﻿{"id":12699,"date":"2019-05-16T11:43:40","date_gmt":"2019-05-16T16:43:40","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=12699"},"modified":"2025-09-12T00:48:18","modified_gmt":"2025-09-12T06:48:18","slug":"techo-de-cristal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/techo-de-cristal\/","title":{"rendered":"Techo de cristal"},"content":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz<br \/>\nBiCentenario<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 44.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/BiC_44_Sepia_Techo_cristal.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Lupercio-Escuela-Comercial-Miguel-Lerdo-de-Tejada.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-13202 size-large\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Lupercio-Escuela-Comercial-Miguel-Lerdo-de-Tejada-1024x771.jpg\" alt=\"Lupercio Escuela Comercial Miguel Lerdo de Tejada\" width=\"800\" height=\"602\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Lupercio-Escuela-Comercial-Miguel-Lerdo-de-Tejada-1024x771.jpg 1024w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Lupercio-Escuela-Comercial-Miguel-Lerdo-de-Tejada-300x225.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Lupercio-Escuela-Comercial-Miguel-Lerdo-de-Tejada-624x469.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay fotos que gritan, otras que nos hielan o entristecen, est\u00e1n las que nos aburren, las que injurian, desatan una carcajada, nos cargan de nostalgia o explotan en insultos. Hay fotos como esta que destellan por el silencio. Hasta el vuelo de una mosca se escuchar\u00eda all\u00ed. Tanta concentraci\u00f3n de las muchachas, si acaso hace sonar pausado el tecleo de sus m\u00e1quinas. Unas leen distantes e inexpresivas, como la del fondo que al parecer camina parsimoniosa, la de la izquierda y sentada se empalaga con el texto sobre su escritorio, otra se detiene parada a dictar con lentitud, como diciendo con su mano apoyada sobre la adolescente que no se preocupe, poco a poco saldr\u00e1 todo bien, si pone esmero y paciencia. \u00a1T\u00fa puedes! Y es que tampoco esa tarea mec\u00e1nica se resolv\u00eda con facilidad a la primera de cambio. Aplicar los diez dedos sobre unos teclados ruidosos requer\u00eda aplicaci\u00f3n. Nadie deseaba arruinar una hoja por una letra o un n\u00famero que fuera a donde no correspond\u00eda en el texto. Los dedos se cansaban y hasta lastimaban. \u00bfA qui\u00e9n no le suced\u00eda que por un mal c\u00e1lculo la yema del medio o del anular se incrustara entre tecla y tecla y fuese a parar a los tent\u00e1culos de hierro que sosten\u00edan el teclado? Los anaqueles nos dicen que las pr\u00e1cticas est\u00e1n avanzadas o al menos el paso de alumnas por all\u00ed es nutrido. La heterogeneidad social tambi\u00e9n est\u00e1 presente. El recato de los vestidos por debajo de la rodilla de la mayor\u00eda, las mangas descubiertas y las que llegaban hasta el pu\u00f1o, y los cortes de cabello tradicionales sobre los m\u00e1s modernos, las distinguen entre s\u00ed. Silencio y compostura, dicen ellas, estudiantes en una de las aulas de la Escuela Comercial Miguel Lerdo de Tejada, cerca del Museo de San Ildefonso, en el centro capitalino, donde hacia los a\u00f1os veinte del siglo pasado se capacitaban para ser profesionistas exitosas y entrar a un mundo laboral de dominaci\u00f3n masculina. Mujeres, que como en tantos lugares, lucharon para ganar un lugar ante la discriminaci\u00f3n. Mucho se avanz\u00f3, pero la desigualdad persiste. Un techo de cristal, invisible, seg\u00fan la met\u00e1fora de los expertos, les impide a\u00fan abrirse paso en sus carreras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz BiCentenario En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 44. Hay fotos que gritan, otras que nos hielan o entristecen, est\u00e1n las que nos aburren, las que injurian, desatan una carcajada, nos cargan de nostalgia o explotan en insultos. Hay fotos como esta que destellan por el silencio. Hasta el vuelo de una mosca se escuchar\u00eda all\u00ed. Tanta concentraci\u00f3n de las muchachas, si acaso hace sonar pausado el tecleo de sus m\u00e1quinas. Unas leen distantes e inexpresivas, como la del fondo que al parecer camina parsimoniosa, la de la izquierda y sentada se empalaga con el texto sobre su escritorio, otra se detiene parada a dictar con lentitud, como diciendo con su mano apoyada sobre la adolescente que no se preocupe, poco a poco saldr\u00e1 todo bien, si pone esmero y paciencia. \u00a1T\u00fa puedes! Y es que tampoco esa tarea mec\u00e1nica se resolv\u00eda con facilidad a<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2071,1209],"tags":[2352],"class_list":{"0":"post-12699","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-44","7":"category-sepia","8":"tag-sepia"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12699","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12699"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12699\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22868,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12699\/revisions\/22868"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12699"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12699"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12699"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}