﻿{"id":11786,"date":"2019-01-15T11:09:54","date_gmt":"2019-01-15T17:09:54","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11786"},"modified":"2024-06-21T11:47:03","modified_gmt":"2024-06-21T17:47:03","slug":"las-caras-del-bandolerismo-mexicano-en-el-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/las-caras-del-bandolerismo-mexicano-en-el-siglo-xix\/","title":{"rendered":"Las caras del bandolerismo mexicano en el siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Francisco Vera Piza\u00f1a<br \/>\nMaestr\u00eda en Historia, UNAM<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #993300;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 43.<\/span><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\">Caballeros, villanos y guerrilleros asolaban los escasos caminos del pa\u00eds hacia 1850. Su auge, muchas veces vinculado a la admiraci\u00f3n y en m\u00faltiples ocasiones al terror, oblig\u00f3 a medidas de seguridad y sanciones dr\u00e1sticas. Fueron personajes sin ideolog\u00eda, que supieron acomodarse tambi\u00e9n a los bandos ganadores cuando se trataba de luchas pol\u00edticas, lo cual les permiti\u00f3 cierto ascenso social en algunos casos.<\/h2>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 210px;\">Innumerables son las historias de ladrones que uno escucha en M\u00e9xico, algunas de ellas de inter\u00e9s emocionante y car\u00e1cter rom\u00e1ntico.<\/p>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 210px;\">Waddy Thompson, 1846.<\/p>\n<\/blockquote>\n<figure id=\"attachment_11791\" aria-describedby=\"caption-attachment-11791\" style=\"width: 941px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-11791 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M.jpg\" alt=\"Asaltantes de caminos M\" width=\"941\" height=\"764\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M.jpg 1569w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M-300x243.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M-1024x831.jpg 1024w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/Asaltantes-de-caminos-M-624x506.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 941px) 100vw, 941px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-11791\" class=\"wp-caption-text\">Asaltantes de caminos, \u00f3leo sobre tela, ca. 1850. Museo Nacional del Virreinato, Secretar\u00eda de Cultura-INAH-M\u00e9x. Reproducci\u00f3n autorizada por el INAH.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>n su obra de 1905, El libro de mis recuerdos, el gran retratista de la vida cotidiana en M\u00e9xico Antonio Garc\u00eda Cubas (1832-1912), narra una colorida estampa de todas las peripecias, contratiempos y banalidades que esperaban a los viajeros que se atrev\u00edan a transportarse en diligencia desde la capital mexicana hasta el puerto de Veracruz a mediados del siglo XIX. M\u00e1s all\u00e1 de las trivialidades que daban cuenta de lo engorroso que llegaba a ser viajar en coches \u2013incomodidad que se acrecentaban ante la casi inexistencia de caminos\u2013, nada despertaba m\u00e1s terror entre los pasajeros de diligencia que la posibilidad de encontrarse con alguno de los muchos bandidos que asolaban la mayor\u00eda de las pocas v\u00edas de comunicaci\u00f3n que comunicaban la naci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Garc\u00eda Cubas contin\u00faa su relato y nos presenta una ficci\u00f3n de aquello que pasaba por la mente de los tripulantes de la diligencia al ver una polvareda de tierra acerc\u00e1ndose a lo lejos, se\u00f1al inequ\u00edvoca de una banda de asaltantes: \u201clas damas [se preguntaban], si los ladrones ten\u00edan la costumbre de llevarse a las mujeres; el que la echaba de valiente, si estaban dispuestos todos los pasajeros a defenderse; y el fraile, si ser\u00edan los bandoleros de los que ped\u00edan a los padrecitos su bendici\u00f3n y la mano para besarla, o de los que apaleaban sin respetar el car\u00e1cter sacerdotal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta cr\u00f3nica novelada no debe tratarse como un mero recurso literario; al contrario, tiene que entenderse como un testimonio v\u00edvido que busca dar cuenta de un problema muy importante del desarrollo del M\u00e9xico independiente: el bandolero. No nos referimos a los bandidos citadinos, cuya l\u00f3gica y forma de actuar merecer\u00eda un art\u00edculo propio, m\u00e1s bien nuestro inter\u00e9s versa en torno a los del mundo rural, apegados a formas y din\u00e1micas bien definidas y que muestran la dificultad que tuvo el Estado mexicano para imponer su autoridad sobre los muchos grupos, comunidades y sociedades que conformaban la rep\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La seguridad de los caminos que conectaban a la novel rep\u00fablica mexicana del siglo XIX era muy escasa, pues la autoridad del gobierno \u2013centralista o federalista\u2013 se caracteriz\u00f3 m\u00e1s por negociar con los caciques, hacendados y jefes pol\u00edtico-militares, que por instaurar un monopolio efectivo de la fuerza p\u00fablica \u2013aunque no podemos decir que no lo haya intentado\u2013, lo que se tradujo en una falta de eficacia policial en los distintos niveles de organizaci\u00f3n gubernamental. A ello hay que sumar los distintos conflictos pol\u00edticos en las regiones m\u00e1s alejadas de la capital, las incontables guerras civiles que devastaron cualquier intento por generar un gobierno estable y las dram\u00e1ticas invasiones extranjeras que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n sembraron el caos en el pa\u00eds. Al observar este panorama tan tr\u00e1gico, no sorprende el temor que sent\u00eda cualquier peregrino que tuviera que recorrer el territorio mexicano por cualquiera de sus caminos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basta con analizar los testimonios que algunos de los cronistas de la \u00e9poca dejaron a la posteridad para entender que el miedo hacia los bandidos era real y no pod\u00eda ser tomado a la ligera. Madame Calder\u00f3n de la Barca, en sus cartas escritas durante sus viajes por M\u00e9xico y despu\u00e9s editadas como La vida en M\u00e9xico durante una residencia de dos a\u00f1os, narr\u00f3 su experiencia y el miedo que sinti\u00f3 a la presencia de los bandoleros en uno de los caminos que tuvo que recorrer en su viaje de Veracruz a la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que la capacidad del gobierno para imponerse a las comunidades locales y de someter a los cuerpos de disidentes del Estado fue muy endeble durante gran parte del siglo XIX, el papel de defender a la poblaci\u00f3n contra los grupos de bandoleros recay\u00f3 en hombros de los gobernadores estatales y de las autoridades municipales \u2013a los que posteriormente se unieron los mismos hacendados\u2013, quienes impulsaron la creaci\u00f3n de guardias rurales de caballer\u00eda, a veces integradas por veteranos de las diferentes guerras internas del pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, en un primer momento, la polic\u00eda rural junto con algunos cuerpos de ej\u00e9rcito o de milicias eran los encargados de brindar seguridad en contra de las bandas criminales que asolaban las provincias mexicanas. Por ejemplo, la cuadrilla de Agapito G\u00f3mez sembr\u00f3 la desolaci\u00f3n en gran parte del estado de Zacatecas en los primeros meses de 1863, por lo que se orden\u00f3 al destacamento del coronel Gregorio S\u00e1nchez Rom\u00e1n que les hiciera frente, lo que termin\u00f3 en la derrota del maleante despu\u00e9s de varios enfrentamientos armados. Tambi\u00e9n ese mismo a\u00f1o, la gavilla de Mauricio Barrera y Gil Ibarra \u201cel Cuervo\u201d fue sometida un contingente de soldados de infanter\u00eda y caballer\u00eda zacatecanos, quienes incluso tuvieron que operar en Aguascalientes para darles alcance a los bandidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ser\u00eda la polic\u00eda rural o \u201clos rurales\u201d, la principal l\u00ednea de defensa en contra de las tropas de bandoleros y salteadores de caminos durante la segunda mitad del siglo xix. Seg\u00fan el historiador Paul Vanderwood, en 1861 se conformaron cuatro cuerpos de 800 hombres en total, mismos que volvieron a reorganizarse y a extenderse en 2 000 al final de la guerra contra Francia. No fue sino hasta el porfiriato cuando los rurales adquirieron una importancia real a nivel nacional e incluso internacional, pues fueron reconocidos como un cuerpo de elite, lo que les dio un sentido mucho m\u00e1s rom\u00e1ntico de lo que era M\u00e9xico y contrastaba con los resultados concretos que llegaban a alcanzar, pues al final no resultaron ser un cuerpo tan eficiente.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Caballeros<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imagen del bandido rom\u00e1ntico que se form\u00f3 en el siglo XIX fue alimentada con an\u00e9cdotas reales vividas por los viajeros de la \u00e9poca, quienes dieron fe de que los bandidos pod\u00edan ser tan caballerosos y corteses con sus v\u00edctimas, como mortales y despreciables. En este sentido, la intensidad de la violencia con que los ladrones actuaban depend\u00eda tanto de las necesidades del atacante como de la respuesta que llegaban a ofrecer los asaltados. Por ejemplo, podr\u00eda darse el caso de que los tripulantes se encontraran ante \u201ccaballeros-bandidos\u201d, que cometieran su atraco de la forma decente, tal como lo describi\u00f3 Waddy Thompson en sus memorias tituladas <em>Recollections of Mexico<\/em>, pues despu\u00e9s del asalto, los bandidos voltearon hacia sus v\u00edctimas y les dijeron \u201cSe\u00f1ores, no supongan que somos ladrones de profesi\u00f3n, somos se\u00f1ores [somos caballeros], pero hemos tenido mala fortuna, y eso nos ha obligado a incomodarlos a ustedes, por lo cual le rogamos que nos perdonen\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta fue la imagen que en gran medida qued\u00f3 plasmada en el imaginario de los mexicanos y extranjeros que visitaban el pa\u00eds: el bandido caballero que era cort\u00e9s con las damas y besaba la mano del cura. El bar\u00f3n Henrick Eggers, militar dan\u00e9s que acompa\u00f1\u00f3 a la expedici\u00f3n francesa de Maximiliano, explic\u00f3 este comportamiento tan caballeroso de los bandoleros mexicanos en que \u201cprobablemente se debe al hecho de que tienen que tratar con damas y extranjeros\u201d. La sociedad mexicana se refer\u00eda a ellos como \u201ccaballeros\u201d, que sobresal\u00edan por los buenos tratos hacia sus v\u00edctimas, pues incluso les permit\u00edan conservar una \u00faltima moneda para comprar un desayuno cuando llegaran a su destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tipo de bandido caballeresco era aclamado por la sociedad a tal grado que se volvieron parte del imaginario colectivo. Las peripecias de bandidos como Heraclio Bernal \u201cel Rayo de Sinaloa\u201d, Santan\u00f3n y \u201cChucho el Roto\u201d, eran tema de conversaci\u00f3n entre los habitantes de la ciudad de M\u00e9xico. Muchos eran tambi\u00e9n respetados por su car\u00e1cter colectivo y el gran dominio de la regi\u00f3n en que se desenvolv\u00edan y, hacia finales del siglo XIX, se les admiraba por c\u00f3mo se burlaban de los distintos intentos que el Estado realizaba para capturarlos, al grado de que muchas de sus acciones y desenlaces tr\u00e1gicos eran plasmadas en novelas, corridos y cancioneros populares.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Crueldad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo que generaban respeto y admiraci\u00f3n por su cortes\u00eda y caballerosidad, los bandidos tambi\u00e9n pod\u00edan ser personajes temidos por el pueblo y odiados por el gobierno, el cual consideraba al latrocinio como un mal end\u00e9mico que deb\u00eda de ser erradicado, pues generaba una mala imagen del pa\u00eds. Lo cierto es que muchos bandidos se ganaron a pulso ese desprecio, pues llegaban a sobrepasarse con sus v\u00edctimas, en especial si \u00e9stas se resist\u00edan a ser asaltadas o no acataban las \u00f3rdenes que les daban: \u201cAl que voluntariamente no ejecutaba tal acci\u00f3n [de arrodillarse], lo <em>azorrillaban<\/em> a golpes, y a los que desgraciadamente apartaban sus miradas de la tierra, a culatazos y empellones les hac\u00edan obedecer\u201d, recuerda Antonio Garc\u00eda Cubas. Y si los asaltados decid\u00edan resistirse por medio de las armas: \u201c\u2026se arma una balacera de la cual salen vencedores los que tengan mayor n\u00famero de contendientes y mejores armas. Si los bandidos triunfan, no solo se llevan todo lo que encuentran, sino que asesinan a todos sin mayor consideraci\u00f3n\u201d, explic\u00f3 el bar\u00f3n Henrick Eggers. Muchos no sent\u00edan remordimiento de despojarles hasta las \u00faltimas ropas a sus v\u00edctimas, como en 1835, cuando una banda de cuarenta bandidos se dispuso a asaltar una caravana de mulas en R\u00edo Fr\u00edo, pero como llegaron temprano, se dedicaron a robar a todo el que pasara por ah\u00ed (cerca de ochenta personas) y a una diligencia, de la cual obtuvieron muy buen bot\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro tipo de bandoleros, mucho m\u00e1s agresivos y c\u00ednicos, eran aquellos que no ten\u00edan descaro al cometer sus fechor\u00edas y disfrutaban al molestar a sus v\u00edctimas. Uno de los casos m\u00e1s sonados ocurri\u00f3 en los tiempos en los que gobernaba Antonio L\u00f3pez de Santa Anna (1833-1855), cuando se descubri\u00f3 que uno de los generales m\u00e1s cercanos al gabinete, el coronel Juan Y\u00e1\u00f1ez, era el jefe de una gavilla de bandidos dedicada a ejecutar toda clase de horrores y a llenar de improperios a los mexicanos que ten\u00edan la mala fortuna de toparse con ellos. Al final \u2013y ante la sorpresa de todos\u2013, Y\u00e1\u00f1ez fue condenado a muerte por garrote, una forma de ajusticiamiento muy com\u00fan para la \u00e9poca, pero ni as\u00ed demostr\u00f3 remordimiento por sus actos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed valdr\u00eda la pena observar la forma en que el gobierno mexicano trat\u00f3 el problema del bandolerismo en las distintas etapas de su desarrollo. En 1835 se promulgaron leyes de excepci\u00f3n para transferir el ejercicio de la justicia contra bandoleros de los tribunales civiles a los militares, en los que se reduc\u00edan las garant\u00edas de procesos imparciales. Tambi\u00e9n en 1857, cuando el problema se volvi\u00f3 tan insoportable en Jalisco que el gobernador decret\u00f3 que todo bandolero atrapado deb\u00eda ser enjuiciado y fusilado, en caso de culpabilidad, en un plazo no mayor a 24 horas. De igual forma, en Aguascalientes se promulg\u00f3 en 1862, que cualquiera que fuera atrapado en pleno acto de latrocinio deber\u00eda ser ejecutado de inmediato, con la \u00fanica condici\u00f3n de avisar a la autoridad pol\u00edtica m\u00e1s inmediata.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas estas medidas, a las que se sumaban las duras condenas en las prisiones y la llamada \u201cley fuga\u201d, ayudan a comprender que el bandolerismo no s\u00f3lo era problema de una simple lucha de clases entre los que ostentan el poder y los oprimidos, m\u00e1s bien era un problema real que afectaba tanto a hacendados como a viajeros, campesinos, habitantes de pueblos perif\u00e9ricos a los caminos y al gobierno mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ni la necesidad ni el gusto por el latrocinio eran las \u00fanicas fuentes de inspiraci\u00f3n para los bandoleros, pues lo que realmente buscaban muchos era la posibilidad del ascenso social. Al respecto, durante la \u00faltima parte del siglo xix, aparecieron los llamados <em>Plateados<\/em> de Michoac\u00e1n, quienes, seg\u00fan el historiador Paul Vanderwood, terminaron por ser la viva representaci\u00f3n de lo que era el charro mexicano: \u201cel mejor de todos los vaqueros, pose\u00eddo por una arrogancia masculina que pon\u00eda de relieve sus cualidades de jinete y enamorado\u201d; su \u00fanico inter\u00e9s era el enriquecimiento r\u00e1pido, por ser \u201crudos competidores en un sistema que todav\u00eda carec\u00eda de instituciones bien desarrolladas de cambio y medios leg\u00edtimos de enriquecimiento\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ocasiones, estos bandidos se aliaban con los poderes regionales de los hacendados y gobiernos locales, ya fuera a trav\u00e9s del soborno directo en una relaci\u00f3n equilibrada o de la extorsi\u00f3n en una relaci\u00f3n de superioridad, con el fin de adquirir una mejor calidad de vida. Adem\u00e1s, como no estaban vinculados con ninguna ideolog\u00eda pol\u00edtica, pod\u00edan cambiar de bando y dar su apoyo al partido que mejor les conviniera. Por ejemplo, durante las guerras de Reforma, las cuadrillas de bandoleros serv\u00edan tanto a liberales como a conservadores en funci\u00f3n del lado que les ofreciera mejores dividendos pol\u00edticos o, en su defecto, el que tuviera mayores posibilidades de triunfar. Al darse cuenta de esta din\u00e1mica, los bandos que luchaban por gobernar a M\u00e9xico comenzaron a utilizarlos para presionar la rendici\u00f3n del enemigo en un sentido m\u00e1s all\u00e1 de lo militar: saqueaban y destru\u00edan todo a su paso, lo que imped\u00eda que el Estado triunfante pudiera pacificar el territorio e imponer su propio gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De nuevo, los <em>Plateados<\/em> son un buen ejemplo de c\u00f3mo se llev\u00f3 a cabo esta din\u00e1mica pol\u00edtica. En un primer momento lucharon al lado de los conservadores y de los franceses durante la intervenci\u00f3n, pues \u00e9stos pagaban mejor, pero cuando el panorama se hizo m\u00e1s favorable a los liberales, prefirieron unirse a Ju\u00e1rez y combatir a su lado el resto de la guerra. Ello les permiti\u00f3 exigir al gobierno ganador ciertas garant\u00edas pol\u00edticas a cambio de cesar las operaciones de latrocinio al final de la guerra, y en ocasiones fueron ascendidos a puestos importantes de gobierno o a la polic\u00eda rural.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">El imaginario<\/h2>\n<p>H\u00e9roes, ladrones, guerrilleros o pol\u00edticos. De vez en cuando actuaban como caballeros, lo que cre\u00f3 en el imaginario social mexicano y extranjero un mito sobre lo que era el M\u00e9xico del siglo XIX: un mundo id\u00edlico, rodeado de volcanes y valles pintorescos, coronados por pueblos folcl\u00f3ricos en los que el charro, vestido con galanura y autoridad, era amo y se\u00f1or de los caminos. La viva imagen de un paisaje cual si lo hubiese pintado Jos\u00e9 Mar\u00eda Velasco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quienes sufr\u00edan el asalto de estos bandidos-caballeros llegaban a presumir su suerte: la de haber vivido la verdadera experiencia de lo que era viajar por los caminos de M\u00e9xico. Otros \u2013con menos suerte\u2013, conoc\u00edan la otra cara de la moneda, la del bandolero desvergonzado, cuya necesidad de obtener r\u00e1pida fortuna lo obligaba a cometer innumerables atrocidades no s\u00f3lo contra los oligarcas, sino contra quien se cruzase en su camino, sin importar que fuera campesino o citadino, mujer u hombre de religi\u00f3n. Esta clase de ladrones no escatimaban la violencia, pues pod\u00edan despojar a sus v\u00edctimas hasta de la \u00faltima prenda, golpearlas por pura diversi\u00f3n y deshonrar a las mujeres sin la menor muestra de pudor o arrepentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el latrocinio no era la \u00fanica actividad por la que se les conoc\u00eda, pues los bandidos tambi\u00e9n eran guerrilleros y un\u00edan sus fuerzas con los diferentes contrincantes que se disputaban el poder en M\u00e9xico. Estos hombres \u2013existieron poqu\u00edsimas bandoleras\u2013 no eran ni independentistas ni peninsulares, tampoco liberales ni conservadores, mucho menos intervencionistas o nacionalistas. M\u00e1s bien defend\u00edan sus propios intereses, ya fuera para obtener una mayor fortuna producto de la ausencia de un poder que les hiciera frente, o de crecimiento a partir de la pol\u00edtica, \u00fanica forma de liberarse de una sociedad r\u00edgida, que les imped\u00eda alcanzar un mejor nivel social m\u00e1s all\u00e1 del ej\u00e9rcito o las relaciones familiares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los bandidos, entre lo imaginario y lo real, han quedado plasmados en las novelas, cuentos y canciones populares del siglo XIX, arraigando cada vez m\u00e1s en el imaginario del mexicano siempre combativo de las injusticias y sin\u00f3nimo de \u201cmacho\u201d. Ni pueden considerarse del todo bandidos sociales como el historiador Eric Hobsbawm lo entend\u00eda, ni del todo pol\u00edticos como Paul Vanderwood los ve\u00eda. Entre la leyenda y la experiencia inmediata, los bandoleros existieron en una enorme franja gris, cuyas acciones de latrocinio eran entendidas en el imaginario como la justicia m\u00e1s antigua y m\u00e1s perfecta entre el pueblo y el Estado.<\/p>\n<p>PARA SABER M\u00c1S<\/p>\n<ul>\n<li>Altamirano, Ignacio Manuel, <em>El Zarco<\/em>, M\u00e9xico, Ilce, 2009, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/MLWndC\">https:\/\/goo.gl\/MLWndC<\/a><\/li>\n<li>Hobsbawm, Eric, <em>Bandidos<\/em>, trad. Dolors Folch, Barcelona, Cr\u00edtica, 2001.<\/li>\n<li>Vanderwood, Paul, <em>Los rurales mexicanos<\/em>, trad. Roberto G\u00f3mez Ciriza, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1982. (Historia)<\/li>\n<li><em>El Zarco<\/em>, dir. Miguel M. Delgado, 1959, 95 min, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/92RG6m\">https:\/\/goo.gl\/92RG6m<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Francisco Vera Piza\u00f1a Maestr\u00eda en Historia, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 43. Caballeros, villanos y guerrilleros asolaban los escasos caminos del pa\u00eds hacia 1850. Su auge, muchas veces vinculado a la admiraci\u00f3n y en m\u00faltiples ocasiones al terror, oblig\u00f3 a medidas de seguridad y sanciones dr\u00e1sticas. Fueron personajes sin ideolog\u00eda, que supieron acomodarse tambi\u00e9n a los bandos ganadores cuando se trataba de luchas pol\u00edticas, lo cual les permiti\u00f3 cierto ascenso social en algunos casos. Innumerables son las historias de ladrones que uno escucha en M\u00e9xico, algunas de ellas de inter\u00e9s emocionante y car\u00e1cter rom\u00e1ntico. Waddy Thompson, 1846. En su obra de 1905, El libro de mis recuerdos, el gran retratista de la vida cotidiana en M\u00e9xico Antonio Garc\u00eda Cubas (1832-1912), narra una colorida estampa de todas las peripecias, contratiempos y banalidades que esperaban a los viajeros que se atrev\u00edan a transportarse en diligencia<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,2032],"tags":[678,2033,2269,110],"class_list":{"0":"post-11786","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-43","8":"tag-bandolerismo","9":"tag-mexico-siglo-xix","10":"tag-siglo-xix","11":"tag-viajeros"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11786","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11786"}],"version-history":[{"count":18,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11786\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19676,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11786\/revisions\/19676"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11786"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11786"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11786"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}