﻿{"id":16357,"date":"2022-05-09T13:52:20","date_gmt":"2022-05-09T18:52:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16357"},"modified":"2025-07-30T13:53:19","modified_gmt":"2025-07-30T19:53:19","slug":"artesanos-de-plomo-y-tinta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/artesanos-de-plomo-y-tinta\/","title":{"rendered":"Artesanos de plomo y tinta"},"content":{"rendered":"\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 55<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/BiC_55_13_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21231\" aria-describedby=\"caption-attachment-21231\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-21231\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_55_026.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"625\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_55_026.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_55_026-300x188.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_55_026-768x480.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21231\" class=\"wp-caption-text\">Scherer, Printmaking workshop, Mexico, ca. 1895. Library of Congress, Estados Unidos.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos nueve hombres, en su momento, fueron parte de una revoluci\u00f3n. La industrial puede decirse. Y es razonable. La imprenta era parte de ella. Pero digamos, m\u00e1s rom\u00e1nticos, que su revoluci\u00f3n fue la de aportar al conocimiento, la del tenue y lento recorrido por quebrantar la ignorancia. Algo hacinados en ese escaso espacio, fueron herederos de los primeros ebanistas de la impresi\u00f3n de tipos m\u00f3viles: Juan Pablos, Antonio de Espinosa, Francisco Rivera Calder\u00f3n, Zu\u00f1iga y Ontiveros, Ignacio Cumplido. Hombres como ellos resultaron perseguidos tambi\u00e9n. Hubo encarcelamiento, tortura, hoguera y muerte. De ah\u00ed que lo de revolucionario tambi\u00e9n cabe. Y todo por imprimir letras, tan s\u00f3lo ideas plasmadas sobre papel. Impresores que fueron hasta el mismo Lucifer para la Inquisici\u00f3n. A tal punto demonizados que cuando quemaban libros cre\u00edan que de las lenguas de fuego sal\u00edan los gritos del diablo. \u00bfQu\u00e9 habr\u00e1n pensado sobre el <em>Delomelanicon <\/em>y su leyenda?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Incunables, folletines, op\u00fasculos, cuadernillos, manuscritos, folios, salterios, cat\u00e1logos, l\u00e1minas, xilograf\u00edas impresas pasaron por sus manos. Tanto textos aut\u00e9nticos como los supuestamente falsos. Y aquellos libros que salieron de la misma imprenta y nunca fueron iguales; por la p\u00e1gina que faltaba, la encuadernaci\u00f3n diferente, el tono de la tinta, la letra corrida.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Artesanos de centurias de sabidur\u00eda \u2013al menos cuatro siglos\u2013 desde que Gutenberg, en 1449, refin\u00f3 con los tipos de plomo el trabajo de los esmerados y creativos impresores chinos \u2013perfeccionaron la impresi\u00f3n desde el siglo XI, pero la historia les termin\u00f3 dando un lugar secundario\u2013, crearon obras que 200 o 300 a\u00f1os despu\u00e9s, a decir de los bibli\u00f3filos, parecen reci\u00e9n salidas de la prensa. \u00bfQu\u00e9 dioses hicieron a esos impresores para entregar tanta calidad? Entre ellos podr\u00eda figurar uno de esta foto que se gan\u00f3 la inmortalidad: Jos\u00e9 Guadalupe Posada. Alg\u00fan diablillo sembr\u00f3 la duda de que aquel bajo el sombrero colgado de la pared y de bigote caracter\u00edstico es el popular grabador y caricaturista, aunque nadie se ha atrevido a confirmarlo. Pero si los dioses existen, saben que la mortalidad los hace ef\u00edmeros. Estas m\u00e1quinas de plomo y sus artesanos de la tinta ya no se hallan. Dejaron la huella revolucionaria para sus colegas de la impresi\u00f3n <em>offset<\/em> y digital de nuestros d\u00edas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 55 Estos nueve hombres, en su momento, fueron parte de una revoluci\u00f3n. La industrial puede decirse. Y es razonable. La imprenta era parte de ella. Pero digamos, m\u00e1s rom\u00e1nticos, que su revoluci\u00f3n fue la de aportar al conocimiento, la del tenue y lento recorrido por quebrantar la ignorancia. Algo hacinados en ese escaso espacio, fueron herederos de los primeros ebanistas de la impresi\u00f3n de tipos m\u00f3viles: Juan Pablos, Antonio de Espinosa, Francisco Rivera Calder\u00f3n, Zu\u00f1iga y Ontiveros, Ignacio Cumplido. Hombres como ellos resultaron perseguidos tambi\u00e9n. Hubo encarcelamiento, tortura, hoguera y muerte. De ah\u00ed que lo de revolucionario tambi\u00e9n cabe. Y todo por imprimir letras, tan s\u00f3lo ideas plasmadas sobre papel. Impresores que fueron hasta el mismo Lucifer para la Inquisici\u00f3n. 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