 1825, M\u00e9xico, Imprenta de Mariano Ontiveros, 1825.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi hermana naci\u00f3 en una cueva, y a veces ese era el motivo de reclamo a mis padres y de rencor y envidia conmigo, que nac\u00ed en una casa. Humildosa, s\u00ed, pero al fin casa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2013\u00bfYo qu\u00e9 culpa tengo? \u2013Le repet\u00eda cada vez que nos lo echaba en cara.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de ese reproche se detonaban viejos pesares en el coraz\u00f3n de mam\u00e1 y pap\u00e1. Las carencias y sufrimientos de aquellos tiempos aciagos asomaban en los ojos de ambos como si fueran nubes de terciopelo negro. Pero a veces, muy pocas, los reclamos de Genoveva, en lugar de nubes cargadas de l\u00e1grimas, tra\u00edan a las miradas de mis padres un sol resplandeciente de orgullo patrio.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2013Lo volver\u00eda a hacer mil veces, viejo. \u00bfY t\u00fa?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013S\u00f3lo si me prometes que no tendremos una hija que nos atormentar\u00e1 con quejas a la menor provocaci\u00f3n de su cabecita loca. \u2013Re\u00eda mi padre con la transparencia apacible que lo caracterizaba.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad, Genoveva y yo nunca logramos saber la verdad acerca de ese nacimiento tan parecido al de Jes\u00fas. Nuestros padres a veces lo desment\u00edan para calmar a Genoveva: \u201cQue no, esas son habladur\u00edas, tambi\u00e9n t\u00fa naciste en una casa.\u201d Pero frente a las amistades, ni lo negaban ni hac\u00edan alarde de \u00e9l como por ah\u00ed sol\u00eda hacerlo la gente, cual si se tratara del advenimiento del mes\u00edas, y terminaba yo siendo la reprendida por aludir a ese pasaje de San Lucas cuando mi hermana y yo pele\u00e1bamos. A m\u00ed nada me quita de la cabeza que fue puro cuento urdido por mi padre y por la insurgencia para hacer ver a los mandos virreinales que mi madre era una pobre v\u00edctima y dejaran de ensa\u00f1arse con ella y de perseguirla. Despu\u00e9s se volvi\u00f3 leyenda. Jam\u00e1s sabr\u00e9 si el asunto del parto en la cueva fue cierto o no. Genoveva est\u00e1 muerta y yo soy tan solo una anciana viuda que no tendr\u00eda c\u00f3mo averiguarlo, porque ni a estirpe llego ni a familiares en esta lejan\u00eda veracruzana. Pero si alg\u00fan parecido tuvo mi madre con la virgen no fue precisamente la dulzura, sino la gran preocupaci\u00f3n por los desamparados, por dar protecci\u00f3n y cobijo a quienes la providencia les neg\u00f3 una mejor vida. Una virgen revolucionaria, fiera como su nombre; una mujer que no escatim\u00f3 ni esfuerzos ni caudal para luchar por el pa\u00eds que la vio nacer; aunque ella dec\u00eda que no fue tanto y que bastaba con ver los documentos probatorios de su herencia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ay, mi padre se sacaba de la manga tantas cosas! Como la de escribir al virrey pidiendo clemencia por su esposa con el alegato de que hab\u00eda sido secuestrada del Colegio de Belem, donde la ten\u00edan presa, por seis hombres que la llevaron a la fuerza a Chilpancingo. No en balde era abogado. \u00a1Tama\u00f1o desprop\u00f3sito! Cuando todos sab\u00edamos lo feliz que ella se sinti\u00f3 al verse liberada gracias a sus misteriosos hermanos de la insurgencia. Aunque resguardada primero en una guarida infecta cercana a la capital, luego la condujeron largas jornadas a lomo de mula o a pie por los vericuetos de la sierra al encuentro con mi padre en aquella poblaci\u00f3n del sur.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Belem: otro nombre b\u00edblico en la vida de ella. D\u00edas antes del supuesto secuestro los vecinos vieron rondar, de sol a sol, por los Arcos de la Ca\u00f1er\u00eda, frente al colegio, a individuos extra\u00f1os y desconocidos, luego lo dijeron y hasta sali\u00f3 en la prensa. Mientras uno o dos recorr\u00edan la calle, a trotecito de caballo, otro permanec\u00eda, desmontado y comiendo alg\u00fan bocado comprado a los pregoneros ambulantes, sombre\u00e1ndose bajo alguno de los arcos. Por sus ropas, unos con manta de jerga y otros con capas de colores, y en los sombreros cosidas moneditas de oro y plata y una diminuta escarapela, hubo quien los confundi\u00f3 con individuos de <em>la acordada<\/em>, la temible sala del crimen, que quiz\u00e1 andar\u00edan tras alg\u00fan malhechor. Un d\u00eda, el grupo ya era de seis individuos; a las cinco de la tarde todos se apostaron en la arcada, frente al colegio, y, a las siete de la noche, tres irrumpieron en la porter\u00eda del inmueble. Mi madre contaba que todo fue tan r\u00e1pido que los detalles no le llegaban a la cabeza; de pronto ya iba en un caballo rodeada por sus liberadores; los reconoci\u00f3 precisamente por la escarapela de la sociedad oculta a la que pertenec\u00eda, y su coraz\u00f3n sigui\u00f3 latiendo, pero de alegr\u00eda. Al principio pens\u00f3 que era un funesto ardid de las autoridades para acabar con su vida, pero r\u00e1pido se supo salvada. Participaba con denuedo en la sociedad secreta de Los Guadalupes, pero un d\u00eda su nombre apareci\u00f3 en un documento confiscado a un correo apresado rumbo a Tlalpujahua; fue denunciada, enjuiciada y confinada en el Colegio de Ni\u00f1as de San Miguel de Belem y vigilada d\u00eda y noche, hasta para hacer de las aguas\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de las quejas, Genoveva acostumbraba las burlas: que Guillermo me mandara sonetos con la criada, o me mirara como bobo cuando sub\u00eda a alguna tertulia a nuestras habitaciones en el segundo piso fueron sus favoritas un tiempo. El joven, protegido por mis padres, lleg\u00f3 a vivir con su mam\u00e1 a los bajos de la casa, a los quince a\u00f1os, en la entrada por la calle de Cocheras. La se\u00f1ora nunca sal\u00eda pues su temprana e intempestiva viudez la dej\u00f3 fuera de su sano juicio, pero \u00e9l con frecuencia depart\u00eda con nosotras, y su ingenio inteligente estaba a la altura del de mis progenitores.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Llegar\u00e1 usted muy lejos, joven Prieto \u2013le dijo mam\u00e1 una tarde, aludiendo a su perspicacia y a la preparaci\u00f3n e ideales del chico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Con que llegue yo calzado y vestido a final de mes me dar\u00eda por bien servido, do\u00f1a Leonita \u2013respondi\u00f3 mostrando su pobre y ro\u00edda vestimenta y las suelas agujereadas de sus zapatos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l sab\u00eda que el coraz\u00f3n benefactor de mi madre resolver\u00eda esa carencia. M\u00e1s entusiasmada que r\u00e1pida corri\u00f3 a escoger una muda de ropa de mi padre para d\u00e1rsela a su tutelado. Con el rabillo del ojo, sin chistar, mi padre vio partir una camisa de Irlanda, unos pantalones negros de pa\u00f1o, su chaqueta rayada de casimir y el \u00fanico chaleco de seda que ten\u00eda, reminiscencia de aquellas \u00e9pocas en que ambos vest\u00edan como gente de la alta sociedad, clase a la que una vez hab\u00edan pertenecido. Si hubiese tenido calzado con hebillas de oro, mi madre igualmente se las habr\u00eda entregado, pero aquellos tiempos hab\u00edan quedado atr\u00e1s\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A mam\u00e1 le divert\u00eda el arrobamiento de Guillermo por m\u00ed, pues recordaba aquel amor a primera vista que los uni\u00f3 a ella y a mi padre con un v\u00ednculo indestructible pese a las borrascas sorteadas a lo largo de su matrimonio. Borrascas ajenas al f\u00e9rreo amor compartido pero ligadas a los ideales que ambos profesaban por la independencia de la patria. Su intuici\u00f3n maternal le dec\u00eda que el jovencito me era totalmente indiferente en los terrenos rom\u00e1nticos: su torpeza me hac\u00eda re\u00edr, siempre tra\u00eda restos de sopa en el chaleco o saco, todo se le ca\u00eda de las manos\u2026 Yo jam\u00e1s me fijar\u00eda en alguien as\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfC\u00f3mo se las ingenia usted, Guillermo, para tropezar con mesas y sillas, o con alguna persona, aunque no est\u00e9n en su camino? \u2013le pregunt\u00f3 un d\u00eda con una sonrisita burlona.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ay, do\u00f1a Leonita, vaya usted a saber que descompostura traigo en la cabeza\u2026 De eso se quejaba mi madre; quiz\u00e1 por eso est\u00e1 como est\u00e1 y no por la p\u00e9rdida de mi se\u00f1or padre\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por un tiempo nos fuimos a vivir a la hacienda de San Francisco Ocotepec y dejamos de tratarlo tan estrechamente como en los meses posteriores a su llegada; lo ve\u00edamos en nuestras visitas a pap\u00e1 en la capital, pero Guillermo estaba ya m\u00e1s interesado en participar en las pl\u00e1ticas, de temas pol\u00edticos o literarios, con los amigos de mis padres, o en el cotilleo con vecinos o compa\u00f1eros de trabajo, que en sus antiguas amiguitas. M\u00e1s adelante cambi\u00f3 de domicilio y s\u00f3lo sab\u00edamos de \u00e9l a trav\u00e9s de su fama que d\u00eda a d\u00eda iba en ascenso, tal como lo vaticinara \u201cdo\u00f1a Leonita\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Con frecuencia a ella se le sub\u00eda el nombre a la cabeza y, despu\u00e9s de unos breves instantes de discernir sobre algo, daba el zarpazo de una decisi\u00f3n:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Andr\u00e9s, las ni\u00f1as y yo nos vamos a vivir a la hacienda indefinidamente \u2013le avis\u00f3 a mi padre una ma\u00f1ana de domingo al regresar de misa de diez y encontrarlo en la biblioteca. Aqu\u00ed la remodelaci\u00f3n de las casas ha consumido nuestro dinero y los inquilinos, ya ves, algunos son tan pobres, dejan poco para cubrir la hipoteca. Y el general Santa Anna, que s\u00ed ten\u00eda caudal, y adem\u00e1s era el presidente, se hizo rosca a la hora de pagar las \u00faltimas tres mensualidades y se escurri\u00f3 sin decir ni p\u00edo. Nada me cuesta trabajar, Andr\u00e9s, siempre y cuando lo obtenido sea para obras p\u00edas; pero hay gente que se pasa de lista\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Urg\u00eda explotar m\u00e1s la hacienda de San Francisco Ocotepec, por los rumbos de Apam, para obtener de ella mejores frutos e ingresos para pagar la hipoteca que a\u00fan pesaba sobre las propiedades que el gobierno de M\u00e9xico le entreg\u00f3 a mi madre en restituci\u00f3n de los bienes confiscados a\u00f1os atr\u00e1s por su militancia a favor de la patria libre. Mi padre era ya un destacado personaje de la vida pol\u00edtica e intelectual de M\u00e9xico y no ten\u00eda tiempo para ocuparse de la propiedad, pero tampoco los ingresos suficientes como para cubrir los gastos de la casa y de tanta obra p\u00eda emprendida por su esposa. En otra ocasi\u00f3n anunci\u00f3 nuestra partida como si hubiera tenido alguna revelaci\u00f3n al orar en la iglesia de Santo Domingo, frente a la casa. Genoveva y yo nos miramos sorprendidas. Comprendimos la raz\u00f3n del arrobamiento de mi madre al recibir la comuni\u00f3n: parec\u00eda flotar en medio de un luminoso y virginal rompimiento de gloria. Esta vez nuestra estancia fue m\u00e1s larga\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo su tutela seguimos nuestros estudios habiendo concluido, hac\u00eda tiempo, la instrucci\u00f3n b\u00e1sica. Por las noches le\u00edamos y discut\u00edamos con ella las obras que llevamos de M\u00e9xico: desde luego en el repertorio estaban las obras que tanto la hab\u00edan influenciado desde jovencita. <em>Las aventuras de Tel\u00e9maco<\/em>, de Fenelon, era una de sus preferidas, incluso hab\u00eda vuelto a retomar su traducci\u00f3n del franc\u00e9s al espa\u00f1ol por su deseo de difundir las ideas de que todos los bienes deben ser colectivos. Jam\u00e1s vio sus propiedades como suyas en exclusiva, y por eso hac\u00eda tanta obra a favor del pr\u00f3jimo, porque este era asimismo propietario de sus bienes. Ve\u00eda inmoral atesorar mientras la gente que nos rodeaba carec\u00eda de lo esencial. Entre otros temas, a veces nos refer\u00eda algunas an\u00e9cdotas sobre su activismo insurgente, que no hab\u00eda sido gran cosa, aseguraba; las sacaba a colaci\u00f3n cuando sus diminutos pies le dol\u00edan: \u201cFue tanto lo que camin\u00e9 a pie de joven, entre montes y ca\u00f1adas, que ahora me reclaman y se niegan a llevar la carga de este cuerpo regordete.\u201d Pero era m\u00e1s lo que sab\u00edamos por otras bocas que por ella misma o por mi padre, que fue uno de los destacados pensadores de aquel movimiento. Una ins\u00f3lita vez, una sola, cuando ella nos habl\u00f3 de sus tempranas ideas, mencion\u00f3 a un tal Octaviano sumida en una especie de enso\u00f1aci\u00f3n. Genoveva y yo no chistamos al ser sorprendidas por la aparici\u00f3n de un personaje desconocido hasta entonces; lo m\u00e1s f\u00e1cil hubiese sido interrumpir y preguntar. Pero su rostro se ilumin\u00f3 con un aura delatadora, y mi hermana y yo acordamos en un intercambio de pupilas escucharla sin interferir en el relato.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21073\" aria-describedby=\"caption-attachment-21073\" style=\"width: 679px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21073\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_176.jpg\" alt=\"\" width=\"679\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_176.jpg 679w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_176-226x300.jpg 226w\" sizes=\"(max-width: 679px) 100vw, 679px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21073\" class=\"wp-caption-text\">Guillermo Prieto, ca. 1850. Library of Congress, EUA.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Las mismas cualidades intelectuales y libertarias de Octaviano las adivin\u00e9 en vuestro padre y por eso tambi\u00e9n me enamor\u00e9 de \u00e9l.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue un comentario breve pero revelador. Enseguida cambi\u00f3 de tema, pero eso \u201ctambi\u00e9n\u201d hizo que Genoveva y yo empez\u00e1ramos a averiguar con la familia de Toluca en la primera oportunidad que tuvimos. \u00a1Nuestra madre comprometida en matrimonio con Octaviano! No supimos qu\u00e9 caus\u00f3 nuestro llanto, si la sorpresa o la idea de do\u00f1a Leona enamorada de otro hombre que no fuera don Andr\u00e9s. \u00bfCelos, enojo?, \u00bfqu\u00e9 sinti\u00f3 nuestro coraz\u00f3n? No lo supimos, pero se parec\u00eda a la fina herida hecha en el coraz\u00f3n por una astilla de cristal. Una prima nos cont\u00f3 que las consejas familiares, dichas a media voz, contaban que el tal Octaviano hab\u00eda marchado a Espa\u00f1a. Los rumores dec\u00edan que hab\u00eda obtenido un cargo all\u00e1 para que le sirviera de tapadera, y desde la metr\u00f3poli ayudar a la causa independentista de Nueva Espa\u00f1a en las Cortes de C\u00e1diz. Pero \u00e9l nunca volvi\u00f3 pese a que quedaron firmadas en la ciudad de M\u00e9xico las capitulaciones matrimoniales en las que ambos hab\u00edan pactado los t\u00e9rminos econ\u00f3micos en que, ya casados, manejar\u00edan sus bienes y deudas pasadas, presentes y futuras. Con cautela, despu\u00e9s de ese desvelamiento, Genoveva y yo abordamos el asunto con mam\u00e1, pero su rostro se transform\u00f3 en piedra y continu\u00f3 sumida en sus labores. Entendimos: ese tema no era de nuestra incumbencia. Desde entonces, cuando la ve\u00edamos amorosa o enojada con nuestro padre no pod\u00edamos evitar pensar que esos mimos o reconvenciones se los pudo dar a otro hombre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La ayud\u00e1bamos a lidiar con los problemas propios de la hacienda: robo de borregos, rendimientos pobres y la acompa\u00f1\u00e1bamos a socorrer a los necesitados cuya manutenci\u00f3n siempre superaba la cifra obtenida con la venta de las cosechas o la producci\u00f3n de pulque. Era un c\u00edrculo de nunca acabar\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY qu\u00e9 conseguimos las mujeres despu\u00e9s de la guerra y de liberar a la patria? \u2013lanz\u00f3 la pregunta, sin destinatario alguno, despu\u00e9s de un prolongado silencio poco antes de concluir la cena.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Eso, precisamente, amorcito, tener una naci\u00f3n independiente \u2013le contest\u00f3 mi padre que estaba de visita en la hacienda por una semana\u2013. De nuevo leyendo a Feij\u00f3o, \u00bfverdad?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY nuestra libertad, cu\u00e1ndo, por Dios, cu\u00e1ndo? Si hubi\u00e9semos obtenido algo no estar\u00edas aqu\u00ed para atender asuntos de la hacienda con el prefecto de Toluca pues, aunque se trata de mis bienes, t\u00fa, como mi marido, los tienes que venir a resolver, Andr\u00e9s. S\u00ed, desde jovencita lo leo, bien lo sabes. Releo a Feij\u00f3o y no advierto por ninguna parte que alguien, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, le haya hecho caso al bendito monje\u2026 \u00bfCu\u00e1ndo las mujeres seremos iguales a los hombres?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Poco a poco, do\u00f1a Serafina, poco a poco \u2013mi padre hac\u00eda alusi\u00f3n al seud\u00f3nimo usado por ella, entre otros, al firmar sus documentos, dirigidos a los miembros de aquella organizaci\u00f3n clandestina a la que pertenecieron\u2013. Ya les tocar\u00e1 a otras generaciones\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Si usted lo dice, Se\u00f1or Don N\u00famero Cero, el sabelotodo\u2026 el siempres\u00e9qu\u00e9decir\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En ocasiones le sal\u00edan comentarios \u00e1cidos ante la serenidad de mi padre. Los miembros de dicha sociedad secreta sol\u00edan firmar como Se\u00f1or N\u00famero Diez, Once, etc\u00e9tera. Cuando Leona alud\u00eda al n\u00famero Cero era tanto como decirle a mi padre: \u201ctu opini\u00f3n no vale, eres un cero a la izquierda en este tema.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de un tiempo y de estabilizarse un poco las finanzas, y de haber socorrido a los necesitados, volvimos a la capital pues su salud hab\u00eda mermado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los parientes de Toluca la quer\u00edan, incluso la protegieron muchas veces, pero hab\u00eda en ellos cierto rencor hacia la que consideraban la oveja negra de la familia. La participaci\u00f3n de mi madre en el movimiento libertario, haya sido tanta como lo afirman algunos escritores o tan poca como ella asegura, les signific\u00f3 a mis pap\u00e1s vivir bajo constante y estrecha vigilancia, ser sospechosos de infidencia y ser llamados a declarar en varias ocasiones. La abuela paterna de mam\u00e1 la dej\u00f3 fuera del testamento al ver que dinero que llegaba a manos de su nieta, dinero que iba a dar a los pobres o a la causa con la que la familia no simpatizaba. Tal fue el caso de una imprenta que mam\u00e1 sufrag\u00f3 y los ca\u00f1ones que se fundieron gracias a los armeros que sedujo y envi\u00f3 a Tlalpujahua. Era la pariente inc\u00f3moda, la que los pon\u00eda en entredicho, entre la espada y la pared, a ellos jurados realistas. Sin embargo, era sangre de su sangre\u2026<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1836, descontenta con las Siete Leyes, la Constituci\u00f3n conservadora, decidi\u00f3 volver a Ocotepec. Lo hizo sola. Pero su quebrantada salud y la pr\u00f3xima boda de Genoveva la hicieron regresar pronto. Muy seguido, en mis sue\u00f1os o duermevelas alucinadas, se me aparece\u2026 Mientras intento frenar mi encabritado coraz\u00f3n y enfriar los sudores pegajosos en todo mi cuerpo, el recuerdo de mi madre se diluye en mi cabeza. No logro asir su rostro redondito, en vano intento atrapar la luz intensa de sus grandes ojos negros o alegrarme al sentir su calor suavecito al abrazarme. No hay ninguna historia, nada concreto en esas visitas desvariadas que, de cuando en cuando me hace, s\u00f3lo hilachos deshilvanados me presentan a una bestia salvaje: Leona cachorra, Leona joven, Leona cazada, Leona presa, Leona en la huida, Leona peregrinando por la sierra, Leona hambrienta, Leona pre\u00f1ada, Leona aullando el parto, Leona amamantando, Leona estoica, Leona enflaquecida, Leona lamiendo heridas, Leona debilitada, Leona sedienta, Leona con su cr\u00eda, Leona perseguida, acechada, Leona enamorada, Leona protectora, Leona vigilante, Leona digna, Leona protectora, Leona solidaria, Leona escarnecida, injuriada, maltratada. Leona acosada, Leona desesperada, Leona convertida en carnada, Leona entrampada, Leona montaraz, Leona fiera&#8230; Leona enferma, Leona muerta\u2026 Leona\u2026<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvia L. Cuesy En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 59. Mi hermana naci\u00f3 en una cueva, y a veces ese era el motivo de reclamo a mis padres y de rencor y envidia conmigo, que nac\u00ed en una casa. Humildosa, s\u00ed, pero al fin casa. \u2013\u00bfYo qu\u00e9 culpa tengo? \u2013Le repet\u00eda cada vez que nos lo echaba en cara. Despu\u00e9s de ese reproche se detonaban viejos pesares en el coraz\u00f3n de mam\u00e1 y pap\u00e1. Las carencias y sufrimientos de aquellos tiempos aciagos asomaban en los ojos de ambos como si fueran nubes de terciopelo negro. Pero a veces, muy pocas, los reclamos de Genoveva, en lugar de nubes cargadas de l\u00e1grimas, tra\u00edan a las miradas de mis padres un sol resplandeciente de orgullo patrio. \u2013Lo volver\u00eda a hacer mil veces, viejo. \u00bfY t\u00fa? \u2013S\u00f3lo si me prometes que no tendremos una hija que nos atormentar\u00e1 con quejas<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2422,5],"tags":[204,2438],"class_list":{"0":"post-16901","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-59","7":"category-cuento","8":"tag-guillermo-prieto","9":"tag-leona-vicario"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16901","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16901"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16901\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22444,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16901\/revisions\/22444"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16901"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16901"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16901"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}