﻿{"id":12129,"date":"2019-03-07T12:49:26","date_gmt":"2019-03-07T18:49:26","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=12129"},"modified":"2024-06-21T11:34:17","modified_gmt":"2024-06-21T17:34:17","slug":"el-centro-bajo-la-lupa-del-cine","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-centro-bajo-la-lupa-del-cine\/","title":{"rendered":"El Centro bajo la lupa del cine"},"content":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Garc\u00eda Mani<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 43.<\/span><\/strong><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">En las dos d\u00e9cadas que van de 1948 a 1968, el primer cuadro de la ciudad de M\u00e9xico ha formado parte de la escenograf\u00eda de pel\u00edculas que han retratado tanto su vida cotidiana y los contrastes y desigualdades, como sus transformaciones. Las escenas de vitalidad y cosmopolitismo conviven\u00a0 con las tradiciones y paisajes urbanos.<\/h2>\n<figure id=\"attachment_12130\" aria-describedby=\"caption-attachment-12130\" style=\"width: 582px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/STILLS-C.12-EXP.33-LOS-MEDIOCRES-9.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-12130 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/STILLS-C.12-EXP.33-LOS-MEDIOCRES-9.jpg\" alt=\"STILLS C.12-EXP.33 LOS MEDIOCRES 9\" width=\"582\" height=\"424\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/STILLS-C.12-EXP.33-LOS-MEDIOCRES-9.jpg 647w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/STILLS-C.12-EXP.33-LOS-MEDIOCRES-9-300x218.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/STILLS-C.12-EXP.33-LOS-MEDIOCRES-9-624x454.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 582px) 100vw, 582px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-12130\" class=\"wp-caption-text\">Servando Gonz\u00e1lez, Los mediocres, fotograma, 1966. Archivo General de la Naci\u00f3n, fondo Stills de pel\u00edculas mexicanas, caja 12, expediente 33, foto 9.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>A<\/strong> manera de postales en movimiento, la pel\u00edcula comienza con im\u00e1genes del Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana, la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes y la avenida Ju\u00e1rez, mientras una voz en <em>off<\/em> nos informa que se trata de la ciudad de M\u00e9xico. Las emblem\u00e1ticas im\u00e1genes permiten al espectador identificar con facilidad d\u00f3nde se desarrollar\u00e1 el relato. La voz dice de ella que es moderna, posee tres millones de habitantes y la compara con otras urbes del mundo, en particular en lo que respecta a sus contrastes; propone centrarse en una de las historias de esta ciudad, la de alguno de esos tantos sujetos que forman parte de la an\u00f3nima muchedumbre que se da cita en sus calles. As\u00ed es como inicia <em>Amor en cuatro tiempos<\/em> (Luis Spota, 1955), mientras un vendedor de globos camina por el Z\u00f3calo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escena descrita fue una manera constante de comenzar pel\u00edculas urbanas en la llamada \u00e9poca de oro del cine mexicano a mediados del siglo XX. Las calles del Centro de la ciudad de M\u00e9xico fueron usadas frecuentemente como locaci\u00f3n para filmar en ellas escenas, quiz\u00e1 debido a su f\u00e1cil reconocimiento o por su carga simb\u00f3lica. Melodramas y comedias mostraban una forma de vida atractiva a la vez que amenazante, relacionada con un discurso de modernidad. Aparec\u00edan modernos y altos edificios, casi siempre ic\u00f3nicos, rodeados por un intenso tr\u00e1nsito vehicular y una heterog\u00e9nea multitud de turistas, bur\u00f3cratas y vendedores ambulantes \u00bfQui\u00e9nes fueron esos sujetos que conformaban las muchedumbres y cu\u00e1les sus historias? \u00bfC\u00f3mo percibieron y se relacionaron con el espacio?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La temporalidad corresponde con el periodo de crecimiento econ\u00f3mico llamado \u201cdesarrollo estabilizador\u201d, que signific\u00f3 para la ciudad una etapa de bonanza y la implementaci\u00f3n de pol\u00edticas de \u201cmodernizaci\u00f3n\u201d. Dada la gran cantidad de pel\u00edculas que muestran al llamado primer cuadro, tanto un par de segundos como en escenas completas, no pretendo ofrecer una revisi\u00f3n exhaustiva de filmes y personajes; m\u00e1s bien un panorama a partir de una selecci\u00f3n de casos pues, seguramente, el lector familiarizado con el cine mexicano ubicar\u00e1 otros similares. Me parece que en estos filmes encontramos representadas distintas y contrastantes formas de relacionarse y apropiarse del espacio seg\u00fan la perspectiva desde la cual lo perciben los distintos personajes ubicados en estas inmediaciones. Se trata entonces de la materializaci\u00f3n de una mirada hacia el espacio y los sujetos sociales acorde con las formas de pensar e imaginar el Centro de la ciudad. En particular, identifico tres maneras en que es presentado: como un sitio tur\u00edstico a la vez tradicional y moderno, al que se acude de paseo; como un sitio de tr\u00e1nsito para dirigirse a los trabajos en oficinas y tiendas; y como lugar de trabajo en las calles mismas, siendo esta \u00faltima en la cual me detendr\u00e9 un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad de M\u00e9xico en el cine ha sido estudiada como protagonista, tel\u00f3n de fondo o simple testigo tanto por cr\u00edticos (por ejemplo, Hugo Lara Ch\u00e1vez y Rafael Avi\u00f1a) como por historiadores (Julia Tu\u00f1\u00f3n y Carlos Mart\u00ednez Assad). Considero a las pel\u00edculas de ficci\u00f3n como documentos f\u00edlmicos en los cuales quedaron registrados el paisaje urbano y sus habitantes como resultado de un proceso de selecci\u00f3n y reelaboraci\u00f3n acorde con las convenciones de la narrativa cinematogr\u00e1fica, y a partir de las decisiones de un equipo humano perteneciente por lo general a una \u00e9lite econ\u00f3mica. Parto de que se trata de un relato en el cual se incorporaron, eliminaron o reelaboraron elementos urbanos. Por lo tanto, no son ni un \u201cespejo\u201d donde se refleja la sociedad, ni una \u201cventana\u201d para mirar el pasado y menos a\u00fan una invenci\u00f3n alejada de la realidad. Lo concibo como una valiosa fuente que requiere una mirada compleja que permite advertir la visi\u00f3n hacia la urbe que qued\u00f3 registrada y que, me parece, corresponde con la cara de la ciudad que se quer\u00eda mostrar o imaginar y era reconocida por los espectadores. Lo complemento con la revisi\u00f3n de cr\u00f3nicas, novelas y canciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El espacio de estudio corresponde con el llamado desde entonces \u201cPrimer Cuadro\u201d, entendido como la zona al poniente y sur del Z\u00f3calo o Plaza de la Constituci\u00f3n, entre este y la Alameda Central. Tradicionalmente se ha considerado el coraz\u00f3n urbano, poseedor de una carga simb\u00f3lica de identidad y pertenencia, donde todos confluyen, donde la gente acud\u00eda a trabajar, comprar, vender, hacer tr\u00e1mites o pasear. Fue una zona presentada como el rostro de la ciudad, con intensa actividad comercial y financiera, sede de las principales oficinas administrativas a nivel nacional.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Vitalidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comencemos por el Centro mostrado con orgullo para los paseantes e inmigrantes: un espacio cosmopolita a la vez que tradicional, que asombra y maravilla a los viajantes, que se presume como un lugar tur\u00edstico. Quiz\u00e1 la esquina m\u00e1s fotografiada por el cine mexicano de la \u00e9poca es la de San Juan de Letr\u00e1n y la Avenida Ju\u00e1rez en los alrededores del palacio de Bellas Artes, donde aparecen r\u00edos de gente que camina entre autos, rodeada de altos y modernos edificios (como la flamante Torre Latinoamericana). Se da cuenta de una ciudad en crecimiento \u201ca la altura de cualquier otra\u201d, seg\u00fan dicen en filmes como <em>Dos mundos y un amor<\/em> (Alfredo B. Crevenna, 1954), en la cual Ricardo (Pedro Armend\u00e1riz) es un ambicioso arquitecto que observa altivo las calles desde lo alto de la torre todav\u00eda en construcci\u00f3n, y posteriormente discute con su esposa Silvia (Irasema Dili\u00e1n), afuera de Bellas Artes. Tambi\u00e9n forma parte de los itinerarios de los reci\u00e9n llegados a la ciudad: por citar algunos ejemplos encontramos a unas estadounidenses que pasean en su auto por esta zona (<em>M\u00e9xico de mi coraz\u00f3n<\/em>, Miguel M. Delgado, 1964); a un ni\u00f1o que viene en busca de su mam\u00e1 y camina un tanto perdido (<em>Coraz\u00f3n de ni\u00f1o<\/em>, Julio Bracho, 1963) o a un migrante que observa maravillado las construcciones imponentes (<em>Lanza tus penas al viento<\/em>, Juli\u00e1n Soler, 1966).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De noche, el Centro muestra gran vitalidad y movimiento, mediante planos que presumen la tradicional iluminaci\u00f3n de los edificios o las calles, particularmente en la temporada decembrina. As\u00ed aparece en <em>Los caifanes<\/em> (Juan Iba\u00f1ez, 1967) cuando el grupo de amigos abandona de madrugada el auto que hab\u00edan robado en un muy iluminado y majestuoso Z\u00f3calo. Esta forma de mostrar la cara moderna del Centro con elementos tradicionales muy identificables, como una forma de materializar el optimista discurso oficial del r\u00e9gimen posrevolucionario, que proclamaba su \u00e9xito para atender la econom\u00eda, las demandas sociales y el crecimiento urbano. En sus altos edificios de arquitectura vanguardista, al igual que en sus calles transitadas por multitud de autos, se mostraba una ciudad que supo adaptarse a las demandas de la vida cosmopolita de mediados del siglo xx.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo de sus cr\u00f3nicas, el poeta Salvador Novo describi\u00f3 el Centro con restaurantes elegantes y lujosas presentaciones en el palacio de Bellas Artes, donde dio cuenta de los modernos edificios en sus caminatas por la cosmopolita avenida Ju\u00e1rez. Aunque tambi\u00e9n refiere que lo consideraba en decadencia, con tr\u00e1fico, mucha gente y ruido. En uno de sus paseos, en 1960, se refiri\u00f3 a la vida cotidiana matutina, llam\u00e1ndole la atenci\u00f3n la gran cantidad de sujetos que caminaban presurosos rumbo a sus trabajos, vestidos de traje y muy arreglados. Para ellos, generalmente miembros de las pujantes clases medias, las calles fueron espacios de paso diario; veamos c\u00f3mo fueron mostradas en las pel\u00edculas mexicanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los cl\u00e1sicos de Alejandro Galindo <em>\u00a1Esquina bajan!<\/em> (1948) y <em>\u00a1Hay lugar para\u2026dos!<\/em> (1949), el cami\u00f3n conducido por su protagonista Gregorio (David Silva) pasa por el transitado Z\u00f3calo y las atiborradas calles del Centro recogiendo pasaje. La gente viaja dentro del autob\u00fas apretada, incluso \u201cde mosca\u201d, mientras \u201cRegalito\u201d (Fernando Soto \u201cMantequilla\u201d), el cobrador, grita la ruta y frases como \u201cazot\u00f3 la res\u201d, y un tr\u00edo interpreta una canci\u00f3n sobre el viajar en los camiones. En <em>A d\u00f3nde van nuestros hijos<\/em> (Benito Alazraki, 1958), al salir de trabajar de Palacio Nacional, Mart\u00edn (Tito Junco) intenta hacer pl\u00e1tica con una mesera formada para tomar el cami\u00f3n en el Z\u00f3calo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que en las calles del Centro se encontraran las oficinas del gobierno federal y local explica la constante aparici\u00f3n en los filmes de bur\u00f3cratas y secretarias, como es el caso de las que llegan a toda prisa al nuevo edificio del Departamento del Distrito Federal (ubicado en el Z\u00f3calo) en <em>Nosotras las taqu\u00edgrafas<\/em> (Emilio G\u00f3mez Muriel, 1950). Adem\u00e1s, el Centro tambi\u00e9n reun\u00eda las actividades comerciales, por lo que varios personajes aparecen mirando aparadores o dirigi\u00e9ndose a trabajar en las tiendas. En <em>Los mediocres<\/em> (Servando Gonz\u00e1lez, 1966), una pareja de vendedores toma el tranv\u00eda al salir del trabajo. Los personajes se muestran como parte de esa muchedumbre en la cual se diluyen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Centro se muestra atiborrado como puede verse en las escenas en las que un taxi conducido por <em>Resortes<\/em> se detiene de manera abrupta frente a un impaciente usuario en la muy transitada calle de Madero, provocando un congestionamiento vial en <em>Confidencias de un ruletero<\/em> (Alejandro Galindo, 1949). Recordemos que el popular cantante Chava Flores describi\u00f3 a las calles del primer cuadro refiriendo: \u201cLlegar al centro, atravesarlo es un desmoche, un hormiguero no tiene tanto animal\u201d. De esta manera, transitadas calles como 20 de Noviembre, 5 de Mayo y Madero, son utilizadas para representar un estilo de vida urbano considerado moderno, que implicaba una vida r\u00e1pida, en movimiento, impersonal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las rutas de transporte p\u00fablico ten\u00edan por lo general su destino en el Z\u00f3calo. Mas en 1958 con la remodelaci\u00f3n de este, se prohibi\u00f3 tener su terminal en esa plaza, mientras que otras rutas modificaron su trayectoria para evitar las calles centrales. Este cambio aparece registrado en los filmes: de tener abundante tr\u00e1nsito y autos estacionados en una plaza todav\u00eda con jard\u00edn y fuentes, pasa a mostrarse como un espacio limpio, sobrio, sin tanta gente ni veh\u00edculos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la pel\u00edcula <em>En la palma de tu mano<\/em> (Roberto Gavald\u00f3n, 1951), Arturo de C\u00f3rdova sale de su despacho ubicado en un viejo callej\u00f3n y se dirige hacia una nocturna y animada avenida Ju\u00e1rez. El \u201cdoctor\u201d, como le llaman, encuentra un ni\u00f1o que vende billetes de loter\u00eda, una anciana que ofrece peri\u00f3dicos en la esquina y un se\u00f1or con un pajarito que supuestamente adivina la suerte; los tres ofrecen sus mercanc\u00edas a gritos. Y es que las transitadas calles del Centro han sido tradicionalmente lugares de venta, apropiaci\u00f3n del espacio que revisaremos con detalle a continuaci\u00f3n. Muchas veces invisibilizados, a los vendedores los podemos ubicar en ocasiones s\u00f3lo por sus pregones: en <em>La risa de la ciudad<\/em> (Gilberto Gazc\u00f3n, 1963), unos saltimbanquis caminan por el Z\u00f3calo mientras a lo lejos se escuchan las voces de vendedores de loter\u00eda que nunca se ven.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su novela <em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente<\/em>, Carlos Fuentes describe una tarde en el Z\u00f3calo donde Ixca Cienfuegos observa los camiones, los estudiantes y tambi\u00e9n a los vendedores de billetes de loter\u00eda que gritaban al igual que ni\u00f1os voceadores y boleros. En el traj\u00edn de la avenida Ju\u00e1rez describe el pasar de oficinistas, comerciantes y ni\u00f1os gritando las noticias de los peri\u00f3dicos y otros ambulantes. La aparici\u00f3n de estos personajes fue recurrente en cr\u00f3nicas (como las de Ricardo Cort\u00e9s Tamayo), novelas (<em>Ojerosa y pintada<\/em>, de Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez, es un ejemplo) y en algunas fotograf\u00edas de Nacho L\u00f3pez. En las pel\u00edculas revisadas, los sujetos con ropas viejas que gritan ofreciendo sus mercanc\u00edas establecen un contraste con los bien vestidos profesionistas de clase media y los visitantes, todos en el mismo espacio, pero us\u00e1ndolo y percibi\u00e9ndolo de distintas formas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los vendedores, el primer cuadro se muestra hostil, enfatizando la muchedumbre y el intenso tr\u00e1nsito vehicular, en el cual incluso deben defender su territorio de trabajo. As\u00ed es como aparece en <em>El billetero<\/em> (Raphael J. Sevilla, 1953), donde el joven vendedor de billetes loter\u00eda es golpeado y enga\u00f1ado en sus inmediaciones, aunque cuenta con la solidaridad de ancianos, se\u00f1oras y otros ni\u00f1os. Un pepenador sordomudo camina desconfiado por las calles del Centro con un billete de 10 000 pesos en <em>El hombre de papel<\/em> (Ismael Rodr\u00edguez, 1963) y en <em>El camino de la vida<\/em> (Alfonso Corona Blake, 1956), las bulliciosas calles donde unos ni\u00f1os de la calle venden de d\u00eda sus peri\u00f3dicos, se muestran de noche despobladas, misteriosas y calladas, cuando duermen en un portal apenas cobijados por peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muy temprano por la madrugada, un nutrido grupo de ni\u00f1os acude cerca del \u201cCaballito\u201d para recoger su dotaci\u00f3n de peri\u00f3dicos y venderlos, y de ah\u00ed salen a recorrer las calles del Centro gritando las noticias. En <em>El camino de la vida<\/em> ni\u00f1os solidarios ense\u00f1an a otros la ruta y los pregones, al igual que en <em>El papelerito<\/em> (Agust\u00edn P. Delgado, 1951) donde, pelean entre ellos, cansados de caminar y gritar y desesperados por no terminar de vender. Debido a la cercan\u00eda con las oficinas de algunos de los principales peri\u00f3dicos y de la Loter\u00eda Nacional, los vendedores de diarios y billetes de loter\u00eda aparec\u00edan con frecuencia en esta zona. Eran reelaborados en el relato f\u00edlmico y por su cotidianeidad se hizo de ellos un estereotipo acorde con las convenciones melodram\u00e1ticas: pobres, sufridos, honrados, muy trabajadores, una especie de tipos populares del primer cuadro de la ciudad que caminaban entre multitud de autom\u00f3viles, altos y modernos edificios y sujetos bien vestidos que andaban con rapidez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como parte de la remodelaci\u00f3n del Centro, en la regencia de Ernesto P. Uruchurtu (1953-1966), se emprendi\u00f3 una campa\u00f1a para limpiarlo que implic\u00f3 la prohibici\u00f3n del comercio ambulante en sus inmediaciones. De esa manera se pretend\u00eda promover su proyecci\u00f3n tur\u00edstica y su vocaci\u00f3n de negocios. Pero el proyecto enfrent\u00f3 gran resistencia e incluso foment\u00f3 la organizaci\u00f3n de los vendedores. Fue un enfrentamiento entre formas de concebir los usos y pertenencias del espacio p\u00fablico: entre percibirlo como un leg\u00edtimo lugar de trabajo o proyectarlo como un espacio ordenado y \u201cmoderno\u201d, valoraciones simult\u00e1neas y aparentemente antag\u00f3nicas que convivieron en el per\u00edodo. Es interesante reflexionar en la reiterada aparici\u00f3n de estos personajes en los filmes pese a que realizaban una actividad al margen de la ley; no eran mostrados como infractores o delincuentes, sino como parte cotidiana del entorno urbano. Lo que para unos constitu\u00eda una forma ancestral de ganarse la vida, para otros era un uso indigno de las arterias de la ciudad. Tal conflicto aparece apenas de manera tangencial o es obviado en la mayor\u00eda de los filmes del per\u00edodo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, podemos observar en las pel\u00edculas la complejidad de las percepciones, valoraciones y apropiaciones del primer cuadro durante la \u00e9poca revisada, as\u00ed como los contrastes y desigualdades que conviv\u00edan en sus espacios. En ellas hay un mensaje triunfalista que ve\u00eda a la ciudad \u201cmoderna\u201d (de acuerdo con modelos de urbes europeas y estadounidenses) gracias a la bonanza econ\u00f3mica del r\u00e9gimen posrevolucionario, aunque sigan apareciendo sujetos en pobreza. Tambi\u00e9n que la vida urbana demandaba perderse entre el anonimato de la muchedumbre, la velocidad y el traj\u00edn de las calles; a\u00fan en sus avenidas de altos y modernos edificios y frecuentadas por sujetos con un elegante estilo de vida, se manten\u00edan resabios de formas tradicionales de vida, como la venta ambulante mediante pregones, cuyos sujetos pugnaban por la legitimidad de su trabajo, pues como dijo un papelerito \u201csomos periodistas, no limosneros\u201d.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>Avi\u00f1a, Rafael, <em>Una mirada ins\u00f3lita: temas y g\u00e9neros del cine mexicano<\/em>, M\u00e9xico, Conaculta, Oc\u00e9ano, Cineteca Nacional, 2004.<\/li>\n<li>Lara Ch\u00e1vez, Hugo, <em>Una ciudad inventada por el cine<\/em>, M\u00e9xico, Cineteca Nacional, 2006.<\/li>\n<li>Mart\u00ednez Assad, Carlos, <em>La ciudad de M\u00e9xico que el cine nos dej\u00f3<\/em>, M\u00e9xico, Oc\u00e9ano, 2008.<\/li>\n<li>Sosenski, Susana, \u201cRepresentaciones f\u00edlmicas de la infancia trabajadora a mediados del siglo XX\u201d, en Carlos Illades y Mario Barbosa, <em>Los trabajadores de la ciudad de M\u00e9xico 1860-1950, Textos en homenaje a Clara E. Lida<\/em>, M\u00e9xico, Colegio de M\u00e9xico, 2013.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Garc\u00eda Mani Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 43. En las dos d\u00e9cadas que van de 1948 a 1968, el primer cuadro de la ciudad de M\u00e9xico ha formado parte de la escenograf\u00eda de pel\u00edculas que han retratado tanto su vida cotidiana y los contrastes y desigualdades, como sus transformaciones. Las escenas de vitalidad y cosmopolitismo conviven\u00a0 con las tradiciones y paisajes urbanos. A manera de postales en movimiento, la pel\u00edcula comienza con im\u00e1genes del Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana, la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes y la avenida Ju\u00e1rez, mientras una voz en off nos informa que se trata de la ciudad de M\u00e9xico. 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