﻿{"id":16135,"date":"2021-07-16T20:20:53","date_gmt":"2021-07-17T01:20:53","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=16135"},"modified":"2025-09-08T18:48:37","modified_gmt":"2025-09-09T00:48:37","slug":"terror-en-el-valle-de-las-mariposas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/terror-en-el-valle-de-las-mariposas\/","title":{"rendered":"Terror en el valle de las mariposas"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Diego Covarrubias<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color\" style=\"color: #a30003;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>Revista\u00a0<\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/strong><\/em><strong>, n\u00fam. 52.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_52_Cuento_Terror.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Los bosques que rodean Valle de Bravo y Av\u00e1ndaro fueron un vergel en los a\u00f1os ochenta para el campismo y escapar del ruido y la contaminaci\u00f3n de la ciudad de M\u00e9xico. Hasta que el <em>Chopper<\/em> desapareci\u00f3.<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image\">\r\n<figure class=\"aligncenter is-resized\">\r\n<figure id=\"attachment_21587\" aria-describedby=\"caption-attachment-21587\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21587\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_145-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"666\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_145-1.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_145-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_145-1-768x511.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21587\" class=\"wp-caption-text\">Luz entre \u00e1rboles, Valle de Bravo, 2012. Fotograf\u00eda de Scanudas, Flickr Commons.<\/figcaption><\/figure>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, que no soy capaz de recordar lo que desayun\u00e9 hoy en la ma\u00f1ana, o peor a\u00fan, si desayun\u00e9 o no, todav\u00eda recuerdo con claridad la mayor\u00eda de los acontecimientos que nos prodig\u00f3 la d\u00e9cada de los ochenta. Recuerdo, por ejemplo, la fabulosa m\u00fasica; el llanto de nuestro presidente al anunciar la expropiaci\u00f3n de la banca y su canina defensa del peso; la irrupci\u00f3n del neoliberalismo y de la cultura <em>pop<\/em>; la explosi\u00f3n en San Juanico; los terremotos de 1985, los cuales viv\u00ed como brigadista de la Secretar\u00eda de Salud en vecindades del centro hist\u00f3rico; el mundial de f\u00fatbol de 1986, que nos dej\u00f3 una mano de Dios, una chiquitib\u00fam y una rechifla sonora a la investidura presidencial; as\u00ed como un fraude electoral orquestado desde la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n dos a\u00f1os despu\u00e9s, el cual retras\u00f3 la entrada de la democracia en nuestro M\u00e9xico lindo y querido.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lo que m\u00e1s recuerdo, sin duda, son los campamentos que hac\u00edamos en los alrededores de Valle de Bravo a principios de esa maravillosa d\u00e9cada, en un lugar al que le pusimos el lepid\u00f3ptero nombre de Valle de las Mariposas, y que ten\u00eda un riachuelo que serpenteaba el valle de un extremo a otro, hasta desembocar en el famoso lago del pueblo, que no era ni es lago, sino una presa construida en 1947, y que desde entonces abastece de agua a la ciudad de M\u00e9xico. El riachuelo llegaba hasta Av\u00e1ndaro, que pas\u00f3 de ser el <em>Woodstock<\/em> mexicano al grito de \u201c\u00a1queremos <em>rock<\/em>!\u201d, a un lugar de descanso de los privilegiados, sembrado de residencias de lujo y con aroma a bosque y plusval\u00eda.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos a\u00f1os de acn\u00e9 y secundaria, nuestros campamentos empezaban los viernes en la tarde saliendo de la escuela y terminaban los domingos. Los prefer\u00edamos antes que cualquier otro plan, inclusive que ir a bailar al Bandasha, la discoteca de moda, o jugar <em>p\u00f3ker <\/em>en casa de alg\u00fan amigo, que eran los t\u00edpicos planes de nuestros compa\u00f1eros de grado y posici\u00f3n social. Prefer\u00edamos la sensaci\u00f3n de estar en contacto con la naturaleza, de mirar un cielo estrellado que no imagin\u00e1bamos que pudiera existir detr\u00e1s del cielo gris\u00e1ceo y artificialmente iluminado de la ciudad de M\u00e9xico; de sentir el fr\u00edo del bosque y perseguir los rayos del sol cuando amanec\u00eda; de meternos al riachuelo y jugar carreritas de hojas en su corriente, y sentir c\u00f3mo la amistad se nos met\u00eda en la piel y los pulmones, cuando en la noche encend\u00edamos la fogata y nos qued\u00e1bamos hipnotizados viendo las flamas bailando en la oscuridad al comp\u00e1s de la madera crepitando y de los acordes de la m\u00fasica de Cat Stevens o de Pink Floyd. Luego, cuando la noche se ahondaba y sac\u00e1bamos las salchichas y los chicharrones con <em>dip<\/em> de cebolla, y otras cosas no tan legales, sent\u00edamos que todo ten\u00eda sentido, incluy\u00e9ndonos a nosotros, y anticip\u00e1bamos la escena de Leonardo di Caprio en el Titanic, gritando en medio del bosque que \u00e9ramos los reyes del mundo.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21591\" aria-describedby=\"caption-attachment-21591\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21591\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_163.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_163.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_163-300x180.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_163-768x461.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21591\" class=\"wp-caption-text\">Viajeros en los 80\u2019s. Fotograf\u00eda de Diego Covarrubias.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre los mismos cinco amigos, y a veces m\u00e1s: otros compa\u00f1eros quer\u00edan saber por qu\u00e9 lleg\u00e1bamos tan renovados el lunes siguiente, y entonces los invit\u00e1bamos a acampar con nosotros. Nos daba mucha risa verlos aparecer el viernes con sus mocasines Florsheim, <em>jeans<\/em> Jordache con cinturones de alpaca, chamarras Members Only y sus provisiones que consist\u00edan en Frutsis de uva, Trikitrakes y Gansitos Marinela, y nos dec\u00edan con orgullo que ya estaban listos para su contacto con la naturaleza. Nosotros nos re\u00edamos por lo bajo, pensando que en realidad no estaban tan listos como pensaban, que la naturaleza se los iba a cobrar con hambre y con fr\u00edo. Tal vez por eso, al siguiente campamento \u00e9ramos otra vez los cinco o seis de siempre, contando al <em>Chopper<\/em>, un perro labrador negro que casi siempre nos acompa\u00f1aba, y que cuando sent\u00eda el aroma del bosque y del valle corr\u00eda de un \u00e1rbol a otro, persiguiendo conejos y sombras, y aullando a la luna y meti\u00e9ndose al r\u00edo y moviendo la cola para sacudirse tanta libertad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">\u00bfY el <em>Chopper?<\/em><\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_21592\" aria-describedby=\"caption-attachment-21592\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21592\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_164.jpg\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_164.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_164-300x180.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/BiC_52_164-768x461.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21592\" class=\"wp-caption-text\">Grupo de amigos con Chopper. Fotograf\u00eda de Diego Covarrubias.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Toda esta felicidad acab\u00f3 de golpe en un campamento que empez\u00f3 como todos, con los <em>back packs<\/em> arrumbados en la min\u00fascula cajuela posterior de la combi, y nosotros cantando canciones de Silvio Rodr\u00edguez. El <em>Chopper<\/em> iba acostado en el piso, brincando de un lado a otro porque el veh\u00edculo no ten\u00eda amortiguadores, o si los ten\u00eda no serv\u00edan para nada. La carretera a Valle de Bravo estaba llena de baches y tembl\u00e1bamos como gelatinas. Apenas lleg\u00e1bamos a la desviaci\u00f3n y entr\u00e1bamos al camino de terracer\u00eda, se acababa la tembladera y profundiz\u00e1bamos en el denso bosque, que de pronto se abr\u00eda en un valle m\u00e1gico que nosotros llam\u00e1bamos de las mariposas. Ah\u00ed, de un extremo a otro, aparec\u00eda el riachuelo con sus curvas y lleg\u00e1bamos a la nuestra, muy apretada, casi un c\u00edrculo perfecto. Justo en medio, rodeados de r\u00edo, levant\u00e1bamos la tienda de campa\u00f1a y reun\u00edamos le\u00f1a para la fogata, llen\u00e1bamos las cantimploras con agua fresca, pon\u00edamos el casete de Cat Stevens y cant\u00e1bamos: \u201c<em>It\u2019s not time to make a change, just relax and take it easy <\/em>[\u2026]\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando terminamos el ritual de acomodarnos en la naturaleza, alguien pregunt\u00f3: \u201c\u00bfY el <em>Chopper<\/em>?\u201d Y otro respondi\u00f3: \u201clo vi corriendo hacia all\u00e1\u201d, se\u00f1alando una de las laderas que nos rodeaban, \u201cal rato regresa\u201d. Pero despu\u00e9s de preparar la cena y tender los <em>sleeping bags<\/em> alrededor de la fogata, y que la noche le empezar\u00e1 a ganar terreno a la tarde, el <em>Chopper<\/em> no regres\u00f3. Salimos a buscarlo gritando: \u201c\u00a1<em>Chopper<\/em>, ven <em>Chopper<\/em>!\u201d, alej\u00e1ndonos del campamento hasta donde la prudencia nos permit\u00eda, pero cada vez era m\u00e1s de noche. Regresamos por las linternas, y alguien dijo que mejor cen\u00e1ramos y que el <em>Chopper<\/em> volver\u00eda m\u00e1s tarde, porque era un perro muy inteligente y ya conoc\u00eda el lugar. Pero la realidad es que todos est\u00e1bamos un poco inquietos cuando nos fuimos a dormir y \u00e9l no regres\u00f3.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie quiso contar las historias de miedo que cont\u00e1bamos siempre, un poco porque el<em> Chopper<\/em> segu\u00eda sin regresar, y otro poco porque a medianoche escuchamos unos cantos como de chamanes, o algo as\u00ed, que parec\u00edan bajar de la ladera por donde se hab\u00eda ido. Cuando abrimos la diminuta ventana de la tienda de campa\u00f1a para ver qu\u00e9 era y nos asomamos a la noche, vimos unas luces que se mov\u00edan como si fueran una serpiente de antorchas iluminando la oscuridad y bajando por la monta\u00f1a, y escuchamos con m\u00e1s claridad los cantos, que ahora parec\u00edan rezos, pero un poco m\u00e1s amenazadores. Ninguno de nosotros dec\u00eda nada, s\u00f3lo nos mir\u00e1bamos tratando de disipar la nube verde que todav\u00eda nublaba nuestro entendimiento, pero sin atrevernos a salir de la tienda y hundi\u00e9ndonos en nuestros <em>sleeping bags<\/em>, tratando de escondernos en el sue\u00f1o, que a unos les lleg\u00f3 antes que a los otros, y los cantos que segu\u00edan cada vez m\u00e1s cerca y el destello de las luces, que no recuerdo cu\u00e1ndo se apagaron, o si simplemente se desvanecieron, igual que nuestras ganas de quedarnos en el campamento, y m\u00e1s cuando a la ma\u00f1ana siguiente nos fuimos despertando, cada quien a su ritmo, de una pesadilla que era real, y en vez de salir a perseguir los rayos del sol para calentarnos, o darnos un ba\u00f1o apache en las heladas aguas del riachuelo, nos quedamos paralizados del miedo viendo el collar del <em>Chopper<\/em>, que alguien, qui\u00e9n sabe qui\u00e9n, hab\u00eda colocado encima del carb\u00f3n todav\u00eda humeante de la fogata. Sin hablar, como si con el puro \u00e1nimo nos entendi\u00e9ramos, levantamos el campamento y nos subimos a la combi para irnos de ah\u00ed, y recorrimos el camino de terracer\u00eda de regreso a la carretera, echando fugaces miradas por el espejo retrovisor, como si presinti\u00e9ramos que alguien, o algo, nos segu\u00eda, y no fue sino hasta llegar a Toluca, cuando brincando entre bache y bache, se rompi\u00f3 el maldito silencio y alguien dijo, por decir algo: \u201c\u00a1Puta madre! \u00bfQu\u00e9 pedo?\u201d.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A los seis meses volvimos a salir de campamento, ya no al Valle de las Mariposas, a donde no regresamos nunca, sino a Tenacatita, una hermosa playa en el estado de Jalisco. Sent\u00edamos como l\u00e1pida la ausencia del <em>Chopper<\/em>, pero ya \u00e9ramos otros, con una mirada menos ingenua y un rostro m\u00e1s endurecido. Adem\u00e1s, ten\u00edamos una pistola escondida en una caja vac\u00eda de <em>Zucaritas<\/em>, debajo del asiento delantero de la combi, y al alcance de nuestro miedo.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diego Covarrubias Revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 52. Los bosques que rodean Valle de Bravo y Av\u00e1ndaro fueron un vergel en los a\u00f1os ochenta para el campismo y escapar del ruido y la contaminaci\u00f3n de la ciudad de M\u00e9xico. Hasta que el Chopper desapareci\u00f3. Yo, que no soy capaz de recordar lo que desayun\u00e9 hoy en la ma\u00f1ana, o peor a\u00fan, si desayun\u00e9 o no, todav\u00eda recuerdo con claridad la mayor\u00eda de los acontecimientos que nos prodig\u00f3 la d\u00e9cada de los ochenta. Recuerdo, por ejemplo, la fabulosa m\u00fasica; el llanto de nuestro presidente al anunciar la expropiaci\u00f3n de la banca y su canina defensa del peso; la irrupci\u00f3n del neoliberalismo y de la cultura pop; la explosi\u00f3n en San Juanico; los terremotos de 1985, los cuales viv\u00ed como brigadista de la Secretar\u00eda de Salud en vecindades del centro hist\u00f3rico; el mundial de f\u00fatbol de 1986, que nos<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2358,5,20],"tags":[2368,2369,2371,2370],"class_list":{"0":"post-16135","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-52","7":"category-cuento","8":"category-revistanumero","9":"tag-avandaro","10":"tag-campismo","11":"tag-mariposas","12":"tag-misterio"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16135","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16135"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16135\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22646,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16135\/revisions\/22646"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16135"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16135"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16135"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}