﻿{"id":1441,"date":"2012-02-25T11:09:06","date_gmt":"2012-02-25T17:09:06","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1441"},"modified":"2021-05-03T18:03:50","modified_gmt":"2021-05-03T23:03:50","slug":"el-rebozo-en-mexico-durante-los-siglos-xix-y-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-rebozo-en-mexico-durante-los-siglos-xix-y-xx\/","title":{"rendered":"El rebozo en M&eacute;xico durante los siglos XIX y XX"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ariana Mart\u00ednez Otero &#8211; Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/strong><\/p>\n<p>En revista BiCentenario.\u00a0<em>El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 15.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3116 alignright\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-20.21.24.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 20.21.24\" width=\"277\" height=\"236\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\"><strong>E<\/strong>l rebozo, prenda de forma rectangular, larga y tejida con hilos de seda, algod\u00f3n o una combinaci\u00f3n de estos materiales, ha sido indispensable para muchas mujeres a lo largo y ancho del pa\u00eds durante gran parte del periodo colonial y los siglos XIX al XXI.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su origen se remonta a Persia e India, de d\u00f3nde lleg\u00f3 a M\u00e9xico v\u00eda Espa\u00f1a; es m\u00e1s, la palabra chal deriva de <em>xal<\/em>, manto con que se cubr\u00edan los sacerdotes persas. Se dice que fueron los \u00e1rabes quienes lo introdujeron a la pen\u00ednsula el reboci\u00f1o (<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/02.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5756 alignleft\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/02.jpg\" alt=\"02\" width=\"164\" height=\"347\" \/><\/a>toca blanca de un lienzo tenue, ce\u00f1ido a la cabeza y el rostro femenino, que a veces ca\u00eda sobre los hombros o el pecho); y tambi\u00e9n que procede del ayate prehisp\u00e1nico. El hecho es que en nuestro pa\u00eds el chal se convirti\u00f3 en rebozo, vocablo que viene de arrebozarse o sea, cubrirse el rostro con una capa o manto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las novelas del siglo XIX existen extraordinarias descripciones de las costumbres y vestimenta femenil mexicana, lo cual se aprecia a partir de los personajes que cobran vida en ellas. Un ejemplo aparece en <em>El fistol del diablo, <\/em>de Manuel Payno:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Arturo volvi\u00f3 la cara y se encontr\u00f3 con una mujer tapada con un rebozo y unas enaguas blancas y delgadas, cuya vejez, a\u00a0<\/em><em>pesar de su aseo, se pod\u00eda notar. [&#8230;] La muchacha, con uno de esos movimientos admirables y divinos de pudor, cubri\u00f3 un poco m\u00e1s su cara y s\u00f3lo dej\u00f3 contemplar al joven dos hermosos y apacibles ojos azules.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/03.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-5757\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/03.jpg\" alt=\"03\" width=\"207\" height=\"322\" \/><\/a>El rebozo es una prenda cuyo uso no distingu\u00eda clase social, siendo utilizado tanto por mujeres adineradas que segu\u00edan la moda del momento, como por aquellas cuya condici\u00f3n econ\u00f3mica no era tan favorecida. Tambi\u00e9n pod\u00eda recibir un mal uso. Fanny Calder\u00f3n de la Barca cuenta como<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El rebozo mismo, tan gracioso y adecuado, tiene el inconvenien<\/em><em>te de ser la prenda m\u00e1s a prop\u00f3sito, hasta ahora inventada, para encubrir todas las suciedades, los despeinados cabellos y los andrajos. Aun en las mejores clases contribuye al disimulo del desali\u00f1o en el vestir, pero en el pueblo el efecto es intolerable.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/04.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5758 alignleft\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/04.jpg\" alt=\"04\" width=\"133\" height=\"220\" \/><\/a><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/06.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-5759\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/06.jpg\" alt=\"06\" width=\"163\" height=\"221\" \/><\/a>El uso generalizado del rebozo mantuvo esta prenda como una de las mercanc\u00edas textiles m\u00e1s demandadas por la poblaci\u00f3n a lo largo del siglo XIX. Se le pod\u00eda encontrar en las tiendas de telas en los portales, pero tambi\u00e9n en los mercados y con los vendedores ambulantes. El rebozo serv\u00eda para que las mujeres cubrieran su cabeza al asistir a misa, para protegerse de la lluvia o el viento o simplemente de la vista de quienes andaban los pueblos o las ciudades, como una forma de recato. Se empleaba tambi\u00e9n como cuna infantil: los ni\u00f1os iban sujetos y abrigados a la espalda de sus madres, mientras \u00e9stas se atareaban. Era canasto improvisado para transportar verduras o cachivaches o asiento de los canastos repletos de fruta e incluso cobija con que se tapaban las ollas de los tamales ubicadas en las esquinas de las calles. De igual forma pod\u00eda llevarse como adorno sobre el pecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/09.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5760 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/09.jpg\" alt=\"09\" width=\"256\" height=\"325\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A dichos usos, habr\u00eda de a\u00f1adirse el que se le dio durante la revoluci\u00f3n mexicana, pues las mujeres que acompa\u00f1aban a las tropas federales o insurrectas y se conoc\u00edan como soldaderas <a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/07.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5761 alignleft\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/07.jpg\" alt=\"07\" width=\"166\" height=\"249\" \/><\/a>empleaban el rebozo para cargar alimentos o municiones y distribuirlas entre los hombres. Les serv\u00eda adem\u00e1s para cubrir su condici\u00f3n materna y aparentemente fr\u00e1gil, y a la vez para portar un rifle y acudir al campo de batalla. A veces lo aprovechaba para curar heridas y hasta como mortaja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/08.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-5762\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/08.jpg\" alt=\"08\" width=\"183\" height=\"255\" \/><\/a>La tradici\u00f3n del rebozo, manto de historia, perdura hasta hoy. Si bien su uso ha disminuido en comparaci\u00f3n con los siglos precedentes, todav\u00eda es visto entre las mujeres que venden art\u00edculos en los cruceros de las grandes avenidas, o en aquellas cuyos ingresos son mayores y los destinan a ocasiones especiales.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-3117\" style=\"line-height: 21.8181819915772px;\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Captura-de-pantalla-2013-09-27-a-las-20.23.21.png\" alt=\"Captura de pantalla 2013-09-27 a las 20.23.21\" width=\"130\" height=\"223\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto nos permite considerar el rebozo como la prenda femenina mexicana por excelencia. Sus funciones y la forma de llevarlo s\u00f3lo tienen por l\u00edmite la imaginaci\u00f3n de su portadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Actualmente, hay varios centros reboceros en el pa\u00eds. Los m\u00e1s conocidos son: Santa Mar\u00eda del R\u00edo, en San Luis Potos\u00ed, famoso por sus rebozos de seda; Tenancingo, especializado en el rebozo de algod\u00f3n fino, y Tejupilco, ambos en el estado de M\u00e9xico; Zamora y Tanganc\u00edcuaro, en Michoac\u00e1n; Morole\u00f3n, Guanajuato, y Chilapa, Guerrero.<\/p>\n<address><a style=\"color: #0f3647; font-style: normal; line-height: 21.8181819915772px; text-align: justify;\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/10.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-5763 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/10.jpg\" alt=\"10\" width=\"192\" height=\"256\" \/><\/a><\/address>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong><a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\n\tEl rebozo, prenda de forma rectangular, larga y tejida con hilos de seda, algod&oacute;n o una combinaci&oacute;n de estos materiales, ha sido indispensable para muchas mujeres a lo largo y ancho del pa&iacute;s durante gran parte del periodo colonial y los siglos XIX al XXI.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,969,20],"tags":[2259,2274,981,980,2269,156],"class_list":{"0":"post-1441","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-15","8":"category-revistanumero","9":"tag-mexico","10":"tag-mujer","11":"tag-prenda","12":"tag-rebozo","13":"tag-siglo-xix","14":"tag-siglo-xx"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1441","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1441"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1441\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15721,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1441\/revisions\/15721"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1441"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1441"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1441"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}