﻿{"id":15251,"date":"2020-09-08T22:23:29","date_gmt":"2020-09-09T03:23:29","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=15251"},"modified":"2025-09-10T20:46:49","modified_gmt":"2025-09-11T02:46:49","slug":"de-costureras-y-jefas-de-hogar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/de-costureras-y-jefas-de-hogar\/","title":{"rendered":"De costureras y jefas de hogar"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Fernando Vialli \u00c1vila Campos<br \/>Instituto Mora<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <\/strong><em><strong>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/strong><\/em><strong>o, n\u00fam. 49.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_49_03_Costureras.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\">Los talleres dom\u00e9sticos femeninos dedicados a la producci\u00f3n de ropa para tiendas departamentales de la ciudad de M\u00e9xico, mostraban en 1921 un fen\u00f3meno laboral oculto para la mayor\u00eda de los capitalinos: destacaban por una paga baja y extensas horas de trabajo, asociado a las m\u00faltiples actividades hogare\u00f1as.<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image size-full wp-image-15304\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"480\" class=\"wp-image-15304 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/BiC_49034.jpg\" alt=\"Costureras en un taller, ca. 1934. 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Estas mujeres pertenec\u00edan a una realidad oculta a la mirada de las multitudes en las grandes urbes. Quiz\u00e1 esta sea una de las razones por las cuales fueron las grandes ausentes de las estad\u00edsticas oficiales y censos de la \u00e9poca. Retrataban un submundo de la costura que no se ve\u00eda, pero estaba presente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">En las encuestas de inspecci\u00f3n del Departamento del Trabajo de 1921, realizadas a 58 trabajadoras, las costureras dedicadas a la producci\u00f3n de ropa no est\u00e1n identificadas como costureras, a pesar de que ellas refer\u00edan las actividades que hac\u00edan en sus talleres dom\u00e9sticos. Sin embargo, las labores de confecci\u00f3n permiten caracterizarlas como un sector trascendental en el mundo del trabajo femenino correspondiente a la industria del vestido, a partir de cinco elementos clave: la manufactura de prendas y el tipo de tela empleada, la jornada laboral, los ingresos obtenidos, los a\u00f1os dedicados al oficio y el papel de jefas de hogar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las costureras parec\u00edan ser \u201clas an\u00f3nimas, las fulanitas del gozo que nunca gozan\u201d, como mencion\u00f3 Joao do Rio, un cronista brasile\u00f1o que en 1907 describi\u00f3 el s\u00f3rdido mundo de las trabajadoras de R\u00edo de Janeiro, quienes laboraban rodeadas por los lujos de las tiendas departamentales.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">Confecci\u00f3n de prendas<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde mediados del siglo XIX y hasta las primeras d\u00e9cadas de la centuria siguiente, las industrias en las que mayormente se empleaban las mujeres correspond\u00edan a las del vestido y el tabaco. Las costureras confeccionaban ropa por cuenta propia o para los grandes almacenes y tiendas comerciales. Algunos estudios explican c\u00f3mo, a partir de la creciente industrializaci\u00f3n que se vivi\u00f3 durante el porfiriato, el sector femenino dedicado a este oficio comenz\u00f3 a apropiarse de espacios laborales que normalmente aseguraban un lugar para los hombres. M\u00e1s a\u00fan, emprendi\u00f3 un papel activo tanto en el comercio como en los servicios.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante este contexto, era habitual que un sinf\u00edn de mujeres se emplearan como costureras y modistas en f\u00e1bricas, talleres de tiendas departamentales, casas de moda y talleres dom\u00e9sticos. El oficio de costurera ten\u00eda una demanda considerable en la ciudad de M\u00e9xico porque implicaba una serie de tareas espec\u00edficas. Hab\u00eda trabajadoras dedicadas a confeccionar prendas completas como chalecos, pantalones, faldas, abrigos y ropa interior de hombre. Otras elaboraban piezas parciales como cuellos, pu\u00f1os y diferentes guarniciones. Estas actividades eran peculiares en los hogares adaptados para estas labores. Normalmente las hijas cumpl\u00edan el papel de aprendizas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabe aclarar que tambi\u00e9n estaban las costureras remendonas, que en algunas ocasiones hac\u00edan peque\u00f1as composturas para el vecindario o familiares sin ning\u00fan giro comercial. En cambio, las mujeres que trabajaban utilizando m\u00e1quinas de coser Singer (las cuales comenzaron a tener auge en el porfiriato tard\u00edo) se empleaban en f\u00e1bricas donde conviv\u00edan con bordadoras, dobladoras, planchadoras y sombrereras. Pero en el caso de las costureras de talleres dom\u00e9sticos, confeccionaban la ropa de forma manual empleando como herramientas principales el hilo y la aguja.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ejemplo, la costurera Mar\u00eda Becerril, con domicilio en la 6\u00aa calle de la Moneda n\u00famero 73, informaba al Ayuntamiento de la ciudad que no ten\u00eda giro comercial de una tienda de modas, sino que simplemente trabajaba en su domicilio como costurera para su sostenimiento. Del mismo modo, Luisa Mart\u00ednez, de la casa n\u00famero 24 de la 1\u00aa calle de la Amargura, expon\u00eda ante el presidente municipal que \u201chac\u00eda con sus hermanas costuritas pendientes de trajes humildes de se\u00f1oras\u201d. Los testimonios de estas mujeres eran emitidos ante las acusaciones de no contar con las licencias correspondientes para dedicarse a trabajar como costureras en sus talleres. Asimismo, refer\u00edan que llevaban a cabo este oficio en sus habitaciones para servirse de una labor honrada a la que se dedicaban desde que eran peque\u00f1as aprendizas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de los talleres dom\u00e9sticos se ubicaban en zonas comerciales de la ciudad de M\u00e9xico, en calles aleda\u00f1as a los cuarteles mayores I, II, III y VI. Las principales estudiosas del tema como Mar\u00eda Gay\u00f3n han mencionado que el cuartel iii se delimitaba de la Plaza Mayor hasta las garitas de La Candelaria y La Viga. Es importante mencionar que estos puntos de la capital mexicana han sido el baluarte del intercambio comercial y de compra y venta de diversos productos. Asimismo, en los 58 casos de costureras registradas por el Departamento del Trabajo en 1921, se pudo constatar que las direcciones de sus talleres dom\u00e9sticos formaban parte de una franja urbana en puntos adyacentes al centro de la ciudad. Lo peculiar de esta ubicaci\u00f3n es que las tiendas de ropa para las que trabajaban eran el eje de este circuito laboral.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, el caso de la costurera Mar\u00eda Becerril forma parte de un contexto en el cual el Departamento del Trabajo elabor\u00f3 estad\u00edsticas sobre el trabajo dom\u00e9stico en la capital mexicana. Por ejemplo, en la muestra de 58 casos se inform\u00f3 que las prendas completas que m\u00e1s confeccionaban eran camisas, ropa interior de caballero, chalecos y faldas plisadas. Los tipos de tela predominantes eran las corrientes y las finas, estas \u00faltimas compuestas por casimires y sedas. Ahora bien, del registro de ropa parcial (emputando de rebozos y guarniciones para camisas a partir de cuellos y pu\u00f1os), predomin\u00f3 el tipo de telas finas y en segundo lugar la mezclilla.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><strong>Ingresos y jornadas laborales<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de las costureras de talleres dom\u00e9sticos trabajaba de cinco a doce horas diarias. Sin embargo, era habitual que tuvieran horarios mixtos; ocho horas diurnas y de tres a cuatro nocturnas. Este fen\u00f3meno funcionaba en la medida en que no contaban con un contrato laboral establecido y, por ende, el horario era vers\u00e1til, ya que no cumpl\u00edan tiempos fijos como en una f\u00e1brica donde ser\u00eda un factor determinante en el proceso de producci\u00f3n. En ese sentido, tanto el ritmo como la frecuencia de la confecci\u00f3n de ropa se estipulaban por cada una de ellas de manera independiente. As\u00ed, en la medida en que los ingresos eran a destajo, es decir, a m\u00e1s prendas elaboradas, m\u00e1s dinero percibido, les resultaba m\u00e1s conveniente largas y cansadas jornadas de trabajo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por poner otro ejemplo: la costurera Isabel Ju\u00e1rez, quien viv\u00eda en la 1\u00aa de Lerdo, n\u00famero 30, interior 12, cos\u00eda trajes de mezclilla para el caj\u00f3n de ropa La Fama, ubicado en la avenida Peralvillo. Ella laboraba doce horas diarias: diez de d\u00eda y dos por la noche. Esta trabajadora se asignaba sus horarios en la medida en que ten\u00eda que obtener mayores ingresos para pagar el alojamiento, los servicios del hogar, vestimenta, alimentaci\u00f3n, combustible y herramientas de confecci\u00f3n como el hilo y la aguja. Un fen\u00f3meno que ayuda a entender esta forma de trabajo corresponde al proceso de subcontrataci\u00f3n de las costureras que aplicaban los propietarios de las tiendas para reducir los salarios hasta 50 por ciento.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, seg\u00fan la muestra de 1921, 25 costureras percib\u00edan entre tres y 19 pesos a la semana por pieza confeccionada. Esta era una diferencia considerable si se compara con las catorce trabajadoras dedicadas a la confecci\u00f3n que ganaban de ocho a 75 centavos por elaboraci\u00f3n de cada pieza y con los pagos de una devanadora o bonetera que obten\u00edan de seis a 10.62 pesos, respectivamente.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">Una vida dedicada a la costura<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La gran mayor\u00eda de costureras que remit\u00edan informes a instancias de gobierno como el Departamento del Trabajo, dec\u00edan que llevaban muchos a\u00f1os dedicadas al oficio. Como se ha mencionado, elaboraban una gran variedad de prendas con distintas telas, que iban desde los corrientes hasta los casimires. Habitualmente se desempe\u00f1aban en confeccionar o remendar pu\u00f1os, cuellos, guarniciones, plisados de faldas y ropa interior. Desde luego que esto no implicaba que abandonaran la producci\u00f3n de chalecos, pantalones o abrigos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas costureras de talleres dom\u00e9sticos hab\u00edan comenzado en la confecci\u00f3n de ropa como aprendizas cuando ten\u00edan 16 a\u00f1os o menos. En 1921, la gran mayor\u00eda reportaba a los inspectores del trabajo que llevaban en el oficio entre 20 y 30 a\u00f1os ayudando con los hilos, el corte de telas y la confecci\u00f3n completa de ropa. El conocimiento que adquir\u00edan era generacional y pod\u00eda compartirse con las aprendizas que las acompa\u00f1aban en el proceso. Cabe mencionar que se tej\u00edan redes de solidaridad entre aquellas que ten\u00edan parentesco y con las mujeres del vecindario dedicadas a la costura.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez que comenzaban a adquirir los conocimientos b\u00e1sicos de la costura, su saber sobre las t\u00e9cnicas en el corte y manejo de diversas telas se perfeccionaban de tal manera que con el paso del tiempo pod\u00edan independizarse de la maestra \u2013normalmente su madre\u2013, para vivir entre hilos y agujas en la vecindad. Lo que resulta interesante es que las costureras de talleres dom\u00e9sticos fueron testimonio productivo de la revoluci\u00f3n. Un claro ejemplo lo representaba Juana Salazar, quien viv\u00eda en una vecindad de la calle del Estanco de Hombres n\u00famero 31. Esta trabajadora, viuda, de 36 a\u00f1os, manten\u00eda a dos hijas j\u00f3venes y era el sost\u00e9n del hogar. Adem\u00e1s, se dedicaba a otras labores que iban desde la preparaci\u00f3n de alimentos hasta el cuidado de las aprendizas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\">Madres y costureras<\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el caso de las costureras de los talleres dom\u00e9sticos, se cuenta con nula informaci\u00f3n de las razones por las cuales las viudas se encontraban en ese estado civil, aunque es posible considerar que uno de los factores que explican el deceso de sus maridos se deba a las muertes registradas en la revoluci\u00f3n. A pesar de que en los cuestionarios del Departamento del Trabajo de 1921 s\u00f3lo aparezcan 18 viudas en comparaci\u00f3n con la mayor\u00eda de las costureras solteras, esta cifra representa un indicador sensible de la composici\u00f3n familiar en los hogares de las trabajadoras.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo relevante de estas costureras es que ya fueran solteras, casadas o viudas, eran jefas de familia y por medio de la costura se manten\u00edan ellas y su grupo familiar. Seg\u00fan las cifras del censo industrial de 1921, muchas costureras continuaban trabajando despu\u00e9s de las nupcias. Lo mismo ocurr\u00eda con las viudas o abandonadas, quienes deb\u00edan hacerse cargo del cuidado de la familia y al mismo tiempo del trabajo que les permit\u00eda subsistir. Por ejemplo, Francisca Rodr\u00edguez, quien viv\u00eda en la calle Jaime Nun\u00f3, n\u00famero 25, letra O, daba cuenta que su esposo la hab\u00eda abandonado a pesar de que segu\u00edan casados. Ten\u00eda 26 a\u00f1os y sosten\u00eda a un hijo joven con dos pesos diarios que percib\u00eda por plisar faldas.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es necesario resaltar que el tema de las trabajadoras como jefas de hogar se observ\u00f3 recurrentemente. As\u00ed como la costurera Juana \u00c1valos deb\u00eda sostener su hogar y mantener a una t\u00eda, dos sobrinos y una anciana, tambi\u00e9n hab\u00eda quienes ayudaban a sus esposos en la manutenci\u00f3n de sus grupos dom\u00e9sticos y sus casas. Tal era el caso de Isabel G\u00f3mez de Cardoso, quien viv\u00eda en la 6\u00aa calle del Factor, n\u00famero 86. Con los pagos que recib\u00eda por hacer ropa interior de caballero contribu\u00eda al presupuesto familiar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como las costureras que asum\u00edan el papel de jefas de hogar a partir de su trabajo en la confecci\u00f3n de ropa, hab\u00eda otras que formaban parte de un sector femenino que sal\u00eda a laborar junto con sus hijos, mientras en la casa se quedaban mujeres a cuidar ni\u00f1os, cocinar y lavar la ropa. Es decir, no s\u00f3lo deb\u00edan atender sus casas, sino ir a sus trabajos para contribuir al presupuesto familiar o para asumir el papel de la manutenci\u00f3n, lo cual permite observar que las jefas de hogar no s\u00f3lo concern\u00edan a determinado oficio, sino que era una funci\u00f3n habitual propagada. Las trabajadoras de la ciudad de M\u00e9xico, en la medida en que ten\u00edan a su cargo a hermanos, hijos, madres, t\u00edas o sobrinos, conformaban un hogar al tener que compartir el techo y el lugar de trabajo con varios miembros de la familia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto a las costureras de talleres dom\u00e9sticos, en sus espacios de trabajo no s\u00f3lo se viv\u00eda y confeccionaba ropa, sino que tambi\u00e9n se establec\u00edan redes de parentesco, pues adem\u00e1s de las hijas pod\u00edan aprender el oficio las sobrinas y ahijadas. Del mismo modo, la manutenci\u00f3n cubr\u00eda las necesidades b\u00e1sicas de todos aquellos que depend\u00edan del oficio de la jefa de familia.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Las costureras de los talleres dom\u00e9sticos de la ciudad de M\u00e9xico no s\u00f3lo dedicaban gran parte del tiempo a confeccionar ropa en sus viviendas con la ayuda de alg\u00fan miembro de su n\u00facleo familiar, sino que estaban a las \u00f3rdenes de los due\u00f1os de las tiendas que las llegaban a contratar en la producci\u00f3n por encargo. Habitualmente se encontraban en las zonas comerciales de la capital, a distancias cercanas a las vecindades donde se produc\u00edan las prendas de vestir.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Al asumir el papel de jefas del hogar, las trabajadoras del hilo y la aguja representaron con sus talleres dom\u00e9sticos el tr\u00e1nsito de la vida privada a la p\u00fablica, pues no s\u00f3lo se encargaban de la manutenci\u00f3n de sus viviendas, sino que formaban parte del mundo del trabajo exterior al producir vestimentas para las tiendas. M\u00e1s a\u00fan, dieron vida al anonimato que las condenaba a espacios reducidos y normalmente hacinados e insalubres. Su destino, alejado de los lujos y el derroche que delineaban los aparadores donde se exhib\u00edan algunas de las prendas confeccionadas por ellas, era permanecer en las vecindades para vestir a los dem\u00e1s.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>PARA SABER M\u00c1S:<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li>Campo, \u00c1ngel de, <i>La Rumba<\/i>, M\u00e9xico, CONACULTA, 2013.<\/li>\r\n<li>Porter, Susie, <i>Mujeres y trabajo en la ciudad de M\u00e9xico. Condiciones materiales y discursos p\u00fablicos (1879-1931)<\/i>, Zamora, El Colegio de Michoac\u00e1n, 2008.<\/li>\r\n<li>S\u00e1nchez Parra, Cristina, \u201cNovedad y tradici\u00f3n. Las tiendas departamentales en la ciudad de M\u00e9xico y su influencia en el consumo, 1891-1915\u201d, tesis de doctorado en Historia, M\u00e9xico, Centro de Estudios Hist\u00f3ricos-El Colegio de M\u00e9xico, 2017.<\/li>\r\n<li>Mitidieri, Gabriela, \u201cEntre modistas de Par\u00eds y costureras del pa\u00eds. Espacios de labor, consumo y vida cotidiana de trabajadoras de la aguja, Buenos Aires, 1852-1862\u201d, <i>Trashumante. Revista Americana de Historia Social<\/i>, n\u00fam. 12, 2018.<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Vialli \u00c1vila CamposInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 49. 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