﻿{"id":15358,"date":"2020-10-19T11:02:43","date_gmt":"2020-10-19T16:02:43","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15358"},"modified":"2025-09-09T12:10:06","modified_gmt":"2025-09-09T18:10:06","slug":"la-resistencia-pulquera-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-resistencia-pulquera-2\/","title":{"rendered":"La resistencia pulquera"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Samantha Hern\u00e1ndez Quiroz<br \/>Benem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista<\/strong><em><strong> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, <\/strong><\/em><strong>n\u00fam. 50.<\/strong><\/span><\/p>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_50_01_Pulquera.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">En su historia, las pulquer\u00edas fueron espacios p\u00fablicos para beber, pero tambi\u00e9n para divertirse y comer. Tanto para hombres como para mujeres. Las reglamentaciones y sus prohibiciones durante cuatro siglos no lograron m\u00e1s que fortalecer su tradici\u00f3n y convertirlas en una se\u00f1al de identidad mexicana.<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image wp-image-15360\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1000\" height=\"498\" class=\"wp-image-15360\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Pulqueria-1.jpeg\" alt=\"Nacho L\u00f3pez, Hombres afuera de la pulquer\u00eda \u201cLas glorias nacionales\u201d, ca. 1950, inv. 407277. SECRETAR\u00cdA DE CULTURA. INAH. FOTOTECA NACIONAL.-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Pulqueria-1.jpeg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Pulqueria-1-300x149.jpeg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/Pulqueria-1-624x310.jpeg 624w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/>\r\n<figcaption>Nacho L\u00f3pez, Hombres afuera de la pulquer\u00eda \u201cLas glorias nacionales\u201d, ca. 1950, inv. 407277. SECRETAR\u00cdA DE CULTURA. INAH. FOTOTECA NACIONAL.-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH<\/figcaption>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>as pulquer\u00edas fueron descritas por cronistas y escritores costumbristas mexicanos en el siglo XIX como lugares que permit\u00edan contrastar la alegr\u00eda con la tristeza de alrededor. Fungieron como esferas para la sociabilidad de los sectores populares, pero en un claro antagonismo, las reglamentaciones oficiales intentaron frenar dicha costumbre. As\u00ed, durante varios a\u00f1os se crearon estatutos de tinte moralizador con la intenci\u00f3n de quitar a los sectores populares de los expendios de pulque.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">Sociabilidad<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Payno recuerda, en su novela costumbrista Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo, haber visto en la famosa y antigua \u201cPulquer\u00eda de los Pelos\u201d mucha gente hacinada los domingos y en especial los lunes, los cuales llam\u00f3 \u201cd\u00edas de gala\u201d. Asimismo, refiere a las tinajas de pulque con letreros que se sab\u00edan de memoria las criadas y los mozos de barrio (a pesar de no saber leer). Los r\u00f3tulos, que indicaban la calidad del pulque, titulaban las tinas como \u201cLa valiente\u201d, \u201cLa chillona\u201d, \u201cLa bailadora\u201d, \u201cLa Patenera\u201d. Todos estos toneles, as\u00ed como los asistentes, se posaban sobre un suelo limpio cubierto de p\u00e9talos de rosas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, Guillermo Prieto, en Memorias de mis tiempos, relata que el marqu\u00e9s de Mancera (siglo XVII) removi\u00f3 las pulquer\u00edas del centro de la ciudad de M\u00e9xico, fen\u00f3meno que se repiti\u00f3 a lo largo de los siglos XVIII, XIX y entrado el XX en otras partes del pa\u00eds. As\u00ed fue como los suburbios se llenaron de pulquer\u00edas que se hicieron c\u00e9lebres. Este autor destac\u00f3 la importancia de los vasos verdes, cajetes, j\u00edcaras y c\u00e1ntaros usados para la distribuci\u00f3n del licor. Asimismo, cont\u00f3 que ah\u00ed se jugaba rayuela, p\u00edtima o tuta y rentoy alborotador, en c\u00edrculos de hombres sentados en el suelo, alrededor de una frazada. De igual forma, se bailaba.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed estaban las \u201cchinas\u201d, mujeres que viv\u00edan de manera independiente, en cuartos rentados. Cuando terminaba su jornada laboral disfrutaban de ir a bailar fandangos a las pulquer\u00edas, a donde asist\u00edan regularmente, en especial en el llamado \u201cSan Lunes\u201d, d\u00eda en que los trabajadores ten\u00edan como costumbre detener sus actividades laborales luego de haber tomado el domingo, una pr\u00e1ctica que se hizo famosa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las \u201cchinas\u201d y los \u201cchinacos\u201d, al ritmo del \u201cjarabe colorado\u201d participaban en concursos de fandango. A trav\u00e9s de un fuerte aplauso, gritos, silbidos y barullo de los concurrentes, se sab\u00eda cu\u00e1l era la pareja ganadora del \u201cSan Lunes\u201d. Pero no todo resultaba ser miel sobre hojuelas. Hab\u00eda veces en que algunos borrachos imaginaban que la \u201cchina\u201d le coqueteaba a la hora de bailar, y al faltarles el respeto se llevaban un bofet\u00f3n, en el mejor de los casos y, en el peor, se desataba un zafarrancho que terminaba en violencia y sangre.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las pulquer\u00edas se llenaban de una mezcla de alegr\u00eda, entusiasmo y calor que permeaban el lugar durante el fandango, acompa\u00f1ado de cantos, rechiflas y palmadas. El jicarero hac\u00eda, entre tanto, su pregunta favorita \u201c\u00bfd\u00f3nde va la otra [sic]?\u201d, al mismo tiempo que los bebedores consum\u00edan pulque y antojitos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los clientes eran alimentados por las \u201cenchiladeras\u201d o \u201cchimoleras\u201d que se ubicaban, por lo general, en la puerta del local \u2013a unas pocas se les permit\u00eda estar en el interior de la pulquer\u00eda\u2013. Estas mujeres, con su fog\u00f3n o brasero, un gran comal y ollas con diferentes salsas, cocinaban enchiladas, enmoladas, chalupas, chito, tostadas, mole verde y salsa borracha.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda especularse que estas pr\u00e1cticas cotidianas dentro de las pulquer\u00edas eran l\u00edcitas, pero en realidad distaban mucho de esto. En las cr\u00f3nicas se lee como normal el jolgorio, sin embargo, cada suceso antes descrito estuvo prohibido por las autoridades. Las reglamentaciones referentes al pulque y pulquer\u00edas fueron muy estrictas desde el siglo XVI, cuando surgi\u00f3 la primera ordenanza. Esto puede verse como una continuidad hist\u00f3rica, ya que con cada reglamentaci\u00f3n se hizo m\u00e1s intensa la vigilancia y la aplicaci\u00f3n de castigos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">Reglamentaciones<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada regla impidi\u00f3, de una u otra manera, que existiera una sociabilidad entre los sectores populares. Tambi\u00e9n se reglament\u00f3 la prohibici\u00f3n de comer, cantar, bailar, jugar, apostar o hacer bullicio. Si pensamos en una pulquer\u00eda y le retiramos los elementos que estuvieron prohibidos, nos quedar\u00edamos \u00fanicamente con una bodega llena de tinas de pulque. Tendr\u00edamos que quitar las pinturas, el pulque mixturado, las sillas y las mesas, las \u201cchimoleras\u201d y las \u201cchinas\u201d, o cualquier otra mujer. Dir\u00edamos adi\u00f3s a los m\u00fasicos, no habr\u00eda sones, jarabes, ni fandangos. Tampoco antojitos, banderines o flores que adornaran los espacios.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que tanto el pulque como las pulquer\u00edas forman parte de la identidad de los mexicanos, pero pocas veces pensamos en la serie de reglamentos existentes a lo largo de 400 a\u00f1os. Ahora bien, desde el siglo XVI, el pulque fue una bebida que estuvo en disputa entre espa\u00f1oles e ind\u00edgenas por el excesivo consumo. El temor de las autoridades estaba en la negativa ind\u00edgena de aceptar los mandamientos morales de la Iglesia cat\u00f3lica y la corona espa\u00f1ola.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera reglamentaci\u00f3n que se conoce data de 1529. En ella, el rey Carlos I prohibi\u00f3 que se mezclara el pulque con una ra\u00edz conocida como <em>ocpatli<\/em>, agua hirviendo y cal viva. Viajeros, cronistas, sacerdotes y protom\u00e9dicos concordaban en que la bebida da\u00f1aba el nivel f\u00edsico, emocional y espiritual de quienes la consum\u00edan. Seg\u00fan esta ordenanza, la ra\u00edz llevaba a que los bebedores se embriagaran de manera m\u00e1s r\u00e1pida, perdieran el dominio sobre su cuerpo y mente, lo que provocaba que algunos se suicidaran, otros actuaran con \u201cincontinencia\u201d en la v\u00eda p\u00fablica, e incluso cometieran actos incestuosos. Asimismo, otros regresaban a los ritos paganos en los que veneraban a sus antiguos dioses. Todo esto asustaba a las autoridades, que no encontraban otra forma de cambiar la situaci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se reglament\u00f3 por primera vez, en 1545, la existencia de pulquer\u00edas legales, las cuales fueron vistas como lugares especializados para beber pulque, y que aportaban ganancias a la corona espa\u00f1ola. Esto signific\u00f3 que a partir de ese momento s\u00f3lo las legales ten\u00edan la autorizaci\u00f3n de expender pulque dentro de la ciudad de M\u00e9xico. Se prohib\u00eda, adem\u00e1s, que cualquier otra persona, ya fuera indio, negro o esclavo, pudiera vender pulque y se dividieron las 36 pulquer\u00edas existentes por g\u00e9nero: doce expendios dedicados a las mujeres y 24 pulquer\u00edas \u00fanicamente para que los hombres bebieran. De igual modo, se estableci\u00f3 la conveniencia de que cada pulquer\u00eda recibiera un nombre espec\u00edfico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, como a la corona no le conven\u00eda perder el control social que hab\u00eda generado con miedos y abusos hacia los ind\u00edgenas, se decidi\u00f3 sacar de circulaci\u00f3n el <em>ocpatli<\/em>. Sin embargo, las pr\u00e1cticas cotidianas ilegales continuaron.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el siglo XVII, las autoridades notaron que sus reglamentaciones no se llevaban a cabo, as\u00ed que establecieron nuevas normativas en 1607, 1665 y 1672. Las ordenanzas continuaron en la misma tesitura, s\u00f3lo que para entonces la corona espa\u00f1ola ya gozaba de los beneficios econ\u00f3micos que dejaba el consumo de pulque y se vio que era un negocio muy redituable para las arcas estatales. De ah\u00ed que con las regulaciones mantuvo el negocio en sus manos y prohibi\u00f3 el ingreso de cualquier competencia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta centuria ocurri\u00f3 algo que ved\u00f3 el consumo legal de pulque en la ciudad de M\u00e9xico, cuando el \u201cMot\u00edn del ma\u00edz\u201d, una sublevaci\u00f3n ind\u00edgena, llev\u00f3 al virrey de G\u00e1lvez, el 8 de junio de 1692, a prohibir el abastecimiento de pulque hasta 1697. El castigo fue pensado como una medida para que los ind\u00edgenas no se volvieran a amotinar. Sin embargo, ante la reducci\u00f3n de ingresos, el rey Carlos II orden\u00f3 que se derogara el decreto.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008080;\">Regulaciones<\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVIII comenz\u00f3 a regularse la vida p\u00fablica, el consumo y el precio del pulque. Los ejes de la prohibici\u00f3n ser\u00edan la proscripci\u00f3n de beber a negros, mestizos, mulatos e ind\u00edgenas; la regulaci\u00f3n del espacio para instalar pulquer\u00edas, y, por \u00faltimo, el precio de venta al p\u00fablico.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia 1724 se reglament\u00f3 que cada pulquer\u00eda tuviera una tarjeta con su nombre a la entrada, lo cual como ya vimos se convirti\u00f3 en una tradici\u00f3n en los siglos XIX y XX. Las pulquer\u00edas <em>Pacheco, Bello<\/em> y <em>Las maravillas<\/em> pertenec\u00edan a un hacendado importante, el conde de Jala. Hacia 1792 estaban en boga las pulquer\u00edas Colalpa, Delgadillo, <em>La Garrapata<\/em>, <em>Los Gallos<\/em>, <em>Las Pa\u00f1eras<\/em>, <em>Palacio<\/em>, <em>Tepoz\u00e1n<\/em> y <em>Viznaga<\/em>. A medida que pas\u00f3 el tiempo, el uso de los nombres se vincul\u00f3 con el ingenio del due\u00f1o o el encargado. Ya en el siglo XIX los nombres hac\u00edan referencia a \u00f3peras, obras de teatro, novelas o lugares importantes. As\u00ed encontramos<em> El gran Napole\u00f3n<\/em>, <em>Waterloo<\/em>, L<em>a Llegada de Iturbide<\/em>, <em>El Triunfo de Guerrero<\/em>, y <em>Las Antiguas Glorias de M\u00e9xico<\/em>. En el mismo siglo, como le\u00edmos con Prieto y Payno, hubo algunas de nombres divertidos, como <em>El Templo del Amor<\/em>, <em>Aguantas L\u2019otra<\/em>, y <em>El Recreo de los Amigos<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image wp-image-15362\">\r\n<figure class=\"aligncenter\" style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" width=\"1000\" height=\"704\" class=\"wp-image-15362\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/pulqueria2.jpg\" alt=\"Pulquer\u00eda \u201cEl templo del amor\u201d en la esquina de la calle Rep\u00fablica de Guatemala, ca. 1900, inv. 466519. SECRETAR\u00cdA DE CULTURA. - INAH. - FOTOTECA NACIONAL. - M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/pulqueria2.jpg 1000w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/pulqueria2-300x211.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/pulqueria2-624x439.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/>\r\n<figcaption>Pulquer\u00eda \u201cEl templo del amor\u201d en la esquina de la calle Rep\u00fablica de Guatemala, ca. 1900, inv. 466519. SECRETAR\u00cdA DE CULTURA. &#8211; INAH. &#8211; FOTOTECA NACIONAL. &#8211; M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabe destacar que las pulquer\u00edas no dejaron de ser un gran negocio hasta el siglo XX. Algunos historiadores aseguran que para 1804, en Puebla hab\u00eda 286 negocios que expend\u00edan bebidas embriagantes y 138 puestos en el mercado. Respecto a la ciudad de M\u00e9xico, en 1825 se contabilizaron 80, mientras que seis a\u00f1os despu\u00e9s eran 250, cifra que subi\u00f3 a 531 en 1854. Continuaron creciendo y en 1886 se registraron 817. En los inicios del siglo XX hab\u00eda una pulquer\u00eda por cada 305 personas. La multiplicaci\u00f3n de las pulquer\u00edas puede haber derivado de la necesidad de las autoridades por generar recursos econ\u00f3micos ante el aumento del consumo de la bebida en la poblaci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque muchas ordenanzas se volvieron un tanto repetitivas respecto a la importancia de tener un nombre en la entrada de las pulquer\u00edas y la prohibici\u00f3n de mixturar el pulque, implicaron ganancias para la corona espa\u00f1ola durante la colonia y, posteriormente, para las arcas municipales, estatales y federales. De igual forma, estas reglas impusieron lineamientos sobre higiene y sociabilidad en el interior de los establecimientos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XIX aparecieron reglas que vedaban los r\u00f3tulos inmorales en la pared exterior y la colocaci\u00f3n de mesas y sillas en el interior para que la gente no pudiera quedarse mucho tiempo, y se estableci\u00f3 la obligaci\u00f3n de tener las puertas abiertas para facilitar la vigilancia de la polic\u00eda y de la sociedad en general. Se hizo \u00e9nfasis en que el pago del consumo del pulque se hac\u00eda con dinero y estaba prohibido el cobro con prendas, herramientas, instrumentos musicales y armas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mismo tenor se prohibi\u00f3 que las pulquer\u00edas se vieran como lugares festivos, por lo que ya no se pudieron adornar con banderolas de colores o cualquier otro tipo de ornamento. Por el mismo motivo, se impidieron los bailes y las mujeres, incluidas \u201cchinas\u201d, \u201cchimoleras\u201d y encargadas de pulquer\u00edas. Se reglament\u00f3 que no pod\u00edan convivir ambos sexos, con la intenci\u00f3n de impedir que tuvieran relaciones. Tambi\u00e9n se obstaculiz\u00f3 la pr\u00e1ctica de todo tipo de juegos y apuestas, la presencia de m\u00fasicos, incluso cantar y ofrecer alimentos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior fue justificado por la clase pol\u00edtica, como se\u00f1alaron Manuel Guzm\u00e1n y Francisco Ortiz (regidores poblanos) en 1892, una manera de frenar el creciente desarrollo del \u201cdesagradable vicio de la embriaguez que menguaba las buenas costumbres\u201d de la poblaci\u00f3n mexicana. Y es que los hombres p\u00fablicos se proclamaron preocupados por los espect\u00e1culos que cada d\u00eda se ve\u00edan en las pulquer\u00edas y por la manera en que, en su opini\u00f3n, la gente se degradaba y ejecutaba todo tipo de des\u00f3rdenes, violencia y cr\u00edmenes.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, tanto Manuel Payno como Salvador Novo refirieron que, en el siglo XX, si bien los trabajadores eran los asistentes principales a las pulquer\u00edas, el consumo se hab\u00eda ampliado. Payno describe una reuni\u00f3n eclesi\u00e1stica de sectores privilegiados de la sociedad en la que a una bebida se le llam\u00f3 \u201cSangre de conejo\u201d, mezcla elaborada con pulque y tunas rojas molidas. Tambi\u00e9n hubo en aquella mesa m\u00e1s pulque curado, uno con almendra y otro llamado \u201cPulque de huevo\u201d, elaborado con claras de huevo y az\u00facar. Novo relat\u00f3 que una parte de la sociedad beb\u00eda pulque en sus casas de manera regular, tanto que los m\u00e9dicos lo recomendaban.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Como conclusi\u00f3n, durante cuatro siglos las pr\u00e1cticas sociales en los expendios de pulque se contrapusieron a los reglamentos oficiales. Los sectores populares se aferraron a su costumbre de permanecer dentro de las pulquer\u00edas y se apropiaron de este espacio como un lugar para divertirse. Pulqueros y clientes ten\u00edan sus c\u00f3digos para evadir las leyes y continuar con el alto consumo. Fue hasta mediados del siglo XX cuando las leyes se ejecutaron cabalmente. La tradici\u00f3n de ingerir pulque y la resistencia a las regulaciones oficiales propiciaron que en la actualidad el consumo de esta bebida se haya convertido en un s\u00edmbolo de la identidad mexicana.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Fr\u00edas y Soto, Hilari\u00f3n et al., Los mexicanos pintados por s\u00ed mismos, tipos y costumbres nacionales, M\u00e9xico, M. Murgu\u00eda, 1854, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/zijATUq\">https:\/\/cutt.ly\/zijATUq<\/a><\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Payno, Manuel, Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo. Novela naturalista, humor\u00edstica, de costumbres, de cr\u00edmenes y de horrores. Por un ingenio de la corte, Barcelona, J. D. P\u00e1rres, 1891, en <a href=\"https:\/\/cutt.ly\/fijSSYx\">https:\/\/cutt.ly\/fijSSYx<\/a><\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Prieto, Guillermo, Memorias de mis tiempos, 1828 a 1840, M\u00e9xico, Librer\u00eda de la Viuda de C. Bouret, 1906, en <a href=\"https:\/\/bit.ly\/3euex21\">https:\/\/bit.ly\/3euex21<\/a><\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Samantha Hern\u00e1ndez QuirozBenem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 50. En su historia, las pulquer\u00edas fueron espacios p\u00fablicos para beber, pero tambi\u00e9n para divertirse y comer. Tanto para hombres como para mujeres. Las reglamentaciones y sus prohibiciones durante cuatro siglos no lograron m\u00e1s que fortalecer su tradici\u00f3n y convertirlas en una se\u00f1al de identidad mexicana. Las pulquer\u00edas fueron descritas por cronistas y escritores costumbristas mexicanos en el siglo XIX como lugares que permit\u00edan contrastar la alegr\u00eda con la tristeza de alrededor. Fungieron como esferas para la sociabilidad de los sectores populares, pero en un claro antagonismo, las reglamentaciones oficiales intentaron frenar dicha costumbre. As\u00ed, durante varios a\u00f1os se crearon estatutos de tinte moralizador con la intenci\u00f3n de quitar a los sectores populares de los expendios de pulque. Sociabilidad Manuel Payno recuerda, en su novela costumbrista Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo, haber visto<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2484],"tags":[2232,183,2318,192,2233],"class_list":{"0":"post-15358","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-50-revistanumero","8":"tag-cdmx","9":"tag-ciudad-de-mexico","10":"tag-pulque","11":"tag-pulquerias","12":"tag-samantha-hernandez-quiroz"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15358","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15358"}],"version-history":[{"count":25,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15358\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22671,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15358\/revisions\/22671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15358"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15358"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15358"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}