﻿{"id":121,"date":"2010-03-17T13:07:34","date_gmt":"2010-03-17T19:07:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistabicentenario.com.mx\/?p=121"},"modified":"2021-05-03T13:36:46","modified_gmt":"2021-05-03T18:36:46","slug":"la-cuaresma-en-el-siglo-xix-tiempo-de-rezos-y-regocijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-cuaresma-en-el-siglo-xix-tiempo-de-rezos-y-regocijos\/","title":{"rendered":"La Cuaresma en el Siglo XIX. Tiempo de rezos y regocijos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.714285714; font-size: 1rem;\">Francisco Dur\u00e1n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 3.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1733\" aria-describedby=\"caption-attachment-1733\" style=\"width: 172px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/ladolorosa3.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1733 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/ladolorosa3.jpg\" alt=\"La Dolorosa\" width=\"172\" height=\"235\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-1733\" class=\"wp-caption-text\">La Dolorosa<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>a independencia que M\u00e9xico obtuvo en 1821 no cambi\u00f3 las arraigadas tradiciones religiosas que la \u00e9poca colonial hab\u00eda impuesto en la vida social del pa\u00eds. Previo a la Cuaresma, que para la iglesia cat\u00f3lica es la temporada de penitencia y recogimiento preparatoria a la Semana Santa, se celebraba el carnaval, fiesta de las carnestolendas o carnes toleradas, d\u00edas dedicados a la diversi\u00f3n y al exceso. En los festejos callejeros del carnaval se quebraban cascarones de salvado, de miel o de aguas pestilentes, mientras la <q>gente bien educada<\/q> lanzaba flores, aguas de olor y <em>agasajos<\/em>, que era lo que hoy conocemos como confeti, hecho de diminutos trocitos de papel de colores, mezclados con part\u00edculas de oro volador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermo Prieto en <em>Memorias de mis tiempos\u00a0<\/em>se refiere a los <q>desfiguros horribles<\/q> que hac\u00eda <q>el populacho<\/q> en los d\u00edas de carnaval y describe el paseo al que concurr\u00eda la ciudad entera, alegre y vestida de gala para presenciar las vistosas carretelas portando damas coronadas de plumas y llenas de encajes, caballeros fant\u00e1sticos con lucidos arreos, y suntuosas comparsas bromistas y alborotadas que eran recibidas en algunas casas llenas de luz, flores y mujeres que engalanaban los salones, entre cascos y plumas, cucuruchos de polichinelas, chambergos y gorros. Tambi\u00e9n el escritor Manuel Rivera Cambas en su <em>M\u00e9xico pintoresco<\/em>, relata c\u00f3mo en la Ciudad de M\u00e9xico se disfrutaba del carnaval: <q>cada casa de vecindad es una confusi\u00f3n; se visten los muchachos con m\u00e1scaras de grueso cart\u00f3n y hay grandes combates en que los proyectiles son huevos llenos de harina o aserr\u00edn<\/q>. no era esa fiesta al estilo samb\u00f3dromo de Brasil que hoy conocemos, sino una festividad menor y pr\u00e1cticamente de barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Cuaresma, en cambio, era tiempo de ayuno, penitencia y sacrificio, guardada con mucho respeto y con todas las reglas que la iglesia cat\u00f3lica determinaba. Era una tradici\u00f3n religiosa, pol\u00edtica y social que se observaba muy estrictamente y que perdur\u00f3 hasta el siglo XX en que los d\u00edas santos se conmemoraron en el sentido de la tradici\u00f3n cristiana. El mi\u00e9rcoles de ceniza, los santos de las iglesias vistiendo ropas moradas, los viernes de sopa de habas, o de lentejas y pescado; sacrificios, ayuno y rezos. as\u00ed transcurrieron en el siglo XIX y transcurr\u00edan en el XX, los cuarenta d\u00edas previos a la Semana Santa, destinados a rememorar el ayuno de Jesucristo en el desierto, antes de padecer la muerte en la cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ayuno era cosa seria pues implicaba dejar de comer entre comidas, y v\u00e1lganos recordar que en aquel entonces se hac\u00edan cinco de rigor como cuenta Garc\u00eda Cubas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, sin mencionar los <q>tente en pie<\/q> que se pod\u00edan hacer entre horas, como el obligado chocolate en la tarde, acompa\u00f1ado con alg\u00fan pan de huevo, galletas o simplemente pan birote o de pulque, para sopear a gusto la espumosa bebida, que como reza el refr\u00e1n: <q>si como lo menea lo bate, que sabroso chocolate<\/q>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo, <a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La independencia que MAi??xico obtuvo en 1821 no cambiA? las arraigadas tradiciones religiosas que la Ai??poca colonial habAi??a impuesto en la vida social del paAi??s. 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