﻿{"id":16325,"date":"2022-04-22T13:00:45","date_gmt":"2022-04-22T18:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16325"},"modified":"2025-07-30T16:44:00","modified_gmt":"2025-07-30T22:44:00","slug":"estrellas-espontaneas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/estrellas-espontaneas\/","title":{"rendered":"Estrellas espont\u00e1neas"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Tatiana Carolina Candelario Galicia Investigadora independiente<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 56.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Bic56_11_Cuento.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Los a\u00f1os treinta se pierden como fantasmas. Entre los documentos revisados en el archivo, el pasado se hace presente.<\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_21162\" aria-describedby=\"caption-attachment-21162\" style=\"width: 826px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21162\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_010.jpg\" alt=\"\" width=\"826\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_010.jpg 826w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_010-275x300.jpg 275w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_010-768x837.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 826px) 100vw, 826px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21162\" class=\"wp-caption-text\">Coristas act\u00faan en el Teatro Iris, ca. 1951, inv. 406999, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">I\u00a0<\/h4>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras una larga noche de sue\u00f1os claros, Anna se despert\u00f3 con una dulce sensaci\u00f3n que inundaba su cuerpo. El sol comenzaba a salir y, sin quererlo del todo, deb\u00eda despertar. Sus ojos se resist\u00edan a captar el mundo a trav\u00e9s de las part\u00edculas de luz que entraban en esas rendijas semiabiertas, pero era inevitable, la realidad se colaba tras la fin\u00edsima tela de las cortinas. A\u00fan dentro de su cama, Anna se movi\u00f3 lenta y torpemente tratando de recordar qu\u00e9 d\u00eda era. Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de estar perdida en el tiempo: bien podr\u00eda amanecer en 1937 o en 2019. Su cerebro a\u00fan no sab\u00eda qu\u00e9 tiempo habitaba y, por un instante, permaneci\u00f3 flotando en una espesa nube.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de habitar s\u00f3lo el cuerpo, su mente aterriz\u00f3 al fin en aquella fr\u00eda ma\u00f1ana de diciembre. Record\u00f3 que era martes y, con los ojos a\u00fan borrosos, se levant\u00f3 dejando atr\u00e1s la cama para dirigirse al ba\u00f1o. Mientras orinaba, Anna termin\u00f3 de instalarse en el momento presente. S\u00f3lo tras la orina matutina el alma y el cuerpo se sintonizan, pens\u00f3.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras lavar sus manos bajo el chorro de agua fr\u00eda se dirigi\u00f3 a la cocina. Mientras preparaba el caf\u00e9 se imaginaba que su casa era una cueva al lado del mar; el olor a humedad de su departamento la hac\u00eda sentirse cerca de \u00e9l. Cre\u00eda ver nadar peces a trav\u00e9s de la ventana, estos se deslizaban con una sutileza y una determinaci\u00f3n que nunca hab\u00eda visto en los hombres; por ello prefer\u00eda a los peces.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por este tipo de enso\u00f1aciones a Anna siempre se le enfriaba el caf\u00e9. Molesta, lo calent\u00f3 r\u00e1pidamente. Ya no ten\u00eda tiempo de imaginar. Ahora deb\u00eda ba\u00f1arse y prepararse para salir lo m\u00e1s pronto posible, ten\u00eda que ir al archivo hist\u00f3rico. Aquella ma\u00f1ana soplaba un viento muy fr\u00edo. Se abrig\u00f3 bien, cogi\u00f3 su bolsa y sus llaves y sali\u00f3 apresuradamente de casa dejando tras la puerta olas y peces.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Anna deb\u00eda buscar documentos para su investigaci\u00f3n. Llevaba meses recopilando informaci\u00f3n para conocer c\u00f3mo era la ciudad de M\u00e9xico en las primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Era algo que le interesaba much\u00edsimo, sent\u00eda una pulsi\u00f3n por conocer la historia de la ciudad que en otro tiempo lejano llev\u00f3 el nombre de Tenochtitl\u00e1n. Su deseo por conocer las calles, el ambiente, los sonidos del pasado la obsesionaba.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Constantemente Anna se preguntaba c\u00f3mo hab\u00eda sido a\u00f1os atr\u00e1s la ciudad que ella habitaba ahora y que tanto le asombraba, le gustaba y le estresaba. \u00bfQu\u00e9 edificios, comercios, cines, hab\u00edan estado en las calles que ahora ella transitaba? \u00bfC\u00f3mo vest\u00eda y qu\u00e9 costumbres ten\u00eda la gente que siglos o d\u00e9cadas atr\u00e1s recorri\u00f3 antes que ella los mismos rumbos y que vio el mismo pero diferente cielo azul?\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Con obsesi\u00f3n, persegu\u00eda los pasos de aquellos fantasmas.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Y al pensar sobre el sentido de la traza urbana al caminarla, supo que esta ciudad, como muchas otras, estaba hecha de sue\u00f1os, deseos y metas nunca alcanzados, de planes ejecutados por el gobierno, unos acertados y otros no tanto. Estos pensamientos se adue\u00f1an de ella cada vez que va al archivo. Para llegar a \u00e9l debe recorrer gran parte de la ciudad: del sur al centro.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el trayecto, su mente y su vista recogen m\u00faltiples im\u00e1genes que se le impregnan al cuerpo. Al caminar recorre grandes avenidas con nombres de r\u00edos que en otro tiempo tuvieron agua. Pr\u00e1cticamente todos los r\u00edos de la ciudad fueron entubados. Y al pensar en esto recuerda una canci\u00f3n del grupo de rock Troleb\u00fas, que dio su primer concierto en 1985 tras el gran sismo que sufri\u00f3 esta ciudad: \u201cMarinero del r\u00edo Consulado, del R\u00edo Churubusco y del R\u00edo Mixcoac. Navegaba en Chapultepec, en el lago de Arag\u00f3n y en el lago de la Soledad\u2026 de la ciudad, de la ciudad\u201d.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">II\u00a0<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es sorprendente lo que una metr\u00f3poli ofrece a quien la habita, pensaba Anna. S\u00f3lo es cuesti\u00f3n de abrir los ojos un poco m\u00e1s de lo habitual para ser testigos del acto sorprendente de sobrevivir. Pero pasa, siempre pasa. Los habitantes de la gran Tenochtitl\u00e1n han dejado de conmoverse. En el metro, los miles de usuarios andan como entre tinieblas; no abren los ojos por miedo a quedarse ciegos. Se han acostumbrado tanto a los olores, al apretujamiento, al machuc\u00f3n de su piel por otros que como ellos viajan apresuradamente, que se han vuelto indiferentes. Entran y salen autom\u00e1ticamente de los vagones dando empujones, la gente camina con prisa; incluso quien no la tiene finge tenerla.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Anna es testigo del ritmo vertiginoso de la ciudad. La modernidad trajo un ritmo fren\u00e9tico tras de s\u00ed. Por las calles y avenidas comenzaron a transitar m\u00e1s veh\u00edculos a partir de los a\u00f1os treinta. Esta extra\u00f1a modernidad fue la que tanto asombr\u00f3 e inspir\u00f3 a los estridentistas.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">III\u00a0<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La luz se filtraba tenuemente a trav\u00e9s de la \u00fanica ventana que hab\u00eda en el archivo. El sal\u00f3n estaba alumbrado tambi\u00e9n por una luz artificial y en \u00e9l apenas hab\u00eda tres o cuatro almas m\u00e1s. El archivo es un lugar solitario, sombr\u00edo y fr\u00edo como el pasado, pensaba Anna. Mientras escrib\u00eda notas percibi\u00f3 un dolor en los brazos, \u00bfpor qu\u00e9 le dol\u00edan? Su cara se hund\u00eda en los papeles viejos y sus manos enguantadas buscaban ansiosamente indicios, huellas que le revelaran algo significativo, algo de luz sobre ese t\u00fanel oscuro que es el pasado.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00eda, seleccionaba y transcrib\u00eda documentos. Palabra a palabra, escrib\u00eda y daba sentido a las historias.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los documentos, el pasado se hac\u00eda presente frente a los ojos de Anna. La ciudad de M\u00e9xico fue creciendo a un paso acelerado a partir de la d\u00e9cada de 1930; sus l\u00edmites se ampliaron como causa directa del crecimiento demogr\u00e1fico y de la migraci\u00f3n del campo a la ciudad. Fueron apareciendo y esparci\u00e9ndose colonias populares con sus peque\u00f1as y endebles casas de ladrillos y techos de l\u00e1mina. Y donde antes hab\u00eda terrenos para la siembra ahora se constru\u00eda una vivienda o una peque\u00f1a f\u00e1brica. El horizonte que antes era verde comenz\u00f3 a ser gris.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta ciudad de los a\u00f1os treinta la mayor\u00eda de las calles a\u00fan estaban sin pavimentar. En \u00e9poca de calor se levantaba el polvo y una densa nube cubr\u00eda el cuerpo. En \u00e9poca de lluvia se hac\u00edan tremendos charcos y los zapatos se llenaban de lodo. No hab\u00eda escapatoria: polvo o lodo. Por las calles los obreros caminaban apresurados en ropa de mezclilla, ni\u00f1os con la ropa ra\u00edda jugaban risue\u00f1os en las vecindades y se\u00f1oras con canastas llenas de comida iban en busca de una moneda a cambio de su mole con pollo, de su pan de dulce o de su champurrado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad de M\u00e9xico de esos a\u00f1os era en extremo contrastante, no s\u00f3lo presentaba estas escenas de la vida cotidiana, tambi\u00e9n iba adquiriendo tintes de una modernidad <em>sui generis<\/em>: se trazaron grandes avenidas, se construyeron edificios, revistas de moda y arquitectura con las novedades internacionales que llegaban cada semana al puesto de la esquina y el deporte comenzaba a ser practicado por todas las clases sociales.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta ciudad crec\u00eda y se transformaba r\u00e1pidamente. Se abrieron nuevas calles y se ampliaron otras como San Juan de Letr\u00e1n: la primera gran avenida que inici\u00f3 la \u00e9poca moderna y la transformaci\u00f3n urbana. De la avenida Madero a Cuatemotzin surgieron innumerables puestos de comida. Se abrieron muchos caf\u00e9s en donde empleados p\u00fablicos, comerciantes y uno que otro obrero, pod\u00eda beber una taza de caf\u00e9 y disfrutar de varias piezas de pan dulce por un peso con 50 centavos. En aquellos caf\u00e9s tambi\u00e9n se reun\u00edan artistas, periodistas, toreros y compositores.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las calles de la ciudad estaban llenas de puestos callejeros de comida que desprend\u00edan olor a carne con chile y que despertaba el apetito de los paseantes. Las comidas completas o corridas costaban 30 centavos y las tortas o tacos tan solo cinco. Relativamente f\u00e1cil se pod\u00eda enga\u00f1ar al est\u00f3mago. Estos figones abundaban en el centro y en los barrios populares, as\u00ed como a las afueras de la Plaza de Toros, en el exterior de las carpas y teatros y en la Alameda. En aquellos a\u00f1os la ciudad contaba con un solo comedor p\u00fablico que daba comida gratuita a los necesitados, pero quedaba muy lejos del centro. La falta de alimentos despu\u00e9s de los a\u00f1os treinta no pareci\u00f3 haber sido uno de los principales problemas de esta ciudad; en una poblaci\u00f3n de apenas un poco m\u00e1s de 1 000 000 de habitantes; s\u00f3lo perec\u00edan dos o tres personas por inanici\u00f3n al a\u00f1o, seg\u00fan informes oficiales.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En \u00e9poca de lluvias sus habitantes sufr\u00edan la lucha con el fango y la inmundicia. El drenaje no llegaba a los barrios m\u00e1s apartados del norte y oriente de la ciudad y la eliminaci\u00f3n de las aguas negras era verdaderamente un problema apestoso. Adem\u00e1s, el alumbrado p\u00fablico era bastante escaso, s\u00f3lo el centro y las colonias ricas estaban alumbradas. Las zonas m\u00e1s alejadas permanec\u00edan en la penumbra apenas ca\u00eda la tarde.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En las colonias como la Roma, la Condesa o la Chapultepec Polanco reinaban las construcciones <em>dec\u00f3<\/em> y funcionalistas. En estas zonas burguesas las casas eran enormes y ten\u00edan amplios jardines; en cambio, en las vecindades y peque\u00f1as casas hechas de adobe la gente viv\u00eda respirando uno muy cerca del otro.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La sociedad capitalina \u2013ricos, pobres y la muy escasa clase media\u2013 circulaba por aquellas calles y, entre conventos e iglesias, edificios de gobierno, numerosos comercios y sastrer\u00edas, y abundantes y ruidosas vecindades, trabajaba, compraba, com\u00eda, asist\u00eda a eventos civiles y religiosos, paseaba y se divert\u00eda.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En las calles de la ciudad diariamente se manifestaba la vida en todo su esplendor.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">IV<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En una de las cajas del archivo cubiertas de polvo, Anna encontr\u00f3 un cartel que llam\u00f3 su atenci\u00f3n. En este aparec\u00eda una mujer cuyo rostro se parec\u00eda much\u00edsimo al suyo. Se sorprendi\u00f3 y por eso mir\u00f3 la fotograf\u00eda con enorme detenimiento. La acerc\u00f3 a su rostro y vio que, junto a ella estaban otras tres mujeres. Todas llevaban vestidos cortos, unos con holanes, otros con flecos. Tambi\u00e9n se anunciaba que aquel viernes de diciembre de 1934, habr\u00eda una grandiosa y regia funci\u00f3n en honor y beneficio de la graciosa primera tiple Herlinda del Castillo, \u201cLa Limoncito\u201d. En el pasqu\u00edn, la otra Anna, la de 1934, figuraba con el nombre de Carmen Lamadrid y a su lado estaban Antonia L\u00f3pez y Rosa, \u201cLa Torera\u201d. La funci\u00f3n de aquella tarde estaba dedicada al gerente de la f\u00e1brica de cigarros El Buen Tono y al representante de la f\u00e1brica de refrescos Mavis. El espect\u00e1culo se presentar\u00eda en el Sal\u00f3n Noris, ubicado en la calle Jamaica, frente a una gran vecindad que alojaba cuarenta familias.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El costo para ver a La Limoncito y a las otras tiples era de diez centavos en luneta y, en cambio, si te conformabas con estar m\u00e1s lejos, el costo era tan solo de cinco centavos. Carmen Lamadrid actuaba en esa comedia bailando y cantando; se contoneaba seductoramente con un vestido de lentejuelas negro con violeta, un poco gastado pero que le quedaba bien, aunque sus movimientos eran exagerados hab\u00eda algo en su rostro que gritaba que era feliz. Poco le importaba no formar parte del Teatro Orientaci\u00f3n, que justo en esos a\u00f1os estaba dando su cuarta temporada. Celestino Gorostiza, hermano del c\u00e9lebre poeta, acostumbraba decir que el teatro era un \u00f3rgano de expresi\u00f3n de la cultura, una obra de car\u00e1cter colectivo. Obviamente se refer\u00eda al teatro de O\u2019Neill, Cocteau, Pirandello. No en el que Carmen actuaba y al que dedicaba sus d\u00edas y sus noches. Ella, al leer los programas de mano del Teatro Orientaci\u00f3n, no hac\u00eda m\u00e1s que sonre\u00edr, pues si bien admiraba a los intelectuales que formaban parte de ese proyecto teatral, sin duda, era m\u00e1s feliz actuando en aquella carpa. Las risas de la gente que acud\u00eda cada tarde era lo que la ayudaba a sobrevivir en una \u00e9poca en la que el salario m\u00ednimo era de tres pesos y en la que las mujeres no ten\u00edan muchas oportunidades de sobresalir.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21157\" aria-describedby=\"caption-attachment-21157\" style=\"width: 638px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21157\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_005.jpg\" alt=\"\" width=\"638\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_005.jpg 638w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_005-213x300.jpg 213w\" sizes=\"(max-width: 638px) 100vw, 638px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21157\" class=\"wp-caption-text\">Luc\u00eda Altamirano porta traje de tiple, retrato, ca. 1920, inv. 9263, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el afiche se ve\u00edan los curvil\u00edneos, redondos y bien formados cuerpos. Era una \u00e9poca en la que a las bailarinas no se les exig\u00eda negarse a una deliciosa concha o a una chilindrina con atole. Eran los d\u00edas de gloria de Andrea Palma, Mar\u00eda Teresa Montoya, Delia Maga\u00f1a, Lupe V\u00e9lez y las hermanas Arozamena. Amelia Wilhelmy tambi\u00e9n presentaba su enorme gracia cada tarde en el escenario y, por un breve momento, la alegr\u00eda se instalaba en cada teatro, en cada carpa, en cada sal\u00f3n de espect\u00e1culos y duraba lo que lo ef\u00edmero suele durar. La gente se solazaba al ritmo de una funci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el teatro se materializaba la fantas\u00eda y el deseo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los programas de mano que repart\u00edan los ni\u00f1os y j\u00f3venes por todo el centro de la ciudad anunciaban la permanencia voluntaria de los espect\u00e1culos. En uno de ellos la librer\u00eda Andr\u00e9s Botas aprovechaba para anunciarse: ten\u00edan los mejores libros, magazines y revistas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1930 la ciudad ten\u00eda muchos teatros: el Politeama, El Ideal y el F\u00e1bregas eran de los m\u00e1s famosos. En el L\u00edrico, tambi\u00e9n conocido como la catedral de la revista mexicana, ubicado en Rep\u00fablica de Cuba, actuaba el actor popular Roberto Soto, uno de los reyes de la comedia. Muchas de sus obras eran de car\u00e1cter pol\u00edtico y la gente acud\u00eda a ver \u201cEl tope de los precios\u201d y \u201cEscoja a su candidato\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La tarde de diciembre de 1934 en el Teatro Santa Mar\u00eda, se presentaba la compa\u00f1\u00eda de \u00f3pera, opereta y zarzuela \u201cEnriqueta P\u00e9rez\u201d. El espect\u00e1culo se dirig\u00eda al culto p\u00fablico asistente conformado por los habitantes de la Santa Mar\u00eda la Rivera, la Guerrero y la San Rafael. Aquella tarde se ofrec\u00eda una <em>\u00a1Funci\u00f3n Monstruo!<\/em> Con piezas teatrales como <em>La preciosa zarzuela de la risa loca<\/em>, <em>Veinte a\u00f1os menos<\/em>, <em>Las cuatro milpas<\/em> y la noche de diversi\u00f3n terminaba con <em>Los p\u00edcaros celos<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese mismo d\u00eda, en el Teatro L\u00edrico se present\u00f3 <em>El desfile hist\u00f3rico<\/em>, una revista de alegr\u00eda y a\u00f1oranza en la que se presentaba desde el \u201cLegendario An\u00e1huac\u201d, hasta \u201cEl corrido de la Revoluci\u00f3n\u201d. Afuera del teatro hab\u00eda un peque\u00f1o cartel con las letras ya descoloridas en el que se anunciaba que aquella noche \u2013como todas las dem\u00e1s\u2013 actuar\u00edan: \u201cEstrellas espont\u00e1neas, todos los artistas de M\u00e9xico sin distinci\u00f3n de sexos, edad, categor\u00edas, nacionalidades, g\u00e9neros ni huellas digitales\u201d.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21169\" aria-describedby=\"caption-attachment-21169\" style=\"width: 617px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21169\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_017.jpg\" alt=\"\" width=\"617\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_017.jpg 617w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_017-206x300.jpg 206w\" sizes=\"(max-width: 617px) 100vw, 617px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21169\" class=\"wp-caption-text\">Vedette, retrato, ca. 1940, inv. 94811, SINAFO-FN. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Teatro Politeama los temas y la presencia de las mujeres de la \u00e9poca imperaron aquella tarde. Con la obra<em> \u00a1C\u00f3mo est\u00e1n las mujeres!<\/em>, humorada c\u00f3mica l\u00edrica bailable en dos actos presentaba <em>Las mujeres modernas<\/em>, <em>La garsoni\u00e9re femenina<\/em> y <em>El triunfo de las mujeres<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los escenarios, sin duda, los dominaban las mujeres, aunque en la calle su presencia parec\u00eda diluirse, incluso a\u00fan en las aulas o en las urnas habr\u00eda que esperar unos a\u00f1os m\u00e1s para que lograran alcanzar los mismos derechos que ten\u00edan los hombres.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras se presentaban aquellos espect\u00e1culos en los dem\u00e1s teatros, en el escenario del Ideal estar\u00edan To\u00f1a la Negra y el m\u00fasico-poeta, Agust\u00edn Lara. Qu\u00e9 ganas de haber estado ah\u00ed, pens\u00f3 Anna al ver la propaganda del espect\u00e1culo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los teatros ten\u00edan su encanto, pero, sin duda, las carpas ubicadas en los barrios populares ten\u00edan la magia. Jacalones de madera o l\u00e1mina, pintados con colores llamativos pero deste\u00f1idos por las horas de exposici\u00f3n al sol, eran los espacios ideales para desternillarse y olvidarse un poco del trabajo y del dolor. Razones para llorar siempre exist\u00edan, por eso el p\u00fablico se aferraba a esos momentos, a esa ilusoria luz que mantendr\u00eda en pie la lucha cotidiana de sobrevivir. El p\u00fablico se desternillaba y aplaud\u00eda euf\u00f3rico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En las carpas Michell y Noris se presentaban espect\u00e1culos dirigidos a las <em>honorables familias de la simp\u00e1tica palomilla y p\u00fablico en general<\/em>. El p\u00fablico pagaba entre cinco y diez centavos por las tandas presentadas en estos jacalones; por ese precio aseguraba las risas de la tarde al acudir a ver a los tres amos de la carcajada: Cantinflas, Catarino y Medel.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En La Mariposa, carpa ubicada en el populoso barrio de La Merced, se presentaba Amelia Wilhelmy, Chela Tejeda y El Conde Boby. El p\u00fablico presenciaba desde sus inc\u00f3modas sillas de madera a estos artistas y prestaba especial atenci\u00f3n al extraordinario ventr\u00edlocuo. Adem\u00e1s de Boby, el mu\u00f1eco principal, estaban El Tartamudo y Don Bernardo, con quienes se presentaban graciosos n\u00fameros como \u201cEl boxeador\u201d, \u201cLa mujer ad\u00faltera\u201d, \u201cEl abandonado\u201d y \u201cLos Parias\u201d. Actos muy aplaudidos por el p\u00fablico de la colonia Guerrero.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese mismo a\u00f1o la famosa compa\u00f1\u00eda de t\u00edteres Rosete Aranda, compa\u00f1\u00eda originaria de Huamantla y que se fund\u00f3 alrededor de 1880, se presentaba en la Carpa Impermeable, situada en la esquina de San Juan de Letr\u00e1n y Arcos de Bel\u00e9n. Adem\u00e1s de presentar a sus aut\u00f3matas, tambi\u00e9n hab\u00eda n\u00fameros de <em>clowns<\/em>, los m\u00e1s aplaudidos eran \u201cR\u00e1bano y Cebolla\u201d. Era una maravilla acudir a estos eventos ambientados con efectos de luz y agua, montados con adelantos y aparatos modernos que sorprend\u00edan a chicos y grandes. La larga funci\u00f3n culminaba con la representaci\u00f3n de una fiesta de la Sierra de Puebla, una procesi\u00f3n, danzantes y fuegos artificiales que iluminaban el escenario y los rostros de los artistas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">V<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo lejos, Anna escuchaba aplausos, gritos y chiflidos, pero despert\u00f3 a causa de un movimiento brusco. El vag\u00f3n del metro se fren\u00f3 repentina y violentamente. A su alrededor s\u00f3lo hab\u00eda gente cansada que, indiferente, escuchaba a los vendedores ambulantes que se sub\u00edan a ofrecer discos, libros, golosinas y un sinf\u00edn de objetos para usar en el taller, la casa o la oficina. Mir\u00f3 alrededor y no vio un solo rostro amable, aquellas personas s\u00f3lo reflejaban cansancio, aquel que da el vivir en una gran ciudad, en donde el tiempo se va velozmente. La ciudad es tan grande y ca\u00f3tica que el tiempo deja una arruga en tu cara mientras te trasladas de sur a norte en un d\u00eda de tr\u00e1fico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El metro la arroj\u00f3 hacia el exterior como un monstruo que vomitaba y se sinti\u00f3 mucho mejor al sentir el aire correr sobre su rostro. Caminaba confundida, todav\u00eda entre el sue\u00f1o y la fatiga, cuando mir\u00f3 de reojo un anuncio; en \u00e9l vio reflejado su rostro; era el cartel que hab\u00eda visto esa misma ma\u00f1ana en el archivo. Meti\u00f3 la mano en su abrigo y sac\u00f3 un programa de teatro arrugado; bajo su abrigo las lentejuelas de su vestido brillaban tenuemente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013No enciendan las luces. Dejen que la funci\u00f3n contin\u00fae, pens\u00f3 Anna.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero esa tarde no habr\u00eda permanencia voluntaria.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tatiana Carolina Candelario Galicia Investigadora independiente En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 56. Los a\u00f1os treinta se pierden como fantasmas. Entre los documentos revisados en el archivo, el pasado se hace presente. I\u00a0 Tras una larga noche de sue\u00f1os claros, Anna se despert\u00f3 con una dulce sensaci\u00f3n que inundaba su cuerpo. El sol comenzaba a salir y, sin quererlo del todo, deb\u00eda despertar. Sus ojos se resist\u00edan a captar el mundo a trav\u00e9s de las part\u00edculas de luz que entraban en esas rendijas semiabiertas, pero era inevitable, la realidad se colaba tras la fin\u00edsima tela de las cortinas. A\u00fan dentro de su cama, Anna se movi\u00f3 lenta y torpemente tratando de recordar qu\u00e9 d\u00eda era. Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de estar perdida en el tiempo: bien podr\u00eda amanecer en 1937 o en 2019. Su cerebro a\u00fan no sab\u00eda qu\u00e9 tiempo habitaba y, por un instante, permaneci\u00f3 flotando<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2399,5,20],"tags":[2067,1971,157],"class_list":{"0":"post-16325","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-56","7":"category-cuento","8":"category-revistanumero","9":"tag-archivo","10":"tag-artistas","11":"tag-teatro"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16325","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16325"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16325\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22381,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16325\/revisions\/22381"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16325"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16325"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16325"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}