﻿{"id":119,"date":"2010-03-18T21:01:00","date_gmt":"2010-03-19T03:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistabicentenario.com.mx\/?p=119"},"modified":"2021-05-04T16:11:44","modified_gmt":"2021-05-04T21:11:44","slug":"la-jura-de-el-deseado-ultimo-rey-de-la-nueva-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-jura-de-el-deseado-ultimo-rey-de-la-nueva-espana\/","title":{"rendered":"La jura de &#8220;El Deseado&#8221;, &Uacute;ltimo rey de la Nueva Espa&ntilde;a"},"content":{"rendered":"<p><strong>Regina Hern\u00e1ndez Franyuti -Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #993366;\"><span style=\"color: #000000;\">En revista<em>. BiCentenario El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 3.<\/span><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-left aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/bicentenario-3\/pendon3.jpg\" alt=\"El pendA?n\" width=\"227\" height=\"330\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>H<\/strong>ace 200 a\u00f1os la Ciudad de M\u00e9xico ten\u00eda m\u00e1s de cien mil habitantes. Era una ciudad que a\u00fan se debat\u00eda entre la importancia de su capitalidad y su provincialismo. Su espacio urbano hab\u00eda roto los l\u00edmites de la excluyente traza espa\u00f1ola y se extend\u00eda por el poniente m\u00e1s all\u00e1 de los muros de los conventos de Santa Isabel y San Francisco hasta el convento de San Fernando y el Paseo de Bucareli, por el sur del convento de San Jer\u00f3nimo hasta San Antonio Abad, por el oriente de la iglesia de la Sant\u00edsima hasta los p\u00e1ramos de San L\u00e1zaro y por el norte del convento de Santo Domingo hasta m\u00e1s all\u00e1 del barrio de Tepito. El espacio urbano hab\u00eda arremetido contra las tierras de las parcialidades y de los cuatro barrios ind\u00edgenas que, como un cintur\u00f3n, apretaban y ahogaban el crecimiento de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus calles manifestaban la contraposici\u00f3n de lo cerrado, tortuoso, con lo abierto, recto y uniforme. Obscuras, sucias, la mayor\u00eda sin banquetas ni empedrados, eran las venas que daban vida a una ciudad que despertaba con el toque de las campanas y se sumerg\u00eda durante el d\u00eda en el bullicio que hac\u00edan los vendedores ambulantes quienes, a voz en cuello, anunciaban toda clase de mercanc\u00edas. Por las calles andaban los vaqueros que arriaban las vacas para la venta de leche, los aguadores que iban de casa en casa proveyendo el tan necesitado l\u00edquido, los sacerdotes llevando el vi\u00e1tico a los enfermos y moribundos, los mendigos que pululaban por las plazas y se sentaban en las puertas de las iglesias, los estudiantes, los dependientes, los sirvientes y lacayos, las se\u00f1oras y se\u00f1oritas con traje de raso, de seda y mantilla espa\u00f1ola y que concurr\u00edan a los mercados de El Pari\u00e1n y de El Volador. En 1803 Humboldt qued\u00f3 maravillado con el colorido de la capital, admir\u00f3 el mosaico de personas que hac\u00edan su d\u00eda a d\u00eda, marcado por el toque de las campanas que anunciaban el Angelus, las V\u00edsperas, el Rosario y las misas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-left aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/bicentenario-3\/iturrigarayyfamilia3.jpg\" alt=\"el Virrey Iturrigaray y su familia\" width=\"341\" height=\"225\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Ciudad de M\u00e9xico permanec\u00eda ajena a los hechos que se suced\u00edan en Europa y en Espa\u00f1a en particular. Napole\u00f3n Bonaparte iniciaba el siglo XIX dispuesto a dominar todo el Viejo Continente con su <em>grande arm\u00ede<\/em>. Gran Breta\u00f1a se opon\u00eda, pero en 1802 lleg\u00f3 a un arreglo de paz con ella. Dos a\u00f1os despu\u00e9s era proclamado emperador de Francia y volv\u00eda a la guerra contra los ingleses. Espa\u00f1a, gobernada por el rey Carlos IV bajo la influencia del primer ministro Manuel Godoy, conocido como Pr\u00edncipe de La Paz e <q>\u00edntimo<\/q> de la reina Mar\u00eda Luisa, tuvo que aliarse a la pol\u00edtica francesa y la secuela fue la destrucci\u00f3n de su marina en la tr\u00e1gica batalla de Trafalgar. Sometido a los intereses de Napole\u00f3n, Godoy firm\u00f3 el tratado secreto de Fontainebleau, por el cual se permit\u00eda que los ej\u00e9rcitos franceses cruzaran el territorio espa\u00f1ol rumbo a Portugal. Sin cumplir el arreglo, Napole\u00f3n ocup\u00f3? Espa\u00f1a. Esto, junto con el descontento general hacia el primer ministro por su gobierno lleno de corruptelas y desigualdades, indignaron a la poblaci\u00f3n espa\u00f1ola: el rey al igual que Godoy eran vistos como los causantes de la miseria p\u00fablica y de la situaci\u00f3n ignominiosa de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-center aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/bicentenario-3\/iturrigaray3.jpg\" alt=\"Virrey Iturrigaray, A?leo sobre lienzo de autor desconocido, 1805, Museo Nacional de Historia.\" width=\"361\" height=\"513\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Para leer el art\u00edculo completo, <a title=\"\u00a1Anda suscr\u00edbete!\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la Revista BiCentenario.<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace 200 aAi??os la Ciudad de MAi??xico tenAi??a mA?s de cien mil habitantes. Era una ciudad que aA?n se debatAi??a entre la importancia de su capitalidad y su provincialismo. Su espacio urbano habAi??a roto los lAi??mites de la excluyente traza espaAi??ola y se extendAi??a por el poniente mA?s allA? de los muros de los conventos de Santa Isabel y San Francisco hasta el convento de San Fernando y el Paseo de Bucareli, por el sur del convento de San JerA?nimo hasta San Antonio Abad, por el oriente de la iglesia de la SantAi??sima hasta los pA?ramos de San LA?zaro y por el norte del convento de Santo Domingo hasta mA?s allA? del barrio de Tepito.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,34],"tags":[95,94,2273,92],"class_list":{"0":"post-119","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-3","8":"tag-invasion","9":"tag-napoleon","10":"tag-nueva-espana","11":"tag-rey"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=119"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16074,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions\/16074"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}