﻿{"id":14083,"date":"2020-06-09T20:55:22","date_gmt":"2020-06-10T01:55:22","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=14083"},"modified":"2025-09-10T21:29:55","modified_gmt":"2025-09-11T03:29:55","slug":"cuando-la-calle-era-nuestra-daniela-lechuga-herrero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/cuando-la-calle-era-nuestra-daniela-lechuga-herrero\/","title":{"rendered":"&#8220;Cuando la calle era nuestra&#8221;"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Daniela Lechuga Herrero<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 48.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_48_Entrevista_Calle_nuestra.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo era el M\u00e9xico de los a\u00f1os treinta del siglo pasado en un barrio perif\u00e9rico como Mixcoac? Aqu\u00ed lo relata Matilde Pereyra. Hoyos con agua, calles empedradas e inundadas muchas veces, con olor a \u00e1rboles de trueno, escasas de autom\u00f3viles y repletas de ni\u00f1as y ni\u00f1os. Un pueblo de leyendas, cines, carpas y trenes destartalados.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_14084\" aria-describedby=\"caption-attachment-14084\" style=\"width: 689px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-14084\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/BiC_48_800PX2251.jpg\" alt=\"Autob\u00fas de pasajeros de los a\u00f1os 30\u2019s Tacubaya-Mixcoac-San \u00c1ngel, ca. 1977. Archivo General de la Naci\u00f3n, Fondo Hermanos Mayo, Concentrados, sobre 496\/1-A.\" width=\"689\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/BiC_48_800PX2251.jpg 689w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/BiC_48_800PX2251-300x208.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/BiC_48_800PX2251-624x434.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 689px) 100vw, 689px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-14084\" class=\"wp-caption-text\">Autob\u00fas de pasajeros de los a\u00f1os 30\u2019s Tacubaya-Mixcoac-San \u00c1ngel, ca. 1977. Archivo General de la Naci\u00f3n, Fondo Hermanos Mayo, Concentrados, sobre 496\/1-A.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>os recuerdos de Matilde Pereyra nos iluminan acerca de c\u00f3mo era crecer en uno de los barrios con m\u00e1s tradici\u00f3n de la Ciudad de M\u00e9xico. Entre las calles empedradas de Mixcoac los ni\u00f1os disfrutaban con posterioridad a la revoluci\u00f3n del aroma de los \u00e1rboles, caminaban por las milpas y jugaban en las piscinas de los hoyos llenos de agua que hab\u00eda dejado la f\u00e1brica ladrillera. Muchos otros barrios del Distrito Federal (D.F.) \u2014denominaci\u00f3n pol\u00edtica que ten\u00eda en aquellos a\u00f1os\u2014 se encontraban tambi\u00e9n rodeados de naturaleza, lejos a\u00fan de las aglomeraciones y los autom\u00f3viles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ni\u00f1os que nacieron en la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte y treinta del siglo pasado pod\u00edan jugar en las avenidas y callejones. Ellos fueron parte de la generaci\u00f3n que experiment\u00f3 las nuevas pol\u00edticas respecto a la infancia que instauraron los gobiernos posrevolucionarios con el fin de reconstruir el pa\u00eds y la ciudad. Asimismo, se convirtieron en el foco de atenci\u00f3n, no s\u00f3lo en M\u00e9xico, sino tambi\u00e9n en Am\u00e9rica Latina, Estados Unidos, Canad\u00e1 y Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de lo que hab\u00eda ocurrido en d\u00e9cadas anteriores, los menores tuvieron la posibilidad de sobrevivir a sus primeros a\u00f1os de vida, por lo que las aulas de las escuelas, as\u00ed como otros sitios a lo largo de la ciudad, poco a poco se llenaron con sus risas. Para la d\u00e9cada de los treinta, en la ciudad hab\u00eda 251 229 ni\u00f1os que se encontraban en un rango de cinco a catorce a\u00f1os, cifra que correspond\u00eda al 19% de la poblaci\u00f3n, la cual era aproximadamente de 1 229 576 habitantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de los primeros decenios del siglo XX, los infantes tuvieron mayor visibilidad en los espacios urbanos del D.F. As\u00ed, se construyeron nuevos parques a lo largo de la ciudad, se remodelaron otros, se levantaron tiendas departamentales en las que se vend\u00edan juguetes, se abrieron salas de cine en las colonias m\u00e1s alejadas del centro y se inauguraron nuevos teatros y carpas, que como las de teatro gui\u00f1ol recorrieron los sitios m\u00e1s alejados de la capital. Por lo tanto, a partir de ese momento, los ni\u00f1os tuvieron acceso a nuevos lugares de diversi\u00f3n y, con su imaginaci\u00f3n, construyeron los propios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, los problemas de urbanizaci\u00f3n en la ciudad de M\u00e9xico ocuparon la atenci\u00f3n de m\u00e9dicos y pol\u00edticos, puesto que la capital era de suma importancia para demostrar el triunfo de las pol\u00edticas posrevolucionarias. En t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, se buscaba que la urbe funcionara mejor y que fuera ejemplo de la modernizaci\u00f3n que se estaba alcanzando en todo el pa\u00eds. Es el caso de los autom\u00f3viles, que en 1928 transitaban unos 40 000 en toda la rep\u00fablica mexicana y 15 000 s\u00f3lo en el D.F, seg\u00fan daba cuenta el peri\u00f3dico <i>El Universal.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Matilde Pereyra naci\u00f3 en el barrio de San Juan, Mixcoac, en 1924. Su familia estaba formada por su padre, madre y cinco hermanos. Como la mayor\u00eda de los menores de edad que crecieron en las periferias del D.F, estuvo inmersa en una din\u00e1mica distinta, puesto que muchas de las diversiones todav\u00eda se desarrollaban en el centro de la urbe, en lo que ella nombra como \u201cM\u00e9xico\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La intenci\u00f3n de recuperar su testimonio, resultado de la investigaci\u00f3n acerca de los ni\u00f1os y la ciudad entre 1928 y 1941, es ubicar su experiencia como habitante de un barrio perif\u00e9rico durante las primeras d\u00e9cadas despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. Es importante rescatar la memoria de Matilde porque vivi\u00f3 su infancia en una \u00e9poca en la que el pa\u00eds, la ciudad y la vida de los ni\u00f1os se encontraba en plena transformaci\u00f3n.<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0El barrio de San Juan en palabras de Matilde Pereyra<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo siempre fui de escuela oficial. Mis primeros a\u00f1os los hice en el jard\u00edn de ni\u00f1os que estaba frente a la iglesia de San Juan, en lo que antes hab\u00eda sido la casa de Octavio Paz, y se llamaba fray Pedro de Gante. Mi pap\u00e1 era administrador de una f\u00e1brica de tabiques. Mixcoac, mi barrio, quitando esas dos construcciones de la iglesia de San Juan que es del siglo XVI, la casa de Octavio Paz, la casa de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, que era lo que era el centro, hab\u00eda sido hecha de la f\u00e1brica de tabiques que se llamaba Noche Buena y estaba donde est\u00e1 hoy el toreo, la Plaza M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo era hoyo porque para la fabricaci\u00f3n de tabiques ten\u00edan que sacar el barro, entonces esa parte estaba llena de hoyos. Mi casa, en una calle que se llam\u00f3 la calle del Rosario en el n\u00famero 18, estaba rodeada tambi\u00e9n de hoyos. De esa calle se llegaba a las milpas. Cuando yo estuve chica todav\u00eda esos hoyos los hicieron milpas y ah\u00ed tambi\u00e9n en esos hoyos iban a descargar material de electricidad, hab\u00eda mucho desperdicio de cobre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[Las milpas] no estaban tan lejos, al final de la calle, en los hoyos que hab\u00edan quedado de la f\u00e1brica y ah\u00ed se met\u00edan los chicos que hab\u00edan sido ladrilleros e iban a robarse las ca\u00f1as, que no son ca\u00f1as de az\u00facar, pero s\u00ed se com\u00edan y nos las vend\u00edan o nos las regalaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00edamos una infancia muy bonita porque la calle era nuestra. No hab\u00eda coches, la calle estaba empedrada, no hab\u00eda ning\u00fan peligro para nosotros. Inclusive hab\u00eda en la calle \u00e1rboles, eran truenos. \u00a0Cuando entraba uno a esa calle ol\u00eda a trueno. Ahora o mucho despu\u00e9s cuando yo ol\u00eda a trueno recordaba mi calle, son unos \u00e1rboles que dan unas flores muy olorosas. Inclusive en esos \u00e1rboles mis hermanos jugaban y hac\u00edan su casita del \u00e1rbol, no una casita del \u00e1rbol como ahora se ve en las pel\u00edculas o se las hacen a los ni\u00f1os, no, eran tablas y tablas que ellos arreglaban de manera que era su casita del \u00e1rbol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa calle [Rosario] en tiempo de lluvias se inundaba porque tambi\u00e9n ese barrio est\u00e1 debajo de lo que es la presa de Tarango, entonces cuando llov\u00eda mucho se desbordaba la presa y se inundaba la calle que ahora es Carracci. Mis hermanos se divert\u00edan mucho porque como se inundaba, toda la calle de Augusto Rodin tambi\u00e9n. Como hab\u00eda que atravesar de una acera a otra se divert\u00edan poniendo una viga para dejar que pasaran las personas, les daban 20 centavos, cinco centavos o dos centavos, para ellos era su pasadero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ni\u00f1as qu\u00e9 \u00edbamos a hacer eso. No, al contrario, en esa \u00e9poca nos tocaba, casi siempre en mayo, ir a ofrecer flores a la iglesita de San Juan. Nos llevaban con el vestido de la primera comuni\u00f3n, de coronita, velito, muy arregladitas a ofrecer flores. Y era muy bonita la iglesia porque le pon\u00edan una escalera que iba como un puente frente a la virgen de Guadalupe, la patrona de esa iglesia, y entonces \u00edbamos y deposit\u00e1bamos nuestro ramito de flores. Era muy divertido. Y a nosotras las ni\u00f1as, c\u00f3mo \u00edbamos a salir en tiempo de lluvias si mandaban por nosotros a recogernos a la iglesia para poder atravesar las calles que estaban inundadas. Nos recog\u00edan en\u2026 carg\u00e1ndonos. Un primo, que era el mayor, nos llevaba a la casa cargadas una por una o, si pod\u00eda, se llevaba de a dos. As\u00ed que era una diversi\u00f3n hasta por el transporte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[Al centro de la ciudad] \u00edbamos de compras porque no hab\u00eda un Liverpool m\u00e1s que en el puro centro, Palacio de Hierro en el puro centro. Todo era en el centro, las tiendas que hab\u00eda en Mixcoac pues a veces no satisfac\u00edan las necesidades de la mam\u00e1 o de las t\u00edas. Entonces all\u00e1, en M\u00e9xico, hab\u00eda mucho ruido, hab\u00eda mucho olor a gasolina, muchos coches. Claro que no hab\u00eda tantos como ahora, pero hab\u00eda. Por mi lugar se ve\u00eda un coche all\u00e1 de vez en vez, y el tren, ah\u00ed s\u00ed hab\u00eda mucho movimiento, pero no se puede comparar con lo que hoy se ve. No, era escasa la circulaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerca de la casa de San Juan hab\u00eda una carnicer\u00eda, una panader\u00eda, una tienda que se llamaba de Guadalupe y que despu\u00e9s fue de ultramarinos. Y era bonito mi barrio, por ah\u00ed pasaba un tren que se llamaba Colonia del Valle o Mixcoac, un tren de esos que ya se iba desbaratando pero que a los chicos les encantaba. Pasaba el tren y se colgaban de donde est\u00e1 el trole y ah\u00ed iban gritando en el tren. Un trencito que hac\u00eda m\u00e1s ruido que lo que caminaba, pero ten\u00edamos tren que era lo que recorr\u00eda lo que hoy es Augusto Rodin, iba al centro de Mixcoac, regresaba y daba la vuelta a todo ese barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[En] mi calle del Rosario viv\u00edamos la pura familia Pereyra. Empez\u00e1bamos nosotros, mi t\u00eda Esther, mi t\u00eda Amparito, mi t\u00edo Agust\u00edn, mi t\u00eda Petrita. Todas en una calle y todas est\u00e1bamos en el mismo lugar, as\u00ed que parec\u00eda que los pap\u00e1s se pon\u00edan de acuerdo para tener familia porque ten\u00eda primos de mi edad, y as\u00ed \u00edbamos. As\u00ed es que algunas veces les tocaba irnos a dejar [a la escuela] a mi t\u00eda o a mi pap\u00e1 o a mi mam\u00e1, y se turnaban ellos. Qui\u00e9n sabe c\u00f3mo arreglar\u00edan el turno, pero nos llevaban a la escuela y nos iban a recoger hasta que est\u00e1bamos como en cuarto o quinto a\u00f1o, ya de cuarto a\u00f1o no recuerdo bien, ya nos \u00edbamos solos y nos regres\u00e1bamos solos, porque las calles no ten\u00edan tr\u00e1nsito. Las calles eran para nosotros, nosotros jug\u00e1bamos all\u00ed, las calles eran nuestras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[Mixcoac] era muy importante porque, adem\u00e1s, fue el barrio de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas y se contaban leyendas de G\u00f3mez Far\u00edas. Me acuerdo de que nos contaban que sal\u00eda un carro de lumbre que entraba a la iglesia porque lo castigaba y tanta cosa con Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, que fue el primer liberal que trataba de separar a la iglesia del gobierno. Este\u2026 ese era mi barrio.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>La calle <\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ni\u00f1as jug\u00e1bamos en la casa. En la casa de Mixcoac, en la casa del Rosario, mi mam\u00e1 hab\u00eda arreglado un cuarto. Mi casa estaba construida la mitad a nivel de la calle y la otra mitad estaba de medio hoyo que daba para otra casa, de manera que \u00e9ramos de hoyos. Y ah\u00ed mam\u00e1 ten\u00eda un gallinero, pero cuando vio que ten\u00edamos que jugar y no salir a la calle, ah\u00ed nos hizo una casita de mu\u00f1ecas, pero no una casita de mu\u00f1ecas como ahora se ven, no, improvisada, pero ah\u00ed ten\u00edamos cocinita, ah\u00ed jug\u00e1bamos a la comidita, ah\u00ed jug\u00e1bamos a la escuelita, ah\u00ed jug\u00e1bamos a que \u00e9ramos las se\u00f1oritas y nos pon\u00edamos de las primas mayores las pieles y los sombreros y lo que ellas nos pod\u00edan regalar. Eso en la casita que hab\u00eda improvisado mi mam\u00e1 y como mi mam\u00e1 era como muy apapachadora, ah\u00ed iban a dar todas las primas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda yo muchas primas. Mis primas Beatriz, <em>Meche<\/em>, <em>Lupe<\/em>, y todas iban a la casa, a la casita. Sal\u00edamos a la calle, s\u00ed, pero de tacones, de sombrero y de todo lo que hab\u00edamos juntado, a taconear y a regresar. Taconear era muy dif\u00edcil porque hab\u00eda empedrado, ten\u00eda banqueta. Las ni\u00f1as \u00edbamos a lucir lo que hab\u00edamos recogido de las primas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La calle del Rosario estaba empedrada y con poquitos \u00e1rboles, pero ten\u00eda \u00e1rboles de trueno. Tambi\u00e9n desembocaba a un callej\u00f3n que se llamaba callej\u00f3n del Rosario que al final ten\u00eda otro callej\u00f3n que daba a la calle de Augusto Rodin, era pues una peque\u00f1a colonita, nos llev\u00e1bamos tambi\u00e9n con los vecinos. Pero las ni\u00f1as nom\u00e1s nos llev\u00e1bamos con las primas, los hermanos s\u00ed jugaban con todo el vecindario y con todos los muchachitos de la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo me gustaba, hasta corretearme con el tren. S\u00ed, \u00edbamos a la escuela, sal\u00edamos nosotros y se o\u00eda desde que ven\u00eda donde terminaba la calle de Augusto Rodin, que no s\u00e9 c\u00f3mo se llamaba en aquella \u00e9poca, se o\u00eda que ven\u00eda el tren, entonces lo esper\u00e1bamos y empez\u00e1bamos a ver que daba la vuelta y a ver qui\u00e9n llegaba a la esquina de la casa y ech\u00e1bamos carrera y por fin gan\u00e1bamos nosotros o a veces nos ganaba el tren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La [fiesta] de la iglesia era el 12 de diciembre. Era famosa porque no solamente era con el barrio y con Mixcoac, ven\u00edan gentes de afuera a los fuegos artificiales porque mi t\u00edo, que fue presidente municipal, fue cuetero, de los que hac\u00edan los castillos y eso. Entonces a la virgen, que era la patrona de nuestro barrio, le daba los fuegos artificiales m\u00e1s hermosos y hac\u00eda verdadera fiesta de pirotecnia. Y ven\u00edan gentes de fuera a verlos, as\u00ed que era una fiesta grande.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los perros no eran tan cuidados, los perros eran callejeros, empezando por el de mi casa. Se levantaba la casa y el perro sal\u00eda y regresaba hasta que le daban de comer y hasta el otro d\u00eda volv\u00eda a salir. Casi era de la calle, pero era de la casa. Despu\u00e9s se muri\u00f3 y tuvimos otro que se llam\u00f3 Firablas, pero tambi\u00e9n de la calle. Yo digo que no eran de la casa, no eran caseros, [cuando] se abr\u00eda la casa para ir a la escuela, el primero que sal\u00eda era el perro. Los perros andaban afuera, regresaban a comer y se volv\u00edan a salir a la calle.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Juegos y parques<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba el monumento a \u00c1lvaro Obreg\u00f3n, ah\u00ed tambi\u00e9n \u00edbamos a jugar. Nos \u00edbamos caminando de donde nosotros viv\u00edamos en Carracci. Nos \u00edbamos caminando por Insurgentes hasta llegar al monumento, sal\u00edamos dizque a correr para hacer ejercicio, entonces s\u00ed sal\u00edamos ni\u00f1as, ni\u00f1os, todos. Sal\u00edamos corriendo a las cinco de la ma\u00f1ana, todav\u00eda a oscuras, corre y corre. Nos dejaban ir, no les daba miedo que nos fueran a robar o que nos fuera a pasar nada, lleg\u00e1bamos a \u00c1lvaro Obreg\u00f3n y en las alfardas del monumento nos ech\u00e1bamos de resbaladilla. Cuando lleg\u00e1bamos al suelo se apagaban las luces y ve\u00edamos o nos hac\u00edamos creer, que nosotros hab\u00edamos apagado las luces del monumento, pero era otro de nuestros juegos ir al monumento a correr.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos sal\u00edamos a jugar en la tarde acabando de comer, como a la cinco. Terminaba la siesta de los pap\u00e1s y nos sal\u00edamos a sentar a la ventana de la casa de mi calle de donde viv\u00edamos y ah\u00ed se sentaban mi pap\u00e1, mi mam\u00e1, mis t\u00edas que ya eran, pues los pap\u00e1s, a echarnos la reata, a jugar a los quemados, a jugar y pasaba un dulcero de esos que traen canasta, como de esos que todav\u00eda traen canasta de Xochimilco con dulces mexicanos. Pasaban y nos compraban nuestro dulce. Esper\u00e1bamos que llegara a pasar, algunas veces no llegaba el malvado dulcero, y ni modo, pero tambi\u00e9n pasaban unas mujeres con azucarillos y nos cantaban tu canci\u00f3n \u201cAzucarillo, para ni\u00f1o\u2026\u201d, y te cantaban un versito con tu nombre. El azucarillo era un conito rellenito de az\u00facar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n pasaban otros que vend\u00edan pirul\u00eds. Esos s\u00ed todav\u00eda hay, pero esos no cantaban. La que cantaba era esa mujer, yo creo que veracruzana o algo as\u00ed, con su guitarra y sus azucarillos, y nos compraban nuestro azucarillo. La pas\u00e1bamos muy bien las tardes con los pap\u00e1s, jugando a veces ellos con nosotros a las quemadas, o a echarnos la reata, o a poner las alturas a la reata. Era la calle no pasaba coche, pero ya como a las seis, cuando empezaba a oscurecer, cada uno a su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se hac\u00edan las posadas con los puros ni\u00f1os de la familia. En el patio de la casa se pon\u00eda una viga, de la casa de una de mis t\u00edas a la de nosotros, y ah\u00ed se colgaba la pi\u00f1ata. Eso s\u00ed, se ten\u00eda que cantar la letan\u00eda y se ten\u00eda que rezar cuando menos dos tramos del rosario y cant\u00e1bamos: \u201cEste ni\u00f1o no quiso cantar, colaci\u00f3n no le hemos de dar\u201d. Al final de la tronada de pi\u00f1ata uno acababa llorando, que otro acababa raspado\u2026 Nos daban todav\u00eda la colaci\u00f3n en bolsas de estraza, de papel, con la j\u00edcama, la lima, la naranjita y una bolsita de colaci\u00f3n. Esas eran nuestras posadas, pero cantabas y rezabas, cuando menos, nada de que \u201cno ya bailen\u201d y cosas por el estilo. Ni mis primos grandes ni nadie bailaba, todo era pi\u00f1ata y rezar y cantar la posada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos quedaba el parque cerca y jug\u00e1bamos mucho, ah\u00ed s\u00ed \u00edbamos las ni\u00f1as. De los hoyos que quedaban, qued\u00f3 lo que hoy es el jard\u00edn. Se llamaba el parque Noche Buena porque fue en el hoyo en el que estaba la f\u00e1brica de tabique Noche Buena, que es en donde ahora est\u00e1 el reloj. \u00cdbamos a jugar cuando llov\u00eda porque lo hab\u00edan hecho de manera que tuviera canales para que corriera el agua. Y ah\u00ed iban mis hermanos y sus amigos, se llevaban con unos muchachos que les dec\u00edamos los yucatecos, y llevaban la batea donde pon\u00eda la ropa su mam\u00e1 y dizque iban a remar. [Al parque] le hab\u00edan hecho canales encementados y todo, y hab\u00eda cerritos y dentro de esos cerritos plantaron \u00e1rboles. En mis tiempos eran varitas, ahora es un bosquecito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ah\u00ed s\u00ed \u00edbamos nosotras. \u00cdbamos a verlos remar, a verlos jugar a los polic\u00edas y ladrones. Por cierto, que los polic\u00edas jugaron un d\u00eda a que deb\u00edamos tener un tesoro al que \u00edbamos a robar, entonces qu\u00e9 hicimos: nos pusimos zapatos y los escondimos. Pero no los supimos esconder, as\u00ed que yo creo que los jardineros vieron y los zapatos se perdieron, y todas regresamos sin zapatos a la casa. \u00a1La rega\u00f1iza y castigada que nos dieron\u2026! porque esa s\u00ed era travesura. \u00cdbamos nosotras. \u00c9ramos mi hermana, mi prima <em>Biti<\/em>, mi prima <em>Lupe<\/em>, \u00e9ramos cuatro mujeres, y mis hermanos con los primos y con los yucatecos. Y perdimos todos los zapatos. Yo creo que los jardineros nos vieron esconderlos y se los llevaron. Ahora lo pienso, pero no se nos pudo olvidar a tanto ni\u00f1o d\u00f3nde hab\u00edan escondido los zapatos, llegamos todos descalzos. \u00a1Fue una castigada, pero de las buenas\u2026!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n estaba el parque Murillo, que est\u00e1 cerca, frente al palacio municipal, donde hoy est\u00e1 la Universidad Panamericana. Dec\u00edan en mi casa que antes hab\u00eda sido una f\u00e1brica de tela, ah\u00ed bajaba el r\u00edo Mixcoac y ah\u00ed se hac\u00edan telas de algod\u00f3n. Despu\u00e9s se abandon\u00f3 y fueron vecindades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El parque Murillo ten\u00eda columpios, paralelas, argollas, bancas. Y a veces ah\u00ed se hac\u00edan eventos de box. Hab\u00eda ring, entonces uno de mis primos pag\u00f3 50 centavos porque se quer\u00eda dar con otro, y ah\u00ed vamos a verlo pelear\u2026 Claro que a las ni\u00f1as nos fue muy mal, pero fuimos a verlos pelear. Mi primo sali\u00f3 con la bata de ba\u00f1o de su pap\u00e1 para ser el boxeador, y ah\u00ed pele\u00f3 con el que le pusieron. Perdi\u00f3, pero se gan\u00f3 sus centavos. Y ah\u00ed nosotras, aplaude y aplaude.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Cine, teatro, diversiones<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo dos cines en mi \u00e9poca de ni\u00f1a. Uno que se llamaba el cine Jard\u00edn, que estaba atr\u00e1s de la [escuela] Olavarr\u00eda, en la calle que despu\u00e9s fue Tiziano, no s\u00e9 c\u00f3mo se llamar\u00eda en aquella \u00e9poca, pero ah\u00ed estaba.\u00a0 En realidad, era un cine jard\u00edn, estaba el cine, sus butacas, pero todo alrededor y la entrada eran un jard\u00edn. Era bonito. Despu\u00e9s se hizo el cine Revoluci\u00f3n, pero yo estaba m\u00e1s grande, ya \u00edbamos al cine en Tacubaya, que era el Hip\u00f3dromo. Hab\u00eda otro cine ah\u00ed cerca que se llamaba El Primavera, cada semana cambiaba de programa. Vimos pel\u00edculas muy bonitas. \u00cdbamos casi cada ocho d\u00edas, hab\u00eda matin\u00e9. No era caro. Ya cuando fuimos en las tardes, fue a Tacubaya, al Hip\u00f3dromo, con nuestros primos grandes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando ten\u00eda catorce a\u00f1os casi siempre \u00edbamos al cine, [tambi\u00e9n] algunas veces al teatro. Sola, no, nos \u00edbamos la palomilla de las primas de la edad. Fuimos algunas veces al teatro Iris. Ya m\u00e1s vieja conoc\u00ed all\u00ed a Pl\u00e1cido Domingo joven, porque ah\u00ed presentaban zarzuelas sus padres, zarzuelas muy bonitas. A Mixcoac llevaban un teatro que se llamaba el teatro de Guillermina Ortiz, era una carpa, pero no de lona, una carpa de madera, bien hecho el cuarto, la estancia con su foro, sus buenas bocinas y sus sillas. Hac\u00edan representaciones de A\u00edda, era de grandes vuelos e iban las familias de Mixcoac.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Los cambios <\/strong><\/h3>\n<p>Todo fue pasando tan naturalmente que no le sorprendi\u00f3 a uno. Los cambios no eran bruscos, sino que eran lentos. Cambi\u00f3 cuando ya fuimos mayores. S\u00ed nos llamaba la atenci\u00f3n que, por ejemplo, en casa de mi t\u00edo hab\u00eda tel\u00e9fono, pero en la m\u00eda no. Entonces toda la familia, que viv\u00edamos en la misma cuadra, se comunicaba con ese tel\u00e9fono. As\u00ed es que era la casa del tel\u00e9fono.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[A la ciudad] me la imaginaba grande y cuando estuvimos aprendiendo geograf\u00eda se me hac\u00eda como [cuando] estudi\u00e1bamos el dominio de Canad\u00e1, porque entonces no se llamaba Canad\u00e1, Canad\u00e1, se llamaba el domino del Canad\u00e1. Eso nos ense\u00f1aban en geograf\u00eda. Yo dec\u00eda este es el dominio de Mixcoac.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniela Lechuga Herrero Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 48. \u00bfC\u00f3mo era el M\u00e9xico de los a\u00f1os treinta del siglo pasado en un barrio perif\u00e9rico como Mixcoac? Aqu\u00ed lo relata Matilde Pereyra. Hoyos con agua, calles empedradas e inundadas muchas veces, con olor a \u00e1rboles de trueno, escasas de autom\u00f3viles y repletas de ni\u00f1as y ni\u00f1os. Un pueblo de leyendas, cines, carpas y trenes destartalados. Los recuerdos de Matilde Pereyra nos iluminan acerca de c\u00f3mo era crecer en uno de los barrios con m\u00e1s tradici\u00f3n de la Ciudad de M\u00e9xico. Entre las calles empedradas de Mixcoac los ni\u00f1os disfrutaban con posterioridad a la revoluci\u00f3n del aroma de los \u00e1rboles, caminaban por las milpas y jugaban en las piscinas de los hoyos llenos de agua que hab\u00eda dejado la f\u00e1brica ladrillera. Muchos otros barrios del Distrito Federal (D.F.) \u2014denominaci\u00f3n pol\u00edtica que ten\u00eda en aquellos a\u00f1os\u2014<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2178,181],"tags":[2461,718,2197],"class_list":{"0":"post-14083","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-48","7":"category-entrevistas","8":"tag-distrito-federal","9":"tag-mixcoac-2","10":"tag-san-juan-mixcoac"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14083","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14083"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14083\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22812,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14083\/revisions\/22812"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14083"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14083"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14083"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}