﻿{"id":11491,"date":"2018-11-14T15:21:10","date_gmt":"2018-11-14T21:21:10","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11491"},"modified":"2024-06-24T13:47:07","modified_gmt":"2024-06-24T19:47:07","slug":"cuestion-de-honor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/cuestion-de-honor\/","title":{"rendered":"Cuesti\u00f3n de honor"},"content":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 41.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ganaste, Mariano. Piensa en eso ahora que, otra vez, como tantas madrugadas desde hace cuatro a\u00f1os, las pesadillas vuelven a despertarte y prefieres no dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sue\u00f1o y ponerte de pie, silenciosamente, para no despertar a Andrea. La noche se ve muy oscura por la ventana de la habitaci\u00f3n, ni un rayo de luz ilumina las sombras, tampoco iluminaba la lobreguez de tu celda. Entonces, como el profeta Job, te preguntabas cu\u00e1ndo ser\u00eda de d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sientes que has perdido todo y es de entenderse, \u00a1vaya que s\u00ed!, la experiencia fue aterradora: un hombre de leyes arrancado con lujo de violencia de su hogar, sin explicaci\u00f3n alguna y sin que los ejecutores del poder de Tacubaya mostraran la menor compasi\u00f3n, ya no por \u00e9l sino por los suyos que presenciaban el brutal atropello y quedaron sumidos en el m\u00e1s grande abatimiento. Pero por m\u00e1s que sabes que es in\u00fatil pasar y repasar lo que ocurri\u00f3 pues no puedes cambiarlo, porf\u00edas, y aun escudri\u00f1as hasta en lo que en esos momentos especulabas y sent\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escuchas el silencio; afuera nada se mueve y a lo lejos apenas se alcanza a ver la luz del farol que agita el sereno. Tambi\u00e9n el silencio dominaba en el convento de San Agust\u00edn, nada m\u00e1s interrumpido por el rezo de los frailes. Y te sumabas, Mariano, pero no para alabar a Dios como ellos hac\u00edan, sino para exigir justicia por el abuso cometido contra ti y Lafragua y Riva Palacio y Pedraza. Abuso, s\u00ed, pues su \u00fanica culpa era defender los principios liberales y la federaci\u00f3n. No hab\u00edas hecho mal alguno, estabas seguro, tan as\u00ed que cuando te advirtieron que iban por ti no quisiste desaparecer, pensabas que la mejor defensa ser\u00eda la ley y la verdad acabar\u00eda por prevalecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue un error, lo entendiste de inmediato, pero hay que olvidarlo ya, ahora toca aceptar que lo pasado no puede cambiarse y esas semanas de soledad y silencio transcurridas, sin ver m\u00e1s que a los frailes agustinos quienes sin pronunciar palabra te llevaban los alimentos, acunaron la idea de que cualquier individuo \u2013ll\u00e1mese como se llame, sea pobre o rico, mexicano o extranjero\u2013 precisa de una ley que ampare sus derechos y est\u00e9 por encima de la arbitrariedad de cualquier gobierno. Pues bien, Mariano, el d\u00eda lleg\u00f3, esa ley ya entr\u00f3 en vigor y somos muchos quienes ganamos. De algo sirvi\u00f3 la injustificada estancia en esa fr\u00eda y oscura celda conventual, cuando s\u00f3lo maliciabas que todo era por defender lo que pensabas en el Congreso y en la prensa y por el temor del dictador a tu voz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mas esto no basta, no borra el enojo y la rabia que llenan tu esp\u00edritu cuando recuerdas, tampoco te calma pensar que quien mand\u00f3 apresarte es un cobarde, que su raz\u00f3n fue sentirse amenazado, pero por fin cay\u00f3 y se encuentra muy lejos, ojal\u00e1 que para siempre. No basta porque perdura la humillaci\u00f3n sentida ante quienes te vieron, \u00a1al licenciado Otero!, recorrer las calles encadenado de pies y manos, como si se tratara de un forajido, custodiado por soldados para que no pudiera escapar. Sin duda lo que se pretend\u00eda era mostrar a todos que hasta un hombre de tu prestigio ten\u00eda que arrodillarse ante el poder militar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero entonces, \u00bfQu\u00e9 te atormenta, Mariano? Si ganaste, si ganamos todos los mexicanos, y entiendes bien que lo que has hecho es y ser\u00e1 importante, \u00bfpor qu\u00e9 cuatro a\u00f1os despu\u00e9s a\u00fan despiertas de madrugada y experimentas tanta rabia? Adm\u00edtelo, lo que te enfada no es la memoria de la detenci\u00f3n arbitraria, ni del encierro y la incomunicaci\u00f3n sufridas, lo que irrita tu esp\u00edritu es no haber sido absuelto de la acusaci\u00f3n de fraguar un plan revolucionario, \u00a1Otero, un hombre de leyes!, que la calumnia no se probase y haber recibido la libertad por la gracia del d\u00e9spota que ese d\u00eda festejaba su santo y otorg\u00f3 la amnist\u00eda a los presos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Admite que en su momento no import\u00f3. \u00a1Fue tan hermoso ver a Andrea y a los ni\u00f1os, abrazarlos! De estar ah\u00ed Santa Anna, se lo habr\u00edas agradecido. No fue sino despu\u00e9s que el hecho empez\u00f3 a molestar, cuando ca\u00edste en cuenta que tu honra no hab\u00eda sido vindicada, que no pod\u00edas levantar bien la frente pues nunca se proclam\u00f3 que eras inocente ni se castig\u00f3 a los responsables y es por eso por lo que ahora rumias tal ira contra la mano tremenda del poder arbitrario que te present\u00f3 como un criminal y para colmo te obsequi\u00f3 su perd\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelve a la cama, Mariano, lo que sientes es mera vanidad y no debe quitarte el sue\u00f1o. Goza la vida: \u00a1mira que es corta!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Considera mejor que lo que has hecho por los mexicanos en general bien vale esos cuarenta y cuatro d\u00edas de pesadilla e incluso m\u00e1s. No tarda en llegar el d\u00eda, y ser\u00e1 mejor pues no importa lo que suceda, en que la gente se apropiar\u00e1 del derecho de amparo sin que nadie se lo pueda arrebatar. Ese ser\u00e1 tu triunfo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Su\u00e1rez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 41. Ganaste, Mariano. Piensa en eso ahora que, otra vez, como tantas madrugadas desde hace cuatro a\u00f1os, las pesadillas vuelven a despertarte y prefieres no dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sue\u00f1o y ponerte de pie, silenciosamente, para no despertar a Andrea. La noche se ve muy oscura por la ventana de la habitaci\u00f3n, ni un rayo de luz ilumina las sombras, tampoco iluminaba la lobreguez de tu celda. Entonces, como el profeta Job, te preguntabas cu\u00e1ndo ser\u00eda de d\u00eda. Sientes que has perdido todo y es de entenderse, \u00a1vaya que s\u00ed!, la experiencia fue aterradora: un hombre de leyes arrancado con lujo de violencia de su hogar, sin explicaci\u00f3n alguna y sin que los ejecutores del poder de Tacubaya mostraran la menor compasi\u00f3n, ya no por \u00e9l sino por los suyos que<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1982,5],"tags":[180,2255,2259],"class_list":{"0":"post-11491","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-41","7":"category-cuento","8":"tag-amor-a-la-historia","9":"tag-cuento","10":"tag-mexico"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11491","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11491"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11491\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19719,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11491\/revisions\/19719"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11491"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11491"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11491"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}