﻿{"id":12197,"date":"2019-03-14T14:36:57","date_gmt":"2019-03-14T20:36:57","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=12197"},"modified":"2024-06-20T13:02:40","modified_gmt":"2024-06-20T19:02:40","slug":"editorial-23","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-23\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 43.<\/span><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-11784\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M-758x1024.jpg\" alt=\"portada43M\" width=\"300\" height=\"405\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M-758x1024.jpg 758w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M-222x300.jpg 222w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M-624x842.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/portada43M.jpg 1217w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>H<\/strong>ubo un tiempo, entre finales del siglo XIX y la primera d\u00e9cada de 1900, en que el ma\u00edz, el frijol y los chiles no estaban bien vistos en la mesa de algunos mexicanos. Las \u00e9lites gobernantes, preocupadas por contribuir al progreso nacional, consideraban, sin conocimientos cient\u00edficos que lo acreditaran, que se deb\u00eda modificar la precariedad en los h\u00e1bitos alimentarios de los sectores populares, especialmente campesinos e ind\u00edgenas. El prejuicio sociocultural intent\u00f3 aportar nutrientes con la introducci\u00f3n del trigo en sustituci\u00f3n del ma\u00edz. La tortilla, se argumentaba, deb\u00eda pasar a segundo plano para darle prioridad al consumo de panes y galletas. Sin embargo, la alimentaci\u00f3n del pueblo permanec\u00eda arraigada en sus tradiciones. Tortillas, frijoles, manteca, hortalizas y algunas frutas circulaban con normalidad, como parte de lo que hoy llamamos canasta b\u00e1sica. Y s\u00ed incorporaron el trigo a sus tradiciones alimenticias, pero sin dejar al ma\u00edz de lado ni su lugar prioritario. As\u00ed fue como naci\u00f3 la torta en Puebla, invento de una vendedora de chalupas para ofrecer el refrigerio a los trabajadores industriales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las d\u00e9cadas que van de 1920 a 1940 tuvieron un ingente esfuerzo del Estado, asociado a la higiene y la salud, por tratar de mejorar la dieta de los estratos populares, en tanto se revalorizaba la tradicional cocina mexicana como parte de la cultura nacional. Si la sopa de tortilla o el mole de guajolote hab\u00edan dado a conocer al mundo una pizca de la nutrida gastronom\u00eda mexicana, \u00bfpor qu\u00e9 no sumarla a nuestra identidad?, razonaban algunos. El debate se atenu\u00f3 cuando los an\u00e1lisis cient\u00edficos de los nutrientes alimenticios dieron cuenta de que los sectores populares no com\u00edan mal, sino que subyac\u00eda otro problema: su poder adquisitivo les imped\u00eda el acceso a m\u00e1s productos necesarios para enriquecer la dieta. La batalla por afianzar el chile, los frijoles y el ma\u00edz como base de la cocina nacional estaba ganada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tradici\u00f3n de la comida mexicana, que tanto nos identifica como pa\u00eds, se ha preservado gracias a las costumbres transmitidas por generaciones, sin importar pertenencias sociales, aunque especialmente sostenida por los sectores populares. Los mismos que han conservado los hilados, las artesan\u00edas en barro, cer\u00e1mica o madera, la t\u00e9cnica de los colores naturales, las lenguas de los pueblos originarios o las construcciones de las civilizaciones que precedieron al M\u00e9xico de hoy. Un ejemplo de c\u00f3mo esa identidad se preserva est\u00e1 en las manos y la imaginaci\u00f3n de los muralistas que descollaron hacia la mitad del siglo pasado. Diego Rivera atesor\u00f3 identidades y tiempos sociales en el mural Sue\u00f1o de una tarde dominical en la Alameda Central, que el arquitecto constructor del Hotel del Prado le encargara para el interior del edificio en 1947. Su rica historia, que en este n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em> albergamos, nos habla de dos grandes coincidencias que lo hacen permanecer hasta la actualidad: por un lado, un arquitecto y los propietarios del hotel buscaron que los muralistas representaran la historia e identidad de una cultura; en segundo lugar, un devastador terremoto como el de 1985, que destruy\u00f3 el edificio pero no la obra, y as\u00ed se pudo recuperar para continuar su exhibici\u00f3n en el museo que lleva el nombre del pintor y muralista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cine, de identidad m\u00e1s cercana por los tiempos en que se desarroll\u00f3 \u2013poco m\u00e1s de una centuria\u2013, tuvo un momento que marc\u00f3 su florecimiento e impact\u00f3 fuera de las fronteras nacionales, hacia la mitad tambi\u00e9n de los a\u00f1os cincuenta del siglo pasado. En este n\u00famero lo reflejamos en las escenograf\u00edas en que la naturalidad arquitect\u00f3nica y mundana del centro de la ciudad de M\u00e9xico se manifest\u00f3 en decenas de filmes. Pero tambi\u00e9n en una pel\u00edcula convertida ya en un mito, <em>Viridiana<\/em>, de Luis Bu\u00f1uel, que apuntalara a Silvia Pinal como una de las figuras del cine nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Detr\u00e1s de un tema de acuciante actualidad, como el de los migrantes que intentan cruzar a Estados Unidos, el muro de cemento y l\u00e1mina construido por las autoridades estadounidenses ha puesto un freno relativo a millares de personas que logran traspasarlo. Su inicio est\u00e1 en la ciudad de Tijuana, lugar donde se ha establecido desde hace m\u00e1s de dos d\u00e9cadas una identidad fronteriza propia, expresada en una cultura cosmopolita de m\u00faltiples vertientes trasnacionales que se ha quedado para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros temas de corte pol\u00edtico documentan tambi\u00e9n este n\u00famero de <em>BiCentenario<\/em>. Por un lado, la dominaci\u00f3n de espa\u00f1oles y mestizos sobre Campeche para apropiarse de las tierras mayas, dando lugar a varias d\u00e9cadas de conflictos b\u00e9licos. En otro aspecto, el bandolerismo que hacia 1850 asolaba los caminos del pa\u00eds, con su cuota de historias tanto rom\u00e1nticas como crueles, y un fen\u00f3meno de inseguridad que en otras formas perdura hasta la actualidad. Asimismo, les relatamos los meses cruciales que llevaron al primer acuerdo para frenar la guerra cristera en 1929, y el rol destacado de negociadores dispuestos a alcanzar una paz duradera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s perlitas quedan por descubrir en este n\u00famero. Las dejamos a su curiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 43. Hubo un tiempo, entre finales del siglo XIX y la primera d\u00e9cada de 1900, en que el ma\u00edz, el frijol y los chiles no estaban bien vistos en la mesa de algunos mexicanos. Las \u00e9lites gobernantes, preocupadas por contribuir al progreso nacional, consideraban, sin conocimientos cient\u00edficos que lo acreditaran, que se deb\u00eda modificar la precariedad en los h\u00e1bitos alimentarios de los sectores populares, especialmente campesinos e ind\u00edgenas. El prejuicio sociocultural intent\u00f3 aportar nutrientes con la introducci\u00f3n del trigo en sustituci\u00f3n del ma\u00edz. La tortilla, se argumentaba, deb\u00eda pasar a segundo plano para darle prioridad al consumo de panes y galletas. Sin embargo, la alimentaci\u00f3n del pueblo permanec\u00eda arraigada en sus tradiciones. Tortillas, frijoles, manteca, hortalizas y algunas frutas circulaban con normalidad, como parte de lo que hoy llamamos canasta b\u00e1sica. 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