﻿{"id":15433,"date":"2020-10-26T13:41:21","date_gmt":"2020-10-26T19:41:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15433"},"modified":"2025-09-09T12:26:03","modified_gmt":"2025-09-09T18:26:03","slug":"maltino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/maltino\/","title":{"rendered":"Mal tino"},"content":{"rendered":"\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico,<\/strong><\/em><strong> n\u00fam. 50.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_50_Sepia_Maltino.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image wp-image-15435\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"218\" height=\"300\" class=\"wp-image-15435 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/BAJA_102_master-pnp-ggbain-16100-16177u-218x300.jpg\" alt=\"Bain News Service, Dr. [Aureliano] Urrutia, ca. 1915. Library of Congress, EUA. \" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/BAJA_102_master-pnp-ggbain-16100-16177u-218x300.jpg 218w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/BAJA_102_master-pnp-ggbain-16100-16177u-624x857.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/BAJA_102_master-pnp-ggbain-16100-16177u.jpg 728w\" sizes=\"(max-width: 218px) 100vw, 218px\" \/>\r\n<figcaption>Bain News Service, Dr. [Aureliano] Urrutia, ca. 1915. Library of Congress, EUA.<\/figcaption>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En su mirada taciturna y una parada inquieta \u2013como si acabara de pasar por el puesto de peri\u00f3dicos y se dispusiera a ir al caf\u00e9 con los amigos, pero que se encontr\u00f3 con el fot\u00f3grafo de la ciudad y lo puso a posar\u2013, este hombre bien podr\u00eda pasar por comerciante, hacendado o director de escuela. Estoy de paso, ap\u00farese amigo \u2013parece decir\u2013, que el sol quema y no traigo este sombrero de adorno. Se lo ve relativamente joven, apenas pasados los cuarenta a\u00f1os.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\">No se trata de un vecino an\u00f3nimo de la colonia Roma, de la ciudad de M\u00e9xico, si a la arquitectura de la casa a sus espaldas nos remitimos; ni tampoco de San Antonio, Texas, donde fue tomada la imagen. Aureliano Urrutia Sandoval ten\u00eda poco tiempo en esta \u00faltima ciudad, un lugar al que al parecer lleg\u00f3 por casualidad. Hab\u00eda querido huir a Alemania, pero sus amigos del gobierno estadunidense lo convencieron de irse a tierras m\u00e1s cercanas.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Detr\u00e1s de esa imagen algo melanc\u00f3lica, hab\u00eda un m\u00e9dico cirujano que pronto se hizo c\u00e9lebre en Texas, desde que llegara en 1914, aunque tambi\u00e9n muy conocido en M\u00e9xico en esos tiempos. Tuvo el mal tino de creer en alguien \u2013aunque no se le conoce autocr\u00edtica por eso\u2013 y de regalarle su prestigio en la medicina con un cargo p\u00fablico que termin\u00f3 por granjearle m\u00e1s odios que apoyos; abundantes pol\u00e9micas y enemistades y, al final, catapultarlo al exilio.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Para 1913, siendo amigo del general Victoriano Huerta, a quien salv\u00f3 la vida en dos ocasiones, el doctor Urrutia termin\u00f3 sirvi\u00e9ndole tan s\u00f3lo tres meses de su gobierno funesto. Un tiempo corto, aunque suficiente para modificar radicalmente las percepciones que se granje\u00f3 en m\u00e1s de dos d\u00e9cadas brillantes en la atenci\u00f3n de pacientes y como director de la Facultad de Medicina. Ubicado en el lugar m\u00e1s inconveniente de la historia, vistos los resultados de confiar en un proyecto en el que se cometieron decenas de cr\u00edmenes de Estado, Urrutia no podr\u00eda despegarse nunca m\u00e1s de la imagen de responsable de los asesinatos que le acusaron sus adversarios pol\u00edticos mientras estuvo a cargo de la Secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n en ese centenar de d\u00edas. Refugiado en San Antonio ocho meses despu\u00e9s\u2013 hasta cr\u00edmenes posteriores a su renuncia le fueron endosados\u2013, evit\u00f3 pisar el pa\u00eds nuevamente; a\u00fan en 1944 las heridas segu\u00edan abiertas y se ped\u00eda juzgarlos penalmente. Aquellos d\u00edas oscuros terminaron por marcar una vida de 104 a\u00f1os, insuficientes, quiz\u00e1, para curar las heridas de una mala elecci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 50. En su mirada taciturna y una parada inquieta \u2013como si acabara de pasar por el puesto de peri\u00f3dicos y se dispusiera a ir al caf\u00e9 con los amigos, pero que se encontr\u00f3 con el fot\u00f3grafo de la ciudad y lo puso a posar\u2013, este hombre bien podr\u00eda pasar por comerciante, hacendado o director de escuela. Estoy de paso, ap\u00farese amigo \u2013parece decir\u2013, que el sol quema y no traigo este sombrero de adorno. Se lo ve relativamente joven, apenas pasados los cuarenta a\u00f1os. No se trata de un vecino an\u00f3nimo de la colonia Roma, de la ciudad de M\u00e9xico, si a la arquitectura de la casa a sus espaldas nos remitimos; ni tampoco de San Antonio, Texas, donde fue tomada la imagen. 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