﻿{"id":1342,"date":"2012-01-24T22:01:01","date_gmt":"2012-01-25T04:01:01","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1342"},"modified":"2021-05-04T09:53:53","modified_gmt":"2021-05-04T14:53:53","slug":"la-falta-de-un-varon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-falta-de-un-varon\/","title":{"rendered":"La falta de un var&oacute;n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>Arturo Sig\u00fcenza<\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\"><strong><span style=\"font-size: 1rem;\">Taller de Artificios<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #993300;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 14.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 1rem;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Marc-Chagall-birth-1910-640x466.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-7193 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Marc-Chagall-birth-1910-640x466.jpg\" alt=\"Marc Chagall, birth-1910 (640x466)\" width=\"512\" height=\"373\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Marc-Chagall-birth-1910-640x466.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Marc-Chagall-birth-1910-640x466-300x218.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/Marc-Chagall-birth-1910-640x466-624x454.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/a><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1894. Hacienda &#8220;Los Tres Zapotes&#8221;. Un cigarrillo y otro m\u00e1s. El patio entero donde se secaba el fruto de higuerilla se le hac\u00eda chico y las cuatro horas de espera le parec\u00edan veinte minutos. \u00bfO era al rev\u00e9s? No lo sab\u00eda y mandaba por m\u00e1s tabaco para liar unos cuantos. No estaba seguro de que ese doctorcito que trajeron de la ciudad pudiera hacer el trabajo de d\u00eda Crescencia (la partera m\u00e1s confiable del poblado), quien se hab\u00eda encargado de recibir a sus siete hijas. Alguno de sus compadres le hab\u00eda aconsejado: &#8220;conf\u00eda en la ciencia, Rogaciano, no seas tan ignorante, los doctores estudiados en la capital pueden hacer que nazca un machito&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sac\u00f3 su reloj de oro m\u00e1s por presumir que por ver la hora. Aunque sab\u00eda leerlo, siempre le ped\u00eda a alguien m\u00e1s que lo hiciese por \u00e9l, de hecho se le hab\u00eda vuelto un tic nervioso. Se alz\u00f3 un poco el sombrero para limpiarse el sudor con la mano, y se afloj\u00f3 el cintur\u00f3n de cuero de v\u00edbora que \u00e9l mismo hab\u00eda matado, cuando la encontr\u00f3 debajo de su cama. Los gritos de su mujer eran m\u00e1s desesperados que de costumbre, quiz\u00e1 porque el tener un var\u00f3n sea m\u00e1s doloroso &#8212; pens\u00f3&#8211; o porque el m\u00e9ndigo doctorcito no sab\u00eda traer un ni\u00f1o al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;\u00a1\u00bfQu\u00e9 esperan para ir por do\u00f1a Chencha!? \u00bfNo oyen a mi mujer chillando como puerco?&#8221; grit\u00f3 don Rogaciano. Uno de sus mozos de confianza cogi\u00f3 un caballo con la advertencia de mejor no regresar si no era con la partera. Don Rogaciano estaba tan encabritado que no sinti\u00f3, sino instantes despu\u00e9s, cuando el cigarrillo le quem\u00f3 los dedos. Lo pisote\u00f3 maldici\u00e9ndolo y con premura encendi\u00f3 otro. Se dirigi\u00f3 a la rec\u00e1mara, abri\u00f3 de un golpe las dos altas puertas de madera y las dej\u00f3 de par en par.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;\u00bfQu\u00e9 carajos pasa? \u00a1Llevan horas con este griter\u00edo!&#8221; refunfu\u00f1\u00f3 palmoteando en una puerta. El doctor y su ayudanta se sintieron algo m\u00e1s que intranquilos con la amenaza que hizo don Rogaciano pistola en mano. Ten\u00edan que traer un varoncito al mundo o \u00bfqui\u00e9n sabe qu\u00e9 les pod\u00eda pasar, verd\u00e1 de Dios?. Mas all\u00e1 de la preservaci\u00f3n del apellido, estaba en juego la preservaci\u00f3n de la Hacienda y la de su honra, pues sus parientes y amigos le machacaban cada que pod\u00edan \u00bfpara cu\u00e1ndo el varoncito, para cu\u00e1ndo?. Don Rogaciano sab\u00eda que su problema de erecci\u00f3n era cada vez m\u00e1s severo, y que la edad y los problemas de la Raya lo ten\u00edan al tope de sus cabales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El padre de don Rogaciano escuch\u00f3 los gritos y camin\u00f3 pronto a la rec\u00e1mara, se acerc\u00f3 por detr\u00e1s y lo sacudi\u00f3 por los hombros. Le dijo que se dejara de pendejadas y que mejor se fuera a atender al turco que lo esperaba hac\u00eda ya un buen rato. Don Rogaciano sali\u00f3 del cuarto, pero antes dej\u00f3 el rev\u00f3lver encima de la mesa donde el doctor ten\u00eda sus utensilios. &#8220;Varoncito, doctor, varoncito&#8221; advirti\u00f3 con sus ojos de lince enfadado.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista\u00a0<em>BiCentenario<\/em>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1894. Hacienda ai???Los Tres Zapotesai???. Un cigarrillo y otro mA?s. 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