﻿{"id":16885,"date":"2023-03-03T16:59:16","date_gmt":"2023-03-03T22:59:16","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16885"},"modified":"2025-07-31T11:28:33","modified_gmt":"2025-07-31T17:28:33","slug":"obreras-del-tabaco-contra-la-explotacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/obreras-del-tabaco-contra-la-explotacion\/","title":{"rendered":"Obreras del tabaco contra la explotaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Nancy Lizbeth L\u00f3pez Salais<br \/>Facultad de Filosof\u00eda y Letras-UNAM<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 59.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/BiC_59_Obreras_del_Tabaco.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">En el M\u00e9xico decimon\u00f3nico, grupos de mujeres desafiantes y transgresoras que trabajaban en la industria del tabaco dieron su lucha por reivindicaciones laborales y sociales. A pesar de los intentos por socavarlas, dejaron una huella que otras mujeres retomar\u00edan a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_21056\" aria-describedby=\"caption-attachment-21056\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21056\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_082.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"479\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_082.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_082-300x160.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_082-768x409.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21056\" class=\"wp-caption-text\">Etiqueta de la f\u00e1brica de cigarros \u201cLa Moderna\u201d, ca. 1900. Archivo General de la Naci\u00f3n, Fondo Felipe Teixidor.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Era el a\u00f1o 76 de un siglo convulso de un d\u00eda caluroso de mayo en la capital porfiriana, en una de sus calles centrales algunas mujeres y otros curiosos pararon su andar al escuchar el clamor de las palabras de una mujer que, con el entrecejo fruncido y el pu\u00f1o en alto, proclamaba:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1El hombre no puede ser superior a la mujer, puesto que ambos son de una misma materia, del hombre se hace un libre pensador; de la mujer una esclava! Consideremos cu\u00e1n interesante es la educaci\u00f3n de la mujer, y luego examinaremos sus obras y apreciaremos su genio sublime. No queremos ni buscamos libertinaje como algunos creen, queremos la ilustraci\u00f3n de la mujer, su educaci\u00f3n, su lugar que merece en el banquete social. Yo amo igualmente la libertad y la igualdad; no las concibo divididas, las creo como condiciones esenciales de la justicia. Yo, que habito en un pa\u00eds libre como M\u00e9xico, que la ley es igual para todos; yo, ciudadana de la rep\u00fablica, en el hogar me encuentro bajo el amparo de la ley que mide a todos por igual, reclamo mis derechos y los de mi sexo, ya que se nos pretenden quitar por unos cuantos. La naturaleza con sus leyes es igual en sus beneficios y en derechos. \u00bfPor qu\u00e9 las leyes sociales \u00a0no lo son? \u00bfLa misi\u00f3n de la mujer est\u00e1 s\u00f3lo en el hogar, en la familia, en el hospital de caridad y en el lecho moribundo? No, y mil veces no. Si el hombre se ha cre\u00eddo se\u00f1or de la mujer en la antig\u00fcedad, en el progreso no existen m\u00e1s que iguales obreros infatigables en la lucha. Precisa es la emancipaci\u00f3n de la mujer, camina, trabaja sin descanso, \u00a1por sacudir un yugo de siglos enteros que la han privado de un derecho que desde su origen se le concedi\u00f3!<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El discurso se imprimi\u00f3 en las p\u00e1ginas de <em>El Hijo del Trabajo <\/em>bajo la autor\u00eda de Juana, La Progresista, el 22 de mayo de 1876, y se vendi\u00f3 como pan caliente. Los comensales de las fondas escucharon atentos el reclamo de Juana en la voz de Pedro, El Cuentista, que diario iba de fonda en fonda leyendo el peri\u00f3dico a cambio de unas monedas, mientras que en las mesas del restaurante T\u00edvoli de San Cosme, la clase media masculina ley\u00f3 el peri\u00f3dico entre mofas y olor a caf\u00e9. En otros horizontes, siguiendo la tradici\u00f3n de sus ancestros en las cigarreras cubanas, don Felicio visit\u00f3, como cada jueves, uno de tantos espacios tabaqueros para dar lectura a notas chuscas, noticias y poemas a las operarias que se encontraban concentradas torciendo los dedos para lograr el enrollado perfecto del papel. Pero ese d\u00eda, el famoso \u201clector de tabaquer\u00eda\u201d, como se le conoc\u00eda, comenz\u00f3 a leer en voz alta el osado discurso de Juana, y como si alguien les hubiera le\u00eddo la mente, las obreras interrumpieron sus menesteres para prestar atenci\u00f3n con cierto asombro y asintiendo con disimulo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El discurso de Juana fue \u00fanico por su pensamiento vanguardista y libertario en favor de las mujeres y sus derechos, algo inexistente para esa \u00e9poca, y aunque no hay registros sobre ella, su discurso delata su inclinaci\u00f3n por la lucha obrera. Juana pudo ser una obrera como muchas otras que irrumpieron en el espacio p\u00fablico y en la prensa con sus protestas y discursos en favor de la mujer y exigiendo mejores condiciones laborales. En esos a\u00f1os, la ciudad de M\u00e9xico atestigu\u00f3 m\u00faltiples episodios en los que las mujeres fueron todo, menos unos \u00e1ngeles serenos y d\u00e9biles.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es que la marcha \u00a0hacia el progreso de nuestro pa\u00eds tuvo un correlato en la vida precaria de las obreras en las f\u00e1bricas capitalinas durante el siglo xix. En las siguientes l\u00edneas repasaremos algunos episodios importantes en la historia de la lucha de las obreras, en espec\u00edfico las tabacaleras, ya que destacan en las fuentes hist\u00f3ricas como las primeras en hacerse ver y escuchar fuerte y claro en un mundo que intentaba callarlas y reducir su existencia al hogar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">No hay mal que dure cien a\u00f1os\u2026<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde tiempos de la colonia, muchas mujeres andaban por las calles de la capital de Nueva Espa\u00f1a forjando y llevando a domicilio el nuevo invento del cigarrillo, que, seg\u00fan cuenta el historiador Guillermo C\u00e9spedes, fue el resultado del ingenio de un se\u00f1or llamado Antonio Charro, quien encontrar\u00eda en este enrollado producto la fortuna que esperaba desde ni\u00f1o. La novedad fue que, a diferencia del puro, el cigarrillo era m\u00e1s sencillo de liar y transportar, no requer\u00eda de manos expertas, lo que represent\u00f3 una oportunidad de trabajo para las mujeres pobres y sin experiencia, ya que la legislaci\u00f3n gremial s\u00f3lo admit\u00eda varones. El gusto de ganarse la vida sin horarios y sin descuidar a sus hijos termin\u00f3 con el estanco del tabaco por parte de la corona espa\u00f1ola, cuando estipul\u00f3 que toda producci\u00f3n y venta de esta materia prima era de su propiedad. Un buen d\u00eda de 1769 se fund\u00f3 La Real F\u00e1brica de Puros y Tabaco, primera en su tipo en toda Nueva Espa\u00f1a que, entre varias mudanzas y un siniestro, qued\u00f3 ubicada en lo que ahora se conoce como La Ciudadelade la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La f\u00e1brica real, a diferencia de los gremios, emple\u00f3 mayoritariamente a mujeres en lugar de los hombres, bajo el argumento de que eran m\u00e1s cuidadosas, honestas, menos dadas a la revuelta, al robo y a los vicios; no obstante, poco antes de concluir el siglo XVIII, Gertrudis Barrios y otras operarias inconformes con las condiciones, tratos, horarios y estrictos reglamentos de la f\u00e1brica, se organizaron para cambiar la precariedad del nuevo sistema de trabajo y planearon un mot\u00edn que se vio frustrado por la indiscreci\u00f3n de un p\u00e1rroco que, en medio de una confesi\u00f3n, le hab\u00eda sido revelada la intenci\u00f3n de las forjadoras y denunci\u00f3 de inmediato el plan a las autoridades de la f\u00e1brica. Las inconformes fueron despedidas por \u201calborotadoras\u201d, remarca en su investigaci\u00f3n el historiador Arturo Obreg\u00f3n. Gertrudis nunca imagin\u00f3 que ese y otros episodios de ese tipo ser\u00edan el germen de una historia de rebeld\u00eda y desobediencia que continuar\u00eda a lo largo del turbulento siglo XIX.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia los a\u00f1os setenta del r\u00e9gimen de D\u00edaz, la situaci\u00f3n econ\u00f3mica del pa\u00eds cambi\u00f3 al comp\u00e1s del arribo de capitales e inversiones extranjeras que dinamizaron la econom\u00eda mexicana, permitiendo as\u00ed la creaci\u00f3n de la primera l\u00ednea ferroviaria que iba de la capital a Veracruz. La expansi\u00f3n de los transportes y las noticias de oportunidades de trabajo desterr\u00f3 del campo a muchos hombres y mujeres que, en busca de oportunidades de trabajo, migraron a la capital. La estaci\u00f3n de trenes Buenavista, por ejemplo, recibi\u00f3 a mujeres de todas las edades que buscaban un lugar de trabajo en alguna f\u00e1brica o como empleadas en alguna casa. La ciudad se ensanch\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de sus antiguas fronteras los \u00faltimos 20 a\u00f1os del siglo XIX y nuevos barrios como la Guerrero, la Morelos, la Bolsa, el Rastro, Santa Julia, la Candelaria, Hidalgo, Peralvillo y La Viga se agregaron a la traza urbana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Calles y avenidas del centro de la ciudad y sus alrededores protagonizaron el nacimiento y reapertura de f\u00e1bricas, sobre todo de la industria de los cigarros. A diario, las forjadoras se despertaban al cantar del gallo para acomodarse el pelo como Dios les daba a entender, cubrirse con su rebozo y dirigirse a paso redoblado rumbo al callej\u00f3n de San Antonio (ahora calle Ernesto Pugibet) donde se encontraba la f\u00e1brica El Buen Tono, vecina de la plaza y del famoso, desde entonces, mercado de San Juan. A otras se les ve\u00eda enfilarse sobre la calle Puente de Alvarado en espera de un lugar en la f\u00e1brica La Tabacalera Mexicana o alguna otra como La Principal, en la actual calle de Zaragoza; La Rosa de Oro y Del R\u00edo, en la calzada de la Teja; as\u00ed como El Modelo, El C\u00e9sar, El Gallito, La Mexicana, El Borrego, El Triunfo, Los Aztecas, La Bomba, La Bola, El Negrito, El Profeta, La Campana,\u00a0\u00a0 \u00a0La Sultana y el Moro Muza.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21055\" aria-describedby=\"caption-attachment-21055\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21055\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_081.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"583\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_081.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_081-300x194.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_081-768x497.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21055\" class=\"wp-caption-text\">La Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y C\u00eda, impreso, ca. 1900. Archivo General de la Naci\u00f3n, Fondo Felipe Teixidor.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Este desarrollo industrial avanz\u00f3 a un ritmo inversamente proporcional al del bienestar social de sus obreras. Mientras que el presidente presum\u00eda un M\u00e9xico desarrollado y pr\u00f3spero en el escenario internacional, campesinos y obreros lejos estaban de gozar las mieles emanadas del progreso. Aunque en la parte central de la capital conflu\u00eda un mar de gente de todos los estratos, lo cierto es que las trabajadoras y sus familias viv\u00edan en barrios perif\u00e9ricos y en condiciones insalubres de hacinamiento y pobreza. Despu\u00e9s de extensas jornadas de trabajo, el refugio hogare\u00f1o que las recib\u00eda no contaba con sanitario, drenaje, ni agua corriente. Lo que alg\u00fan d\u00eda fueron conventos y mansiones coloniales, ahora eran vecindades cuyas habitaciones albergaban familias enteras. Las condiciones laborales eran peligrosas \u00a0e insalubres. Tanto la prensa como los reglamentos de la \u00e9poca se\u00f1alan que la jornada laboral promedio para 1892 en la ciudad de M\u00e9xico era de 16 horas con 45 minutos de comida, no se abonaban d\u00edas de descanso ni festivos y a las mujeres se les pagaba mucho menos que a los hombres por considerar que su ingreso era complementario para el hogar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n entre el capital y el trabajo no se encontraba reglamentada jur\u00eddicamente de manera precisa ni siquiera en la Constituci\u00f3n de 1857, por lo que los salarios depend\u00edan del capricho de los patrones, quienes, en muchas ocasiones, de manera injusta, bajaban el salario y aumentaban\u00a0 \u00a0las cuotas de cigarros por d\u00eda y amenazaban con contratar mano de obra cautiva del Castillo de Tlatelolco o de la c\u00e1rcel de Belem, seg\u00fan lo expresaron desesperadas las mismas cigarreras en un ocurso publicado en <em>El Correo de las Se\u00f1oras<\/em>, en octubre de 1885.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cigarreras estaban inconformes tambi\u00e9n por los descuentos al jornal que les impon\u00edan por la ruptura o extrav\u00edo de herramientas, adem\u00e1s de las revisiones corporales a la salida del turno que, desde su parecer, \u201cvejaba su dignidad\u201d y su moral. A la lista de agravios se sum\u00f3 a\u00f1os m\u00e1s tarde el desplazo de la mano de obra por las m\u00e1quinas modernas como las Comas, Bonsak y Decoufl\u00e9, que hac\u00edan miles de cigarros en poco tiempo. Los a\u00f1os ochenta del siglo xix fueron a\u00f1os de gran agitaci\u00f3n social; las jefaturasde polic\u00eda, las c\u00e1rceles, los mercados y las f\u00e1bricas de la ciudad fueron las escenograf\u00edas de la frustraci\u00f3n y la sed de justicia. Tan s\u00f3lo en 1885 hubo cerca de 17 huelgas en la capital, cuenta Mois\u00e9s Gonz\u00e1lez Navarro en su <em>Historia moderna de M\u00e9xico<\/em>, y muchas de ellas fueron protagonizadas por las obreras del tabaco.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">Calladitas no se ven m\u00e1s bonitas<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Un viernes por la tarde, las cigarreras de la f\u00e1brica El Moro Muza salieron de su centro de trabajo con el pago a destajo en monedas de cobre en vez de plata. Molestas pero resignadas, acordaron encontrarse el domingo en el mercado para comprar lo que les alcanzara con la m\u00edsera compensaci\u00f3n. Al llegar y querer pagar se encontraron con que las vendedoras de pan rechazaron el pago en cobre por su poca val\u00eda. Furiosas, las cigarreras increparon a las vendedoras y se arm\u00f3 una rebatinga. Entre migajas de pan y mujeres despeinadas, la gendarmer\u00eda intervino cuando se le notific\u00f3 que estaban apedreando un inmueble en la avenida Plateros por la que \u201cpasaban varias mujeres gritando hechas unas furias\u201d, narr\u00f3 el cronista de <em>El Monitor Republicano <\/em>el 25 de diciembre de 1883. Otros tantos sucesos como este pudieron tener lugar en los mercados de El Volador y La Merced, pues al ser puntos de venta de productos b\u00e1sicos y con basta concurrencia de mujeres de clases populares, eran perfectos focos de conflicto.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hornos de la frustraci\u00f3n y la rabia se fueron calentando paulatinamente. Una ma\u00f1ana de 1887, Federico \u00c1lvarez lleg\u00f3 como siempre a la f\u00e1brica El Negrito un tanto taciturno, camin\u00f3 hacia su oficina a paso lento y respir\u00f3 aquel conocido aire impregnado a olor de papel y tabaco, el suelo de madera cruji\u00f3 al contacto con sus pasos, rode\u00f3 su escritorio, se sent\u00f3 en su silla, mir\u00f3 de reojo el reloj y acomod\u00f3 sus lentes para disponerse a leer el informe dentro de un sobre firmado por su patr\u00f3n. Sus manos huesudas sacaron el documento y ley\u00f3 con rapidez la orden de avisar a las obreras que a partir de ese d\u00eda se les aumentar\u00edan las tareas diarias por el mismo pago. \u00c1lvarez no fue el \u00fanico que en ese mes dio la misma nueva a las cigarreras de otras f\u00e1bricas, la suerte estaba echada. Unas horas despu\u00e9s del anuncio, las cigarreras de El Negrito se juntaron para iniciar un paro, armaron una comisi\u00f3n para alertar a otras trabajadoras y convencerlas de unirse a la huelga. La convocatoria tuvo gran aceptaci\u00f3n y varias obreras detuvieron sus labores durante 20 d\u00edas en las f\u00e1bricas El Negrito, El Modelo, La Ni\u00f1a, El Buen Tono, El C\u00e9sar, La Mexicana, El Gallito, El Borrego, La Sultana, Los Aztecas, El Moro Muza, La Tuya,\u00a0 \u00a0La Sociedad del Antiguo Estanco y La Bomba. A este paro de labores se le conoci\u00f3 como la Huelga general de las cigarreras.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por desgracia, el hambre no supo de justicias y algunas cigarreras desistieron de la huelga y volvieron a las f\u00e1bricas. Pero no todo fue en vano, d\u00edas antes de que terminara la huelga general, reunidas varias obreras, una de ellas \u2013dedicada a los hilados\u2013 coment\u00f3 que estaba en una organizaci\u00f3n mutual en la que sus integrantes organizaban colectas, bailes y eventos para recaudar fondos y ayudar a quienes lo necesitaran, sobre todo si ca\u00edan en la enfermedad, lo que despert\u00f3 el inter\u00e9s de las operarias, porque constantemente padec\u00edan enfermedades como tifoidea u otras relacionadas con el sistema respiratorio, producto de la constante inhalaci\u00f3n de polvo de tabaco, y no contaban con recursos para pagar asistencia m\u00e9dica. Al final de la reuni\u00f3n acordaron organizarse y hacer los tr\u00e1mites necesarios en el Congreso Obrero para crear su propia mutual. Luego de un tr\u00e1mite aqu\u00ed y muchos por all\u00e1, la sociedad mutualista Las Hijas del Trabajo qued\u00f3 conformada un 4 de diciembre de 1887 en la ciudad de M\u00e9xico y su presidenta honoraria fue nada m\u00e1s y nada menos que Carmen Romero Rubio de D\u00edaz, a quien se le conoc\u00eda por sus actividades filantr\u00f3picas y quien fundar\u00eda tambi\u00e9n en ese mismo a\u00f1o una estancia de cuidado para los hijos de las obreras mejor conocida como la Casa Amiga de la Obrera.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La fiesta de inauguraci\u00f3n se organiz\u00f3 en el Teatro Hidalgo y aquella noche Las Hijas del Trabajosacaron de sus roperos sus mejores vestiduras para asistir al baile, pero el gusto durar\u00eda poco, pues a pesar de que la mutual fue un camino pac\u00edfico para paliar sus problem\u00e1ticas y apoy\u00f3 a muchas mujeres ante eventualidades desafortunadas, no logr\u00f3 tener un alcance mayor para detener los abusos en las f\u00e1bricas. Tres meses despu\u00e9s de creada la organizaci\u00f3n, <em>La<\/em> <em>Paz P\u00fablica<\/em>, en una nota del 2 de septiembre de 1888, se\u00f1al\u00f3 que Julio Pugibet, due\u00f1o de la f\u00e1brica La Ideal, hab\u00eda anunciado que les descontar\u00eda a las trabajadoras de su jornal para pagar la luz. M\u00e1s pronto que un rayo, 44 cigarreras tomaron valor y se presentaron en la oficina y pidieron hablar con el due\u00f1o para pedirle que se retractara. Al verlas, Julio Pugibet se puso de pie, les devolvi\u00f3 una mirada furiosa, sac\u00f3 su mano izquierda de su chaleco, apunt\u00f3 con el dedo \u00edndice hacia la salida y con improperios rechaz\u00f3 sus peticiones sac\u00e1ndolas de la habitaci\u00f3n. No hubo otro camino, volvieron a organizarse para irse a huelga junto con las obreras de la f\u00e1brica La Sultana, que por los mismos motivos se unieron a la suspensi\u00f3n de actividades.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La situaci\u00f3n no se resolvi\u00f3 pronto. Casi seis a\u00f1os despu\u00e9s, una ma\u00f1ana los vecinos de la f\u00e1brica El Modelo tropezaron en el camino con piedras y avanzaron por la calle entre polvo y vidrio, intrigados instintivamente, levantaron la mirada y observaron los cristales rotos de las ventanas de la f\u00e1brica de cigarros, algunos ignoraron que horas antes las torcedoras, ante la amenaza de la introducci\u00f3n de maquinaria, hab\u00edan apedreado el establecimiento. Entre los observadores hubo obreras que lamentaban \u201cla violenta determinaci\u00f3n de sus compa\u00f1eras\u201d, pues dec\u00edan que todas esas cosas les perjudicaban, y suplicaban a los due\u00f1os de la f\u00e1brica que no se les considerara \u201crevoltosas\u201d a todas, record\u00f3 el peri\u00f3dico <em>El Noticioso <\/em>un a\u00f1o m\u00e1s tarde.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El descontento era general. Una tarde de abril de 1895 las operarias de El Premio iniciaron un paro de labores cuando les redujeron el pago de las tareas a 37 centavos en lugar de 50. Despu\u00e9s de intentar hablar con el due\u00f1o se fueron a huelga y la agitaci\u00f3n estall\u00f3 cuando un grupo de huelguistas de El Borrego, La Uni\u00f3n Obrera y El Modelo trataron de entrar a la f\u00e1brica El Premio para sacar a las trabajadoras que hab\u00edan aceptado trabajar por 37 centavos por cuota; les gritaron que no les permitir\u00edan trabajar hasta que a todas se les pagase lo mismo. El due\u00f1o de El Premio las acus\u00f3 de atacar propiedad privada y las denunci\u00f3 ante las autoridades, quienes, al llegar, consiguieron detener a trece mujeres, no sin antes lastimar a dos gendarmes.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Para sacar a las presas, sus compa\u00f1eras decidieron hacer un baile de beneficencia que parec\u00eda ir bien, todas conviv\u00edan sin m\u00e1s contratiempos, hasta que la m\u00fasica paus\u00f3 y se dio la triste noticia de que el hijo de la cigarrera huelguista Cipriana Boadilla hab\u00eda muerto de hambre. La rabia y la impotencia no tardaron en hacer efecto y al d\u00eda siguiente m\u00e1s de un centenar de mujeres de f\u00e1bricas de toda la ciudad se dieron cita afuera de las instalaciones de El Premio para apedrearlas en nombre de aquel ni\u00f1o. Se les vio cargar en las enaguas piedras, y tal fue la trifulca, que se llevaron a prisi\u00f3n a varias mujeres imput\u00e1ndoles sentencias de dos meses de c\u00e1rcel o multas de 50 pesos a cada una. Desde luego, una cifra impagable para ellas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Felicio, El Lector, cont\u00f3 la noticia a las forjadoras de otras f\u00e1bricas sobre las sentencias publicadas en <em>El Tiempo <\/em>un 8 de mayo y pronto convocaron a una tertulia art\u00edstica con m\u00fasica afuera de la c\u00e1rcel para recaudar fondos y pagar la multa de 650 pesos. Tambi\u00e9n la Sociedad Fraternal Militar y el Congreso Obrero hicieron un esfuerzo por pagar, pero de todos modos las cigarreras fueron enviadas a la c\u00e1rcel de Belem, ubicada en la esquina de lo que ahora es la calle Arcos de Belem y la avenida Ni\u00f1os H\u00e9roes. No fueron las \u00fanicas, en el a\u00f1o 1900 la c\u00e1rcel de Belem hab\u00eda recibido a casi 100 mujeres de la f\u00e1brica La Cigarrera Mexicana aprehendidas por haber hecho un paro moment\u00e1neo debido a que los propietarios iban a unificar los salarios y, por lo tanto, el jornal de algunas bajar\u00eda. La situaci\u00f3n ya estaba como agua para chocolate.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante esta \u00faltima situaci\u00f3n, las afectadas discutieron con sus compa\u00f1eras su inconformidad, encolerizadas se envalentonaron olvidando \u201cla debilidad de su ser\u201d y tal fue la querella, que las autoridades de la f\u00e1brica llamaron a la gendarmer\u00eda para que se las llevara. Cabe mencionar que el C\u00f3digo penal del Distrito Federal de 1871 tipific\u00f3 a las huelgas como delito y castigo de ocho d\u00edas a tres meses de c\u00e1rcel y multa de 25 a 500 pesos a quienes pretendieran el alza o la baja de los sueldos o impidieran el libre ejercicio de la industria o del trabajo por medio de la violencia f\u00edsica o moral, muy en conformidad con la pol\u00edtica de orden p\u00fablico y <em>pax <\/em>porfiriana. Incluso el propio Congreso Obrero conden\u00f3 a las operarias huelguistas que, dicho sea de paso, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n optaron por la v\u00eda pac\u00edfica para resolver sus demandas mediante la petici\u00f3n epistolar al presidente D\u00edaz y su esposa Carmen Romero Rubio, pero al no tener \u00e9xito, la huelga fue el recurso que m\u00e1s las visibiliz\u00f3.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21054\" aria-describedby=\"caption-attachment-21054\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21054\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_079.jpg\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"509\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_079.jpg 900w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_079-300x170.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BIC_59_079-768x434.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21054\" class=\"wp-caption-text\">Etiqueta de cigarros \u201cEl Negrito\u201d, ca. 1900. Archivo General de la Naci\u00f3n, Fondo Felipe Teixidor.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de la prisi\u00f3n, las cigarreras fueron bien acogidas y se les denomin\u00f3 \u201clas presas pol\u00edticas\u201d, seg\u00fan se\u00f1alan los documentos sobre las presas de Belem de la \u00e9poca. No ocurri\u00f3 lo mismo afuera, la animadversi\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica hacia las obreras fue en aumento de manera escalonada despu\u00e9s de cada disturbio, de hecho, la prensa les retir\u00f3 el apoyo al pretender quedar del lado de la ley, a favor de la moral y el comportamiento femenino \u201cadecuado\u201d. La sociedad no mir\u00f3 con buenos ojos a las huelguistas y cre\u00f3 un prejuicio alrededor de la obrera del tabaco. Nadie ofrec\u00eda trabajo a las mujeres que hab\u00edan estado en prisi\u00f3n, pues la transgresi\u00f3n penal, en las mujeres, implicaba siempre una transgresi\u00f3n social mucho m\u00e1s severa que la de los hombres.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los sectores de la sociedad porfiriana tuvieron algo que decir al respecto de \u201cEl asunto de las cigarreras\u201d. La opini\u00f3n p\u00fablica masculina llen\u00f3 las notas de los rotativos con argumentos cientificistas que apelaban a la inferioridad natural de la mujer y denostaban con recelo el trabajo de las cigarreras. El mismo hecho de que convivieran en un mismo espacio hombres y mujeres levantaba suspicacias moralinas a las que se sumaban las ideas de que las mujeres decentes no andaban en las calles, no gritaban, no hablaban fuerte, no se quejaban, no violentaban, no hac\u00edan borlote; por el contrario, deb\u00edan estar en sus hogares procurando el bien de la familia, encarg\u00e1ndose de formar buenos ciudadanos. Amas y reinas en la casa, pero ante la sociedad atentaban contra la moral, pues al \u201cser d\u00e9biles\u201d y pobres eran proclives a \u201ccaer en las garras de la prostituci\u00f3n\u201d, subrayaron revistas, diarios, manuales y discursos pol\u00edticos. El fil\u00f3sofo Ignacio Gamboa aleg\u00f3 que el trabajo las debilitaba f\u00edsicamente y eso desembocaba en su incapacidad para competir con los hombres en la fuerza de trabajo y tal \u201cfracaso\u201d s\u00f3lo las llevar\u00eda a una \u201csangrienta marcha al socialismo y as\u00ed se habr\u00e1 hecho de la mujer el enemigo m\u00e1s peligroso\u201d. Seg\u00fan este hombre, la mujer que trabajaba era casi un enemigo p\u00fablico. No obstante, s\u00ed hubo quienes defendieron el trabajo femenino de liar cigarros como una actividad honrada que ayudaba a las mujeres a alejarse de otras formas \u201cpoco dignas\u201d de obtener plata para vivir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El camino de lucha por una vida mejor les dej\u00f3 a las trabajadoras un sin n\u00famero de aprendizajes en los que se demostraron, a s\u00ed mismas y al resto de la sociedad, que eran capaces de organizarse y hacerse visibles dentro de una sociedad que intentaba borrarlas tras el ideal de una vida decorosa y apacible al servicio de su familia y el hogar, fuera de las discusiones pol\u00edticas y de la vida p\u00fablica designadas al hombre. Los paros, los discursos, los apedreos, los ocursos violaron los c\u00f3digos de la buena conducta femenina y la familia burguesa que tom\u00f3 mucha fuerza durante el siglo xix. La conducta transgresora de las obreras represent\u00f3 no s\u00f3lo un desaf\u00edo social a su papel de g\u00e9nero, tambi\u00e9n hacia las autoridades de las f\u00e1bricas y del Congreso Obrero. Demostraron su capacidad para movilizar a otras mujeres y evidenciaron su fuerza, su capacidad de agenda y que no necesitaban el permiso de un marido o de sus colegas obreros. Los \u201c\u00e1ngeles del hogar\u201d ca\u00eddos en desobediencia desafiaron incluso el orden y la paz porfiriana que intent\u00f3 por todos los medios socavar cualquier tipo de protesta. El espacio urbano de la ciudad de M\u00e9xico fue el escenario en el que se suscit\u00f3 el despertar de las mujeres cigarreras, porque a las demandas por mejores condiciones laborales se sumaron paulatinamente las demandas por la educaci\u00f3n y escuelas para mujeres trabajadoras, entre otros.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas llegaron y se fueron, las noches estrelladas cayeron despidiendo un siglo de agitaciones para dar luz a otro en el que las cigarreras no dejaron de forjar, pero tampoco de protestar. Su historia y semilla qued\u00f3 guardada entre archivos, peri\u00f3dicos, recuerdos y notas viejas que ver\u00edan la luz a manos de otras mujeres que, al igual que ellas, jam\u00e1s se cansar\u00e1n de hacerse ver y abrir caminos entre humos de ciudad y tabaco.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>PARA SABER M\u00c1S <\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li>C\u00e9spedes del Castillo, Guillermo, <em>Tabaco en Nueva Espa\u00f1a<\/em>, Madrid, Real Academia de la Historia, 1992.<\/li>\r\n<li>Guti\u00e9rrez, Florencia y Vanesa E. Teteilbaum, \u201cDe la representaci\u00f3n a la huelga. Las trabajadoras del tabaco (ciudad de M\u00e9xico, segunda mitad del siglo XIX)\u201d, <em>Bolet\u00edn Americanista<\/em>, 2009, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/CNFydHH\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/cutt.ly\/CNFydHH<\/a><\/li>\r\n<li>L\u00f3pez Salais, Nancy Lizbeth, \u201cDe la lucha laboral a la lucha pol\u00edtica. Una mirada a las mujeres obreras tabacaleras en la ciudad de M\u00e9xico en el porfiriato\u201d, tesis de licenciatura, M\u00e9xico, UNAM, 2020, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/cNFyn6r\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/cutt.ly\/cNFyn6r<\/a><\/li>\r\n<li>Obreg\u00f3n, Arturo M., <em>Las obreras tabacaleras en la ciudad de M\u00e9xico, 1764-1925<\/em>, M\u00e9xico, Centro de Estudios Hist\u00f3ricos del Movimiento Obrero Mexicano, 1982. Saloma Guti\u00e9rrez, Ana Mar\u00eda, \u201cLas hijas del trabajo. Fabricantas cigarreras de la ciudad de M\u00e9xico en el siglo XIX\u201d, tesis de doctorado en Antropolog\u00eda, M\u00e9xico, Escuela Nacional de Antropolog\u00eda e Historia, 2001.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nancy Lizbeth L\u00f3pez SalaisFacultad de Filosof\u00eda y Letras-UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 59. En el M\u00e9xico decimon\u00f3nico, grupos de mujeres desafiantes y transgresoras que trabajaban en la industria del tabaco dieron su lucha por reivindicaciones laborales y sociales. A pesar de los intentos por socavarlas, dejaron una huella que otras mujeres retomar\u00edan a\u00f1os m\u00e1s tarde. Era el a\u00f1o 76 de un siglo convulso de un d\u00eda caluroso de mayo en la capital porfiriana, en una de sus calles centrales algunas mujeres y otros curiosos pararon su andar al escuchar el clamor de las palabras de una mujer que, con el entrecejo fruncido y el pu\u00f1o en alto, proclamaba: \u00a1El hombre no puede ser superior a la mujer, puesto que ambos son de una misma materia, del hombre se hace un libre pensador; de la mujer una esclava! Consideremos cu\u00e1n interesante es la educaci\u00f3n de<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2422],"tags":[2428,2427,2426],"class_list":{"0":"post-16885","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-59","8":"tag-huelga","9":"tag-tabaco","10":"tag-trabajadoras"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16885","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16885"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16885\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22437,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16885\/revisions\/22437"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16885"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16885"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16885"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}