﻿{"id":16327,"date":"2022-04-22T13:06:49","date_gmt":"2022-04-22T18:06:49","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16327"},"modified":"2025-07-30T16:48:11","modified_gmt":"2025-07-30T22:48:11","slug":"tamanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/tamanos\/","title":{"rendered":"Tama\u00f1os"},"content":{"rendered":"\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 56.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Bic56_13_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21171\" aria-describedby=\"caption-attachment-21171\" style=\"width: 364px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-21171\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_019-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"364\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_019-218x300.jpg 218w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_019.jpg 655w\" sizes=\"(max-width: 364px) 100vw, 364px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21171\" class=\"wp-caption-text\">Ni\u00f1os al pie de uno de los ahuehuetes de Chapultepec, retrato de grupo, ca. 1910, inv. 211972, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Le habr\u00e1 pasado a usted en la infancia. Jugar con los brazos extendidos a rodear el \u00e1rbol del patio de nuestra casa o de un parque cercano. En el Chapultepec de 1910 era parte del paisaje de cada fin de semana. Sin embargo, con el paso del tiempo, el juego perdi\u00f3 su candidez. Algunos creativos cubren de cemento la base de un \u00e1rbol a\u00f1ejo y exuberante para impedir su expansi\u00f3n o que el agua filtre hacia sus ra\u00edces. Un d\u00eda llegan los empleados de la alcald\u00eda y quitan aquella crueldad. Parece una obra digna de aplaudir. Pero \u00a1oh, sorpresa!, un mes despu\u00e9s regresan y lo talan. Un par de horas para acabar con d\u00e9cadas de vida. Si m\u00e1s sa\u00f1a es posible, dejan el corte a la vista, y cubren el tronco fuerte y resistente \u2013una circunferencia del tama\u00f1o de una bandeja\u2013 con alg\u00fan aceite o vaya a saber qu\u00e9 enjuague venenoso para que nada crezca de sus entra\u00f1as. Est\u00e1 claro que tampoco pretenden sustituirlo. Lo extra\u00f1o y sorpresivo es que luego alguien se queja por redes sociales y aparece un variado racimo de citadinos pragm\u00e1ticos que defienden la quita del \u00e1rbol frondoso. Es posible que en su vida hayan conocido de qu\u00e9 trata eso de hacer barro con las manos, traer tierra incrustada en las u\u00f1as o escalar el tronco de un \u00e1rbol. Hay mucho de impunidad y simulaci\u00f3n en esto. Alg\u00fan funcionario desde el escritorio baja el pulgar y otros cumplen expeditivos al momento de hacer el trabajo sucio de destruir. Pero ninguna ley, reglamento, normativa, podr\u00e1 aplicarse a tanta insensibilidad, simplemente porque no la hay. Con los animales hay cierta conciencia; para los \u00e1rboles falta mucho, aunque el cambio clim\u00e1tico ya se sufre. Habr\u00eda que insistir con eso de crear h\u00e1bito durante la infancia, como estos ni\u00f1os que forman una escala con el fin de medir el tama\u00f1o del ahuehuete en el bosque de Chapultepec. El ahuehuete, \u00e1rbol nacional y, por lo tanto, representante del pa\u00eds, necesita agua mucho m\u00e1s que el resto. Por eso arraiga junto a r\u00edos, lagos o alguna afluente. Los hay famosos \u2013El Tule, de Oaxaca, El \u00e1rbol de la Noche Triste o Noche Victoriosa, pretendidamente, seg\u00fan un decreto de 2021, en la Ciudad de M\u00e9xico\u2013 y se sabe que poseen 24 propiedades curativas. El tama\u00f1o molesta \u2013as\u00ed pas\u00f3 en el caso que describo\u2013, y eso de podar parece ca\u00eddo en desuso. \u00bfCu\u00e1ntos ahuehuetes como el rodeado por estos ni\u00f1os \u2013podr\u00edamos decir cualquier otro \u00e1rbol\u2013 se han perdido en la cruzada contra ra\u00edces molestas, ramas que cortan el suministro el\u00e9ctrico, por temores a derrumbes en d\u00edas de tormenta, para deforestar o, lo m\u00e1s corriente y usual, para abrir espacio al cemento y el ladrillo?\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz <\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 56. Le habr\u00e1 pasado a usted en la infancia. Jugar con los brazos extendidos a rodear el \u00e1rbol del patio de nuestra casa o de un parque cercano. En el Chapultepec de 1910 era parte del paisaje de cada fin de semana. Sin embargo, con el paso del tiempo, el juego perdi\u00f3 su candidez. Algunos creativos cubren de cemento la base de un \u00e1rbol a\u00f1ejo y exuberante para impedir su expansi\u00f3n o que el agua filtre hacia sus ra\u00edces. Un d\u00eda llegan los empleados de la alcald\u00eda y quitan aquella crueldad. Parece una obra digna de aplaudir. Pero \u00a1oh, sorpresa!, un mes despu\u00e9s regresan y lo talan. Un par de horas para acabar con d\u00e9cadas de vida. 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