﻿{"id":16343,"date":"2022-04-22T14:57:07","date_gmt":"2022-04-22T19:57:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16343"},"modified":"2024-08-09T22:54:23","modified_gmt":"2024-08-10T04:54:23","slug":"editorial-56","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-56\/","title":{"rendered":"Editorial #56"},"content":{"rendered":"\r\n<div class=\"wp-block-image\">\r\n<figure class=\"aligncenter is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16402 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S-222x300.jpg\" alt=\"\" width=\"222\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S-222x300.jpg 222w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S-768x1036.jpg 768w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S-759x1024.jpg 759w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S-624x842.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Portada-S.jpg 1182w\" sizes=\"(max-width: 222px) 100vw, 222px\" \/><\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde mediados del siglo XIX la fotograf\u00eda trajo a M\u00e9xico curiosidad, asombro y magnetismo, como en nuestro siglo lo ha sido la revoluci\u00f3n digital. Todo mundo quer\u00eda ser parte de \u00e9l y no quedar rezagado. De ese siglo han surgido fot\u00f3grafos dedicados y apasionados, tambi\u00e9n oportunidades econ\u00f3micas. As\u00ed lo entendi\u00f3 Charles Betts Waite. El fot\u00f3grafo estadunidense se inici\u00f3 en Los \u00c1ngeles donde abri\u00f3 su propio estudio, pero con algo de alma aventurera lleg\u00f3 a M\u00e9xico y, r\u00e1pidamente, supo hacerse un lugar entre los c\u00edrculos porfiristas donde la fotograf\u00eda se integr\u00f3 como una poderosa arma de difusi\u00f3n propagand\u00edstica del r\u00e9gimen. Pero Waite no estaba s\u00f3lo. Otros colegas y compatriotas hallaron en M\u00e9xico la posibilidad de relatar en im\u00e1genes el pa\u00eds de entonces. Fue el caso de Percy S. Cox y Ralph J. Carmichael, cuyos trabajos se pod\u00edan adquirir como curiosidades y recuerdos, y en libros promocionales. Sin embargo, buena parte de esas fotograf\u00edas hoy no se conocen por la autor\u00eda de Cox y Carmichael. No fue magia lo que ocurri\u00f3 con ellas, sino una apropiaci\u00f3n muy personal de los derechos de autor. Hacia 1904, Waite compr\u00f3 los archivos de sus colegas y no respet\u00f3 la autor\u00eda, sino que pas\u00f3 a firmar como propia cada imagen. Se vali\u00f3 del C\u00f3digo Civil del Distrito Federal que lo amparaba. Cada negativo que form\u00f3 parte de esa adquisici\u00f3n se comercializ\u00f3 bajo su nombre, tanto en peri\u00f3dicos como en locales de ventas. As\u00ed se preservan en el Archivo General de la Naci\u00f3n y en el Archivo Hist\u00f3rico de la Academia de San Carlos.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Respaldado en sus v\u00ednculos porfiristas, Waite supo usar las leyes de la \u00e9poca para un negocio que ampli\u00f3 sus ingresos. Luego, pudo hacerse de m\u00e1s archivos, como el de otro compatriota suyo muy afamado por entonces, Winfield Scott, a quien le adquiri\u00f3 m\u00e1s de 3 000 negativos. Resulta interesante observar el desarrollo de esa pr\u00e1ctica tan sencilla de borrar o sobreponer la firma, como se observa en el texto que aqu\u00ed presentamos.\u00a0\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro caso muy distinto al de Waite en la producci\u00f3n fotogr\u00e1fica es el del regiomontano Armando Salas Portugal, que encontrar\u00e1n en esta edici\u00f3n. Autodidacta, Salas Portugal conoci\u00f3 por curiosidad la m\u00e1quina fotogr\u00e1fica de su hermano, de la cual no se despeg\u00f3 nunca m\u00e1s para hacerla su forma de vida. Tras su fallecimiento en 1995, dej\u00f3 una producci\u00f3n de 60 000 im\u00e1genes, algunas de las cuales forman parte del patrimonio de la UNAM; las correspondientes al Pedregal de San \u00c1ngel y la Ciudad Universitaria, desde que esta \u00faltima comenz\u00f3 a levantar sus cimientos en la d\u00e9cada de 1950. Im\u00e1genes para la nostalgia de unas d\u00e9cadas no tan lejanas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Si a partir de la segunda mitad del siglo XIX las incipientes t\u00e9cnicas fotogr\u00e1ficas permitieron registrar los primeros retratos de la vida de ese M\u00e9xico en desarrollo, un siglo antes fue la pintura, la cual daba cuenta de los rostros de la vida de entonces, enfocada en el comercio en el centro de la capital. La pintura de castas dejaba ver familias, comerciantes o ind\u00edgenas realizando actividades cotidianas. Actitudes, atuendos y ocupaciones enfatizaban las diferencias sociales, econ\u00f3micas, laborales y hasta morales de los personajes. El ideal jerarquizado de la sociedad novohispana se intentaba sustentar en aquellas pinturas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La imagen, en sus diferentes circunstancias, delinea el hilo conductor detr\u00e1s de estos textos que conforman la edici\u00f3n 56 de <em>BiCentenario<\/em>. Remit\u00e1monos, para abundar algo m\u00e1s, al 21 de julio de 1822, y hallar la importancia de lo que hoy se conoce como propaganda, publicidad o <em>marketing<\/em>. Agust\u00edn de Iturbide lograba su anhelada coronaci\u00f3n, y aunque el M\u00e9xico que se independizaba pasaba por penurias econ\u00f3micas, la legitimaci\u00f3n del poder ten\u00eda en la ostentaci\u00f3n de riquezas \u2013ornato, ajuar, indumentaria\u2013 la mejor expresi\u00f3n para consagrarse junto a su mujer Ana Mar\u00eda. Un alarde de opulencia que se aliment\u00f3 del oropel de Napole\u00f3n I y Josefina, coronados en el Par\u00eds de 1804.\u00a0\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos rastros culturales que marcaron \u00e9poca se incorporan a este n\u00famero. Por un lado, nos aproximamos a uno de los grandes mitos de la cultura mexicana: la china poblana. Origen, pertenencia social, prohibici\u00f3n, car\u00e1cter, identidad, tienen aqu\u00ed sus respuestas, que no ser\u00e1n definitivas, pero nos aproximan a su explicaci\u00f3n. En segundo lugar, la leyenda del pachuco. Ese personaje joven mexicano que intenta adaptarse a la idiosincrasia estadunidense desde la contracultura, para hacer frente a la discriminaci\u00f3n, el racismo, arbitrariedades y prejuicios de la sociedad blanca, anglosajona y protestante. Una confusa noche de enfrentamientos de hace ocho d\u00e9cadas entre j\u00f3venes en Los \u00c1ngeles pondr\u00e1 en evidencia las dificultades de la comunidad mexicana para integrarse a ese lugar, la cual todav\u00eda sufre de los mismos t\u00f3picos de entonces, aunque el tiempo y la convivencia los hayan atenuado.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras historias tienen su lugar en esta edici\u00f3n. La devoci\u00f3n por el <em>rock &amp; roll<\/em> del cr\u00edtico musical \u00d3scar Sarquiz; los ni\u00f1os ultrajados en la c\u00e1rcel de Belem, contado por el escritor Heriberto Fr\u00edas; la violencia pol\u00edtica en la Sonora de 1973, y las peculiaridades del Congreso de la Uni\u00f3n de 2015, el M\u00e9xico de la d\u00e9cada de 1930 que relatan documentos de archivo, donde pasado y actualidad se amalgaman en un tiempo circular. Hasta pronto.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde mediados del siglo XIX la fotograf\u00eda trajo a M\u00e9xico curiosidad, asombro y magnetismo, como en nuestro siglo lo ha sido la revoluci\u00f3n digital. Todo mundo quer\u00eda ser parte de \u00e9l y no quedar rezagado. De ese siglo han surgido fot\u00f3grafos dedicados y apasionados, tambi\u00e9n oportunidades econ\u00f3micas. As\u00ed lo entendi\u00f3 Charles Betts Waite. 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