﻿{"id":15266,"date":"2020-09-09T16:53:08","date_gmt":"2020-09-09T21:53:08","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15266"},"modified":"2025-09-10T20:50:27","modified_gmt":"2025-09-11T02:50:27","slug":"senores-acaba-de-morir-el-senor-presidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/senores-acaba-de-morir-el-senor-presidente\/","title":{"rendered":"Se\u00f1ores, acaba de morir el se\u00f1or presidente\u2026"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Graziella Altamirano Cozzi<br \/>Instituto Mora<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/strong><\/em><strong>o, n\u00fam. 49.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_49_Testimonio_acaba_morir.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Era ya de madrugada. Una espesa neblina envolv\u00eda el jacal de la sierra poblana donde descansaba el presidente Carranza sobre las sudaderas de su caballo y usando como almohada la silla de montar. Iba caminando a Veracruz, perseguido por antiguos partidarios militares alzados contra su gobierno. El silencio era inquietante hasta que sonaron unos balazos.<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image size-full wp-image-15321\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"548\" class=\"wp-image-15321 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_49099.jpg\" alt=\"Ind\u00edgenas conducen por la sierra el ata\u00fad con los restos de Venustiano Carranza, mayo de 1920, inv. 40667, SINAFO. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_49099.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_49099-300x205.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_49099-624x427.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/>\r\n<figcaption>Ind\u00edgenas conducen por la sierra el ata\u00fad con los restos de Venustiano Carranza, mayo de 1920, inv. 40667, SINAFO. Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00c9X. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption>\r\n<\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Tlaxcalantogo, Puebla fue el destino final del presidente Venustiano Carranza. Su gobierno constitucional, iniciado en mayo de 1917 se hab\u00eda enfrentado a los graves problemas que le dejaron siete a\u00f1os de lucha armada. La prolongada guerra civil hab\u00eda paralizado todos los sectores productivos que llevaron a una severa crisis econ\u00f3mica. En pol\u00edtica se hab\u00eda tenido que lidiar con la resistencia de ciertos sectores que se negaban a acatar las nuevas disposiciones de la reci\u00e9n promulgada Carta Magna, sobre todo en lo relativo a las elecciones federales y locales, las cuales se hab\u00edan efectuado de manera irregular en todo el pa\u00eds. En el aspecto militar, pese al fin oficial de la revoluci\u00f3n, la paz no se hab\u00eda restablecido y el ej\u00e9rcito carrancista, cada vez m\u00e1s indisciplinado y mal pagado por la situaci\u00f3n reinante, deb\u00eda combatir a distintas facciones rebeldes que prevalec\u00edan por casi todo el territorio nacional. Un militarismo, profundamente arraigado tras largos a\u00f1os de lucha acrecentaba los conflictos entre autoridades civiles y militares que se resist\u00edan a perder el poder alcanzado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En el a\u00f1o de 1919, cuando en gran parte del territorio nacional continuaba la actividad de numerosos grupos armados se desat\u00f3 la agitaci\u00f3n pol\u00edtica para la renovaci\u00f3n de los poderes federales y la sucesi\u00f3n presidencial se present\u00f3 en medio de esta conflictiva situaci\u00f3n. Pese a que el presidente Carranza pretendi\u00f3 aplazar las elecciones con el fin de proseguir con las campa\u00f1as de pacificaci\u00f3n, surgieron las candidaturas de dos prestigiados generales de la revoluci\u00f3n: \u00c1lvaro Obreg\u00f3n y Pablo Gonz\u00e1lez. El propio Carranza, tratando de restar poder a dichos militares que contaban con el apoyo de amplios sectores populares, escogi\u00f3 como sucesor a un candidato civil, el ingeniero Ignacio Bonillas, a la saz\u00f3n embajador de M\u00e9xico en Washington, un hombre desconocido para la mayor\u00eda de los mexicanos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Los candidatos iniciaron sus respectivas campa\u00f1as buscando el apoyo de la poblaci\u00f3n, pero ante los actos hostiles del gobierno carrancista contra Obreg\u00f3n, \u00e9ste se prepar\u00f3 para recurrir a las armas y se adhiri\u00f3 al levantamiento iniciado en Sonora por Adolfo de la Huerta, quien en abril de 1920 proclam\u00f3 el Plan de Agua Prieta, desconociendo a Carranza como presidente y llamando a la insurrecci\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Muy pronto, la invitaci\u00f3n a las armas fue secundada por los partidarios de los generales \u00c1lvaro Obreg\u00f3n y Pablo Gonz\u00e1lez; por numerosos militares que ya no apoyaban al presidente, as\u00ed como por grupos rebeldes diseminados por todo el pa\u00eds. Ante la gravedad de la situaci\u00f3n y el peligro que representaban las fuerzas del general Gonz\u00e1lez que se acercaban a la capital, Carranza decidi\u00f3 salir hacia Veracruz para organizar desde ah\u00ed la resistencia, como lo hab\u00eda hecho en el pasado, y parti\u00f3 con una inmensa caravana de 60 vagones que transportaba partidarios, archivos, armas y haberes. A lo largo del trayecto el peligro fue creciendo de estaci\u00f3n en estaci\u00f3n hasta que el levantamiento de las v\u00edas ferroviarias en el tramo Rinconada-Aljibes lo oblig\u00f3 a continuar el viaje a caballo por la sierra norte de Puebla. Despu\u00e9s de varios d\u00edas de una larga y penosa cabalgata por caminos sinuosos y lluvias constantes, la caravana cruz\u00f3 el r\u00edo Necaxa, pas\u00f3 por Patla y lleg\u00f3 a las inmediaciones de La Uni\u00f3n, donde se present\u00f3 el general Rodolfo Herrero, que poco antes se hab\u00eda amnistiado al gobierno carrancista y quien\u00a0 persuadi\u00f3 al presidente de pernoctar en Tlaxcalantongo. Esta ser\u00eda la \u00faltima traici\u00f3n.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente testimonio es del entonces capit\u00e1n Ignacio Su\u00e1rez, miembro del Estado Mayor del presidente Carranza, quien lo acompa\u00f1\u00f3 en esta traves\u00eda y estuvo con \u00e9l hasta su \u00faltimo aliento. (Tomado de la entrevista al Teniente Coronel Ignacio Su\u00e1rez realizada por Alexis Arroyo y Daniel Cazes en la ciudad de M\u00e9xico, enero de 1961. (PHO\/1\/85). Archivo de la Palabra, Instituto Mora).<\/p>\r\n\r\n\r\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">Entrevista con el capit\u00e1n Ignacio Su\u00e1rez<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Entramos a Tlaxcalantongo, es una mesa rodeada en sus tres cuartas partes por abismos, barrancas y la planicie para continuar en la sierra. Todo el tiempo estuvo lloviendo, casi desde la noche que salimos de aqu\u00ed. La lluvia, m\u00e1s o menos fuerte, no nos abandon\u00f3, sobre todo en la sierra fue pertinaz y constante, llegamos empapados y entramos con una neblina que apenas pod\u00edamos distinguir a unos ciento cincuenta o doscientos metros, no m\u00e1s. Rodolfo Herrero, que se acababa de rendir al gobierno y estaba guarnicionando toda la regi\u00f3n se constituy\u00f3 en gu\u00eda de la columna despu\u00e9s de haber sido presentado al presidente Carranza por el general Mariel. Me acuerdo que pasamos frente a una iglesia cuyos muros de piedra ofrec\u00edan buen lugar para acuartelarse, pero el techo estaba hundido y todo el piso cubierto de cascajo, entonces Herrero le dijo al se\u00f1or presidente que avanzara m\u00e1s al centro para que le diera alojamiento ah\u00ed en el mejor jacal del poblado. El tal jacal era una casa de m\u00e1s o menos seis metros de largo por cuatro de ancho, las paredes eran de madera como de tejaman\u00ed, y el techo cubierto de zacate o de palma; era un techo donde no se met\u00eda la tierra. No ten\u00eda m\u00e1s que una sola puerta, ni ventanas ni nada, era cerrado, con el piso de tierra y una mesa clavada en el centro con dos banquitos sin respaldo, no hab\u00eda m\u00e1s. Entonces pregunt\u00f3 el se\u00f1or presidente a Herrero si no hab\u00eda otro jacal que siquiera tuviera piso de madera, que estuviera mejor. \u201cNo, este es el mejor jacal del pueblo, en este es el local del juzgado, los otros est\u00e1n peores\u201d. Llegaron naturalmente muchos generales de la comitiva, ah\u00ed se reunieron con el jefe el licenciado Cabrera, el general Murgu\u00eda, el general Federico Montes, el general Marciano Gonz\u00e1lez y los principales jefes. Llegaron a cumplimentar al se\u00f1or presidente, quien estuvo platicando con ellos un rato.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dCuando iba yo a desmontar, el general Murgu\u00eda me dijo: \u2018Mire capit\u00e1n, vea usted al jefe del Estado Mayor \u2013que era el coronel Fernando de Le\u00f3n\u2013, d\u00edgale que de acuerdo con el general Herrero sit\u00faen las avanzadas, porque aqu\u00ed el general conoce el lugar y que le diga d\u00f3nde es m\u00e1s conveniente ponerlas para proteger esta poblaci\u00f3n.\u2019 Como hab\u00eda mucha neblina, casi no se ve\u00eda, me puse a gritarle al coronel de Le\u00f3n, quien situ\u00f3 las avanzadas a la entrada y salida del lugar por donde hab\u00edamos pasado. As\u00ed es que se qued\u00f3 aparentemente cubierto el lugar porque todo lo dem\u00e1s eran barrancas. Entonces, ya desmont\u00e9.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dPoco despu\u00e9s de eso, avis\u00f3 Herrero que acababa de recibir noticia de que su hermano se hab\u00eda herido accidentalmente al limpiar una pistola. Todav\u00eda el jefe le dijo: \u2018\u00bfA ver qui\u00e9n tiene por ah\u00ed materiales para curaci\u00f3n?\u2019 Y alguien sac\u00f3 un morralito con vendas y un poco de yodo y se lo dio a Herrero para que curara a su hermano. Se despidi\u00f3 y se fue. Cuando supo el general Murgu\u00eda que Herrero se hab\u00eda ido no le cay\u00f3 bien la cosa y se fue a ver al jefe y le dijo: \u2018Oiga jefe, yo veo sospechoso esto de que Herrero se haya ido y nos haya dejado aqu\u00ed cuando \u00e9l era el gu\u00eda.\u2019 Le contest\u00f3 que hab\u00eda pedido permiso porque su hermano estaba herido. De todos modos al general Murgu\u00eda no le pareci\u00f3 bien eso y se retir\u00f3. El jefe se qued\u00f3 solo ah\u00ed en su jacal. Yo estaba con \u00e9l y me dijo lo siguiente: \u2018Vea usted si no han desmontado todos, que no desmonten para salir de aqu\u00ed.\u2019 Entonces fui a recorrer todo el poblado, pero me encontr\u00e9 que todos hab\u00edan desensillado y que andaban buscando pasturas para los animales ah\u00ed por la orilla de la barranca. No hab\u00eda pasturas, ni hab\u00eda v\u00edveres; ya el pueblo estaba casi desierto y no hab\u00eda tiendas ni hab\u00eda nada\u2026 En medio de la neblina anduve buscando, pero ya todos hab\u00edan desensillado y en unas milpillas que estaban ah\u00ed en medio de la barranca eso andaban cortando personalmente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Fui y le dije al se\u00f1or presidente: \u2018Ya todos han desensillado, pero si usted ordena, ah\u00ed con Secundino (era su caballerango) \u2212hab\u00eda un soldado que tra\u00eda su corneta\u2212 que toque reuni\u00f3n y salimos de aqu\u00ed.\u2019 Dijo: \u2018No. Vamos a esperar.\u2019 Entr\u00f3 al jacal y empez\u00f3 a hacerse noche y llegaron ah\u00ed a quedarse a dormir con el se\u00f1or presidente, el licenciado Aguirre Berlanga, su ministro de Gobernaci\u00f3n; don Pedro Gil Far\u00edas, su secretario particular, y don Mario M\u00e9ndez, director de Tel\u00e9grafos, mi compa\u00f1ero Amador y yo, que nos quedamos ah\u00ed sentados en el umbral del jacalito, y casi no ve\u00edamos nada porque era pura neblina. Ah\u00ed est\u00e1bamos platicando silenciosamente y los dem\u00e1s con los av\u00edos de sus monturas y las sillas se hab\u00edan improvisado sus camas. Inclusive el se\u00f1or presidente, su silla era su cabecera, las sudaderas eran su colch\u00f3n y una manta era con lo que se cubr\u00eda. En esas condiciones platic\u00e1bamos mi compa\u00f1ero Amador y yo en voz baja, sentados los dos, uno al lado del otro, para cuchichear y no despertar a los que estaban durmiendo, yo de cara hacia afuera, cuando como a las dos de la ma\u00f1ana veo all\u00e1 entre la neblina una peque\u00f1a luz que parec\u00eda avanzar. Le dije a Amador: \u2018Oye, mira ah\u00ed viene alguien, trae una luz, vamos a ver qui\u00e9n es.\u2019 Entonces nos paramos los dos, Amador avanz\u00f3 y lanz\u00f3 el \u00a1qui\u00e9n vive! Y contestaron: \u2018Gente del general Murgu\u00eda.\u2019 Efectivamente, era el ayudante del general Murgu\u00eda, el entonces teniente Francisco del Valle Arizpe (hermano de don Artemio), le dijo a Amador, como a unos cinco pasos de la puerta: \u2018Aqu\u00ed vino este se\u00f1or, un ind\u00edgena, que trae un recado del general Mariel para el general Murgu\u00eda, en el cual le dice que no hay novedad all\u00e1.\u2019 Pero ya el se\u00f1or presidente hab\u00eda despertado preguntando qui\u00e9n era ese se\u00f1or. Le dije: \u2018Se\u00f1or, es Valle, ayudante de Murgu\u00eda, que viene con un ind\u00edgena que trae un recado.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201d\u2212Que pase \u2013dijo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dPor todo alumbrado hab\u00eda en la mesa un cabito de vela que alguien encendi\u00f3. Adem\u00e1s, ellos tra\u00edan un farolito, era la luz que yo hab\u00eda visto que se dirig\u00eda al jacal. En-<br \/>tonces se levant\u00f3 el se\u00f1or presidente, le dieron el recado y le dijo: \u2018D\u00edgale al general Murgu\u00eda que est\u00e1 bien, pero de todos modos que est\u00e9n listos para salir lo m\u00e1s temprano posible.\u2019 Se retiraron y entonces el se\u00f1or presidente volvi\u00f3 a leer el recado que dec\u00eda poco m\u00e1s o menos que ya sal\u00edan fuerzas de Villa Ju\u00e1rez en nuestro auxilio y nos dijo que todo estaba bien. (El se\u00f1or presidente le hab\u00eda encargado al general Mariel que le comprara ah\u00ed en Villa Ju\u00e1rez algo de ropa interior porque no ten\u00eda). \u2018Ya estoy tranquilo sobre ese particular \u2212dijo\u2212, ahora s\u00ed voy a poder dormir, apaguen la luz para levantarse temprano, ya ven ustedes que no hay m\u00e1s que ese cabito.\u2019 Ya apagaron la luz y cada quien se qued\u00f3 ah\u00ed. Amador y yo volvimos a nuestro sitio, nos tendimos ah\u00ed en el propio umbral de la puerta, no se ve\u00eda nada para afuera, la oscuridad era absoluta, se pon\u00eda uno la mano enfrente y no se la ve\u00eda. La neblina era muy densa y la lluvia pertinaz. Nada m\u00e1s se o\u00eda el ruido de la lluvia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dSer\u00edan m\u00e1s de las dos de la ma\u00f1ana cuando bruscamente la descarga de un rifle y m\u00e1s, que nos son\u00f3 en los o\u00eddos propiamente, pues no hab\u00eda m\u00e1s que unas paredes muy delgadas de madera. Entonces nos levantamos bruscamente Amador y yo por si el enemigo ven\u00eda por ah\u00ed\u2026 nada\u2026 no se o\u00eda murmullo ninguno, aquella descarga fue cerrada en unas calles que se oyeron, muri\u00f3 un asistente que estaba ah\u00ed con Secundino al otro lado del jacal, a unos seis metros del jacal. Se o\u00edan los ayes del herido, pero no hab\u00eda ning\u00fan enemigo frente a la puerta del jacal, que se hubieran o\u00eddo pasos o cosas por el estilo. Entonces empez\u00f3 al instante otro tiroteo. Estaban atacando el jacal del general Murgu\u00eda y algunos otros. Se o\u00edan los disparos distantes, pero ya no ah\u00ed, ah\u00ed ya hab\u00eda vuelto otra vez el silencio. Entonces comprend\u00ed que si volv\u00edan a atacar ah\u00ed estaba muy peligroso porque no hab\u00eda ninguna protecci\u00f3n con aquellas paredes tan delgadas y dije: \u2018Voy a sacar de aqu\u00ed al se\u00f1or presidente porque, \u00bfqu\u00e9 defensa prestan unas paredes tan delgadas que f\u00e1cilmente perfora un proyectil?\u2019 Lo prudente era salirse al campo raso para poderse defender. Volv\u00ed a entrar al jacal y me dirig\u00ed al sitio, en medio de la oscuridad, donde yo sab\u00eda que reposaba el se\u00f1or presidente. Entonces llegu\u00e9 a su lado, me fui dirigiendo al tacto por la mesa que estaba en medio de la pieza; me fui por un lado de ella hasta donde estaba y le dije: \u00a1se\u00f1or, se\u00f1or! Yo lo encontr\u00e9, no acostado, no levantado, sino semiincorporado, como quien est\u00e1 haciendo el esfuerzo para levantarse. Eso lo not\u00e9 porque o\u00ed su voz, no su voz, su estertor, ya no habl\u00f3 nada, yo no lo o\u00ed hablar nada\u2026 ese ruido caracter\u00edstico de una persona que est\u00e1 en agon\u00eda me hizo comprender que estaba herido. Entonces me arrodill\u00e9 a su lado, pos\u00e9 mi brazo derecho por su espalda para que se apoyara ah\u00ed y le tom\u00e9 el pulso del brazo izquierdo. Estaba bien el pulso, como debe estar, pero empez\u00f3 a disminuir, lentamente, lentamente, lentamente\u2026 y ces\u00f3, ces\u00f3 por completo el estertor, entonces not\u00e9 que hab\u00eda muerto y que ya no hab\u00eda pulso, no hab\u00eda ning\u00fan ruido y suavemente lo tend\u00ed otra vez. Me levant\u00e9 y con un reloj de pulsera luminoso que ten\u00eda entonces, les dije: \u2018Se\u00f1ores, acaba de morir el se\u00f1or presidente, son las cuatro veinte de la ma\u00f1ana, acaba de fallecer.\u2019<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dEn esa situaci\u00f3n todos los dem\u00e1s quedaron anonadados, supongo yo, por la pena y el dolor, no se levantaron ni nada, sino se quedaron tendidos en sus respectivos lugares donde estaban acostados. Entonces entr\u00f3 la primera horda, no entr\u00f3 de golpe, sino que se qued\u00f3 en la puerta y que salieran los que estaban ah\u00ed.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201d\u2013Pues no salimos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201d\u2212Pues s\u00ed salen, \u00a1que enciendan la luz!<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dBueno, pues alguien encendi\u00f3 la luz, entonces en- traron y se dedicaron al saqueo, registraron ah\u00ed, y cuando llegaron a donde estaba el cad\u00e1ver del se\u00f1or presidente, me levant\u00e9 lleno de coraje y de ira y le dije: \u2018Miren ustedes lo que han hecho, han matado al mejor presidente que ha tenido M\u00e9xico\u2019, y tal vez otra frase gruesa se me sali\u00f3. Y ellos continuaban, pero el licenciado Aguirre Berlanga, que estaba como a un metro del se\u00f1or presidente as\u00ed acostado que estaba adem\u00e1s amenazado, junto con los dem\u00e1s que estaban acostados, por tres o cuatro hombres con los rifles como a veinte o treinta cent\u00edmetros del pecho, tendido sobre el pecho, los estaban saqueando, sac\u00e1ndoles de los bolsillos todo lo que ten\u00edan, me hizo la se\u00f1a de que me callara, que ya no siguiera provocando m\u00e1s\u2026 Les dije que yo no me sal\u00eda, que ten\u00eda que estar con el cad\u00e1ver del se\u00f1or presidente ah\u00ed. Como a los diez minutos lleg\u00f3 la segunda horda. Esa fue m\u00e1s feroz que la primera, eran unos desarrapados que ni siquiera estaban vestidos, nom\u00e1s tra\u00edan taparrabos, tambi\u00e9n vieron qu\u00e9 m\u00e1s hab\u00eda quedado para saquear y llegaron al lugar donde estaba el jefe\u2026 Yo me quer\u00eda quedar con el cad\u00e1ver del se\u00f1or presidente, a su lado, y no me dejaron.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201d\u2013S\u00e1lgase. \u201d\u2212No me salgo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201d\u2212Usted tiene que salir con los dem\u00e1s.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\u201dEntonces le dije: \u2018\u00bfQui\u00e9n es su jefe? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1? Le voy a pedir que me quede yo a su lado, yo qu\u00e9 peligro voy a ser para ustedes.\u2019 No me dijo nada y en eso lleg\u00f3 Se- cundino y se qued\u00f3 con \u00e9l, entonces sal\u00ed a buscar a su jefe para decirle que me permitiera quedarme.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201dEn medio de aquella neblina y aquella oscuridad ya se ve\u00eda un ligero amanecer, ya se divisaban las siluetas de los jacales y algunos \u00e1rboles, entonces distingu\u00ed a cierta distancia un individuo, el \u00fanico que vi montado a caballo, se ve\u00eda precisamente ah\u00ed una silueta cubierta con manga de hule y sombrero ancho. Me dije, este ha de ser el jefe. Me acerqu\u00e9 a \u00e9l y cu\u00e1l ser\u00eda mi sorpresa cuando levant\u00f3 la cabeza, era Herrero. Me vio, seguramente me reconoci\u00f3, apur\u00f3 a su animal y se fue y se fue y se fue\u2026 Me aprehendieron y ya no pude regresar.\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\">PARA SABER M\u00c1S:<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li>Guzm\u00e1n, Mart\u00edn Luis, <em>Muertes hist\u00f3ricas. Febrero de 1913<\/em>, M\u00e9xico, Joaqu\u00edn Mortiz, 2014.<\/li>\r\n<li>Krauze, Enrique, <em>Venustiano Carranza. Puente entre siglos<\/em>, FCE, 1987.<\/li>\r\n<li>Visita al Museo Casa de Carranza en la Ciudad de M\u00e9xico.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Graziella Altamirano CozziInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 49. Era ya de madrugada. Una espesa neblina envolv\u00eda el jacal de la sierra poblana donde descansaba el presidente Carranza sobre las sudaderas de su caballo y usando como almohada la silla de montar. Iba caminando a Veracruz, perseguido por antiguos partidarios militares alzados contra su gobierno. El silencio era inquietante hasta que sonaron unos balazos. Tlaxcalantogo, Puebla fue el destino final del presidente Venustiano Carranza. Su gobierno constitucional, iniciado en mayo de 1917 se hab\u00eda enfrentado a los graves problemas que le dejaron siete a\u00f1os de lucha armada. La prolongada guerra civil hab\u00eda paralizado todos los sectores productivos que llevaron a una severa crisis econ\u00f3mica. En pol\u00edtica se hab\u00eda tenido que lidiar con la resistencia de ciertos sectores que se negaban a acatar las nuevas disposiciones de la reci\u00e9n promulgada Carta Magna, sobre todo en<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2205,773],"tags":[2222,1007,2623,78,2223],"class_list":{"0":"post-15266","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-49","7":"category-testimonios-2","8":"tag-cararranza","9":"tag-entrevista","10":"tag-muerte-presidencial","11":"tag-revolucion-mexicana","12":"tag-tlaxcalantogo"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15266","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15266"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15266\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22789,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15266\/revisions\/22789"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15266"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15266"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15266"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}