﻿{"id":13285,"date":"2019-12-11T16:55:02","date_gmt":"2019-12-11T22:55:02","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=13285"},"modified":"2025-09-12T00:01:26","modified_gmt":"2025-09-12T06:01:26","slug":"churubusco-un-viaje-en-el-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/churubusco-un-viaje-en-el-tiempo\/","title":{"rendered":"Churubusco: un viaje en el tiempo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<br \/>\nMuseo Nacional de las Intervenciones.<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 45.<\/span><\/strong><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_45_04_Churubusco.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La arquitectura con varios siglos de antig\u00fcedad que rodea al exconvento de Churubusco, ha sido el sitio ideal para decenas de filmes que se produjeron desde los principios del cine mudo. Luis Bu\u00f1uel, Emilio Fern\u00e1ndez, Pedro Infante, Jorge Negrete, Fernando de Fuentes, entre muchos, pasaron por all\u00ed para hacer sus historias.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450073.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13286\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450073.jpg\" alt=\"BiC450073\" width=\"600\" height=\"475\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450073.jpg 600w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450073-300x237.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>n la ciudad de M\u00e9xico abundan rincones pintorescos que son un verdadero oasis en medio del tr\u00e1fico y la contaminaci\u00f3n ambiental; se trata de vestigios de viejos pueblos y haciendas que fueron absorbidos por la mancha urbana, pero que conservan un sabor at\u00e1vico y provinciano gracias a un entorno arquitect\u00f3nico que se remonta a siglos pasados. Es el caso de la colonia San Diego Churubusco que, enmarcada entre las avenidas Divisi\u00f3n del Norte, Tlalpan y R\u00edo Churubusco, tiene como centro cultural al exconvento del siglo XVII que hoy alberga al Museo Nacional de las Intervenciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se trata de un asentamiento muy antiguo, su ocupaci\u00f3n por pueblos prehisp\u00e1nicos se remonta al siglo XIII, \u00e9poca en la que ind\u00edgenas de tradici\u00f3n colhua-chichimeca formaron la confederaci\u00f3n de los Nauhtecutli (Cuatro Se\u00f1ores), integrada por los pueblos de Colhuacan, Ixtapalapa, Mexicalcingo y Huitzilopochco (el actual Churubusco). Este \u00faltimo pueblo chinampaneca (es decir, asentado parcialmente sobre chinampas) estaba ubicado en la orilla de una boca de casi tres kil\u00f3metros de ancho que un\u00eda alos lagos de M\u00e9xico y Xochimilco, y su nombre significa, literalmente, \u201cen el lugar de Huitzilopochtli\u201d o \u201cen el lugar consagrado al Dios de la guerra\u201d. Por ello resulta ir\u00f3nico que, cuando los mexicas llegaron a la cuenca de M\u00e9xico en su peregrinaci\u00f3n, guiados por ese mismo dios, hayan sido esclavizados por los huitzilopochcas y sus aliados hacia el a\u00f1o 1302.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, los mexicas fundaron Tenochtitl\u00e1n, formaron la Triple Alianza con Tlacopan y Texcoco y dominaron a los pueblos vecinos. La conquista de Huitzilopochco por los mexicas puede situarse en el segundo reinado de Izc\u00f3atl, hacia los a\u00f1os 1428-1430. A la llegada de los espa\u00f1oles, Huitzilopochco era un pueblo que, seg\u00fan el C\u00f3dice Mendocino, rend\u00eda tributo a Tenochtitl\u00e1n con plumas de colibr\u00ed y flores. No se sabe con certeza su extensi\u00f3n, pero cronistas como Hern\u00e1n Cort\u00e9s, Francisco L\u00f3pez de G\u00f3mara y Juan de Torquemada le atribuyen miles de casas. Tambi\u00e9n contaba con varios teocalis, entre ellos uno de gran celebridad dedicado a Hutzilopochtli. Luego de una alianza con Cort\u00e9s en los primeros momentos de la conquista, fue de los pueblos que mayor resistencia opusieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450088.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-13287\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450088-300x243.jpg\" alt=\"BiC450088\" width=\"300\" height=\"243\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450088-300x243.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/BiC450088.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de 1521 la vida de los habitantes de la cuenca de M\u00e9xico cambi\u00f3 por completo. Sus templos y ciudades fueron destruidos para levantar edificaciones con una nueva arquitectura. En Hitzilopochco, el antiguo teocali de Hutzilopochtli fue demolido para levantar sobre su basamento un templo cat\u00f3lico, que hasta la fecha se conoce como capilla de San Mateo. El nombre mismo del lugar comenz\u00f3 a deformarse y castellanizarse por los nuevos amos, los encomenderos espa\u00f1oles, hasta terminar en Churubusco, y comenz\u00f3 a conocerse una nueva fe por la actividad evangelizadora de los llamados \u201cprimeros doce franciscanos\u201d de fray Mart\u00edn de Valencia, quienes fundaron (a unos 300 metros de la capilla de San Mateo) un convento en el lugar donde hoy se asienta el exconvento de Churubusco. Esta primera obra fue sumamente modesta; seg\u00fan George Kubler, \u201cesta peque\u00f1a iglesia y convento tienen el m\u00e9rito de haber sido reconocidos por Ponce como el primer establecimiento erigido por frailes. Fue construido totalmente de ladrillo, y la obra se atribuye a fray Juan de Zum\u00e1rraga, lo cual, de ser cierto, la situar\u00eda entre 1528 y 1548\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Igual que muchas fundaciones de los franciscanos en el centro de M\u00e9xico, la ermita, con la advocaci\u00f3n de Dios y Mar\u00eda, vivi\u00f3 d\u00e9cadas dif\u00edciles que impidieron su expansi\u00f3n arquitect\u00f3nica (no constaba m\u00e1s que de un peque\u00f1o templo y una casa adosada) y determinaron su paulatino abandono desde la d\u00e9cada de 1570. En 1581, por disposici\u00f3n del cabildo metropolitano, la construcci\u00f3n pas\u00f3 a poder de una orden reformada de los franciscanos, la de San Diego de Alcal\u00e1. Los dieguinos cambiaron la advocaci\u00f3n a la de San Diego y dieron nueva vida al peque\u00f1o convento, de modo que para 1592 ya era una casa de formaci\u00f3n de los religiosos que part\u00edan a evangelizar las Filipinas. El aumento de frailes hizo insuficiente el espacio, de modo que fue necesaria una reedificaci\u00f3n desde los cimientos. Esta se logr\u00f3, en el a\u00f1o 1678, gracias al mercader granadino Diego del Castillo, quien don\u00f3 parte de su fortuna para construir el edificio que hoy conocemos, con la advocaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles. En 1733 se a\u00f1adi\u00f3 el ala sur y la barda perimetral que rodea el predio, y en 1801 el portal de entrada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante la guerra entre M\u00e9xico y Estados Unidos, el convento, tornado fortaleza y defendido por los batallones de guardia nacional Independencia y Bravo y por el batall\u00f3n de irlandeses de San Patricio, enfrent\u00f3 el asalto del ej\u00e9rcito del general Winfield Scott el 20 de agosto de 1847, motivo por el cual, y en memoria de los ca\u00eddos en aquel combate, el presidente Benito Ju\u00e1rez decret\u00f3 el 21 de agosto de 1869 que fuese dedicado a \u201cuso de beneficencia\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En virtud de dicho decreto, en 1877 los espacios del exconvento fueron adaptados para establecer el Hospital Militar de Tifoideos, el cual funcion\u00f3 con tales carencias que llevaron al deterioro del edificio. Por fin, en julio de 1917, el entonces inspector general de monumentos art\u00edsticos, Jorge Enciso, propuso que el inmueble fuese convertido en museo. Se convoc\u00f3 a veteranos de la guerra y sus familias para que donaran objetos de la \u00e9poca de la invasi\u00f3n estadunidense (armas, vestuario, banderas, mobiliario, pinturas y litograf\u00edas, entre otros), y con este material fue inaugurado, el 20 de agosto de 1919, el Museo Hist\u00f3rico de Churubusco, el cual tambi\u00e9n alberg\u00f3 una colecci\u00f3n de transportes \u2013recibi\u00f3 donativos de carruajes y autom\u00f3viles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Museo Hist\u00f3rico de Churubusco fue una dependencia de la UNAM hasta 1939, a\u00f1o en que pas\u00f3 a depender del Instituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia (INAH). Funcion\u00f3 con ese nombre hasta 1975, pues en ese a\u00f1o el ex convento fue sometido a un profundo proceso de restauraci\u00f3n que lo dej\u00f3 apto para albergar a uno de los proyectos muse\u00edsticos m\u00e1s importantes del sexenio del presidente Jos\u00e9 L\u00f3pez Portillo. De acuerdo con la postura contestataria del presidente (al menos en el discurso) ante el intervencionismo estadounidense en Latinoam\u00e9rica y el capitalismo agresivo de Ronald Reagan, se pens\u00f3 en dedicarlo a los principios de la pol\u00edtica exterior de no intervenci\u00f3n y autodeterminaci\u00f3n de los pueblos, que exhibiera en sus salas im\u00e1genes y objetos alusivos a las intervenciones extranjeras en M\u00e9xico. As\u00ed fue que naci\u00f3 el 13 de septiembre de 1981, el actual Museo Nacional de las Intervenciones.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">El cine<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy d\u00eda, en el ex convento y sus alrededores es com\u00fan ver equipos de producci\u00f3n filmando comerciales, promocionales, telenovelas y pel\u00edculas, lo cual no resulta extra\u00f1o a los vecinos, pues obedece a una tradici\u00f3n f\u00edlmica propia del barrio, que se remonta nada menos que al cine mudo. En la d\u00e9cada de 1920 ya exist\u00eda una producci\u00f3n nacional de pel\u00edculas mudas de argumento (es decir, que se distingu\u00eda de los primeros filmes, los cuales se limitaban a hacer tomas de la vida cotidiana), entre las cuales se hicieron dos en el ex convento de Churubusco. La primera fue <em>El Cristo de Oro<\/em> (1926), de los directores Basilio Zubiaur y Manuel R. Ojeda; drama ambientado en el siglo xvii, en que una joven inocente (interpretada por la actriz mexicana Otilia Zambrano) es salvada de ser ejecutada por su propio padre gracias a la intercesi\u00f3n de un Cristo milagroso. La segunda pel\u00edcula se titula <em>Conspiraci\u00f3n<\/em> (Manuel R. Ojeda, 1927), sobre la conspiraci\u00f3n independentista de 1808.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debido a dificultades t\u00e9cnicas y de producci\u00f3n, la sustituci\u00f3n definitiva del cine mudo por el sonoro tard\u00f3 d\u00e9cadas. Desde fines del siglo xix se produjeron pel\u00edculas mudas que incluyeron fragmentos sonorizados mediante diversos m\u00e9todos. En la d\u00e9cada de 1920 se intensificaron en Estados Unidos los experimentos y ensayos encaminados a desarrollar m\u00e9todos de sonorizaci\u00f3n, de los cuales los m\u00e1s importantes fueron el sonido \u00f3ptico (transformaci\u00f3n del sonido en ondas de luz que eran grabadas directamente en el celuloide, m\u00e9todo que acab\u00f3 triunfando sobre todos los dem\u00e1s) y el sonido en disco (sincronizaci\u00f3n de la imagen con discos fonogr\u00e1ficos). Con el segundo m\u00e9todo, y con el ex convento de Churubusco como una de sus locaciones, se realiz\u00f3 la primera pel\u00edcula mexicana totalmente sonorizada: <em>M\u00e1s fuerte que el deber<\/em> (Raphael J. Sevilla, 1930). Sin embargo, la primera pel\u00edcula mexicana sonora con \u00e9xito comercial -gracias a que el sonido \u00f3ptico super\u00f3 las deficiencias del sonido en disco-, fue <em>Santa<\/em>, de Antonio Moreno, estrenada dos a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sonorizaci\u00f3n cre\u00f3 la expectativa entre los productores mexicanos de que servir\u00eda de catalizador para los diversos cines nacionales, pues daba la posibilidad de que el p\u00fablico pudiera escuchar di\u00e1logos y canciones en su propia lengua y as\u00ed vencer la competencia del cine de temas hispanos que se hac\u00eda en Estados Unidos. Por ello, <em>M\u00e1s fuerte que el deber<\/em> es un drama en el que se destacan las dotes musicales de su protagonista, Luis Ibarg\u00fc\u00e9n, quien interpreta a un joven atrapado entre la obligaci\u00f3n de hacerse sacerdote para satisfacer a la familia y su vocaci\u00f3n por el canto. En efecto, la sonoridad permiti\u00f3 al incipiente cine mexicano despegar gracias al \u00e9xito internacional de <em>All\u00e1 en el Rancho Grande<\/em> (Fernando de Fuentes, 1936), cuyo aporte econ\u00f3mico por la taquilla lograda en Latinoam\u00e9rica permiti\u00f3 un notable aumento en el n\u00famero de largometrajes filmados en 1937 (de 20 producciones entre 1933-1936, se pas\u00f3 a 38, s\u00f3lo en ese a\u00f1o).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este auge econ\u00f3mico se not\u00f3 tambi\u00e9n en que los productores mexicanos se iniciaron en el camino de lo que podr\u00edamos llamar \u201cs\u00faper producci\u00f3n\u201d; es decir, el rodaje de escenas de acci\u00f3n con grandes contingentes de extras disfrazados para reproducir momentos hist\u00f3ricos. Tal fue el caso de <em>El Cementerio de las \u00c1guilas<\/em> (Luis Lezama, 1938), protagonizada por Jorge Negrete. Se trata de un melodrama que narra el tr\u00e1gico romance entre el ni\u00f1o h\u00e9roe Agust\u00edn Melgar y una joven de sociedad; refleja con bastante crudeza el trauma y la frustraci\u00f3n que la derrota signific\u00f3 para los mexicanos de la \u00e9poca y el hecho de que las escenas de acci\u00f3n se filmaran en los escenarios reales: el ex convento de Churubusco y el castillo de Chapultepec, aporta bastante realismo (los entornos naturales de ambas locaciones no hab\u00edan cambiado mucho desde el siglo XIX).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ambiente rural que Churubusco conserv\u00f3 durante la primera mitad del siglo xx y el \u00e9xito taquillero de <em>All\u00e1 en el Rancho Grande<\/em> determinaron que gran parte de la producci\u00f3n cinematogr\u00e1fica se abocase a temas rancheros. Esto favoreci\u00f3 que el pueblo y su ex convento se mantuvieran como una de las locaciones preferidas por productores y directores. Seg\u00fan testimonio de vecinos actuales: calles, casas y el bordo del r\u00edo Churubusco fueron escenario de muchas tomas del cine de la llamada \u201c\u00e9poca de oro\u201d. Es dif\u00edcil saber en cu\u00e1ntas y cu\u00e1les pel\u00edculas aparecieron estas locaciones; pero, seg\u00fan testigos, una casa ubicada frente al ex convento apareci\u00f3 como cantina en muchas pel\u00edculas, y fue testigo de las legendarias actuaciones de Pedro Infante como borracho perdido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto al ex convento y su iglesia, hemos hallado hasta ahora 49 cintas en que aparecen sus inconfundibles espacios, sirviendo de escenario a varias de las grandes estrellas del cine nacional. Empezando por Jorge Negrete, quien actu\u00f3 en al menos cinco pel\u00edculas filmadas all\u00ed (<em>El Cementerio de las \u00c1guilas<\/em>, ya mencionada; <em>El Rebelde<\/em>, de Javier Salvador, 1943; <em>Una Carta de Amor<\/em>, de Miguel Zacar\u00edas, 1943; <em>Hasta que perdi\u00f3 Jalisco<\/em>, de Fernando de Fuentes, 1945; <em>Si Adelita se fuera con otro<\/em>, Chano Urueta, 1948).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la mayor\u00eda de los casos, las pel\u00edculas s\u00f3lo contienen dos o tres escenas filmadas en el ex convento o la iglesia, sin embargo, cuando en las tramas los personajes principales son religiosos enclaustrados, el n\u00famero de escenas se acrecienta, al grado de que el inmueble se convierte en la locaci\u00f3n principal, casi en un protagonista m\u00e1s de la trama; este es el caso de <em>La hermana blanca<\/em> (Tito Davison, 1960), cinta protagonizada por Jorge Mistral y Yolanda Varela, en la que el personaje central es una monja que vive el dilema de abandonar su vocaci\u00f3n religiosa para casarse con el novio al que cre\u00eda muerto. Esta pel\u00edcula, adem\u00e1s, recrea el uso que se le dio al ex convento a fines del siglo XIX, \u00e9poca en que est\u00e1 ambientada: el de hospital militar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un caso similar, pero de trama m\u00e1s moderna y divertida, es <em>Cinco de chocolate y uno de fresa<\/em> (Carlos Velo, 1967), parodia en la que Ang\u00e9lica Mar\u00eda abandona la imagen de joven recatada que la convirti\u00f3 en la \u201cnovia de M\u00e9xico\u201d para interpretar a una novicia que, en momentos de trastorno mental por hongos alucin\u00f3genos, se vuelve la desinhibida y temeraria l\u00edder de una banda de j\u00f3venes rebeldes que arman un esc\u00e1ndalo nacional al secuestrar a un banquero. La cinta fue un \u00e9xito comercial y de cr\u00edtica, si bien hay al menos otras dos que antes usaron al ex convento de Churubusco como locaci\u00f3n principal: <em>Los hijos ajenos<\/em> (Roberto Rodr\u00edguez, 1958) y <em>Mi ni\u00f1o, mi caballo y yo<\/em> (Miguel M. Delgado, 1959).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como se habr\u00e1 notado, en Churubusco han filmado varios de los grandes cineastas del pa\u00eds. Adem\u00e1s de los ya mencionados, podemos citar a Emilio Fern\u00e1ndez, Miguel Contreras Torres, Juan Bustillo Oro, Ismael Rodr\u00edguez y Alejandro Galindo. El de mayor prestigio internacional fue tal vez Luis Bu\u00f1uel, quien film\u00f3 varias escenas de \u00c9l (1952) tanto en el ex convento como en la iglesia. Cabe se\u00f1alar que el estilo barroco de la Iglesia de San Diego, con hermosos retablos y pinturas coloniales de excelente factura, sirvi\u00f3 a los directores para proyectar en pantalla grandes iglesias, casi de car\u00e1cter catedralicio, pues, por efecto de c\u00e1mara, los espacios de San Diego aparecen en las im\u00e1genes con gran majestuosidad, cuando en realidad se trata de una iglesia peque\u00f1a. Este efecto tambi\u00e9n se nota en <em>El tejedor de milagros<\/em>, (1962, de Francisco del Villar), interpretada por Pedro Armend\u00e1riz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a estudios cinematogr\u00e1ficos, podr\u00eda pensarse que la vecindad de los Estudios Churubusco (Calzada de Tlalpan y R\u00edo Churubusco) es la raz\u00f3n de que el barrio y su ex convento tengan tanta presencia en el cine mexicano; sin embargo, si se ve la lista de las 49 pel\u00edculas antes mencionadas, se notar\u00e1 que los estudios Clasa (Cinematogr\u00e1fica Latino Americana S. A.), fundados en 1935, una d\u00e9cada antes que los Churubusco, son los predominantes. Aunque los Clasa tambi\u00e9n eran vecinos, pues estaban ubicados en lo que hoy es la esquina de calzada de Tlalpan y Divisi\u00f3n del Norte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La importancia del ex convento en el cine no se limit\u00f3 a su uso como locaci\u00f3n. Al ser sede del Museo Hist\u00f3rico de Churubusco, el cual adem\u00e1s ten\u00eda una colecci\u00f3n de carruajes y autom\u00f3viles, los cineastas tambi\u00e9n solicitaban objetos antiguos para ambientar sus pel\u00edculas. En el expediente relativo a la vida cinematogr\u00e1fica del ex convento, que se conserva en el archivo del Museo Nacional de las Intervenciones, pueden verse algunas de estas solicitudes, principalmente de carruajes, los cuales no siempre eran devueltos intactos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro caso de afectaci\u00f3n al patrimonio cultural fue el de los ca\u00f1ones que flanquean la entrada al museo desde la d\u00e9cada de 1930. Hubo directores que no resistieron la tentaci\u00f3n de cargarlos sin permiso y filmar el consiguiente disparo (sin bala, por supuesto): ese fue el caso de Emilio Fern\u00e1ndez en <em>Soy puro mexicano<\/em> (1942), y de H\u00e9ctor Su\u00e1rez en uno de los sketches de su programa televisivo <em>\u00bfQu\u00e9 nos pasa?<\/em>, de la d\u00e9cada de 1980.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las pel\u00edculas filmadas en el ex convento de Churubusco tienen tambi\u00e9n la utilidad de que permiten apreciar el estado de conservaci\u00f3n que ten\u00eda el inmueble en d\u00e9cadas pasadas, pues se ven detalles interesantes, como elementos arquitect\u00f3nicos ahora desaparecidos, o aun a\u00f1adidos, restauraciones en curso, estado de la pintura mural y el grado de hundimiento tanto del edificio como de la ciudad misma: igual que casi todos los monumentos hist\u00f3ricos de la ciudad de M\u00e9xico, actualmente el ex convento presenta un serio problema de hundimiento debido a la explotaci\u00f3n del manto fre\u00e1tico, fen\u00f3meno que resulta evidente si se observa en perspectiva desde la puerta principal a la terraza que enmarca la entrada al Museo Nacional de las Intervenciones, pues lejos de apreciarse una l\u00ednea perfectamente horizontal en el dintel, se observa una l\u00ednea notablemente inclinada. En contraste, en una escena de <em>La ad\u00faltera<\/em> (Tulio Demicheli, 1956), con Silvia Pinal en primer plano, se observa la misma perspectiva, y la horizontalidad del dintel es casi perfecta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conversando con un equipo de producci\u00f3n que estuvo filmando en la iglesia de San Diego poco antes de terminar este art\u00edculo, me aclararon que los scouts, encargados de buscar locaciones para filmar materiales de tema de \u00e9poca o provinciano, tienen siempre presente a Churubusco por su aislamiento del tr\u00e1fico y los callejones y fachadas antiguas, los cuales ofrecen a la c\u00e1mara la posibilidad de transportar al espectador a cualquier lugar en el tiempo y en el espacio.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S:<\/h3>\n<ul>\n<li>Garc\u00eda Riera, Emilio, <em>Historia documental del cine mexicano<\/em>, varias editoriales, M\u00e9xico, 1969- 1976.<\/li>\n<li>Ver en YouTube las pel\u00edculas citadas en el texto.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez Museo Nacional de las Intervenciones. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 45. La arquitectura con varios siglos de antig\u00fcedad que rodea al exconvento de Churubusco, ha sido el sitio ideal para decenas de filmes que se produjeron desde los principios del cine mudo. Luis Bu\u00f1uel, Emilio Fern\u00e1ndez, Pedro Infante, Jorge Negrete, Fernando de Fuentes, entre muchos, pasaron por all\u00ed para hacer sus historias. En la ciudad de M\u00e9xico abundan rincones pintorescos que son un verdadero oasis en medio del tr\u00e1fico y la contaminaci\u00f3n ambiental; se trata de vestigios de viejos pueblos y haciendas que fueron absorbidos por la mancha urbana, pero que conservan un sabor at\u00e1vico y provinciano gracias a un entorno arquitect\u00f3nico que se remonta a siglos pasados. Es el caso de la colonia San Diego Churubusco que, enmarcada entre las avenidas Divisi\u00f3n del Norte, Tlalpan y R\u00edo Churubusco, tiene como<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2091],"tags":[2092,339],"class_list":{"0":"post-13285","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-45","8":"tag-churubusco","9":"tag-cine"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13285","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13285"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13285\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22846,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13285\/revisions\/22846"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13285"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13285"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13285"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}