﻿{"id":15579,"date":"2021-04-13T22:27:21","date_gmt":"2021-04-14T03:27:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15579"},"modified":"2025-09-08T19:16:38","modified_gmt":"2025-09-09T01:16:38","slug":"vagon-naranja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/vagon-naranja\/","title":{"rendered":"Vag\u00f3n naranja"},"content":{"rendered":"\r\n<p style=\"text-align: left;\">Nacho Casas<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 51.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_51_Cuento_Vag%C3%B3n.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Vio nacimientos, muertes, suicidios, robos. Escuch\u00f3 canciones de amor y despecho. Gritos de pregoneros o vendedores. Vio el asombro de chicos y grandes. Hasta que encall\u00f3 en un taller de desguace.<\/h3>\r\n<figure id=\"attachment_21483\" aria-describedby=\"caption-attachment-21483\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21483\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_021.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_021.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_021-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_021-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21483\" class=\"wp-caption-text\">Estaci\u00f3n Candelaria de los patos, ca. 1969. en La gran ciudad 1966-1970, M\u00e9xico, DDF, 1970. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar \u2013 Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\">Voy en el metro, \u00a1qu\u00e9 grandote, rapidote, qu\u00e9 limpiote!<br \/>\u00a1Qu\u00e9 deferencia del cami\u00f3n de mi compadre Jilem\u00f3n <br \/>que va al pante\u00f3n!<br \/>Chava Flores<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3 de Par\u00eds, pero no sobre las alas de una cig\u00fce\u00f1a, zopilote o avi\u00f3n. No. Viaj\u00f3 durante d\u00edas y noches, entre olas, peces y gaviotas, surcando el Atl\u00e1ntico a bordo de un enorme buque. Desmembrado, conoci\u00f3 el calor de altamar y la brisa fresca en medio de la inmensidad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Un puerto franc\u00e9s, Marsella, le dijo: <em>au revoir<\/em> y le cant\u00f3 la despedida; un puerto mexicano, Veracruz, le dio la bienvenida y lo recibi\u00f3 con huapangos y marimbas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En un tren de carga, acompa\u00f1ado de los colores del tr\u00f3pico y el aroma de gardenias, caf\u00e9 y hueledenoches, atraves\u00f3 manglares, cascadas, r\u00edos. Cruz\u00f3 la neblina perpetua de las Cumbres de Maltrata, que lo trataron bien, por cierto. Mir\u00f3 el Pico de Orizaba con curiosidad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los volcanes Malinche, Popocat\u00e9petl e Iztac\u00edhuatl observaron sus vidrios, puertas, neum\u00e1ticos y su cabina de conducci\u00f3n, con asombro. El fr\u00edo de la nieve volc\u00e1nica lo cautiv\u00f3. Los llanos de Apan y su olor a pulque lo deleitaron. Largos caminos recorri\u00f3, desde el Golfo hasta el Altiplano.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras todo esto suced\u00eda, una tropa de hombres \u2013cual topos\u2013, escarbaba el acuoso subsuelo de la ciudad de M\u00e9xico para llenarlo de t\u00faneles, pasadizos, rieles. Caminos alejados de la luz del d\u00eda. Alba\u00f1iles, ingenieros, cargadores, electricistas y hasta arque\u00f3logos hurgaban los intestinos de la antigua M\u00e9xico Tenochtitlan, que un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n regalaba a los mexicanos del siglo XX testimonios de su antigua grandeza: esculturas prehisp\u00e1nicas de dioses buenos, figuras de hombres y mujeres, de perros, jaguares, ocelotes. Joyas de oro y obsidiana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de tan largo viaje lleg\u00f3 a su primer destino, Ciudad Sahag\u00fan. Ah\u00ed fue armado con calma y alegr\u00eda, tal como chicos y grandes ensamblan las piezas de un Lego.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed naci\u00f3 el protagonista de esta historia: un vag\u00f3n de Metro color naranja; pero faltaba un traslado m\u00e1s, ahora a su destino final, la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mes de la patria de 1969, el vag\u00f3n, decorado con franjas tricolores y el escudo nacional mexicano a sus costados, realiz\u00f3 orgulloso su primer trayecto sobre los rieles que corr\u00edan de Zaragoza a Chapultepec. Fue ese el viaje inicial de los muchos que har\u00eda en su larga existencia entre los intestinos de la ciudad capital.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de aquel d\u00eda, en su interminable andar por el mismo recorrido, <em>vag\u00f3n<\/em> vio nacimientos, muertes, suicidios, robos, escuch\u00f3 canciones de amor y despecho, gritos de pregoneros o vendedores, vio el asombro de chicos y grandes, as\u00ed como de quienes se sub\u00edan por vez primera al moderno sistema de transporte.<\/p>\r\n<figure id=\"attachment_21484\" aria-describedby=\"caption-attachment-21484\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-21484\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_022.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_022.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_022-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/BiC_51_022-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-21484\" class=\"wp-caption-text\">Cambio de v\u00edas, ca. 1970, en La gran ciudad 1966-1970, M\u00e9xico, DDF, 1970. Biblioteca Ernesto de la Torre Villar \u2013 Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Recorri\u00f3 tantas veces esos t\u00faneles, que reconoc\u00eda f\u00e1cilmente a cada uno de los durmientes. Tambi\u00e9n a los pasajeros, quienes cotidianamente viajaban dentro de \u00e9l con prisa, amor, fe, necesidad o diversi\u00f3n. Sab\u00eda de las nuevas familias de roedores y otras alima\u00f1as que habitan el oscuro mundo de luz artificial que sucede en los largos t\u00faneles.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El siglo XXI lleg\u00f3. El vag\u00f3n que recorri\u00f3 millones de veces el Sistema de Trasporte Colectivo hab\u00eda envejecido. Varias veces fue reparado, rehabilitado. Se le cambiaron neum\u00e1ticos, tapones, diferenciales. Incluso fue pintado y repintado, pero a pesar de eso, una ma\u00f1ana se orden\u00f3 que el vag\u00f3n MP68, el veterano del sistema, fuera dado de baja.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa noche realizar\u00eda su \u00faltimo viaje. <em>Vag\u00f3n<\/em> se resisti\u00f3. En cada estaci\u00f3n se deten\u00eda. Se negaba a continuar. No quer\u00eda llegar a su destino. Los recorridos que generalmente hac\u00eda en 50 minutos, tardaron m\u00e1s de cuatro horas. Caus\u00f3 furia y alboroto entre los usuarios; desconcierto entre los choferes y las autoridades. Cuando lleg\u00f3 a Cuatro Caminos, <em>vag\u00f3n<\/em> decidi\u00f3 no moverse m\u00e1s, as\u00ed que despu\u00e9s de la media noche, fue jalado por un tren nodriza. Arrib\u00f3 por fin a Ticom\u00e1n, donde se encuentra el taller mayor.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana lo desmontaron sobre un gato el\u00e9ctrico y empez\u00f3 a ser destripado. Nadie supo por qu\u00e9 gritos de tristeza profunda sal\u00edan de las entra\u00f1as de la ciudad de M\u00e9xico. Esa noche, mucha gente no pudo dormir a causa de aquel sonido met\u00e1lico y carnal que emerg\u00eda por los respiraderos del Metro.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Neum\u00e1ticos, tornillos, puertas, asientos, vidrios con la leyenda <em>securit\u00e9<\/em> fueron quitados con la calma propia de quienes arreglan un muerto fresco.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando s\u00f3lo qued\u00f3 el alma del <em>vag\u00f3n<\/em>, esta se intern\u00f3 en los t\u00faneles, salvando ratas y arrogantes vagones nuevos y se dirigi\u00f3 a la L\u00ednea 2, rumbo a la estaci\u00f3n Panteones.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ah\u00ed, invisible como son todos los descarnados, esper\u00f3 hasta que lleg\u00f3 el ansiado 2 de noviembre, fecha en que los muertos salen de sus tumbas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca pens\u00f3 lo que causar\u00eda su llegada. Un tumulto de difuntos intent\u00f3 a toda costa subirse a \u00e9l, para llegar r\u00e1pida y c\u00f3modamente a visitar a sus seres queridos, tomar tequila y comer tamalitos, calabaza en tacha y pan de muerto.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Vag\u00f3n<\/em> y los difuntos disfrutaron ese viaje como nunca lo hab\u00edan hecho. Desde aquel d\u00eda, nunca falta un finado que se quiera quedar a vivir su muerte en el hospitalario vag\u00f3n, y de vez en cuando, se escuchan risas, lamentos, cuchicheos y cantos de muertos que recorren, trepados en aquel vag\u00f3n invisible, los oscuros caminos del Metro de la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nacho Casas En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 51. Vio nacimientos, muertes, suicidios, robos. Escuch\u00f3 canciones de amor y despecho. Gritos de pregoneros o vendedores. Vio el asombro de chicos y grandes. Hasta que encall\u00f3 en un taller de desguace. Voy en el metro, \u00a1qu\u00e9 grandote, rapidote, qu\u00e9 limpiote!\u00a1Qu\u00e9 deferencia del cami\u00f3n de mi compadre Jilem\u00f3n que va al pante\u00f3n!Chava Flores Lleg\u00f3 de Par\u00eds, pero no sobre las alas de una cig\u00fce\u00f1a, zopilote o avi\u00f3n. No. Viaj\u00f3 durante d\u00edas y noches, entre olas, peces y gaviotas, surcando el Atl\u00e1ntico a bordo de un enorme buque. Desmembrado, conoci\u00f3 el calor de altamar y la brisa fresca en medio de la inmensidad. Un puerto franc\u00e9s, Marsella, le dijo: au revoir y le cant\u00f3 la despedida; un puerto mexicano, Veracruz, le dio la bienvenida y lo recibi\u00f3 con huapangos y marimbas. 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