﻿{"id":15275,"date":"2020-09-09T20:33:22","date_gmt":"2020-09-10T01:33:22","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15275"},"modified":"2025-09-10T20:55:02","modified_gmt":"2025-09-11T02:55:02","slug":"miedo-siento-de-recordar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/miedo-siento-de-recordar\/","title":{"rendered":"\u00a1Miedo siento de recordar!"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Ana Su\u00e1rez<br \/>Instituto Mora<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/strong><\/em><strong>o, n\u00fam. 49.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_49_Cuento_Miedo_siento.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<figure><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15329\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_491041.jpg\" alt=\"BiC_49104\" width=\"470\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_491041.jpg 470w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_491041-50x50.jpg 50w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_491041-300x296.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote\" style=\"text-align: right;\">\r\n<p><i>El destino mezcla las cartas, maare, y nosotros las jugamos<br \/>Refr\u00e1n yucateco<\/i><\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">El fraile<\/h3>\r\n\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tumbas que rodean a la ermita hablan de quienes acaban de irse. Paseas entre ellas mientras aspiras el roc\u00edo de la madrugada, ojal\u00e1 que el fresco durara todo el d\u00eda. Tratas de rezar, no puedes, piensas cu\u00e1n poco has hecho por tus hermanos, los m\u00e1s peque\u00f1os, los m\u00e1s desvalidos, pero piensas adem\u00e1s que, de hacerlo, tus feligreses y el mismo obispo se habr\u00edan molestado. Santo Dios, de haber cumplido con tu deber cristiano, estar\u00edas m\u00e1s sosegado, al menos pudiste intentar que las mujeres y los ni\u00f1os se quedaran, siquiera el cr\u00edo ese del gorrito azul y el <i>k\u00f3otoncito<\/i> blanco que montaba a la jineta en la cadera de su madre, que se aferr\u00f3 a ella y chill\u00f3 cuando quisiste abrazarlo y provoc\u00f3 que el indio que los segu\u00eda por el muelle te mirara furioso. Pero fuiste cobarde, recon\u00f3celo. S\u00ed, por cobarde acudiste ayer a mitad de la noche, solo en la oscuridad te sentiste seguro para llevar a la fortaleza la bendici\u00f3n que, como cura de Santa Isabel, has de dar antes de partir a todo peregrino. <i>Mea culpa, mea culpa<\/i>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sacudes el polvo del sayo y de las sandalias mientras arrastras el cuerpo por la escalera, es como si el remordimiento los tornara m\u00e1s pesados, entras en la capilla y te arrodillas frente al nicho donde estaba la imagen de Nuestra Se\u00f1ora del Buen Viaje. Madre Sant\u00edsima, ni la imagen dejaron. Miras las paredes desnudas, golpeas el reclinatorio, una cosa es que tu padre San Francisco exhortara a la austeridad en el culto, otra es la violencia destructora que despoj\u00f3 a la ermita de sus bienes; fue esa casta maldita la que as\u00ed pec\u00f3, y los pecadores tienen que recibir su castigo. Juntas las palmas para rogar a la Virgen que los acompa\u00f1e y sobre todo les conceda el remordimiento y la resignaci\u00f3n en el destierro. Pero se lo ganaron, tristemente se lo ganaron por matar, por robar, violar, incendiar, arruinar a la pen\u00ednsula entera. Que Dios les perdone, y a ti tambi\u00e9n, por cobarde. <i>Requiescant in pace, amen<\/i>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">El gobernador<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es responder o liquidar al propio que anoche entreg\u00f3 la maldita carta y hacerme guaje con que nunca la he visto. <i>Me cachis<\/i>, siento que me quema las manos y que el sello de la Federaci\u00f3n me reta, el supremo gobierno no entender\u00e1 nunca, qu\u00e9 va a entender el espanto y la violencia que sufrimos los yucatecos, si est\u00e1 muy lejos y protegido por las monta\u00f1as del An\u00e1huac. \u00bfPor qu\u00e9 joden con que condenamos a los <i>huites<\/i> a una esclavitud eterna, como la de los negros africanos, cuando ellos mismos<i> <\/i>firmaron contratas por diez a\u00f1os de servidumbre y se les permiti\u00f3 incluso cargar con los suyos? <i>Pa sa maare<\/i>. Lo malo de hacer matar al propio es que las sospechas caer\u00edan sobre m\u00ed, el centro intervendr\u00e1 y deber\u00e9 exiliarme.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro, el calor no merma, el escritorio repele, siquiera de la galer\u00eda viene un poco de aire. Cu\u00e1nto diese por salir de palacio y guarecerme a la sombra de las ceibas y los laureles, esperar en la plaza la tertulia de la tarde. La ciudad vuelve a ser la que fue, lo conseguimos quienes combatimos a los b\u00e1rbaros, y los <i>huites<\/i> tienen ahora lo que merecen y merecer\u00e1n por generaciones. <i>Pa sa maare<\/i>. He de hacer palas antes de poder irme, el secretario aguarda para extender la respuesta y que yo la firme. Mi mano sangrar\u00e1. Ni remedio, dependemos de la Federaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo digo a las autoridades supremas que el \u201cM\u00e9xico\u201d zarp\u00f3 ayer a la medianoche y nada puedo hacer ya? \u00bfC\u00f3mo anoto que obedec\u00ed a mi conciencia y al reclamo popular y que hasta esos malparidos aceptaron que las contratas les conven\u00edan m\u00e1s que el cadalso?<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La plaza se anima; la gente comienza a llegar y cuenta sus monedas para comprar una bebida fr\u00eda. Eso es, he de hacer cuentas para que al gobierno le quede claro, y se aplaque, cu\u00e1nto se ahorrar\u00e1 en presidios y tropas de pacificaci\u00f3n, probarle que por cada indio que se larga entrar\u00e1n en caja tres onzas de oro. Que el secretario componga un oficio con estas ideas y lo baje a firma en la plaza, y que el propio que trajo la carta maldita regrese a la capital con la m\u00eda.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>El capit\u00e1n<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Observa el mar, el mar fr\u00edo y gris y taciturno del golfo es m\u00e1s amable que los seres humanos a quienes con gusto mandar\u00eda al carajo. Gobierna el tim\u00f3n desde que salieron, aprieta el hierro como si fuera a dejar sus huellas, que el piloto duerma pues \u00e9l prefiere estar ocupado a revolcarse en la litera, y prefiere atender al mar, al terrible mar, el amado mar, el amenazante mar que no tarda en exponer su furia, y que aliado con el cielo va pronto a zarandearlos y aterrorizar\u00e1 a la indiada. \u00c9l va a gozar, un marino conoce que el temporal s\u00f3lo dura unas horas y nada m\u00e1s lo pone a prueba. \u00a1Marino! Se pregunta si a\u00fan lo es, si retiene los sue\u00f1os del grumete que hace a\u00f1os se alist\u00f3 en un velero con el anhelo de ser un d\u00eda el m\u00e1s grande almirante de la patria. \u00a1Mejor no recordar! Mejor no recordar que se ha vuelto un mercader, un vil abarrotero que compra y vende lo que sea por unos cuantos reales, que lo \u00fanico que hoy desea es prevenir una vejez tranquila, que ni siquiera respeta a su barco pues lo alquila para la trata de esclavos y se vale de la oscuridad para esconder el crimen. Mejor no pensar en los hombres y las mujeres y los ni\u00f1os que hace m\u00e1s de un d\u00eda subieron en Sisal y desfilaron por el puente, unidos con grillos y cadenas, inexpresivos, \u00a1dignos!, como si valieran m\u00e1s que \u00e9l, y ahora se amontonan junto a las m\u00e1quinas que abrasan y vomitan vapor y han de creer demonios. Menos quiere evocar al chiquillo vestido de azul y blanco que andaba entre sus padres, como si fuera un malhechor, carajo, y que gir\u00f3 para verle con ojos perplejos, sin imaginar que al descender encontrar\u00eda, en la bodega sobre las aguas revueltas, el purgatorio que en tierra firme ser\u00e1 el infierno para toda su vida, el infierno que ni el sombr\u00edo diluvio que empieza a caer podr\u00e1 apagar. Afloja los dedos, le duelen, y clava los ojos en la bandera tricolor izada en la proa.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>Los indios<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los m\u00e1s viejos de nuestros viejos no podr\u00e1n contar lo que sucede a los que nos alzamos cuando los blancos nos quitaron las milpas y nos quemaron las trojes y nos hicieron sembrar el <em>kij <\/em>que no se come. Por atacar como antes ellos atacaron a nuestros padres y a nuestras mujeres estamos aqu\u00ed, en medio del mar, vigilados por los <em>kisines<\/em>, y nuestros dioses, los que nacieron en nuestro mundo, los m\u00e1s primeros, est\u00e1n enojados. Kukulc\u00e1n se enfurece pues los hombres que caminamos la tierra hemos molestado a Zamn\u00e1, y entre los dos nos zangolotean a los indios, y obligan a sacar las l\u00e1grimas que supimos guardar cuando la tristeza m\u00e1s las empujaba y nos ve\u00edan los blancos. El terror es mucho ya y el hambre nos puede, s\u00f3lo nos dan bizcochos duros y el <em>chool<\/em> que aturde y ayuda a olvidar, pero causa sed, y el agua del calabazo apesta. El <em>chan paal<\/em> se ve mejor, va y viene entre su <em>t\u00e1ata<\/em> y su <em>na\u2019<\/em>, ella le ofrece el pecho y la sonrisa satisfecha debajo del sombrerito azul nos da luego la paz que no tenemos, su <em>k\u00f3otoncito<\/em> dej\u00f3 de ser blanco pues no teme y juega con el carb\u00f3n que el <em>cheem<\/em> traga.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes pensamos, pero no r\u00e1pido lo pensamos, tardamos pues nuestros pensamientos no van muy ligeros, que ten\u00edamos que defendernos y nos alzamos. Pero morimos de nuevo y el superior gobierno nos manda lejos. Muchos soles y muchas lunas nos tuvieron antes en la mazmorra oscura y hedionda, nadie daba a los indios m\u00e1s que tortilla y atole, nadie nos ten\u00eda l\u00e1stima, ni el cura ese nos consol\u00f3, y menos su Dios. Nadie nos dice a d\u00f3nde nos llevan, \u201cno son gente de raz\u00f3n\u201d dicen, \u201clo dec\u00eda el papel donde pusieron su cruz\u201d, dicen, \u201ca donde van aprender\u00e1n a caminar derecho\u201d, dicen.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>El empresario<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo despierta el ca\u00f1onazo de las 4.30. Oye al poco que las puertas de la muralla se abren y los guajiros que arr\u00edan vacas y cerdos y mulos cargados de viandas entran a La Habana. Se despabila pues el \u201cM\u00e9xico\u201d aparecer\u00e1 hacia el mediod\u00eda y resta mucho por hacer; tan pronto atraque y los inspectores aduanales y m\u00e9dicos revisen la carga, habr\u00e1 de subirse a los carretones y, sin perder un minuto, conducirla hasta el mercado de San Francisco. Llegan 200 mayas robustos, sanos, sin vicios, con algunas mujeres y ni\u00f1os que har\u00e1n que la puja suba. El agente de M\u00e9rida escribi\u00f3 que no debo temer: aunque varios fueron insurrectos, los amans\u00f3 el tiempo en prisi\u00f3n y esa raza puede ser d\u00f3cil, el apremio de los azotes los logra morigerar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero \u00e9l prefiere no correr riesgos. Lo mejor es vender presto las contratas, que los siervos se vayan r\u00e1pido y los corrijan sus amos. Si al caer la tarde quedan algunos, bajar\u00e1 su precio. M\u00e1s vale perder un poco que gastar en frijol, arroz y boniato para alimentarlos, darles techo por la noche, menos exponerse a que los levantiscos perturben el orden, atraigan al celador y los guardias y l\u00eden su trato con el capit\u00e1n general.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Repasa los pendientes. El tenderete con el toldo de rayas rojas y amarillas y los gallardetes para atraer la atenci\u00f3n est\u00e1 listo para vender la mercanc\u00eda. Los avisos en los diarios aseguran que llegar\u00e1 un enjambre de compradores. Los empleados corren del escritorio al muelle de la Luz, del almac\u00e9n a la aduana, del ret\u00e9n sanitario a la Lonja. Todo parece en orden: los carretones en l\u00ednea, los grillos y las cadenas prontos, dispuestos los r\u00f3tulos que colgar\u00e1n de los distintos cuellos. Siente como la sangre le corre por las venas y las arterias, pero de repente se paraliza: \u00a1los haberes del capit\u00e1n! Calma, la libranza sobre Nueva York aguarda en una carpeta, la casa es seria, paga lo que ofrece, emplea a quien sabe cumplir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El gozo lo invade. Las onzas de oro brillan ya ante sus ojos, tintinean junto a sus o\u00eddos, entibian la palma de sus manos y la imaginaci\u00f3n. Porque descubrir Yucat\u00e1n ha sido como descubrir \u00c1frica. La situaci\u00f3n es \u00fanica y \u00e9l la ha sabido explotar: Cuba exige brazos baratos; la abolici\u00f3n del comercio de negros da\u00f1\u00f3 su econom\u00eda; los mayas contratados como siervos los suplir\u00e1n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero un buen empresario no debe fiarse sino estar alerta y \u00e9l vela por sus negocios, prev\u00e9 el futuro. De donde no dejar\u00e1 que el \u201cM\u00e9xico\u201d zarpe sin flete, decenas de sacos de az\u00facar y tabaco ya esperan en el almac\u00e9n; tan pronto repare sus aver\u00edas, el vapor tomar\u00e1 rumbo a C\u00e1diz, donde los entregar\u00e1.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora deja de discurrir, no se entretiene m\u00e1s. Y es que si descansa, pierde, y si pierde, fenece. Se apresura por la orilla del malec\u00f3n para alcanzar el muelle y vigilar en persona el arribo de la valiosa mercanc\u00eda.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>Los diputados<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Sr. secretario, pase la lista de asistencia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Tenemos qu\u00f3rum, se\u00f1or presidente, la sesi\u00f3n puede comenzar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014-Lea el primer punto del orden del d\u00eda.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014-La comisi\u00f3n de Yucat\u00e1n propone recomendar al Poder Ejecutivo que revoque la ordenanza de impedir el embarque de indios prisioneros. Arguye que el gobernador actu\u00f3 forzado por la necesidad y la prudencia y fue generoso con los cautivos, quienes antes debieron prever el castigo de sus atrocidades; que tambi\u00e9n pens\u00f3 en el bien del estado, donde ahora la paz favorecer\u00e1 el progreso, y en el de la Federaci\u00f3n, que dejar\u00e1 de enviar dinero y podr\u00e1 disponer de \u00e9l para otros gastos urgentes.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Ciudadanos diputados, tienen ustedes la palabra.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Honorable Congreso, hablo por los estados del norte. Sus representantes me han comisionado para apoyar la propuesta, nosotros sabemos lo que es vivir asediados por los salvajes. Yucat\u00e1n ha estado a punto de perderse, lo que sus autoridades hacen es salvaguardar a la raza blanca y permitir que el ej\u00e9rcito acuda a otras fronteras.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Igual sucede en Oaxaca y Chiapas, se\u00f1ores, y hasta peor. No es cuesti\u00f3n de si los proscritos son indios, ni si se violan los derechos del hombre, sino de que tratamos con malhechores. Deport\u00e1ndolos se les hace la gracia de la vida y a sus familias de civilizarse.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Cuidado, compatriotas, la frase \u201cderechos del hombre\u201d es falaz y confunde. Resulta claro que la venta no fue simulada ni inmoral, como clama la prensa, sino que los reos firmaron antes de partiruna contrata escrita en espa\u00f1ol y en maya, por su voluntad y libremente. Consideren sobre todo que ya podremos empezar el pago de los acreedores extranjeros.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Los estados del golfo deseamos alentar el comercio, se\u00f1ores. Hay que extender el cultivo y la venta del henequ\u00e9n, pero los mayas no lo entienden, neciamente se apegan a sus sementeras.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfY el ahorro en c\u00e1rceles, diputados? No es posible mantener a tal aglomeraci\u00f3n de presos, menos vigilarlos. Mejor que se vayan.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Legisladores, no olvidemos tampoco el respeto a la Constituci\u00f3n. El Poder Ejecutivo no nos tom\u00f3 en cuenta al prohibir el embarque de los indios. Apoyemos la propuesta, aunque nada m\u00e1s sea para evitar sus medidas autoritarias.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Creo que lleg\u00f3 el momento de votar, se\u00f1or secretario.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Quienes est\u00e9n por la afirmativa, favor de manifestarlo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Se\u00f1or presidente, existe unanimidad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u2014Honorable Congreso, esta presidencia har\u00e1 la recomendaci\u00f3n correspondiente al Poder Ejecutivo. Pasemos al asunto siguiente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>El ni\u00f1o<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Se va el miedo cuando la <em>na\u2019<\/em> me ci\u00f1e entre sus brazos y tomo su pez\u00f3n, la leche me calienta por dentro y me sosiega, olvido al <em>t\u00e1ataa<\/em> que se qued\u00f3 atr\u00e1s, derribado en el piso por el correazo que le solt\u00f3 el hombre que nos trajo desde el barco. Es que el <em>t\u00e1ataa <\/em>se atraves\u00f3 cuando el <em>kisin<\/em> colorado que nos lleva en la carreta desvisti\u00f3 a la <em>na\u2019<\/em>, le toc\u00f3 los pechos y las piernas con las manos, le abri\u00f3 la boca con los dedos y mir\u00f3 sus dientes, luego abri\u00f3 la m\u00eda y mir\u00f3 los m\u00edos, ri\u00e9ndose nos miraba a la <em>na\u2019 <\/em>y a m\u00ed, ri\u00e9ndose sac\u00f3 <em>taak\u2019in <\/em>del bolsillo y lo dio ri\u00e9ndose al hombre del barco, me enojan sus ojos y su risa. Pongo la mejilla junto al pecho de la <em>na\u2019<\/em>, mis entra\u00f1as est\u00e1n tibias y cabeceo, aunque la carreta brinca mucho y ella tiembla y suspira y me impide dormir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Me veo mayor, estoy con unos hombres de piel oscura, el sol flamea en el sembrad\u00edo mientras descansamos a la sombra de la ceiba, les cuento sobre el d\u00eda en que unos hombres como ellos metieron a mi na\u2019 en un caj\u00f3n de madera y la enterraron al otro lado del r\u00edo; entonces me qued\u00e9 solo, con el coraz\u00f3n roto, antes ella estuvo muy triste, tirada en el piso no pod\u00eda alzarse, su leche se hizo agria y aguada, me supo mal.<\/em><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la carreta se sacude de un lado y del otro y la <em>na\u2019<\/em> llora sin llorar, me le pego con ganas, ella me aprieta con el rebozo y me acaricia la espalda y el sol clava sus p\u00faas a trav\u00e9s de mi gorrito azul y el <em>k\u00f3otoncito<\/em> blanco de los d\u00edas de fiesta.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Les digo que m\u00e1s nunca mir\u00e9 al t\u00e1ataa, que luego se dijo de un indio que huy\u00f3 al camino para buscar a su hijo y a su mujer, que lo descubri\u00f3 su patr\u00f3n y lo dej\u00f3 morir en el cepo; que tengo el p\u00e1lpito de que era \u00e9l, no, lo creo, de seguro cumpli\u00f3 la promesa que sus ojos nos hicieron en el mercado<\/em>.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">No puedo dormir, la carreta se menea, la <em>na\u2019<\/em> gime, escondo el rostro en su hombro, pero lo levanto para ver al<em> t\u00e1ataa<\/em>, intento distinguirlo, a cada vuelta de las ruedas \u00e9l se achica hasta ser ausencia. Me enredo en el rebozo, es mejor, doblo las rodillas y las piernas, el calor fastidia pero qu\u00e9 importa, mientras juego a que el tiempo se detiene y nada sucede. Succiono, muerdo, la <em>na\u2019 <\/em>se queja.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Me preguntan sobre el lugar donde nac\u00ed, quieren saber c\u00f3mo es, yo callo pero necean, digo que olvid\u00e9 casi todo, a mi memoria s\u00f3lo la visitan una mazmorra negra donde pas\u00e9 muchos d\u00edas y ol\u00eda mal, y un cura gordo que me quer\u00eda separar de mi na\u2019, y un hombre que mucho me ve\u00eda en el barco, y los dioses furiosos que nos zarandeaban, y el t\u00e1ataa que no quer\u00eda que los kisines nos separasen, miedo siento de \u00a0recordar.<\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rezInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 49. El destino mezcla las cartas, maare, y nosotros las jugamosRefr\u00e1n yucateco El fraile &nbsp; Las tumbas que rodean a la ermita hablan de quienes acaban de irse. Paseas entre ellas mientras aspiras el roc\u00edo de la madrugada, ojal\u00e1 que el fresco durara todo el d\u00eda. Tratas de rezar, no puedes, piensas cu\u00e1n poco has hecho por tus hermanos, los m\u00e1s peque\u00f1os, los m\u00e1s desvalidos, pero piensas adem\u00e1s que, de hacerlo, tus feligreses y el mismo obispo se habr\u00edan molestado. Santo Dios, de haber cumplido con tu deber cristiano, estar\u00edas m\u00e1s sosegado, al menos pudiste intentar que las mujeres y los ni\u00f1os se quedaran, siquiera el cr\u00edo ese del gorrito azul y el k\u00f3otoncito blanco que montaba a la jineta en la cadera de su madre, que se aferr\u00f3 a ella y chill\u00f3 cuando quisiste abrazarlo y<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2205,5],"tags":[60,2255,2495,2033],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15275"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15275"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15275\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22794,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15275\/revisions\/22794"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15275"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15275"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15275"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}