﻿{"id":1665,"date":"2012-11-01T18:26:19","date_gmt":"2012-11-02T00:26:19","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1665"},"modified":"2021-05-04T14:41:48","modified_gmt":"2021-05-04T19:41:48","slug":"la-inundacion-de-san-antonio-de-bexar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-inundacion-de-san-antonio-de-bexar\/","title":{"rendered":"La inundaci&oacute;n de San Antonio de B&eacute;xar"},"content":{"rendered":"<div class=\"posterous_autopost\">\n<p>La inundaci\u00f3n de San Antonio de B\u00e9xar<\/p>\n<div>\n<p><i><b>Andrew J. Torget<\/b><br \/>\n<\/i><\/p>\n<p><i>Universidad del Norte de Texas<\/i><\/p>\n<p><i>Revista BiCentenario #16<\/i><\/p>\n<p><i>Traducci\u00f3n: Gabriela Montes de Oca<\/i><\/p>\n<p>* Las palabras resaltadas en <i>cursivas <\/i>a lo largo del texto corresponden a t\u00e9rminos usados en espa\u00f1ol en la versi\u00f3n original en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/Captura-de-pantalla-2013-10-21-a-las-10.05.48.png\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3202\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/Captura-de-pantalla-2013-10-21-a-las-10.05.48.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-10-21 a las 10.05.48\" width=\"609\" height=\"727\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"p_embed p_image_embed\"><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante la noche del 4 de julio de 1819 comenz\u00f3 a caer una suave lluvia al norte de San Antonio. La lluvia golpeaba la tierra reseca con una interminable corriente de agua que se necesitaba con desesperaci\u00f3n. Una grave sequ\u00eda hab\u00eda quemado la regi\u00f3n durante los \u00faltimos a\u00f1os, chamuscando vastas franjas de las praderas originarias y diezmando numerosas manadas de bisontes y ganado salvaje. Ese verano los campos marchitados por el sol hab\u00edan sido incapaces de mantener las cosechas de ma\u00edz necesarias para mantener a los espa\u00f1oles refugiados en San Antonio y hab\u00edan dejado en la aldea una grave escasez de alimentos. Incluso los caballos mor\u00edan de hambre y las monturas de los espa\u00f1oles estaban tan desnutridas, que algunas apenas se sosten\u00edan en pie. Pero al fin la lluvia hab\u00eda empezado a caer. Rodando por la tierra quemada, el agua empezaba a llenar los lechos de riachuelos y los <i>arro<\/i><i>yos <\/i>secos que serpenteaban hacia el sur. La tormenta acab\u00f3 por llegar a San Antonio. Para quienes viv\u00edan en la peque\u00f1a y reseca aldea, el estr\u00e9pito de la lluvia sobre sus tejados seguramente son\u00f3 como un acto de misericordia enviado desde el cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Antonio era una poblaci\u00f3n necesitada de gracia divina. Fundada en 1718, poco m\u00e1s de un siglo antes, estaba asentada en un trecho de tierra entre el r\u00edo San Antonio al este y el riachuelo de San Pedro al oeste. El pueblo original se hab\u00eda construido alrededor de una instalaci\u00f3n militar conocida como <i>presidio<\/i>, que resguardaba las cinco misiones cat\u00f3licas que establecieron los espa\u00f1oles a lo largo del r\u00edo San Antonio para atender a los indios del lugar. Fue creciendo por rachas a lo largo del siglo XVIII y funcionaba como la capital provisional de Texas, la provincia m\u00e1s remota de la lejana frontera noreste de Nueva Espa\u00f1a. Sin embargo, a pesar de su estrat\u00e9gica ubicaci\u00f3n en la frontera, San Antonio siempre hab\u00eda languidecido en aislamiento, pues las autoridades espa\u00f1olas de Monterrey y la ciudad de M\u00e9xico se rehusaban a invertir recursos significativos en la regi\u00f3n y s\u00f3lo enviaban tropas y abastecimientos suficientes para mantener viva su presencia militar en Texas. Asnicamente pod\u00edan encontrarse otros dos puestos de avanzada en todo Texas: Nacogdoches y La Bah\u00eda, que estaban en peores condiciones que San Antonio. En definitiva, la agobiante pobreza que padec\u00edan los espa\u00f1oles en Texas revelaba lo mucho que se hab\u00eda deteriorado la situaci\u00f3n a lo largo de la frontera norte de Nueva Espa\u00f1a durante los a\u00f1os anteriores a la revuelta de Miguel Hidalgo. Cuando en 1803 el gobernador de Texas elabor\u00f3 un informe sobre la regi\u00f3n, su evaluaci\u00f3n de San Antonio fue sombr\u00eda. Se lamentaba de que la villa &#8220;carec\u00eda absolutamente de comercio y de industria&#8221; para mantener a su modesta poblaci\u00f3n de 2,500 habitantes y si no hubiese sido por un pu\u00f1ado de cazadores que les suministraban carne de b\u00fafalo &#8220;la mayor\u00eda de las familias perecer\u00edan en la miseria&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si durante el siglo XVIII San Antonio no logr\u00f3 progresar, en el siglo XIX fue devastado. Cuando estall\u00f3 la guerra de independencia en M\u00e9xico, a principios del siglo XIX una banda de rebeldes tom\u00f3 el pueblo en 1813 y ejecut\u00f3 al gobernador. Como represalia, las autoridades espa\u00f1olas lanzaron una sangrienta campa\u00f1a militar para recuperar la regi\u00f3n y asesinaron a cientos de sospechosos de rebeld\u00eda en San Antonio, adem\u00e1s de provocar que cientos de pobladores buscaran salvar su vida huyendo hacia el campo. Quienes sobrevivieron a la despiadada confirmaci\u00f3n de la autoridad espa\u00f1ola vivieron sitiados desde entonces. Envalentonados por la debilidad de San Antonio, los comanches y los apaches emprendieron una interminable serie de ataques que desangraron a los espa\u00f1oles de lo poco que les quedaba de caballos, ganado y cosechas. Para 1819, las guerras, la sequ\u00eda y la hambruna hab\u00edan reducido a la poblaci\u00f3n de San Antonio a tan s\u00f3lo mil seiscientos habitantes, casi mil personas menos que las que viv\u00edan ah\u00ed tan s\u00f3lo dos d\u00e9cadas antes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en esa tarde de julio de 1819, finalmente llegaron las lluvias. Y continuaron durante toda la noche, aunque cayendo demasiado r\u00e1pido para el suelo endurecido por la sequ\u00eda. Desde el lecho de los riachuelos poco profundos pronto empezaron a canalizarse torrentes de agua a borbotones hacia el r\u00edo San Antonio, que aumentaba de fuerza y velocidad conforme avanzaba hacia el sur, a la aldea. Al alba, el r\u00edo, que se enroscaba alrededor del este de San Antonio, empezaba ya a desbordarse en la ribera. Una pared de agua irrumpi\u00f3 en el norte de la aldea poco despu\u00e9s de las seis de la ma\u00f1ana, precipit\u00e1ndose sobre las calles a una velocidad aterradora. El \u00fanico puente que cruzaba el r\u00edo empez\u00f3 a crujir por la fuerza de la marea creciente antes de despedazarse. El agua continu\u00f3 avanzando con fuerza, anegando cada calle y plaza, antes de unirse al arroyo de San Pedro en la remota parte oeste de San Antonio. Casi tan pronto como comenz\u00f3 la inundaci\u00f3n, ya no hab\u00eda aldea, s\u00f3lo qued\u00f3 un r\u00edo ancho y furioso que lo absorbi\u00f3 todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gobernador Antonio Mart\u00ednez despert\u00f3 con el agua que se filtraba a su casa. El anciano patriarca inmediatamente empez\u00f3 a mover documentos y a su familia para salvarlos, pero el agua avanzaba con demasiada rapidez. Cuando tres cuartas partes de la casa estaban ya bajo el agua, indic\u00f3 a su familia que abandonara el hogar. Mientras vadeaba por las calles inundadas, Mart\u00ednez apenas pod\u00eda comprender la escena. Cada avenida se hab\u00eda transformado en un r\u00edo furibundo que arrasaba con hombres y mujeres que gritando y agit\u00e1ndose intentaban desesperadamente llegar a un lugar seguro. Aquellos que ten\u00edan la suerte de atrapar la rama de alg\u00fan \u00e1rbol se trepaban a la cima en busca de refugio. Otros, incapaces de alejarse del agua, se quitaban la ropa a tirones para evitar ser arrastrados hacia el fondo. La fuerte corriente hab\u00eda incluso arrancado las casas de las amarras de sus cimientos. Las familias m\u00e1s pobres de San Antonio viv\u00edan en destartaladas chozas de madera llamadas <i>jacales<\/i>, construidas de vigas repelladas con lodo y barro. Mart\u00ednez observaba, impotente, c\u00f3mo la corriente destru\u00eda los <i>jacales<\/i>, a menudo con las familias dentro. Seg\u00fan recordaba despu\u00e9s, s\u00f3lo miraba mientras las &#8220;casas empezaban a desaparecer y \u00fanicamente quedaban fragmentos flotando que indicaban el desastre que las hab\u00eda rebasado&#8221;. El gobernador orden\u00f3 a sus soldados que sacaran del agua a todos los que pudieran y mand\u00f3 a los mejores nadadores a rescatar a las personas que se hab\u00edan refugiado en la copa de los \u00e1rboles. Pero la lluvia segu\u00eda cayendo, de modo que Mart\u00ednez decidi\u00f3 abandonar la aldea antes de que el agua subiera m\u00e1s. Orden\u00f3 a todos los sobrevivientes que lo siguieran y encabez\u00f3 una marcha hacia las colinas de las afueras de San Antonio, donde se acurrucaron bajo los \u00e1rboles. Y de pronto, tan r\u00e1pidamente como llegaron, las aguas empezaron a retroceder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los sobrevivientes regresaron, revisaron la extensi\u00f3n de la destrucci\u00f3n. En 1819 San Antonio estaba dividida en cuatro vecindarios que correspond\u00edan a grandes rasgos a las direcciones de una br\u00fajula. Los vecindarios del norte y del sur eran las \u00e1reas m\u00e1s viejas de la poblaci\u00f3n, donde viv\u00edan las familias con mejores relaciones pol\u00edticas, y que de alg\u00fan modo se hab\u00edan salvado de los peores da\u00f1os. Aunque en el norte y el sur hab\u00eda casas inundadas, la mayor\u00eda hab\u00edan quedado intactas. Al parecer la inundaci\u00f3n hab\u00eda concentrado su furia en los m\u00e1s vulnerables.<\/p>\n<figure id=\"attachment_3203\" aria-describedby=\"caption-attachment-3203\" style=\"width: 616px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/Captura-de-pantalla-2013-10-21-a-las-10.07.57.png\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3203\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/Captura-de-pantalla-2013-10-21-a-las-10.07.57.png\" alt=\"Escena en San Antonio, 1879\" width=\"616\" height=\"441\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3203\" class=\"wp-caption-text\">Escena en San Antonio, 1879<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<div class=\"p_embed p_image_embed\" style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/div>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a style=\"color: #9d080d; text-decoration: none; line-height: 20px; font-weight: bold;\" title=\"SUSCRIBIRSE\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario<\/a><\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\n\tDurante la noche del 4 de julio de 1819 comenz&oacute; a caer una suave lluvia al norte de San Antonio.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,991,20],"tags":[1034,1033,1031,2273,1032,1030],"class_list":{"0":"post-1665","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-16","8":"category-revistanumero","9":"tag-abandono","10":"tag-antonio-martinez","11":"tag-inundacion","12":"tag-nueva-espana","13":"tag-rio-san-antonio","14":"tag-san-antonio-de-bexar"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1665","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1665"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1665\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15999,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1665\/revisions\/15999"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1665"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1665"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1665"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}