﻿{"id":11316,"date":"2018-09-01T23:44:28","date_gmt":"2018-09-02T04:44:28","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11316"},"modified":"2024-06-26T11:25:16","modified_gmt":"2024-06-26T17:25:16","slug":"ay-mi-traje-negro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/ay-mi-traje-negro\/","title":{"rendered":"\u00a1Ay mi traje negro!"},"content":{"rendered":"<p>Silvia L. Cuesy<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 40.<\/span><\/strong><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Una larga traves\u00eda lleva a Benito Ju\u00e1rez de regreso a M\u00e9xico. Hay sombreros que se pierden, una identidad simulada, n\u00e1useas permanentes, un cargamento que cuidar. Y una esposa que lo espera.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-11359\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40-753x1024.jpg\" alt=\"BiCentenario40\" width=\"375\" height=\"509\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40-753x1024.jpg 753w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40-220x300.jpg 220w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40-624x847.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/BiCentenario40.jpg 1128w\" sizes=\"(max-width: 375px) 100vw, 375px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>os pertrechos pagados por un particular mexicano ser\u00edan enviados a Acapulco desde Nueva Orleans: 4 500 fusiles y suficiente parque para cargarlos, decenas de piezas de artiller\u00eda y p\u00f3lvora. De los arreglos para su env\u00edo se encargar\u00eda la compa\u00f1\u00eda naviera de dos cubanos: Domingo Goicur\u00eda y Pedro Santacilia, amigos de los conspiradores mexicanos exiliados; ellos, los cubanos, eran tambi\u00e9n expatriados por traer entre manos la independencia de la isla y su anexi\u00f3n a Estados Unidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco a poco el grueso de los desterrados mexicanos en Nueva Orleans se hallaba concentrado en Brownsville, excepto Benito Ju\u00e1rez que en el verano de 1855 desembarc\u00f3 en Acapulco. Ni Ocampo ni Mata ni Iglesias quisieron dirigirse a ese puerto dado su lejan\u00eda. El apremio les sacaba ronchas y prefirieron viajar hasta la frontera sur de Estados Unidos desde donde ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil entrar a M\u00e9xico en vez de dar un rodeo tan grande como lo har\u00eda su amigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ju\u00e1rez hab\u00eda retrasado su viaje de Nueva Orleans a Acapulco a causa de unas inexplicables fiebres que lo postraron en cama sin la posibilidad de consultar a un m\u00e9dico o adquirir alg\u00fan remedio, y porque los fondos para comprar las armas, y pagar el embarque de las mismas y otros gastos, no aparec\u00edan por ning\u00fan lado. A los pocos d\u00edas de sanar de puro milagro, le lleg\u00f3 una cantidad proveniente de Brownsville y casi al mismo tiempo tambi\u00e9n una remesa que le mandaba Margarita, su mujer. Despu\u00e9s de la aprehensi\u00f3n de su marido ella hab\u00eda abierto una tiendita en la Villa de Etla para procurar ingresos. Una y otra vez regateaba y ped\u00eda cr\u00e9dito a los proveedores y volv\u00eda a vender el surtido, y vuelta a lo mismo varias veces. Cada ganancia la divid\u00eda en dos: una la ahorraba para luego enviarla al marido y con la otra mitad malcom\u00edan y malvest\u00edan ella y sus hijos. A\u00fan convaleciente, el oaxaque\u00f1o parti\u00f3 de regreso a M\u00e9xico el 20 de junio. A Benito Ju\u00e1rez se le sal\u00edan unos cuantos suspiros, hondos como el oc\u00e9ano que surcaba, y sus ojos se le humedec\u00edan con un l\u00edquido igual de salado que el mar. La imaginaba haciendo las peque\u00f1as rifas que ella le hab\u00eda platicado. Lo m\u00e1s duro: pensarla pidiendo prestado a sus familiares o al compadre Mej\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mediante sus influencias en Estados Unidos, Nueva Orleans, Nueva York y Washington, Santacilia hab\u00eda logrado conseguir m\u00e1s armamento y al fin organiz\u00f3 el env\u00edo en el mismo buque en el que trep\u00f3 a don Benito. El oaxaque\u00f1o era quien cuidar\u00eda que la carga llegara a manos de los ayutlistas \u2013encabezados por \u00c1lvarez, gobernador de Guerrero, y Comonfort, administrador de la aduana de Acapulco-, tal como se hab\u00eda convenido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00bfCu\u00e1ndo y d\u00f3nde usted y yo volveremos a vernos?, s\u00f3lo Dios<br \/>\nsabe, don Benito \u2014dijo Santacilia al momento de palmear la espalda del<br \/>\nmexicano en el abrazo de despedida.<br \/>\n\u2014Cu\u00e1ndo, no lo s\u00e9 Santa. Pero s\u00ed le digo que \u00fanicamente podr\u00e1 ser<br \/>\nen dos lugares: en M\u00e9xico libre o en la eternidad\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El barco sali\u00f3 de Nueva Orleans, par\u00f3 en La Habana unos d\u00edas, carg\u00f3 mercader\u00edas para despu\u00e9s dirigirse a Col\u00f3n en la costa caribe\u00f1a de Panam\u00e1. Las cajas de madera con los pertrechos iban marcadas como \u201cherramientas agr\u00edcolas\u201d para justificar su peso y tama\u00f1o. Benito entreg\u00f3 los papeles en la aduana mar\u00edtima con una cara m\u00e1s adusta que al jugar cartas, sin un pesta\u00f1eo. El copioso sudor que le ca\u00eda en los ojos era producto m\u00e1s de los nervios que del calor paname\u00f1o. Aparentemente todo estuvo en orden, y nadie recel\u00f3 de \u00e9l. El cargamento fue subido al ferrocarril en el que atravesar\u00eda el istmo, \u201ccuanto antes mejor\u201d, anhel\u00f3 Ju\u00e1rez al ocupar su asiento; llegar\u00eda a Panam\u00e1 y se embarcar\u00eda en el Pac\u00edfico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El istmo le provoc\u00f3 todo el tiempo al oaxaque\u00f1o un <i>d\u00e9j\u00e0 vu<\/i>. No se explicaba por qu\u00e9. Nunca hab\u00eda viajado en ferrocarril as\u00ed que eso no pod\u00eda ser. Jam\u00e1s hab\u00eda escuchado algo que se asemejara a ese silbato que avivaba la melancol\u00eda ni al fatigante <i>chucu chucu chucu ch\u00fa<\/i> de las ruedas. Hurgaba en su cabeza y no, no hab\u00eda nada ah\u00ed que le explicara ese ligero estremecimiento en la piel&#8230; Quiz\u00e1 porque la vista le recordaba los nudos y cordilleras que tanto caracterizaban algunas zonas de Oaxaca. S\u00f3lo que en Panam\u00e1 los vientos alisios prolongaban las lluvias a lo largo de todas las estaciones y hac\u00edan del paisaje un espect\u00e1culo verde de todas las tonalidades creadas por la madre naturaleza, sin importar la \u00e9poca del a\u00f1o. En cambio, en Oaxaca la aridez de ciertas regiones secaba cualquier esperanza, por verde que esta fuera, tal como le constaba a \u00e9l que hab\u00eda transitado esas regiones en sus encomiendas judiciales en el ejercicio de su profesi\u00f3n. Precisamente un d\u00eda yendo a grupa de jaca, paso a pasito, a realizar una de ellas, fue apresado a medio camino y enviado al exilio. No, el d\u00e9j\u00e0 vu no ten\u00eda explicaci\u00f3n. De pronto cre\u00eda asirlo y desentra\u00f1arlo pero se le iba de la misma manera que los sue\u00f1os al despertar&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuera del golfo de Panam\u00e1, el barco vir\u00f3 a su derecha. Con flojera tropical iba caboteando y deteni\u00e9ndose en cada puerto del trayecto como si la intenci\u00f3n de un viaje as\u00ed fuera poner a prueba a los pasajeros y tripulantes. S\u00f3lo la paciencia de Ju\u00e1rez pod\u00eda soportar una traves\u00eda tal. Pero una cosa era \u00e9l y su paciencia y otra su est\u00f3mago; este, tan acostumbrado a la estabilidad de las monta\u00f1as de Oaxaca, le jug\u00f3 una mala pasada: desconoci\u00f3 los bamboleos del mar no tan pac\u00edfico, como le llamaban, y le estrope\u00f3 parte del trayecto atorment\u00e1ndolo un par de d\u00edas con deposiciones. Muy lamentable, como lamentable fue tambi\u00e9n la p\u00e9rdida de su sombrero de pajilla que hab\u00eda sustituido al de pa\u00f1o arrancado por el viento poco antes de arribar a La Habana. La p\u00e9rdida del segundo ocurri\u00f3 al asomarse por el barandal del barco porque no era posible contener m\u00e1s el v\u00f3mito. Ambos, sombrero y v\u00f3mito, flotaron un rato sobre el oleaje hasta desaparecer por completo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acuerdo entre los exiliados fue guardar en secreto la decisi\u00f3n de volver a M\u00e9xico. Jam\u00e1s lo har\u00edan dando la protesta de sumisi\u00f3n y obediencia que ofrec\u00eda el tirano para permitirles el retorno, de ah\u00ed la necesidad imperiosa de la secrec\u00eda y de las cartas furtivas en clave. Ninguno deb\u00eda hacer la m\u00e1s m\u00ednima menci\u00f3n al respecto en los mensajes dirigidos a sus familiares o amistades. Por el contrario, era aconsejable acentuar sus quejas a causa del destierro que lejos de sus seres queridos se hac\u00eda tan largo como el calvario de Jesucristo; deb\u00edan casi lloriquear para que, en caso de ser interceptada alguna carta, se diera la impresi\u00f3n de que el desconsuelo los hab\u00eda sumido en la inactividad pol\u00edtica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ju\u00e1rez viajaba con otro nombre: Juan Ben\u00edtez. \u00c9l lo escogi\u00f3. No quer\u00eda hacer demasiados cambios en algo tan \u00edntimo y personal como el nombre propio. Se hac\u00eda pasar como representante de la casa exportadora de implementos agr\u00edcolas que supuestamente iban bajo su cuidado. Sus ojos de sabueso al acecho vigilaban el traj\u00edn de los estibadores al descargar en cada puerto las distintas mercader\u00edas, en un descuido no fueran a bajar alguna de sus cajas. A rega\u00f1adientes, y s\u00f3lo por la causa, acept\u00f3 el pasaporte falso que le consiguieron los cubanos. Estos tambi\u00e9n hicieron arreglos monetarios con los contactos apropiados para que el capit\u00e1n del segundo barco, pese a la prohibici\u00f3n del gobierno mexicano de que los buques provenientes de Panam\u00e1 desembarcaran en M\u00e9xico, hiciera una r\u00e1pida escala en Acapulco y dejara bajar a Juan Ben\u00edtez con su carga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A don Benito le cost\u00f3 mucho hacerse a la idea de tantos cambios en su acostumbrada vestimenta, actividades y comportamiento. En menos de dos a\u00f1os cumplir\u00eda los cincuenta. A esa edad es ya dif\u00edcil mudar de costumbres, pero era preciso hacerlo porque los planes subversivos, pese a todo el sigilo, a estas alturas, eran ya del conocimiento de Santa Anna. No estaba de m\u00e1s tomar precauciones y recurrir a estratagemas un tanto fuera de sus h\u00e1bitos y rutinas para evadir a los esp\u00edas y evitar una nueva aprehensi\u00f3n. Adem\u00e1s, con la insistencia de un abejorro, escuchaba una vocecilla zumbando entre el coraz\u00f3n y los o\u00eddos que le dec\u00eda: \u201cYa has vivido tranquilamente, has disfrutado el amor, has formado una familia, fuiste buen gobernador y tu conciencia est\u00e1 tranquila: \u00bfQu\u00e9 tienes qu\u00e9 perder?\u201d \u201cNada\u201d, contestaba. \u201c\u00bfQu\u00e9 tienes que ganar?\u201d. \u201cQuiz\u00e1 nada\u201d, pero val\u00eda la pena atizar este rescoldo de juventud que le hab\u00eda nacido en el destierro y se avivaba en su pecho conforme la quilla del barco abr\u00eda en dos el agua oce\u00e1nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma determinaci\u00f3n que lo hizo dejar Guelatao a los doce a\u00f1os lo empuj\u00f3 de nueva cuenta ahora que rondaba casi el medio siglo. \u00a1Y pensar que se hab\u00edan resignado a su suerte cuando lo apresaron! Ahora sab\u00eda que estaba en sus manos cambiarla. Salvo Ocampo, los dem\u00e1s exiliados y Ju\u00e1rez eran poco peligrosos por separado, pero sus acciones o palabras de liberales exaltados hab\u00eda disgustado a Santa Anna quien, luego de hurgar en ese ba\u00fal de resabios que era su alma, se veng\u00f3 desterr\u00e1ndolos, por aquello de las dudas, sin pensar que con ello cavaba su propia tumba pol\u00edtica. Tampoco los desterrados se imaginaron llegar a convertirse en verdugos de su Alteza Seren\u00edsima apoyados en algo distinto a sus meras ideas y cr\u00edticas: las armas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al divisar la l\u00ednea costera oaxaque\u00f1a, casi perdida en el horizonte, Benito se habr\u00eda querido lanzar al mar. Se imaginaba alcanzando la playa\u2026 correr a toda prisa, subir y bajar monta\u00f1as hasta fundirse en un abrazo con Margarita que durara hasta el d\u00eda siguiente de un mes despu\u00e9s sin que sus cuerpos se separasen un solo instante&#8230; Mas record\u00f3 el pacto hecho en Nueva Orleans, y record\u00f3 tambi\u00e9n que no sab\u00eda nadar&#8230; Poderosas razones ambas, lo contuvieron sujeto con rabia a la barandilla. No se resign\u00f3. Si por lo menos, como No\u00e9, tuviera una paloma, con ella mandar\u00eda a su esposa un beso que durara el transcurso de doce lunas llenas. \u00a1Ay, cu\u00e1nto la deseaba! La textura ondulante del cabello largo y sedoso de Margarita le acariciaba las palmas de sus manos\u2026 Las bruscas palabras de los marineros al maniobrar sobre cubierta lo hicieron darse cuenta de que no era verdad: no acababa de destrenzar el cabello de su mujer y tampoco hab\u00eda saboreado aquel aliento dulce que entraba por su nariz y en su boca se volv\u00eda manzana&#8230; o a veces hierbabuena, fruta y hojas, con las que su esposa sol\u00eda refrescarse el aliento. Tampoco hab\u00eda paloma porque el barco no era la legendaria arca repleta de animales, sino de exportaciones que hab\u00edan ido dejando en Nicaragua, Salvador, Guatemala, y s\u00f3lo hac\u00eda falta entregar las de M\u00e9xico, concretamente las de Acapulco. Ju\u00e1rez se vio rodeado de agua y pens\u00f3 en la incertidumbre que quiz\u00e1 tambi\u00e9n ahuecara el coraz\u00f3n de No\u00e9 tantos y tantos d\u00edas y noches a la deriva en medio del Diluvio. Pero aquel hombre por lo menos iba acompa\u00f1ado de su mujer, de sus hijos\u2026 en cambio \u00e9l\u2026 Solo, estaba completamente solo. Luego se dio cuenta de lo absurda que puede ser la mente si no se la detiene y se fue a conseguir unas naranjas porque la <em>basca<\/em> se anunciaba de nuevo, y quiz\u00e1 eso provocaba el extrav\u00edo de sus pensamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 gran rodeo para llegar a M\u00e9xico! Tal vez Melchor Ocampo tuviera raz\u00f3n: hab\u00eda que acortar la distancia entre Estados Unidos y la rep\u00fablica mexicana\u2026 Traer lo m\u00e1s pronto posible los principios de libertad y progreso que hac\u00edan tan feliz y pr\u00f3spera a la vecina rep\u00fablica al norte de nuestro pa\u00eds. Ya habr\u00eda tiempo para pensar c\u00f3mo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalizaba el mes de julio. Mar, playa y vegetaci\u00f3n parec\u00edan vencidos por un calor entercado en abrumar el d\u00eda. Al bajar a tierra, en Acapulco, el oaxaque\u00f1o parec\u00eda todo menos un abogado o ex gobernador. Ahora, metido a conjurado y contrabandista de armas, quien lo mirara no sabr\u00eda si sentir l\u00e1stima o admiraci\u00f3n al verlo tan descompuesto. Decidido a implantar la ideolog\u00eda de su facci\u00f3n liberal en la rep\u00fablica mexicana hab\u00eda tenido que hacer ojos ciegos frente a su l\u00ednea personal de pensamiento, tan estricta, donde no hab\u00eda lugar para una aventura como la emprendida desde su salida de Nueva Orleans; es m\u00e1s, la aventura hab\u00eda empezado desde el primer d\u00eda del exilio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Todo por la causa, indio zapoteca \u2014se dijo al salir de Nueva Orleans parado frente a un espejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez llegado a tierra su tez morena ten\u00eda a\u00fan una tonalidad verdosa. Las prendas de lino y algod\u00f3n que le obligaron a ponerse los cubanos ten\u00edan el prop\u00f3sito de hacerlo pasar desapercibido en los tr\u00f3picos; de segundo o tercer uso y arrugadas como hoja de papel hecho bolita y vuelto a alisar, exhib\u00edan los rastros de sudor bajo las axilas del saco y las manchas de comida aqu\u00ed y all\u00e1 en las solapas, el pecho y los pantalones. \u201c\u00a1Ay mi traje negro!\u201d, suspir\u00f3. Desde que lleg\u00f3 a Oaxaca de ni\u00f1o se le meti\u00f3 en la cabeza que un traje oscuro ayudar\u00eda mucho, adem\u00e1s de sus m\u00e9ritos, claro est\u00e1, a reflejar la distinci\u00f3n y respeto que quer\u00eda alcanzar como abogado y servidor p\u00fablico. A partir de que se hab\u00eda comprado el primero lo portaba como si fuera el mayor galard\u00f3n que un ser humano pueda ostentar. Ahora, en cambio, se sent\u00eda como tamal envuelto en hoja de ma\u00edz&#8230; Lo peor en el momento de volver a poner un pie en M\u00e9xico fue el cabello: crecido, grasoso e ingobernable&#8230; \u201c\u00a1Ay mis dos sombreros perdidos!\u201d No hallaba como ocultar la melena por m\u00e1s que se pasaba las manos pegajosas intentando domarla. Casi pod\u00eda o\u00edr el dulce rega\u00f1o de su esposa: \u201c\u00a1Ay, Ju\u00e1rez!\u201d<\/p>\n<p class=\"BiC07Parrafo2\" style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvia L. Cuesy Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 40. Una larga traves\u00eda lleva a Benito Ju\u00e1rez de regreso a M\u00e9xico. Hay sombreros que se pierden, una identidad simulada, n\u00e1useas permanentes, un cargamento que cuidar. Y una esposa que lo espera. Los pertrechos pagados por un particular mexicano ser\u00edan enviados a Acapulco desde Nueva Orleans: 4 500 fusiles y suficiente parque para cargarlos, decenas de piezas de artiller\u00eda y p\u00f3lvora. De los arreglos para su env\u00edo se encargar\u00eda la compa\u00f1\u00eda naviera de dos cubanos: Domingo Goicur\u00eda y Pedro Santacilia, amigos de los conspiradores mexicanos exiliados; ellos, los cubanos, eran tambi\u00e9n expatriados por traer entre manos la independencia de la isla y su anexi\u00f3n a Estados Unidos. Poco a poco el grueso de los desterrados mexicanos en Nueva Orleans se hallaba concentrado en Brownsville, excepto Benito Ju\u00e1rez que en el verano de 1855 desembarc\u00f3 en<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1934,5,318,20],"tags":[180,946,1976,2259,1975],"class_list":{"0":"post-11316","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-40","7":"category-cuento","8":"category-por-amor-a-la-historia","9":"category-revistanumero","10":"tag-amor-a-la-historia","11":"tag-benito-juarez","12":"tag-brownsville","13":"tag-mexico","14":"tag-nueva-orleans"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11316","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11316"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11316\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19747,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11316\/revisions\/19747"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11316"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11316"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11316"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}