﻿{"id":1455,"date":"2012-03-06T21:33:38","date_gmt":"2012-03-07T03:33:38","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1455"},"modified":"2021-05-04T09:53:28","modified_gmt":"2021-05-04T14:53:28","slug":"9-de-abril-la-visper","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/9-de-abril-la-visper\/","title":{"rendered":"9 de abril, la v&iacute;spera"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Silvia L. Cuesy &#8211; El Colegio de M\u00e9xico<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #993366;\"><span style=\"color: #333333;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 15.<\/span><br \/>\n<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/11.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-5768\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/11.jpg\" alt=\"11\" width=\"243\" height=\"598\" \/><\/a>\u00a1Me carga la chingada!, me oyen gritar mientras humedezco de orines el tronco de un cazahuate, \u00a1ya estoy harto! Las mentadas son lo com\u00fan entre la tropa y no hacen caso al escucharme. Lo inusual, opinan entre disimulados cuchicheos, dos o tres, es el imperceptible, lento cambio en mi proverbial mirada, cada vez m\u00e1s taciturna, hosca, enigm\u00e1tica, ocultando algo a las habituales furias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las soldaderas me preparan el rancho; se enfr\u00eda intacto en la escudilla, la ignoro cuando me la ofrecen. Con la muina apenas contenida, enciendo el puro con una varita seca prendida en la fogata; exijo a un vale mi acostumbrada botella de licor, y me alejo del grupo. Mis lugartenientes se atragantan las advertencias y consejos preparados; por el adem\u00e1n firme de mi mano entienden lo inconveniente del momento. Paso de largo, las espuelas le sacan chispas al polvo, y dejo a mis espaldas el campamento con la vista de mi escolta fija nom\u00e1s en m\u00ed. Al propinarle una encabronada patada al cachorro juguet\u00f3n, lo mando por los aires. Mientras me acomodo en el promontorio de piedras un moh\u00edn, mezcla de sorna y fastidio, se refleja en mi cara; de seguro le rompe las costillas y por eso el animalito chilla sin consuelo. Trato de divisarlo por encima del hombro, pinche perro que se me atraviesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El puro y el co\u00f1ac me ayudar\u00e1n a desenredar cavilaciones, y la luz de las estrellas tal vez las aclarar\u00e1. Me quito el sombrero, con los dedos abro surcos en mi cabello; cientos, miles, millones de luceros son el mejor tocado para mi cabeza. Recargado sobre una roca contemplo con anhelo la paz y el orden del firmamento, y un c\u00e1lido y tranquilizador cobijo me envuelve en medio de la sierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Chinameca, Chinameca, la bocanada de humo parece perseguir el recuerdo del origen n\u00e1huatl de esa palabra. <em>Chi-na-me-catl<\/em>, musito. Lugar de cercas de ca\u00f1as, organizo el significado en una frase. Luego le sigue otra, lugar donde usan lazos de zacate de ca\u00f1a. Cerca, lazos, ca\u00f1a. <em>Chinamitl, mecatl, acatl<\/em>. Atenazo con el \u00edndice y el pulgar una escama de tabaco de la punta de la lengua. Cerca&#8230; cerca&#8230; cercado. El repentino vuelo de un murci\u00e9lago rasga la negrura, mi vista no alcanza a perseguirlo. Lazo&#8230; lazo&#8230; lazado. Las aletillas de la nariz se me dilatan con el aroma de tortilla tatemada, aroma engatusador excepto ahora; ni el olor de iguana asada logra seducirme. Ca\u00f1a&#8230; ca\u00f1a&#8230; \u00bfCu\u00e1l ca\u00f1a? Aqu\u00ed ya no hay ca\u00f1a; s\u00f3lo cenizas y aflicci\u00f3n, y promesas no cumplidas. Soy bueno para engalanarme con los m\u00e1s finos trajes charros y para no llevar a cabo lo ofrecido. Preg\u00fantenle a In\u00e9s, a Josefa, a Gregoria&#8230;a cu\u00e1ntas m\u00e1s&#8230; Ellas les dir\u00e1n si llegu\u00e9 cuando me esperaban, si las vi parir a sus chamacos, si nada m\u00e1s fueron las \u00fanicas en mi vida. Ca\u00f1a, \u00bfcu\u00e1l ca\u00f1a? Un vendaval macabro la arranc\u00f3 de cuajo. \u00a1Qu\u00e9 chulada la fragancia de la zafra! El gusto nos dur\u00f3 el paso de una estrella fugaz. Casi dos a\u00f1os sin tener a los <em>carranclanes <\/em>montados en nuestro morrillo. Las sonrisas campesinas atoradas de oreja a oreja, y acompasados a las aguas de los apantles, hombres, mujeres y escuincles atareados en los campos de las haciendas confiscadas. Ca\u00f1a, ma\u00edz, pollos, comida en abundancia; eso fue hace casi cuatro a\u00f1os. Labriegos sombrerudos bajo el sol, viejas llevando itacates a sus maridos o hijos. Titipuchal de tortillas calientitas, frijoles negros, colorados y bayos, chile de sobra. Fiestas, corridas taurinas, jaripeos, canciones, borracheras. \u00bfEra esto el anarquismo mencionado por los le\u00eddos? Estar pegado a la tierra ha sido el ideal del campesino. La guerra se lo llev\u00f3 todo a la mism\u00edsima chingada, a la mierda, carajo. De nueva cuenta han aparecido racimos humanos penduleando de los \u00e1rboles; lenguas multiplicadas por doquier en siniestra mueca de burla. El coro de grillos deleita mis o\u00eddos. Hoy, apenas hoy, empiezo a entender. El gran triunfo del hombre es cuando reconoce su derrota; concluir una lucha es una victoria, y s\u00f3lo se consuma cuando alguien dice: \u00a1hasta aqu\u00ed!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/12.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-5769 alignleft\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/12.jpg\" alt=\"12\" width=\"342\" height=\"377\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">Chinameca, el canto de la muerte, <\/span><em style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">miquistli<\/em><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">, fue de trueno, sal\u00eda de los mA?useres federales cuando me emboscaron hace tiempo en el casco de la misma hacienda que visitar en un rato. Imagino las miradas de estupor de los soldados enemigos al no encontrarme; no me tocaba a\u00fan, discurro. Chinameca&#8230; El hedor a difunto era mi propio miedo transpirado en cada poro cuando, entonces, agazapado tras las paredes me sent\u00ed perdido. Recuerdo el opresor amasijo atorado en mi estern\u00f3n, pas\u00f3 al gaznate y me catapult\u00f3 al monte; milagrosamente sal\u00ed bien librado, sin amilanarme, ese menguante verano de 1911. Mi est\u00f3mago y pecho liberan el aire retenido mientras esa escapatoria se aleja de mi mente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pinche &#8220;Ave Negra&#8221;, aprendi\u00f3 bien su oficio en Santa Clara, buen administrador el p\u00e9rfido. Con sus falsedades por poco me desbanca del Cuartel General, fue una abyecta deshonra caer en sus intrigas; de sus ma\u00f1as&#8230; de \u00e9sas mejor ni acordarse. Harto, hastiado de estar harto, malditos intelectuales deslenguados, ni siquiera &#8220;El Gordito&#8221;, ni de eso fueron capaces, no pudieron ense\u00f1arme una palabra para decir: \u00a1estoy encabronadamente harto!, y otras m\u00e1s para explicar el sentimiento metido muy dentro, que me hurta la dignidad, como si cada d\u00eda transcurrido me enchiquerara el alma&#8230; Soy despreciable, vil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gentuza espuria anda quit\u00e1ndose el poder, y al subir uno a la silla y caer el siguiente, vuelvo a pedir a un intelectual de mierda exponer en palabras inteligentes y bonitas lo que quiero decir con claridad, y no con malentendidos. Mi revoluci\u00f3n es mi revoluci\u00f3n, mi revoluci\u00f3n es la revoluci\u00f3n de los campesinos del sur, y estos licenciaditos coyones a fuerza han intentado hermanarla con otras que a mi qu\u00e9 carajos&#8230; El rasguido de una guitarra, d\u00e9biles voces que cantan <em>si no le cumplen al pueblo\/sobre las armas pagar\u00e1n<\/em>, el relincho de un caballo alebrestado, el titilar de las luci\u00e9rnagas, se detienen ante mi ira, la ira del cabecilla suriano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfHabr\u00e1n tenido raz\u00f3n los correligionarios?, los que insist\u00edan en la conveniencia de establecer pactos y acabar con la cruenta lucha. S\u00ed a ciencia cierta que hay un lugar para m\u00ed en el infierno; me lo gan\u00e9 por haber mandado ajusticiar a mi compadre y a tantos m\u00e1s, aun parientes. \u00bfY si ellos tuvieran la raz\u00f3n y no yo? Y resulta que ahora ando pretendiendo pactar \u00bftons pa&#8217;qu\u00e9 las ejecuciones ordenadas por m\u00ed? \u00bf A cu\u00e1ntos no mand\u00e9 fusilar por hacer tratos con el enemigo? Un par de nubecillas pasajeras me entusiasma en el transcurso de un parpadeo, y en el siguiente tengo la certeza de haber extraviado mi enjundia en alg\u00fan escondrijo de la entidad. Y ahora algunos seguidores me han hecho buscar a los gringos, al sobrinito de don Porfirio y dem\u00e1s rivales, carajo, y a m\u00ed se me revuelve la sangre nom\u00e1s de pensar en la infidencia a las ideas con las que comenz\u00f3 todo este desmadre. \u00bfEn qu\u00e9 maldito instante dej\u00e9 a los fuere\u00f1os intelectuales meter su cuchara en asuntos de mi pueblo? M\u00e9ndigos catrines, la cagu\u00e9 con ellos. Y por su tozudez y la m\u00eda me llev\u00e9 entre las patas a los campesinos. \u00bfDe qu\u00e9 les servir\u00e1 a los morelenses tanta puta ley? Ni para hacerlas tacos y calmar su hambre ancestral. \u00bfPara qu\u00e9 tanto m\u00e9ndigo plan?, ni para abanicar un rayo de esperanza, los restantes se fueron agotando con los afanes de ocho a\u00f1os de ahorcados, acribillados, mutilados; ocho a\u00f1os de sangre y l\u00e1grimas, y sudor y afanes.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<\/h3>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A?Me carga la chingada!, me oyen gritar mientras humedezco de orines el tronco de un cazahuate, A?ya estoy harto!<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[969,5,20],"tags":[2270,304],"class_list":{"0":"post-1455","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-15","7":"category-cuento","8":"category-revistanumero","9":"tag-zapata","10":"tag-zapatistas"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1455","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1455"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1455\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15777,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1455\/revisions\/15777"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1455"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1455"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1455"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}