﻿{"id":11466,"date":"2018-11-08T21:07:53","date_gmt":"2018-11-09T03:07:53","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11466"},"modified":"2024-06-25T12:35:08","modified_gmt":"2024-06-25T18:35:08","slug":"el-asistencialismo-del-segundo-imperio-para-las-viudas-mexicanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-asistencialismo-del-segundo-imperio-para-las-viudas-mexicanas\/","title":{"rendered":"El asistencialismo del segundo imperio para las viudas mexicanas"},"content":{"rendered":"<p>\u00c1ngela Le\u00f3n Gardu\u00f1o<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 41.<\/span><\/strong><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Una mujer de familia rica que perd\u00eda a su marido joven a mediados del siglo XIX era seguro que pudiera sobrevivir. Pero para la mayor\u00eda de las mujeres pobres implicaba profundizar sus carencias. La b\u00fasqueda de apoyos de estas viudas desamparadas encontr\u00f3 en el r\u00e9gimen de Maximiliano algunos paliativos.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-11615\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261.jpg\" alt=\"Los Mexicanos Pintados por s\u00ed mismos pp.226\" width=\"288\" height=\"464\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261-186x300.jpg 186w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261-635x1024.jpg 635w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Los-Mexicanos-Pintados-por-s\u00ed-mismos-pp.2261-624x1005.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 288px) 100vw, 288px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>n plena influencia de los Chicago Boys, la dictadura militar de Augusto Pinochet impuso al pueblo chileno en 1980 el Sistema Individual de Retiro. Este modelo, a\u00fan vigente, sustituy\u00f3 al Estado como administrador de los ahorros de millones de personas, a trav\u00e9s de instancias privadas llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Si bien se argument\u00f3 que la contribuci\u00f3n de los trabajadores al Estado ser\u00eda m\u00e1s eficiente al sustituir su papel por las AFP, siendo que estas captar\u00edan un porcentaje del salario de forma individual y aumentar\u00edan su rendimiento a partir de la inversi\u00f3n, el paso del tiempo demostr\u00f3 la incompatibilidad entre la forma operativa de las empresas y el manejo de los fondos de ahorro para el retiro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En M\u00e9xico, donde dicho sistema se estableci\u00f3 hacia 1990 con el nombre de Afores (Administradoras de Fondos para el Retiro), sus resultados siguen siendo tema de confrontaci\u00f3n. Sin embargo, el problema se replica, aunque con diferencias, en pa\u00edses europeos como Espa\u00f1a, donde recientemente se realiz\u00f3 una gran manifestaci\u00f3n para denunciar los intentos del gobierno de privatizar las pensiones y recortar su financiamiento p\u00fablico. As\u00ed, desde hace m\u00e1s de diez a\u00f1os, organismos internacionales como la CEPAL (Comisi\u00f3n Econ\u00f3mica para Am\u00e9rica Latina y el Caribe) han alertado sobre lo que consideran un problema mundial para los trabajadores y las finanzas p\u00fablicas. Advierten que la capacidad financiera de los Estados para subsidiar el sistema de seguridad social est\u00e1 siendo rebasada. Pero tambi\u00e9n se\u00f1alan que el monto que los ciudadanos reciben por su jubilaci\u00f3n, viudez o incapacidad, mediante entidades privadas, se ha vuelto insuficiente para cubrir necesidades b\u00e1sicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque no pueden hacerse comparaciones con el sistema de ayuda social del siglo XIX, es interesante constatar que se trata de una problem\u00e1tica hist\u00f3rica que pocos a lo largo de los siglos, la idea de una supuesta incapacidad del g\u00e9nero femenino para valerse por s\u00ed mismo fundament\u00f3 el dictamen de normas cuyo contenido buscaba limitar sus derechos y controlar su comportamiento. As\u00ed, durante el periodo colonial y la primera mitad del siglo XIX, las mujeres generalmente mantuvieron una relaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n cimentada en una base legal y de tradici\u00f3n. Por ello, se administraban sus propiedades, se les prohib\u00eda adoptar conductas \u201cindecentes\u201d y se obstaculizaban sus posibilidades para ocupar cargos de gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de su situaci\u00f3n, la mayor\u00eda de las mujeres se enfrent\u00f3 a circunstancias que las dirigieron hacia otras opciones de vida, como la incorporaci\u00f3n al mundo del trabajo y la administraci\u00f3n de peque\u00f1os y grandes negocios. Adem\u00e1s, el grado de dominaci\u00f3n que se ejerc\u00eda sobre ellas era determinado por su estado civil y condici\u00f3n socio econ\u00f3mica, por lo cual las solteras, casadas y viudas recib\u00edan un trato distinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el contexto colonial y durante el siglo XIX, las viudas fueron quienes aparentemente gozaron de mayor autonom\u00eda al quedar al margen de la autoridad patriarcal y ganar honorabilidad, pero, con excepci\u00f3n de quienes viv\u00edan de sus herencias o la ayuda de un pariente rico, las mujeres solas deb\u00edan enfrentarse a constantes adversidades. Muchas veces ello signific\u00f3 buscar asilo en casas de recogimiento, depender de sus hijos o familiares, trabajar toda una vida como empleadas dom\u00e9sticas, costureras, lavanderas o cocineras y, en casos desesperados, ejercer la prostituci\u00f3n. En este contexto, recibir una pensi\u00f3n constitu\u00eda un golpe de suerte para aliviar ciertas necesidades, pero en ese tiempo, como ahora, esta clase de transferencias econ\u00f3micas se limitaban a atender grupos muy espec\u00edficos de la sociedad, desprotegiendo a la mayor\u00eda de quienes laboraban en sectores informales.<\/p>\n<p>Por ello, vale la pena conocer m\u00e1s sobre la ayuda o auxilio econ\u00f3mico que los emperadores Maximiliano y Carlota decidieron otorgar a las mujeres durante su gobierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros montep\u00edos se instituyeron por \u00f3rdenes del rey Carlos III de Espa\u00f1a. El montep\u00edo militar, es decir el fondo de dinero que los individuos de un cuerpo integraban mediante la contribuci\u00f3n de una cantidad de su ingreso para pensionar a sus familiares o proporcionarles auxilio, fue decretado en 1761. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s se estableci\u00f3 en Am\u00e9rica, bajo el fundamento de evitar que a la muerte de los \u201cempleados del real servicio\u201d, sus viudas e hijos quedasen reducidos a la miseria, de manera que ordenaba que recibieran una pensi\u00f3n de acuerdo con el cargo desempe\u00f1ado por sus familiares. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, se crearon montep\u00edos dirigidos a las viudas y hu\u00e9rfanos de ministros, empleados del Tribunal de Justicia, la Real Hacienda, las tesorer\u00edas reales y la Real Armada. La modificaci\u00f3n m\u00e1s importante que se hizo a esta ley fue en el Reglamento del 1 de enero de 1796. En ella se indic\u00f3 que toda concesi\u00f3n de pensi\u00f3n llevada por el Consejo de Guerra deb\u00eda ser autorizada por el rey. La raz\u00f3n era que el sistema hab\u00eda llegado a un punto de decadencia por la p\u00e9rdida de fondos para su sostenimiento, ante lo cual se decidi\u00f3 generar un m\u00e9todo de \u201cdescuentos\u201d. Es decir, reducir parte de los haberes percibidos por los militares a fin de sufragar la \u00fanica pensi\u00f3n atribuible a cada familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en el M\u00e9xico independiente, el primer decreto nacional en este sentido lo estableci\u00f3 Anastasio Bustamante el 19 de febrero de 1839, bajo la misma base de los descuentos que ser\u00edan aplicados a miembros del cuerpo militar. Esta disposici\u00f3n y la de 1796 fueron especialmente importantes porque algunas solicitudes de viudas y hu\u00e9rfanas de militares y empleados civiles, dirigidas a los emperadores, refirieron tener pagos atrasados de su montep\u00edo aprobados bajo alguno de ambos reglamentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De tal modo, una gran parte de las mujeres que obtuvieron su pensi\u00f3n antes de 1864 la recibieron en compensaci\u00f3n por la muerte en combate de sus c\u00f3nyuges militares, ya fuesen tenientes, generales o capitanes. Otra proporci\u00f3n la adquiri\u00f3 con el fallecimiento de sus maridos, quienes se desempe\u00f1aban como empleados del gobierno. Ante ello, resulta indispensable puntualizar que la mayor\u00eda de estas viudas pertenec\u00edan a las capas medias de la sociedad, lo que no significa que no hubiesen sido afectadas por la viudez y los pagos vencidos de su pensi\u00f3n. No obstante, sin minimizar su angustia, puede considerarse que su situaci\u00f3n fue de car\u00e1cter coyuntural porque legalmente estaban salvaguardadas y, en casi todos los casos, la junta imperial revisora de pensiones respondi\u00f3 favorablemente a sus peticiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este fue el caso de do\u00f1a Manuela G\u00f3mez, viuda del teniente de caballer\u00eda don Ricardo Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, y de do\u00f1a Dolores Ocampo, viuda del teniente coronel de caballer\u00eda permanente don Manuel Rivera, a quienes se les concedi\u00f3 en 1864, conforme al art\u00edculo 40 del decreto de 19 de febrero de 1839, la pensi\u00f3n de montep\u00edo correspondiente a la cuarta parte del sueldo de ambos miembros del ej\u00e9rcito de infanter\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el contrario, para las viudas sumidas en la pobreza y con escasas posibilidades de recibir a una pensi\u00f3n, la combinaci\u00f3n de su situaci\u00f3n con la vejez, alcanzada cerca de los 55 a\u00f1os, tuvo un significado poco esperanzador.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Cabezas de familia<\/h2>\n<p>Ciertamente se conocen pasajes de la vida de mujeres que, al enlutar, lograron posicionarse en el mundo de los negocios, aumentar sus propiedades o simplemente mantener una vida tranquila gracias a su capacidad para administrar los bienes heredados. Por tanto, aun cuando la Iglesia y el Estado segu\u00edan vigilando su comportamiento moral, las viudas de clase alta pod\u00edan gozar de capacidad jur\u00eddica y libertad para disponer de su vida y dinero como mejor les pareciera, gracias al menor control que sobre ellas ejerc\u00eda el g\u00e9nero masculino. Sin embargo, es claro que eran casos aislados, pues si bien las leyes de herencia aseguraban una parte de los bienes comunes a la viuda y, con suerte, la tutela de los hijos v\u00eda testamentaria, estas prerrogativas se autorizaban siempre y cuando la mujer no mantuviera relaciones ileg\u00edtimas o contrajera segundas nupcias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese sentido, la viudez resultaba emancipadora para quienes formaban parte de una clase acomodada, pero ser viuda no era sin\u00f3nimo de independencia ni mucho menos de estabilidad para las mujeres cabeza de familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En t\u00e9rminos demogr\u00e1ficos, antes de 1860 las muertes en la capital superaban a los nacimientos. Adem\u00e1s de los ni\u00f1os, quienes m\u00e1s fallec\u00edan eran los varones pobres por efecto de sus condiciones laborales y el impacto de las guerras. Despu\u00e9s de haber estado casadas durante dos d\u00e9cadas, en promedio las mujeres perd\u00edan a su marido alrededor de los 40 a\u00f1os, lo cual refleja que pasaban bastante tiempo de su vida siendo viudas, pues el \u00edndice de mortalidad rara vez les permit\u00eda convivir hasta la vejez. Y aunque es probable que las mujeres mintieran en los censos argumentando viudez para proteger a sus parejas de la leva o disfrazar su maternidad ileg\u00edtima, los censos de 1811 y 1848 muestran que durante estos a\u00f1os los conflictos armados aumentaron el porcentaje de hogares sin padres de familia. Fue as\u00ed que las viudas pasaron de 33% en 1811 a 36% en 1848, la mayor\u00eda con una edad de entre 45 y 54 a\u00f1os. Estos datos permiten entender por qu\u00e9, si bien la sociedad no ve\u00eda con buenos ojos a las mujeres trabajadoras, el contexto econ\u00f3mico y pol\u00edtico siempre favoreci\u00f3 su participaci\u00f3n en las actividades productivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para explicar este fen\u00f3meno, basta con remontarse a fines del siglo XVIII, cuando la Real Pragm\u00e1tica liberaliz\u00f3 el trabajo femenino. En aquel entonces, las amas de casa de condici\u00f3n media se iniciaron como tejedoras, hiladoras, curtidoras, impresoras y otra variedad de oficios cuyos talleres heredaron de sus esposos para despu\u00e9s pasarlos a sus hijos. A la par, una gran cantidad de j\u00f3venes pobres, de entre 15 y 29 a\u00f1os, migraron desde los pueblos y otras regiones rurales para servir en la f\u00e1brica de tabacos, en negocios de comida o como empleadas dom\u00e9sticas. Sin embargo, la guerra de Independencia y las sucesivas luchas civiles e invasiones extranjeras modificaron dr\u00e1sticamente estos logros para las mujeres de la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante la inestabilidad del pa\u00eds, el desempleo masculino forz\u00f3 a las trabajadoras a regresar a sus hogares para devolver espacios laborales a los hombres. La situaci\u00f3n empeor\u00f3 hacia 1830, cuando se presentaron demandas de empleados p\u00fablicos y militares, quienes exigieron el pago completo de su trabajo o el restablecimiento de sus puestos luego de haber sido despedidos. Una d\u00e9cada despu\u00e9s, los trabajadores manuales, o antiguos artesanos, no ganaban lo suficiente para sostener una familia de cuatro integrantes. Y aunque las mujeres de estratos m\u00e1s bajo siguieron lavando ropa ajena, bordando, fabricando velas y salando cueros para su venta a los comerciantes, podemos imaginar lo complicado que resultaba sobrevivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este panorama nos lleva a repensar la idea difundida de que las mujeres nacidas antes del siglo XX no hac\u00edan otra cosa que permanecer en sus hogares cuidando al esposo y los hijos. Evidentemente, muchas familias eran mantenidas por madres trabajadoras, quienes en apariencia disfrutaban de amplias libertades, pero, cuyas condiciones materiales constitu\u00edan su mayor preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Alternativas<\/h2>\n<p>En 1865, Soledad L\u00f3pez y Loreto Garrido escribieron a Maximiliano para solicitarle ayuda econ\u00f3mica. Ambas eran viudas y manifestaron encontrarse en un estado de miseria. A pesar de que Soledad trabajaba, su sueldo no bastaba para mantener y educar a sus tres hijas, pues se encontraba \u201centeramente aislada\u201d. Por su parte, Loreto, mujer proveniente de San Juan del R\u00edo, pero residente de la capital, dijo que, a la muerte de su esposo, ella y sus hijos hab\u00edan quedado agobiados por las circunstancias, sin tener otra opci\u00f3n que empe\u00f1ar y vender sus \u201cinsignificantes prendas\u201d, ya que el fruto de su trabajo no era suficiente para subsistir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas mujeres, junto con muchas otras, vieron en las autoridades imperiales la oportunidad de aliviar sus necesidades m\u00e1s indispensables en momentos de dificultad. Para ellas no hab\u00eda oportunidad de solicitar una pensi\u00f3n porque las leyes eran muy claras respecto a quienes pod\u00edan ser beneficiadas con dicha manutenci\u00f3n. Aunado a ello, ciertas pr\u00e1cticas de caridad otorgadas por la Iglesia y particulares se consideraban suficientes para proporcionar alivio, lo cual no signific\u00f3 que se les garantizara bienestar, pero en general la esperanza de vida era tan corta que, a nivel mundial, las autoridades decimon\u00f3nicas no creyeron necesario destinar un porcentaje del ingreso nacional a ese fondo, adem\u00e1s de que no ten\u00edan la capacidad para financiarlo. Por lo dem\u00e1s, aunque las diversas sociedades de ayuda mutua, cuya tarea consist\u00eda en resolver emergencias como el pago de un entierro o el auxilio temporal a las familias de sus miembros, lograron auxiliar un n\u00famero importante de viudas, muchas tambi\u00e9n quedaron fuera de su competencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para resolver este problema, Maximiliano y Carlota no s\u00f3lo restablecieron el recurso de las pensiones buscando autorizar todos los pagos suspendidos en a\u00f1os anteriores, sino que ampliaron el rango de ayuda hacia aquellas mujeres viudas que no ten\u00edan derecho a recibir este recurso y se encontraban desamparadas. Sobre todo, despu\u00e9s de que en 1857 se prohibi\u00f3 investigar la paternidad de los hijos y se desestimaron casi la totalidad de juicios por alimentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, las viudas, y madres solteras disfrazadas de viudas, con poca alternativa financiera, trataron de apelar a la \u201cbondad\u201d de los emperadores mostrando su debilidad econ\u00f3mica como mujeres sin apoyo de un hombre, pobres, con hijos que alimentar, enfermas y ancianas, que no gozaban de ning\u00fan tipo de recurso para subsistir m\u00e1s que lo proveniente de su trabajo como costureras, lavanderas, empleadas dom\u00e9sticas, as\u00ed como de la venta de sus bienes y la solicitud de limosna. Para acceder a esta ayuda, las mujeres aprovecharon la invitaci\u00f3n que Maximiliano ofreci\u00f3 a todo mexicano deseoso de acudir a las audiencias p\u00fablicas celebradas los domingos, a trav\u00e9s de las cuales pretend\u00eda establecer una relaci\u00f3n directa con sus \u201cs\u00fabditos\u201d. De igual forma, las viudas utilizaron el recurso de las cartas que todo habitante del imperio ten\u00eda derecho a redactar para solicitar un auxilio econ\u00f3mico, siempre y cuando el peticionario argumentara su demanda y, en la medida de lo posible, se comprobara su estado de penuria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas mujeres, como Mar\u00eda Calixta P\u00e9rez, debieron insistir en repetidas ocasiones su necesidad de ser auxiliadas para aliviar su miseria en calidad de viudas. Otras se valieron de un discurso m\u00e1s espec\u00edfico para convencer a las autoridades del gabinete civil, encargadas de remitir las causas a Maximiliano y Carlota. Fue el caso de Ana Abrego, quien afirm\u00f3 ser viuda de avanzada edad, con ocho hijos, dos de los cuales no pod\u00edan ver y otros tres menores de edad a quienes apenas lograba alimentar con su trabajo como lavandera. Mientras tanto, Dolores Ram\u00edrez lleg\u00f3 a exponer que durante a\u00f1os hab\u00eda trabajado junto con su hija, pero la edad y ciertas afectaciones como la ceguera, la falta de un o\u00eddo y su enfermedad en el pulm\u00f3n le hab\u00edan imposibilitado buscar remedio a su situaci\u00f3n, por lo cual apenas si lograban cubrir sus \u201curgentes necesidades\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de acercarnos a este tema, ahora sabemos que legalmente las mujeres ten\u00edan cerradas muchas oportunidades, que la mayor\u00eda estaba excluida de los beneficios otorgados por la viudez en t\u00e9rminos de la autonom\u00eda jur\u00eddica y econ\u00f3mica alcanzada por las viudas m\u00e1s ricas, pero que la idea tradicional de los hogares no correspond\u00eda con la realidad, pues muchas mujeres debieron hacerse cargo de sus familias despu\u00e9s de la muerte del marido y esta circunstancia las llev\u00f3 a integrarse al ramo productivo m\u00e1s de lo que generalmente imaginamos, as\u00ed como a buscar todas las alternativas posibles para enfrentar el aislamiento y la pobreza.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>Garc\u00eda Pe\u00f1a, Ana Lidia, <em>El fracaso del amor. G\u00e9nero e individualismo en el siglo <\/em>xix<em> mexicano<\/em>, M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico\/ Universidad Aut\u00f3noma del Estado de M\u00e9xico, 2006.<\/li>\n<li>P\u00e9rez Toledo, Sonia, <em>Los hijos del trabajo. Los artesanos de la ciudad de M\u00e9xico, 1780-1853<\/em>, M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico\/Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana-Iztapalapa, 2005.<\/li>\n<li>Ratz, Konrad, <em>Correspondencia in\u00e9dita entre Maximiliano y Carlota<\/em>, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2003.<\/li>\n<\/ul>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Visita al Museo de la Mujer, Cdmx, <a href=\"http:\/\/www.museodelamujer.org.mx\/\">http:\/\/www.museodelamujer.org.mx\/<\/a><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c1ngela Le\u00f3n Gardu\u00f1o Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 41. 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