﻿{"id":16304,"date":"2022-04-21T13:21:41","date_gmt":"2022-04-21T18:21:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16304"},"modified":"2025-07-30T16:38:30","modified_gmt":"2025-07-30T22:38:30","slug":"la-terrible-china-poblana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-terrible-china-poblana\/","title":{"rendered":"La terrible china poblana"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Faustino A. Aquino\u00a0<br \/>Museo Nacional de las Intervenciones, INAH<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 56.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Bic56_05_La-terrible-china-poblana.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Si el traje de charro es considerado el s\u00edmbolo de la masculinidad mexicana, el vestido de china poblana lo es de la feminidad, s\u00f3lo que este \u00faltimo, a diferencia del primero, se encuentra envuelto en el mito y la suspicacia.<\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_21176\" aria-describedby=\"caption-attachment-21176\" style=\"width: 634px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21176\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_024.jpg\" alt=\"\" width=\"634\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_024.jpg 634w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_024-211x300.jpg 211w\" sizes=\"(max-width: 634px) 100vw, 634px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21176\" class=\"wp-caption-text\">Edouardo Pingret, Frutera, \u00f3leo sobre papel, ca. 1852. Colecci\u00f3n Banco Nacional de M\u00e9xico.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El mito fue inventado por el coronel Antonio Carre\u00f3n quien, en su <em>Historia de la ciudad de Puebla <\/em>(1896), afirm\u00f3 que la m\u00edstica poblana Catarina de San Juan (1613-1688) era de origen chino y, por ello, fue conocida como la China Poblana. Se trataba de una princesa india quien, luego de ser secuestrada por corsarios portugueses hacia 1622-1623, fue llevada a Coch\u00edn, en la costa de Malabar, donde la bautizaron como Catarina de San Juan; posteriormente fue llevada a Manila, donde la vendieron como esclava a un agente del capit\u00e1n poblano Miguel Sosa. Llevada a la ciudad de Puebla hacia 1625, sirvi\u00f3 en la casa de Sosa y en la del sacerdote Pedro Su\u00e1rez, al tiempo que llevaba una vida de ascetismo, al grado de que el pueblo lleg\u00f3 a considerarla santa. A la mentira de que Catarina era de origen chino, el escritor Ram\u00f3n Mena a\u00f1adi\u00f3 que las criollas de aquella ciudad, por honrar la memoria de la m\u00edstica, imitaron su manera de vestir y que ese fue el origen de las chinas poblanas.\u00a0\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00faltima mentira es f\u00e1cil de probar pues, a los trece a\u00f1os de que muriera, la Inquisici\u00f3n prohibi\u00f3 sus retratos y culto, so pena de excomuni\u00f3n: tales im\u00e1genes ponen en evidencia que vest\u00eda como monja y, por tanto, el vestido de china poblana no tiene nada que ver con ella. Adem\u00e1s, es un hecho que dicho atuendo fue usado cotidianamente por las mexicanas (no s\u00f3lo poblanas) desde fines del siglo XVIII hasta mediados del XIX, por lo cual es de suponer que en Puebla se habr\u00eda perdido de Catarina hasta el recuerdo, por no hablar de su indumentaria.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, entonces, \u00bfde d\u00f3nde sale <em>la china<\/em>? China es una voz quechua que significa hembra y que, a ra\u00edz de la conquista, tuvo el de sirvienta, india, mestiza, mujer del pueblo. Con este significado se difundi\u00f3 por toda Hispanoam\u00e9rica, y es de notar que hasta hoy se llama china a la pareja de todos los jinetes del subcontinente, representantes de las diversas nacionalidades: el gaucho argentino y uruguayo, el huaso chileno, el llanero colombo-venezolano, el chagra ecuatoriano, el chal\u00e1n peruano y el charro mexicano.\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso mexicano abundan las descripciones, pl\u00e1sticas y escritas, del vestido de china; por ejemplo, la de Niceto de Zamacois (1855): \u201cEnaguas con lentejuelas, hasta media pierna, dejando ver el pie sin media, calzado por un zapato de raso verde, ce\u00f1ida la estrecha y m\u00f3rbida cintura por una banda bordada caprichosamente con sedas de colores.\u201d Tal descripci\u00f3n se refiere a las chinas de la plaza de San Juan de la ciudad de M\u00e9xico, las cuales eran poblanas, pero, seg\u00fan Gutierre Tib\u00f3n (<em>Aventuras en M\u00e9xico 1937-1983)<\/em>, no por ser angelopolitanas (es decir, habitantes de la Puebla de Los \u00c1ngeles), sino por la acepci\u00f3n que en el siglo XIX ten\u00eda el adjetivo poblana: aldeana, villana, pueblerina, mujer del pueblo. La frase \u201cchina poblana\u201d viene a ser entonces una especie de pleonasmo. Por la convergencia de poblano-pueblerino y poblano-gentilicio de Puebla, aclara Tib\u00f3n, se ha creado una evidente confusi\u00f3n; por tanto, una china poblana pod\u00eda ser de cualquier regi\u00f3n de M\u00e9xico. Se considera que el \u00e1rea donde se acostumbraba vestir de china iba desde Oaxaca al Baj\u00edo, hasta que el atuendo comenz\u00f3 a caer en desuso hacia la d\u00e9cada de 1850.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En un art\u00edculo del diario capitalino <em>El Monitor Republicano<\/em>, del 14 de febrero de aquel a\u00f1o, puede comprobarse que, en efecto, las chinas pertenec\u00edan a la clase social m\u00e1s baja, y que no eran exclusivas de la Angel\u00f3polis: \u201cComo a las cuatro de la tarde comenzaron a aparecer los coches [durante un carnaval en la capital]: todas las familias m\u00e1s distinguidas concurrieron ocupando sus elegantes carruajes; la mayor parte de las lindas mexicanas de la clase media ocupaban los modestos simones, y las provocativas <em>chinas <\/em>mezcladas con lo m\u00e1s pobre y repugnante de la poblaci\u00f3n.\u201d\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>La suspicacia<\/strong>\u00a0<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que no se tiene certeza es sobre el car\u00e1cter o calidad de las mujeres que portaban el vestido, duda que fue sembrada, sin querer, por Frances Erskine Inglis, mejor conocida como madame o marquesa Calder\u00f3n de la Barca, en su conocido libro <em>La vida en M\u00e9xico durante una residencia de dos a\u00f1os en ese pa\u00eds<\/em>. Cuenta ella que, al ser invitada a un baile de disfraces, recibi\u00f3 como obsequio: \u201cun hermoso traje de china poblana [\u2026] que consiste de una falda de lana [a esa tela de lana se le llamaba castor] color marr\u00f3n, con fleco de oro, galones dorados y lentejuelas, y enagua bordada y adornada de ricos encajes, y que debe llevarse debajo de la falda.\u201d\u00a0\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas despu\u00e9s, en una carta a su familia anotaba que hab\u00eda gran expectaci\u00f3n en la ciudad por saber si, de verdad, la esposa del ministro espa\u00f1ol asistir\u00eda al baile vestida de china:\u00a0<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Me qued\u00e9 m\u00e1s bien sorprendida de que todo el mundo se preocupe tanto por ello [\u2026] Poco despu\u00e9s llegaron m\u00e1s visitas, y justamente cuando supon\u00edamos que hab\u00edan terminado y nos dispon\u00edamos a comer, nos avisaron que estaban en la sala el Secretario de Estado, los ministros de la Guerra y de lo Interior, acompa\u00f1ados de otras personas, \u00bfY cu\u00e1l creere\u00eds que era el prop\u00f3sito de la visita? Conjurarme, por todo cuanto hay de m\u00e1s alarmante, a renunciar a la idea de aparecer en p\u00fablico en traje de poblana. Nos aseguraron que las poblanas eran, por lo general, <em>femmes de rien<\/em>, que no llevan medias, y que la esposa del ministro espa\u00f1ol no deb\u00eda, por ning\u00fan motivo, vestir semejante traje ni una sola noche siquiera [\u2026]<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21182\" aria-describedby=\"caption-attachment-21182\" style=\"width: 572px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21182\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_030.jpg\" alt=\"\" width=\"572\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_030.jpg 572w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_030-191x300.jpg 191w\" sizes=\"(max-width: 572px) 100vw, 572px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21182\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Agust\u00edn Arrieta, La sorpresa [detalle], \u00f3leo sobre tela, ca. 1850, Museo Nacional de Historia Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que tales escenas transcurr\u00edan en la capital, se confirma que el t\u00e9rmino poblana no era equivalente al de angelopolitana. Pero si la frase <em>femmes de rien<\/em> (literalmente, mujeres de nada) deja dudas sobre su significado, el se\u00f1or Jos\u00e9 Arn\u00e1iz fue un poco m\u00e1s espec\u00edfico en una esquela que le fue entregada a madame Calder\u00f3n momentos despu\u00e9s de la visita del gobierno: \u201cEl traje de poblana es el de una mujer de reputaci\u00f3n dudosa. La se\u00f1ora del ministro espa\u00f1ol, es una damaen toda la expresi\u00f3n de la palabra.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo de \u201creputaci\u00f3n dudosa\u201d igual se puede prestar a muchas interpretaciones, pero, seg\u00fan Ricardo P\u00e9rez Montfort, desde entonces existe entre los historiadores la duda de si el traje de china poblana no ser\u00eda un atuendo de prostituta. Tal hip\u00f3tesis parece estar apoyada por varios factores: 1) eran mujeres que gozaban de mucha libertad para moverse en la calle -de ah\u00ed tal vez el dicho popular \u201c\u00a1anda de china libre!\u201d-, cuando las mujeres \u201cdecentes\u201d no pod\u00edan salir a la calle sin compa\u00f1\u00eda, y las de clase alta ni siquiera bajarse del carruaje para entrar a una tienda, de donde ten\u00edan que salir los empleados a mostrarles las mercanc\u00edas; 2) todas las descripciones de las chinas coinciden en que se les consideraba coquetas, salerosas, atractivas y provocativas, 3)su vestimenta permit\u00eda apreciar el contorno del cuerpo y dejaba piel expuesta en las piernas y el busto; ya hemos visto la consternaci\u00f3n que produc\u00eda el hecho de que no usaran medias, y a Zamacois fij\u00e1ndose en \u201cla m\u00f3rbida cintura\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>Mujeres brav\u00edas<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Como contrapeso de las evidencias atentatorias del honor de la china, en la prensa de la \u00e9poca es posible encontrar otras que apuntan en una direcci\u00f3n distinta a la de la prostituci\u00f3n: la violencia que caracteriz\u00f3 a las clases bajas, no s\u00f3lo de M\u00e9xico, sino de todo el mundo. A partir de la d\u00e9cada de 1880, encontramos art\u00edculos de <em>El Monitor Republicano<\/em> en los que se expresa una nostalgia por los trajes y las costumbres de la primera mitad de ese siglo, y en especial -hoy parecer\u00eda incre\u00edble- por la violencia con la que generalmente terminaba toda clase de festividad. Por ejemplo, el 24 de julio de 1881, el diario comentaba:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A lado de ellos [los charros] ve\u00edanse las chinas de negros ojos, de tez de terciopelo, de pies inveros\u00edmiles, luciendo sus enaguas bordadas de lentejuelas de oro, con cortes amarillos, su rebozo de fin\u00edsima bolita, sus zapatitos verdes que aprisionaban el desnudo pie, y sus sartas de corales que ondeaban sobre el m\u00f3rbido seno, como si el zoofito que en aquellas rojas cuentas viviera, se despertara al calor de las miradas de la terrible china.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfLa terrible china? Eso no suena a prostituta, m\u00e1s bien a mujer de car\u00e1cter, lo cual se confirma con otro art\u00edculo del 9 de diciembre de 1894:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, en el pa\u00eds de Cuauht\u00e9moc, cuando ten\u00edamos aquella gran bronca que se llamaba el Corpus de Santa Mar\u00eda, pespunteaba la guitarra, re\u00eda el jarabe en su repicar constante, gem\u00eda el arpa, estremec\u00edase el pulque colorado en sus enormes vasos, y pasaba la garbosa china, con su castor que chisporroteaba en lentejuela, sus enaguas con cortes, su camisa con raudas y relindos, y a la hora horada, la terrible morena ya empulcada, requer\u00eda la navaja \u00a1Cristo con todos! Se armaba el jaleo, los cuchillos sal\u00edan a relucir, y al poco rato \u00a1Jes\u00fas bendito! Los vencidos de aquel mitote, paseaban cad\u00e1veres yertos [\u2026]<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21183\" aria-describedby=\"caption-attachment-21183\" style=\"width: 671px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21183\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_031.jpg\" alt=\"\" width=\"671\" height=\"900\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_031.jpg 671w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_56_031-224x300.jpg 224w\" sizes=\"(max-width: 671px) 100vw, 671px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21183\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Agust\u00edn Arrieta, Intervenci\u00f3n[detalle], \u00f3leo sobre tela, ca. 1850, Museo Nacional de Historia Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal descripci\u00f3n de las costumbres no parece exagerada si se recuerdan los \u00f3leos, de manufactura popular, que representan el final a pu\u00f1aladas de los fandangos de la \u00e9poca, la leyenda de \u201cEl rosario de Amozoc\u201d o el caso de Ignacia Ruiz, La Barragana, capitana de un escuadr\u00f3n de chinacos en la intervenci\u00f3n francesa, quien muri\u00f3 apu\u00f1alada por otra mujer en un baile que termin\u00f3 con la acostumbrada reyerta. Sin embargo, el citado redactor no dudaba en lamentar que las costumbres se hubiesen suavizado un poco pasada la media centuria:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta es una naci\u00f3n, dig\u00e1moslo aqu\u00ed internos, sin costumbres nacionales, nos parece de mal tono conservar esos tipos, esas costumbres que mecieron, v\u00e1lgaseme la palabra, la cuna de nuestros mayores.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya apenas si el jarabe resuena en el teatro en detestables cuadros de los antiguos usos, ya la china se ha evaporado y apenas si nos queda la gatita relamida que no es de chile ni de dulce, porque le falta el garbo y la sal y el alma y hasta el cuchillo, porque usa \u00a1horror! El bot\u00edn de cuero en vez del zapatito verde.<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, la china poblana se estaba convirtiendo en parte de las funciones teatrales, donde el jarabe, bailado por un charro y una china, despertaba furores entre un p\u00fablico amante de la m\u00fasica nacional. Al mismo tiempo, el uso de su traje estaba adquiriendo car\u00e1cter tradicional, pues, si sigui\u00f3 us\u00e1ndose, s\u00f3lo fue para bailar el jarabe en las fiestas religiosas que se celebraban en la ciudad de M\u00e9xico, en los pueblos que bordeaban el canal de la Viga, y cuyos eventos principales eran los desfiles de chalupas tripuladas por m\u00fasicos e incansables chinas zapateando el jarabe. Todav\u00eda pueden encontrarse fotograf\u00edas y pel\u00edculas de fines del siglo XIX y de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX en las que pueden apreciarse tales escenas. Lo mismo ocurr\u00eda en otras ciudades; por ejemplo, en la fiesta de Lagos, Jalisco, el 28 de agosto de 1896 \u201cSe sigui\u00f3 la antigua costumbre de alumbrar por la noche con farolillos venecianos las calles que siguen la direcci\u00f3n de Sur a Norte, y en muchas de las cuales se bailaba el \u2018jarabe tapat\u00edo\u2019 por las \u2018chinas\u2019 de rebozo de \u2018bolita\u2019 y los charros de pantal\u00f3n de cuero.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez que el traje de china poblana se consolid\u00f3 como el prescrito para bailar el jarabe, comenz\u00f3 a convertirse tambi\u00e9n en la imagen de la mujer mexicana ante el extranjero gracias a que, en la Exposici\u00f3n Universal de Par\u00eds de 1889, el charro y la china fueron presentados al mundo como tipos representantes de la nacionalidad mexicana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La proyecci\u00f3n internacional de la china y el charro -e incluso de las bandas de m\u00fasicos vestidos de charros, quienes ser\u00edan conocidos como mariachis-, fue tan exitosa que, al finalizar el siglo XIX, no faltaron periodistas y escritores mexicanos que se\u00f1alaron lo absurdo de que se pudiera llegar a pensar en otros pa\u00edses que en M\u00e9xico todo el mundo vest\u00eda de aquellas maneras. Lo que no es absurdo es que mucho de aquella violencia popular de la primera mitad del siglo XIX dejara su impronta en el folklore nacional, al grado de que, ya en el siglo XX, el cine consagrase al charro bravuc\u00f3n, a la mujer machorra y a la canci\u00f3n brav\u00eda, los cuales pod\u00edan, en efecto, reclamar carta de autenticidad, justificada en el pasado del pa\u00eds:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sangre brava y colorada<br \/>Retadora como filo de pu\u00f1al<br \/>Es la sangre de mi raza<br \/>So\u00f1adora y cancionera<br \/>Sangre brava y peleonera<br \/>Valentona y pendenciera<br \/>Como penca de nopal<br \/>(Coro de \u201cTequila con lim\u00f3n\u201d, Ernesto Cort\u00e1zar y Manuel Esper\u00f3n)<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li>\u201cLa china poblana\u201d, <em>Artes de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 66, 2003.<\/li>\r\n<li>Castillo Morales, Adriana Catar\u00ed, \u201cEl jarabe tapat\u00edo\u201d, <em>BiCentenario<\/em>, 2014, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/jImsaWa\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/cutt.ly\/jImsaWa<\/a>.<\/li>\r\n<li>Olivares Ch\u00e1vez, Anabel, \u201cUna mujer peculiar: La china poblana en el siglo XIX\u201d, en <em>BiCentenario<\/em>, 2008, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/wIma6u0\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">https:\/\/cutt.ly\/wIma6u0<\/a>.<\/li>\r\n<li>Tib\u00f3n, Gutierre, <em>Aventuras en M\u00e9xico<\/em>, 1937-1983, M\u00e9xico, Diana, 1989.<\/li>\r\n<li>Visitar la colecci\u00f3n de textiles del Museo Nacional de Antropolog\u00eda. Paseo de la Reforma s. n., Ciudad de M\u00e9xico.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino\u00a0Museo Nacional de las Intervenciones, INAH En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 56. Si el traje de charro es considerado el s\u00edmbolo de la masculinidad mexicana, el vestido de china poblana lo es de la feminidad, s\u00f3lo que este \u00faltimo, a diferencia del primero, se encuentra envuelto en el mito y la suspicacia. El mito fue inventado por el coronel Antonio Carre\u00f3n quien, en su Historia de la ciudad de Puebla (1896), afirm\u00f3 que la m\u00edstica poblana Catarina de San Juan (1613-1688) era de origen chino y, por ello, fue conocida como la China Poblana. Se trataba de una princesa india quien, luego de ser secuestrada por corsarios portugueses hacia 1622-1623, fue llevada a Coch\u00edn, en la costa de Malabar, donde la bautizaron como Catarina de San Juan; posteriormente fue llevada a Manila, donde la vendieron como esclava a un agente del capit\u00e1n poblano<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2399,20],"tags":[1221,67],"class_list":{"0":"post-16304","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-56","8":"category-revistanumero","9":"tag-charro","10":"tag-china-poblana"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16304","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16304"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16304\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22375,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16304\/revisions\/22375"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16304"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16304"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16304"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}