﻿{"id":13371,"date":"2020-01-23T11:07:03","date_gmt":"2020-01-23T17:07:03","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=13371"},"modified":"2023-07-18T17:23:38","modified_gmt":"2023-07-18T23:23:38","slug":"editorial-46","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-46\/","title":{"rendered":"Editorial #46"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #993300;\"><strong>Revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 46.<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-13372\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200-221x300.jpg\" alt=\"BiC 46 Portada 1200\" width=\"221\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200-221x300.jpg 221w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200-754x1024.jpg 754w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200-624x846.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/BiC-46-Portada-1200.jpg 891w\" sizes=\"(max-width: 221px) 100vw, 221px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>D<\/strong>urante la mayor parte del siglo XIX mexicano, la sociedad estuvo atenta al llamado de las armas, para responder con el fusil en la mano o esconderse del reclutamiento forzoso. Intervenciones extranjeras, guerras intestinas, pronunciamientos, asonadas y motines fueron el pan de cada d\u00eda. El \u201cmexicanos al grito de guerra\u201d del himno nacional compuesto en esos a\u00f1os, nos representaba a la perfecci\u00f3n; al mismo tiempo, nuestra historia patria se llen\u00f3 de los h\u00e9roes y villanos de las diversas batallas de aquel agitado siglo. La edici\u00f3n de <em>BiCentenario<\/em> que tiene en sus manos busca explicar y entender a esta sociedad armada, no s\u00f3lo a las figuras preponderantes de los ej\u00e9rcitos en conflagraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n al soldado an\u00f3nimo que dio su vida por la formaci\u00f3n de este pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abrimos este n\u00famero con el art\u00edculo de Eduardo Orozco, quien cuestiona que en la guerra de independencia se enfrentaran dos grupos bien definidos: realistas e insurgentes. Orozco nos demuestra que la ecuaci\u00f3n no es tan simple, que los jefes y oficiales de cada bando tuvieron m\u00e1s en com\u00fan de lo que a simple vista parece. Para sostenerlo, revisa los diversos cuerpos armados que la corona espa\u00f1ola organiz\u00f3 hacia fines del siglo XVIII para Nueva Espa\u00f1a. De ellos salieron los jefes que organizaron al \u201cej\u00e9rcito\u201d insurgente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Omar Urbina contin\u00faa el an\u00e1lisis, ahora con los soldados que constituyeron los primeros contingentes armados del M\u00e9xico independiente. Presenta la constante pugna entre las milicias locales y el ej\u00e9rcito permanente, y c\u00f3mo esta se intensific\u00f3 con el cambio de sistema pol\u00edtico, pues los federalistas apostaban por las milicias compactas y regionales, y los centralistas buscaron en el ej\u00e9rcito profesional el baluarte que garantizara \u201cla seguridad interior y la defensa exterior\u201d; como veremos, todo qued\u00f3 en buenas intenciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces surge una pregunta: m\u00e1s all\u00e1 de las leyes que buscaron uniformar y reglamentar a las fuerzas armadas, \u00bfc\u00f3mo se comportaron en la pr\u00e1ctica? Tres textos llevan al lector al campo de batalla sin el peligro que esto supone. As\u00ed, Francisco Vera estudia el intento de reconquista espa\u00f1ola de 1829, cuando las tropas mexicanas, mal vestidas y mal comidas pero bien comandadas, repelieron el ataque del brigadier espa\u00f1ol Isidro Barradas. Carlos Arellano hace lo propio con la guerra de Reforma, en que el ej\u00e9rcito profesional, dirigido por generales conservadores, siti\u00f3 la ciudad de Veracruz, sede del gobierno liberal encabezado por Benito Ju\u00e1rez. En ambos textos encontramos a los oficiales, la tropa, el armamento y los pertrechos b\u00e9licos y nos adentramos en los caminos y fortificaciones militares. En el tercer texto, seguiremos al guerrillero-bandido Antonio Rojas en sus andanzas por el occidente del pa\u00eds y veremos la importancia de su participaci\u00f3n b\u00e9lica en el triunfo de los republicanos sobre el imperio de Maximiliano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente tema que aborda la presente edici\u00f3n es la educaci\u00f3n castrense durante la llamada \u201cpax porfiriana\u201d. Sin guerras internacionales, ni el levantamiento y movilizaci\u00f3n de grandes contingentes armados, se atendi\u00f3 a la educaci\u00f3n de j\u00f3venes cadetes. La modernizaci\u00f3n del Colegio Militar en 1901 y la apertura de la Escuela Militar de Aspirantes en 1905 fueron acciones encaminadas con este fin. Gustavo Helguera presenta una entrevista hecha al general Rodolfo Casillas, quien en su juventud pas\u00f3 por las aulas de ambas escuelas. La entrevista nos lleva de las elegantes cenas de fin de a\u00f1o con el general presidente Porfirio D\u00edaz, a la divisi\u00f3n social que nutri\u00f3 a la revoluci\u00f3n mexicana. Podemos agregar que el general Casillas debi\u00f3 de tener en las manos la Revista del Ej\u00e9rcito y Marina, surgida en 1906 para la ense\u00f1anza y difusi\u00f3n de los avances cient\u00edficos del sector intelectual de la Secretar\u00eda de Guerra, y que es objeto del art\u00edculo de V\u00edctor Salazar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la actualidad, las fuerzas armadas son parte de nuestra sociedad, ya no como una corporaci\u00f3n escondida en los cuarteles, sino como una instituci\u00f3n vigilada, hasta cierto punto, por la ciudadan\u00eda; pero esto no fue siempre as\u00ed. C\u00e9sar Valdez revisa las pruebas y retos que la instituci\u00f3n ha enfrentado desde 1990 ante la opini\u00f3n p\u00fablica, as\u00ed como las pol\u00edticas de los distintos niveles de gobierno para hacerla m\u00e1s eficientes y eliminar la terrible corrupci\u00f3n que la ha envuelto durante a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si usted, lector, desea acercarse m\u00e1s al fen\u00f3meno militar desde el punto de vista acad\u00e9mico, lo invitamos a leer el art\u00edculo del mayor retirado Antonio Campuzano sobre el Archivo Hist\u00f3rico de la SEDENA. Ahora, si lo que prefiere es el punto de vista art\u00edstico, el art\u00edculo de Samantha P\u00e9rez lo llevar\u00e1 a la guerra de los Pasteles (1839), a trav\u00e9s de la interesante historia de un grabado que forma parte de la colecci\u00f3n del Museo de Arte de Veracruz, y el cuento de Kenji Hern\u00e1ndez lo pondr\u00e1 al tanto de la historia de un militar que prefiri\u00f3 asistir a las fiestas de su pueblo que atender al llamado de sus superiores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed est\u00e1 edificado este n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em>. S\u00f3lo nos resta agradecer al Seminario de Historia Militar y Naval por sus valiosas aportaciones y esperar que, al terminar estas l\u00edneas, el lector interesado decida contin\u00faar con las dem\u00e1s p\u00e1ginas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta la pr\u00f3xima edici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Norberto Nava B.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 46. Durante la mayor parte del siglo XIX mexicano, la sociedad estuvo atenta al llamado de las armas, para responder con el fusil en la mano o esconderse del reclutamiento forzoso. Intervenciones extranjeras, guerras intestinas, pronunciamientos, asonadas y motines fueron el pan de cada d\u00eda. 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