﻿{"id":1229,"date":"2011-09-05T23:01:35","date_gmt":"2011-09-06T04:01:35","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1229"},"modified":"2021-05-04T14:52:47","modified_gmt":"2021-05-04T19:52:47","slug":"arrasaron-cuanto-habia-y-levantaron-edificios-las-llamadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/arrasaron-cuanto-habia-y-levantaron-edificios-las-llamadas\/","title":{"rendered":"Arrasaron cuanto hab&iacute;a y levantaron edificios&#8230; las llamadas Torres de Mixcoac"},"content":{"rendered":"<h4>Testimonio de <strong>Manuel Guevara Oropeza &#8211;\u00a0<\/strong>psiquiatra de La Casta\u00f1eda, editado por Cristina Sacrist\u00e1n.<\/h4>\n<h4><span style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.846153846;\">Revista\u00a0<\/span><em style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.846153846;\">BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em><span style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.846153846;\">, n\u00fam. 13.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\"><strong>S<\/strong>obre una extensi\u00f3n de 141,000 metros cuadrados, perteneciente a la antigua Hacienda de La Casta\u00f1eda, se edific\u00f3 en 1910 un ma<\/em><em style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">nicomio de grandes dimensiones, forjando uno de los proyectos arquitect\u00f3nicos m\u00e1s ambiciosos del presidente Porfirio D\u00edaz. Seis d\u00e9cadas despu\u00e9s, en esos terrenos no quedaba rastro alguno de las 25 construcciones destinadas a albergar 1,200 pacientes, en lo que con el tiempo fue la instituci\u00f3n psiqui\u00e1trica m\u00e1s importante del pa\u00eds por su contribuci\u00f3n a la investigaci\u00f3n, la ense\u00f1anza y la asistencia de enfermos mentales. En su lugar fue erigida una zona habitacional que se inaugur\u00f3 en 1972, las Torres de Mixcoac.<\/em><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-center \" title=\"La CastaAi??eda\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/archivo-comprimido\/la-castaneda.jpg\" alt=\"La CastaAi??eda\" width=\"400\" height=\"300\" \/><\/p>\n<blockquote><p>\nLa Casta\u00f1eda<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Como sucede con muchas instituciones, los or\u00edgenes del Manicomio de La Casta\u00f1eda se conocen bien porque en su momento fue portador de una gran promesa de cambio. Al paso de los a\u00f1os afloraron las carencias en las instalaciones, en la falta de perso<\/em><em>nal capacitado y de recursos terap\u00e9uticos, hasta que el gobierno federal, de quien depend\u00eda, decidi\u00f3 su clausura y demolici\u00f3n como si estos males se pudieran echar al olvido con hacerlo desaparecer. Quienes vivieron de cerca los \u00faltimos a\u00f1os de La Casta\u00f1eda nos han relatado esta historia, los esfuerzos por rescatarla una y otra vez, los obst\u00e1culos encontrados y la leyenda negra que la acompa\u00f1\u00f3.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El Archivo de la Palabra del Instituto Mora conserva el testimonio del psiquiatra Manuel Guevara Oropeza, quien trabaj\u00f3 en La Casta\u00f1eda durante casi 40 a\u00f1os, siendo su director en dos ocasiones. Nacido en 1899 en la ciudad de Orizaba y fallecido en 1980 en la ciudad de M\u00e9xico, fue entrevistado tres a\u00f1os antes de su muerte. De ese encuentro publicamos tres fragmentos donde alude a situaciones que no suelen dejar rastro en los documentos: el papel desempe\u00f1ado por los administradores, cuyos lazos con el poder resultaron muy perniciosos para el Manicomio; la dificultad para emprender una reforma psiqui\u00e1trica nacional por la insensibilidad de las autoridades federales ante el tema de la enfermedad mental; y la campa\u00f1a desatada contra La Casta\u00f1eda hacia el final de sus d\u00edas, acaso para crear un clima favorable a su destrucci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<figure style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-center \" title=\"La CastaAi??eda\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/archivo-comprimido\/imagen-la-castaneda.jpg\" alt=\"La CastaAi??eda\" width=\"400\" height=\"366\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0La Casta\u00f1eda<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Manuel Guevara Oropeza fue designado director por primera vez de 1932 a 1934. Durante esos a\u00f1os le dio continuidad a una terap\u00e9utica muy en boga que hab\u00eda sido impulsada por el director anterior, la terapia ocupacional. Esta pol\u00e9mica forma de tratamiento consist\u00eda en hacer trabajar a los enfermos, de donde derivaban ingresos monetarios importantes cuya contabilidad no siempre se vigilaba con la debida pulcritud. En su segundo periodo, de 1938 a 1944, result\u00f3 mucho m\u00e1s innovador. Ante el grav\u00edsimo problema que representaba para el Manicomio el n\u00famero de enfermos (que en 1943 alcanz\u00f3 la cifra de 3,400), propuso un modelo asistencial que atendiera de manera diferenciada a los pacientes agudos de aquellos considerados incurables. Este programa, firmemente apoyado por el doctor Salvador Zubir\u00e1n, subsecretario de Asistencia P\u00fablica en la Secretar\u00eda del mismo nombre, vio nacer la primera Granja para enfermos mentales, inaugurada en 1945.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Ya jubilado, el doctor Guevara Oropeza dio un\u00a0<\/em><em>discurso con motivo de la ceremonia de clausura del Manicomio, que tuvo lugar el 27 de junio de 1968. En la entrevista recuerda una sorpresiva petici\u00f3n que le hicieron las autoridades de la Secretar\u00eda de Salubridad y Asistencia, en ese entonces encabezadas por el secretario Rafael Moreno Valle. Tambi\u00e9n hace el recuento de lo \u00fanico que se salv\u00f3 de aquella fabulosa y monumental construcci\u00f3n y de lo mucho que se perdi\u00f3.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Cristina Sacrist\u00e1n<br \/>\n<\/strong>Instituto Mora<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong><em>Malos manejos administrativos<\/em><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La administraci\u00f3n de La Casta\u00f1eda fue el punto negro de toda su vida. Antes de que yo tomara la direcci\u00f3n y en los tiempos m\u00e1s amargos, cuando hab\u00eda tan poco alimento y en fin, que estuvieron en condiciones muy malas, el administrador de La Casta\u00f1eda era el que iba, hac\u00eda las compras, ven\u00eda, hac\u00eda lo que quer\u00eda, pero siempre hubo una enorme dificultad para controlar a los administradores. El administrador de La Casta\u00f1eda era casi siempre un individuo con conexiones pol\u00edticas m\u00e1s o menos medianas, bajas, pero muy bien ligado con otras personas, con otros funcionarios y se dilu\u00eda completamente toda la responsabilidad, al grado de que dif\u00edcilmente se pod\u00eda lograr coger a la gente en sus malos manejos. Cuando se estableci\u00f3 el sistema de terapia ocupacional, como se hizo muy en grande y hab\u00eda talleres de varias clases, se pretendi\u00f3 que produjeran y se hizo una comisi\u00f3n para que manejara el dinero, y algunas personas muy seleccionadas que llevaban las cuentas de aquello. Entre las cosas que se hac\u00edan en La Casta\u00f1eda se hac\u00edan tapetes persas que se vend\u00edan bien caros: llegaron a pagar hasta cinco mil pesos por un tapete de \u00e9sos; naturalmente esos ingresos iban a ser distribuidos entre los enfermos que los hab\u00edan hecho, y entre los dem\u00e1s del departamento de terapia ocupacional. Por otro lado, la otra forma de terapia ocupacional era la del campo, entonces sacaban a los enfermos a sembrar y la extensi\u00f3n era muy grande, todo lo que quedaba atr\u00e1s de La Casta\u00f1eda.<\/p>\n<figure style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-center \" title=\"Fachada original de La CastaAi??eda transportada a una hacienda en Amecameca\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/archivo-comprimido\/fachada-original-de-la-castaneda-transportada-a-una-hacienda-en-amecameca.jpg\" alt=\"Fachada original de La CastaAi??eda transportada a una hacienda en Amecameca\" width=\"400\" height=\"299\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Fachada original de La Casta\u00f1eda transportada a una hacienda en Amecameca<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se hizo toda la reorganizaci\u00f3n de La Casta\u00f1eda, se hab\u00eda dividido en dos secciones, una secci\u00f3n para hospitalizaci\u00f3n, donde estaban los enfermos que se ten\u00edan que atender m\u00e9dicamente, que se les pon\u00edan inyecciones, que se les hac\u00eda el tratamiento de paludismo, en fin, todas las cosas que hasta entonces se pod\u00edan hacer; y el otro, de colonia-asilo, esa colonia-asilo era la de enfermos incurables, pero suficientemente aptos para hacer alguna cosa. [Hab\u00eda] otros que eran totalmente improductivos, inadaptables, \u00e9sos se quedaban en el pabell\u00f3n, pero los dem\u00e1s sal\u00edan todos los d\u00edas a trabajar en el campo, y parece que empez\u00f3 a producir, pero produc\u00eda en manos del administrador. Entonces el administrador vio que aquello era un buen negocio, y cuando yo dej\u00f3 la primera vez La Casta\u00f1eda [como director], eliminaron a los enfermos y llevaron trabajadores para explotar el campo: naturalmente se perdi\u00f3 todo lo que hab\u00eda pensado de que aquello fuera terapia, de que el producto se pudiera repartir entre los enfermos. Ah\u00ed se ech\u00f3 a perder todo&#8230; pues yo no culpo a nadie especialmente, sino a esa organizaci\u00f3n burocr\u00e1tica que nos hace depender tanto del fulanito que recomend\u00f3 a menganito y que el otro lo sostiene. Total, que cambiaron de administrador que era una persona muy h\u00e1bil, sobre todo para sus manejos, y [se] perdi\u00f3 ya el control m\u00e9dico sobre la terapia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[El administrador] era un recomendado y una persona muy allegada al Jefe de la Beneficencia, acordaba directamente con el Jefe de la Beneficencia, hac\u00eda lo que quer\u00eda. El que yo tuve durante la \u00e9poca en que, gracias a las amistades y situaciones especiales que ten\u00edamos entonces (a m\u00ed me consideraban como persona influyente), me trataba muy bien. El administrador procuraba darme cuenta de lo que hac\u00eda, pero yo sab\u00eda que me estaba dando cuenta de cosas que no eran ciertas y que no eran lo debido. Si yo protestaba, si yo dec\u00eda, no hab\u00eda manera de comprobar qu\u00e9 era lo que estaba pasando. Esto es lo que se refer\u00eda a estas cosas grandes, de la producci\u00f3n del campo, la producci\u00f3n de algunas cosas del taller. En general, las cosas del taller como eran poquitas s\u00ed se pod\u00edan controlar mejor y despu\u00e9s se abandonaron porque se empez\u00f3 a dejar. Lo de los tapetes ya no se hizo, lo de encuadernaci\u00f3n ya no hab\u00eda material y todas esas cosas fueron abandon\u00e1ndose; pero en general, la administraci\u00f3n que comprend\u00eda no nada m\u00e1s esto de la terapia ocupacional sino todo el manejo de alimentaci\u00f3n para los enfermos, de ropa para los enfermos, se prestaba a multitud de abusos, y eso es lo que principalmente produjo en La Casta\u00f1eda un malestar y una cosa de maltrato para los enfermos, de mala atenci\u00f3n, de descuido y de abuso; se presentaron abusos dentro de los mismos pabellones, ya no era nada m\u00e1s del administrador, sino multitud de empleados que viv\u00edan en La Casta\u00f1eda, que lograron tener la concesi\u00f3n del administrador, de ocupar un departamento en un lugar, una habitaci\u00f3n en otro lugar, y as\u00ed sucesivamente, y de los mismos jefes de pabell\u00f3n, de los enfermeros, que sacaban la comida, que se llevaban alimentos, que las raciones que deb\u00edan ser para los pabellones se las llevaban para su casa, y esto a pesar de que se hab\u00edan implantado medidas de revisi\u00f3n para que al salir los trabajadores se viera qu\u00e9 llevaban. Provocaba esto muchas fricciones, muchas protestas, y conforme fue pasando ya el tiempo en la segunda etapa, es decir, despu\u00e9s de que yo sal\u00ed llegaron a tener abusos muy grandes y muy dif\u00edcilmente se pudieron corregir.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo,\u00a0<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/2010\/03\/?page_id=10\">Suscr\u00edbase a la revista BiCentenario<\/a>.<\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre una extensiA?n de 141,000 metros cuadrados, perteneciente a la antigua Hacienda de La CastaAi??eda, se edificA? en 1910 un manicomio de grandes dimensiones<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,865,20],"tags":[518,520,718,198,521],"class_list":{"0":"post-1229","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-13","8":"category-revistanumero","9":"tag-la-castaneda","10":"tag-manicomio","11":"tag-mixcoac-2","12":"tag-porfiriato","13":"tag-psiquiatria"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1229","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1229"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1229\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16026,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1229\/revisions\/16026"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1229"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1229"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1229"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}