﻿{"id":16216,"date":"2021-08-20T23:53:39","date_gmt":"2021-08-21T04:53:39","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16216"},"modified":"2025-09-08T18:09:44","modified_gmt":"2025-09-09T00:09:44","slug":"con-el-reloj-para-atras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/con-el-reloj-para-atras\/","title":{"rendered":"Con el reloj para atr\u00e1s"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Ana Su\u00e1rez<br \/>Instituto Mora<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 53.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_53_Cuento_Reloj.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La mente de Agustina vuelve a su fantas\u00eda, esa que en la medida en que ha sentido su casa vac\u00eda, su mesa solitaria, sus noches demasiado tranquilas, cultiva m\u00e1s: de haber estado en sus manos, ella habr\u00eda puesto al emperador en guardia, lo habr\u00eda salvado.<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image\">\r\n<figure class=\"aligncenter\">\r\n<figcaption>\r\n<figure id=\"attachment_20797\" aria-describedby=\"caption-attachment-20797\" style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-20797\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_53_030-240x300.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"750\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_53_030-240x300.jpg 240w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_53_030-768x960.jpg 768w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/BiC_53_030.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-20797\" class=\"wp-caption-text\">Don Augustino [sic] Iturbide, litograf\u00eda en Fayette Robinson, Mexico and her military chieftains, Filadelf\u00eda, E. H. Butler &amp; Co., 1847. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar-Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/figcaption>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es 19 de julio, la misa concluy\u00f3. Agustina se despide de los miembros de la liga iturbidista, a la pregunta por Rodrigo, estudia ahora, pretext\u00f3. Atraviesa la nave lateral y entra en la capilla, que siente como su hogar, como este debiera ser. Sus ojos recorren los objetos que le rodean y percibe la paz y seguridad que le da saber que nada ha cambiado, que todo contin\u00faa igual. Y recuerda su primera visita, hace m\u00e1s de un cuarto de siglo, c\u00f3mo podr\u00e1 olvidarlo; su abuelo la trajo a la ciudad de M\u00e9xico para celebrar sus doce a\u00f1os y aqu\u00ed, luego de asistir a la misa luctuosa, de rezar el oficio de difuntos y recibir el saludo de los leales, le mostr\u00f3 la urna de madera forrada en terciopelo negro y decorada con galones y franjas de oro donde reposan los nobles restos y le susurr\u00f3: \u201c\u00c9l est\u00e1 aqu\u00ed\u201d. Acto seguido, envueltos en las notas de \u00f3rgano que llegaban desde el coro y apenas iluminados por los cirios reci\u00e9n encendidos, el abuelo la hizo repetir la historia de su ilustre antecesor: que obtuvo la independencia, instaur\u00f3 la \u00fanica forma de gobierno que pod\u00eda tener \u00e9xito, renunci\u00f3 y se exili\u00f3 en Europa, volvi\u00f3 para defender a la patria, y sus enemigos lo hicieron asesinar. \u201cSon tus postulados de fe \u2013le dijo\u2013, alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1s que defenderlos con certidumbre y pasi\u00f3n.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Agustina mira el cuadro colgado junto a la urna y admite que el perfil de ave de presa de Agust\u00edn de Iturbide es como el suyo y el de su abuelo y el de su hijo, y que ese rasgo que distingue a los Iturbide es apenas la muestra visible de qui\u00e9nes son y qu\u00e9 representan. Eso de lo que su marido se burla, de verdad es incapaz de percibir lo que para ella significa conocer su genealog\u00eda, provenir del emperador da a su vida firmeza, le otorga lustre, pero adem\u00e1s sentido. Discurre en los a\u00f1os pasados desde que se cas\u00f3, y en lo infeliz que ha sido desde entonces, siendo lo peor que la culpa es suya, se neg\u00f3 a escuchar a quienes le anunciaban cu\u00e1nto iba a padecer si se un\u00eda con alguien de un linaje imposible de rastrear.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras prende las velas que trajo desde Morelia y que alumbran la sombr\u00eda capilla con una luz muy tenue, se pregunta por qu\u00e9 las cosas no hab\u00edan sido como quer\u00eda. Ella cumpli\u00f3, hab\u00eda dedicado la vida a atender a ese marido incomprensivo de quien se hubiera visto mal que se separara. Hab\u00eda educado a Rodrigo como la educ\u00f3 el abuelo y presidido las actividades de la liga, que la reconoc\u00eda como sucesora leg\u00edtima de Agust\u00edn de Iturbide. El resto del tiempo lo consum\u00eda en una idea que no compart\u00eda con nadie, que s\u00f3lo era suya. Revisa, sopesa, pondera: todo ser\u00eda distinto si alguien hubiera avisado al libertador del decreto que lo condenaba a morir en cuanto tocara tierra mexicana, si alguien le hubiera advertido de que sus presuntos amigos iban a traicionarlo y deb\u00eda alejarse.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Agustina acaricia con los dedos las letras del epitafio y repite lentamente las frases que sabe de memoria: \u201cAgust\u00edn de Iturbide, autor de la independencia mexicana. Compatriota, ll\u00f3ralo; pasajero, adm\u00edralo. Este monumento guarda las cenizas de un h\u00e9roe. Su alma descansa en el seno de Dios.\u201d Piensa que es ella quien no tiene reposo, como si anduviera sin sombra, quien no alcanza la paz. No tanto por su fracaso matrimonial, pues ya se resign\u00f3 a guardar las apariencias, sino por el desapego de su hijo, quien cada d\u00eda est\u00e1 m\u00e1s rebelde, m\u00e1s extra\u00f1o. Rodrigo, qu\u00e9 horror, debi\u00f3 llamarse Agust\u00edn, pero no, su marido se neg\u00f3, quer\u00eda distinguirlo de sus ancestros y le dio un nombre \u00a1tan com\u00fan! Rodrigo sigue un camino que lo aparta del lugar que hered\u00f3. \u201cLa cabra tira al monte\u201d, dec\u00eda su abuelo cuando hablaba de quienes proced\u00edan de una clase inferior; por m\u00e1s que ella luch\u00f3, la influencia y los genes paternos dominan en \u00e9l.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La mente de Agustina vuelve a su fantas\u00eda, esa que en la medida en que ha sentido su casa vac\u00eda, su mesa solitaria, sus noches demasiado tranquilas, cultiva m\u00e1s: de haber estado en sus manos, ella habr\u00eda puesto al emperador en guardia, lo habr\u00eda salvado, y as\u00ed su hijo tendr\u00eda ahora una posici\u00f3n segura como heredero y la querr\u00eda conservar. Claro, sus amigos ser\u00edan distintos, iguales a \u00e9l, no esos que qui\u00e9n sabe de d\u00f3nde salen y lo pierden. Se dedicar\u00eda a lo suyo, sin participar en cuanta asamblea, manifestaci\u00f3n o huelga se organiza en su escuela, sin defender causas como la democracia o el voto. M\u00e9xico no est\u00e1 listo para eso, ni lo estar\u00e1 jam\u00e1s. Importa aceptarlo para poder progresar; no hacerlo, es un gran error.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Agustina camina hacia el reclinatorio colocado frente al peque\u00f1o tabern\u00e1culo, dispuesta a seguir el ritual. Antes de hincarse, contempla la figura crucificada de San Felipe de Jes\u00fas, \u00e9l muri\u00f3 igualmente por sus ideas, aquellos a quienes predicaba tampoco lo supieron entender. Se arrodilla y abre el misal en la p\u00e1gina marcada con el list\u00f3n rojo, en el lugar donde comienza el oficio, pero se le atraviesa la imagen de su peque\u00f1o Agust\u00edn \u2013s\u00ed, \u00a1Agust\u00edn!\u2013, y reconoce que el \u00faltimo desplante fue el peor, por sus palabras y por el tono que emple\u00f3. Todo sucedi\u00f3 cuando ella le pidi\u00f3 que la acompa\u00f1ara a M\u00e9xico para el aniversario. La misa ser\u00eda de nuevo en la catedral, los miembros de la liga querr\u00edan verlo y \u00e9l, como \u00faltimo descendiente, ten\u00eda que acudir. Le record\u00f3 que deb\u00eda agradecer el bien merecido, era afortunado por conocer su origen y tener un destino. Ante su rezongo, ella le reclam\u00f3: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 andas?, si el pa\u00eds te interesa tanto, estudia, defiende lo tuyo, as\u00ed podr\u00e1s ayudar.\u201d Su hijo replic\u00f3: \u201cYo creo en la voluntad popular.\u201d Ella se ri\u00f3: \u201c\u00bfQu\u00e9 es eso?, no existe, M\u00e9xico es tierra de un solo hombre, basta con revisar cualquier libro de historia para entender c\u00f3mo se ha ejercido el poder, es mejor que mande alguien de casta, no cualquier advenedizo elegido por quienes no son mejores que \u00e9l y que dispone de tan poco tiempo para gobernar que acaba por sacrificar honor y patria y moral, la monarqu\u00eda es id\u00f3nea, responde a la tradici\u00f3n, es tambi\u00e9n lo m\u00e1s prudente pues quien reina permanece, por eso cumple con responsabilidad.\u201d Rodrigo grit\u00f3: \u201cEst\u00e1s loca, desvar\u00edas, la monarqu\u00eda y t\u00fa y tus amigos viven fuera de la realidad, el \u00fanico remedio para el mal gobierno es la participaci\u00f3n popular.\u201d Le exigi\u00f3 que no presionarlo m\u00e1s, \u00e9l ser\u00eda hijo de sus obras; Iturbide llevaba muerto casi 200 a\u00f1os y en nadie podr\u00eda encarnar: \u201cNo cuentes conmigo, ni para la misa, ni para las reverencias, olvida tambi\u00e9n la chingada sucesi\u00f3n, mi sangre es roja, no azul, sal\u00ed a mi padre, no a ti.\u201d All\u00ed, en la capilla convertida en f\u00fanebre por la augusta presencia, Agustina se pregunta qu\u00e9 puede hacer, no soporta cruzarse de brazos, quisiera persuadir al emperador, convencer a su hijo, protegerlos. Debe insistir, razonar con ambos, hacerles notar cu\u00e1nto est\u00e1 en juego, su felicidad, la de los suyos, la del pa\u00eds entero. Mientras se tapa el rostro con las manos, piensa que a\u00fan le falta el oficio final. Pero el cansancio la rinde, se levant\u00f3 muy temprano para llegar a misa de doce, su marido se neg\u00f3 a prestarle el coche y el chofer: \u201cEn tus locuras no colaboro, a ver c\u00f3mo lo resuelves.\u201d No le qued\u00f3 m\u00e1s que tomar el autob\u00fas de las seis, menos mal que era de lujo y no cualquiera lo puede pagar, claro, en lo que en la terminal de M\u00e9xico buscaba un taxi para ir a la catedral, tuvo que mezclarse con la pura chusma: \u201cCu\u00e1nta es, si no logra superar su miseria qu\u00e9 va a saber dirigir un pa\u00eds.\u201d No puede orar, tiene sue\u00f1o, cierra los ojos adormecida por la penumbra y la m\u00fasica, s\u00f3lo por un momento, luego rezar\u00e1.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">De repente te encuentras en medio de una playa, Agustina, y no es el \u00f3rgano el que suena, sino las olas del mar. A lo lejos miras un barco, no lo puedes creer, el Spring est\u00e1 anclado en la barra, \u00bfser\u00e1 posible? \u00a1S\u00ed, s\u00ed! Clavas la vista en el bergant\u00edn para ver si asoma el emperador, el abuelo dice: \u201cEs in\u00fatil, desembarc\u00f3 ya, dej\u00f3 Soto la Marina, se dirige hacia Padilla, all\u00ed lo esperan quienes lo van a apoyar.\u201d Te asustas, sabes que marcha hacia una trampa pues el Congreso lo declar\u00f3 ilegal, Dios santo, tal vez sea tarde, c\u00f3mo le advertir\u00e1s.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Quieres despertar, no puedes, la luz de los cirios tiembla como si alguien soplara sobre ellos. Es el viento que te golpea el rostro mientras cabalgas sin miedo y con rapidez, quieres alcanzar al h\u00e9roe, evitar el desastre final. Lo logras, es f\u00e1cil, \u00e9l va al paso, e incluso se aparta un poco para dejarte pasar. Lo precedes, paras, lo obligas a jalar las riendas y detenerse. Es \u00e9l, c\u00f3mo se parece a Rodrigo, tiemblas, qu\u00e9 le dir\u00e1s, lo mejor es la verdad, eres un aviso que llega del futuro, donde pueden saberse muchas cosas y \u00e9l debe confiar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Empiezas a hablar, lo miras, no entiende, quiere irse, le ruegas que d\u00e9 la vuelta, le explicas que si prosigue lo fusilar\u00e1n y que as\u00ed todo habr\u00e1 acabado, no s\u00f3lo para \u00e9l, sino para su familia, por lo menos hasta la octava o novena generaci\u00f3n. Insistes en que regrese a Italia o se instale en Inglaterra, y all\u00e1 busque su sustento, que desde M\u00e9xico sus partidarios le van a ayudar. Est\u00e1s segura de que el exilio ser\u00e1 corto; si escapa ahora pronto volver\u00e1 convocado por la naci\u00f3n, y entonces \u00e9l, Agust\u00edn de Iturbide, reinar\u00e1 de una vez y para siempre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El ungido te ve a los ojos, est\u00e1 inquieto, parece a punto de contestar. Pero mueve la cabeza como si estuvieras loca. Te desesperas. \u00bfC\u00f3mo lo salvar\u00e1s? Y con Rodrigo, \u00bfqu\u00e9 va a pasar? \u00a1Por favor, por favor, por favor! Ya no imploras, conjuras, acaso as\u00ed lo persuadir\u00e1s. Pero \u00e9l desv\u00eda la mirada, habla con alguien que est\u00e1 a su lado, qui\u00e9n podr\u00e1 ser, es San Felipe que lleva su cruz en las manos y lo insta a continuar. Te enojas, no vas a permitirlo, te interpones para que d\u00e9 la vuelta, pero entonces le oyes decir: \u201cNo soy un traidor, no\u201d. Reconoces las palabras, son las \u00faltimas, las definitivas, las que pronunci\u00f3 antes de morir. Es claro que est\u00e1 resuelto, seguir\u00e1 adelante, y miras paralizada c\u00f3mo alza la fusta y aguijonea al caballo y este trota y galopa y se distancia de ti.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Agustina se sobresalta, siente como si alguien la sacudiera, es una idea que irrumpi\u00f3 en su sue\u00f1o y agita las capas m\u00e1s secretas de su ser: la de que la historia no puede cambiarse. Se dice que tal vez sea cierto y ella no deba vivir con el reloj para atr\u00e1s. Resuelve omitir el oficio de difuntos, que Iturbide pelee sus batallas donde quiera que est\u00e9 y, si no puede, que M\u00e9xico se las arregle sin \u00e9l. En ese instante, toma una decisi\u00f3n, tan de s\u00fabito, que ella misma se asombra, y es que volver\u00e1 a su \u00e9poca y tratar\u00e1 de olvidar las apariencias. S\u00ed, y sobre todo dejar\u00e1 que su hijo haga lo que desee, que es lo que ella va a hacer. Y mientras camina por la nave principal y sale a la calle que los rayos del sol hacen resplandecer, se percata de que a\u00fan podr\u00e1 alcanzar el autob\u00fas de las cuatro, si se apura llegar\u00e1 a Morelia a las ocho, y acaso, con suerte, su peque\u00f1o Agust\u00edn, no, Rodrigo, Rodrigo llegue a cenar.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rezInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 53. La mente de Agustina vuelve a su fantas\u00eda, esa que en la medida en que ha sentido su casa vac\u00eda, su mesa solitaria, sus noches demasiado tranquilas, cultiva m\u00e1s: de haber estado en sus manos, ella habr\u00eda puesto al emperador en guardia, lo habr\u00eda salvado. Es 19 de julio, la misa concluy\u00f3. Agustina se despide de los miembros de la liga iturbidista, a la pregunta por Rodrigo, estudia ahora, pretext\u00f3. Atraviesa la nave lateral y entra en la capilla, que siente como su hogar, como este debiera ser. Sus ojos recorren los objetos que le rodean y percibe la paz y seguridad que le da saber que nada ha cambiado, que todo contin\u00faa igual. 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