﻿{"id":11257,"date":"2018-08-25T22:38:45","date_gmt":"2018-08-26T03:38:45","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11257"},"modified":"2024-06-26T12:58:57","modified_gmt":"2024-06-26T18:58:57","slug":"la-ocupacion-estadunidense-convivencia-y-diversion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-ocupacion-estadunidense-convivencia-y-diversion\/","title":{"rendered":"La ocupaci\u00f3n estadunidense. Convivencia y diversi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Crist\u00f3bal A. S\u00e1nchez Ulloa<br \/>\nCIESAS Peninsular<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 40.<\/span><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>Durante los nueve meses en que las tropas del general Winfield Scott se instalaron en la ciudad de M\u00e9xico entre 1847 y 1848, hubo una relativa armon\u00eda con la poblaci\u00f3n a pesar de tratarse de una fuerza invasora. Carreras de caballo, paseos fuera y dentro de la ciudad, obras de teatro, corridas de toros, espect\u00e1culos de magia y \u00f3pera formaron parte de diferentes entretenimientos que compartieron en mayor o menor medida, aunque hubiese desconfianzas.<\/strong><\/span><\/h2>\n<figure id=\"attachment_11300\" aria-describedby=\"caption-attachment-11300\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Julio-Michau-y-Thomas-Interior-Teatro-Nacional.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-11300 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Julio-Michau-y-Thomas-Interior-Teatro-Nacional.jpg\" alt=\"Interior del Teatro Nacional de M\u00e9xico, en Julio Michaud y Thomas, \u00c1lbum pintoresco de la Rep\u00fablica Mexicana, M\u00e9xico, Antigua Casa de Correo, 1850. Colecci\u00f3n Particular.\" width=\"800\" height=\"562\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Julio-Michau-y-Thomas-Interior-Teatro-Nacional.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Julio-Michau-y-Thomas-Interior-Teatro-Nacional-300x210.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Julio-Michau-y-Thomas-Interior-Teatro-Nacional-624x438.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-11300\" class=\"wp-caption-text\">Interior del Teatro Nacional de M\u00e9xico, en Julio Michaud y Thomas, \u00c1lbum pintoresco de la Rep\u00fablica Mexicana, M\u00e9xico, Antigua Casa de Correo, 1850.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Q<\/strong>ue ten\u00eda un pacto con el diablo. Era lo que se rumoraba en la ciudad. Y el aire de misterio que lo rodeaba, su mirada incisiva, su voz y ese acento peculiar abonaban a la palabrer\u00eda. Por esos decires, algunos habitantes de la capital mexicana decidieron no ir a verlo, a pesar de que sus trucos eran algo ins\u00f3lito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reticencia de algunos, de cualquier modo, no impidi\u00f3 que la noche del jueves 6 de abril de 1848, una multitud de mexicanos y de soldados estadunidenses, quienes en ese momento ocupaban la ciudad, llenara el patio, los palcos, las lunetas y la galer\u00eda del Teatro Nacional, como en las diez ocasiones anteriores en que se hab\u00eda presentado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escenario se ilumin\u00f3 con un centenar de velas y se decor\u00f3 como el gabinete de un antiguo alquimista, con frascos, matraces, vasijas, candeleros y otros tantos instrumentos para realizar experimentos. Finalmente, apareci\u00f3 el mago alem\u00e1n, vestido con una t\u00fanica de terciopelo negro, y comenz\u00f3 su \u00faltima funci\u00f3n en la ciudad. En el punto culminante de la misma, Herr Alexander se hizo acompa\u00f1ar en el escenario de un ni\u00f1o de doce a\u00f1os. Instantes despu\u00e9s, este se encontraba suspendido sobre el suelo, ante la mirada de asombro de todos los ah\u00ed presentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue en ese momento cuando se pudieron admirar los dos m\u00e1s grandes \u201ctrucos\u201d que el mago Alexander Heimb\u00fcrger hizo en M\u00e9xico: en el escenario, hacer levitar al ni\u00f1o; y entre la audiencia, haber convocado a mexicanos y mexicanas, quienes hab\u00edan evitado concurrir al teatro desde que inici\u00f3 la ocupaci\u00f3n de la capital por el ej\u00e9rcito estadunidense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos militares visitaron sitios de inter\u00e9s en la ciudad, como la catedral, la universidad y otros tantos que les llamaron la atenci\u00f3n. Igualmente, se aventuraron a las afueras. Un grupo, por ejemplo, lleg\u00f3 hasta la cima del Popocat\u00e9petl. Tambi\u00e9n organizaron carreras de caballos en el Pe\u00f1\u00f3n de los Ba\u00f1os y alguna que otra en el Paseo de la Viga, en la Alameda y hasta en la Plaza Mayor. En ellas, los soldados apostaban y hac\u00edan competir a los animales m\u00e1s veloces de su ej\u00e9rcito, en un ambiente similar al del campo de batalla. Ah\u00ed pod\u00edan alejarse de la sociedad mexicana y de la urbe, estar entre compatriotas y sentir que no hab\u00edan abandonado la vida militar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, alejarse de los mexicanos no era la intenci\u00f3n de la mayor\u00eda. Varios deseaban convivir con los pobladores de la capital, y en particular, con las pobladoras, a las que llamaban \u201c<em>dark-eyed<\/em> se\u00f1oritas\u201d (se\u00f1oritas de ojos oscuros). Para ello, se incorporaron a algunas diversiones t\u00edpicas de la sociedad mexicana. Se les pod\u00eda ver, por ejemplo, en los paseos de la Alameda, Bucareli o la Viga, que al poco tiempo de iniciada la ocupaci\u00f3n, volvieron a ser frecuentados por los habitantes de la ciudad. En ellos pod\u00eda verse a invasores e invadidos juntos, mas no revueltos, ya que los mexicanos marcaban su distancia por medio del carruaje que ocupaban, el caballo que montaban o los gestos corporales. Ah\u00ed, los militares tuvieron que acoplarse a las costumbres, muchas veces como simples espectadores. Los paseos fueron una de las actividades que los capitalinos llevaron a cabo con \u201cnormalidad\u201d; ah\u00ed pod\u00edan tener momentos de distracci\u00f3n con otros vecinos de la ciudad; adem\u00e1s, el hecho de que se realizaran de d\u00eda y al aire libre probablemente les hac\u00eda sentir mayor seguridad. La noche reclu\u00eda a muchos en sus casas, principalmente a las familias acomodadas, quienes en otros tiempos acostumbraban salir a bailes, al teatro o a paseos nocturnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los domingos, en la plaza de toros que se encontraba en el barrio de San Pablo, al sureste de la ciudad, se organizaron corridas. Adem\u00e1s de la lidia acostumbrada, hubo acrobacia ecuestre, gimnasia y hasta individuos que, disfrazados con botargas de ave, eran perseguidos por los toros. Formaban el p\u00fablico, miembros de la tropa del ej\u00e9rcito invasor e individuos de las clases menos acomodadas de la capital. Los primeros pod\u00edan reunirse ah\u00ed con sus compa\u00f1eros para fumar, beber y divertirse. Y los segundos disfrutar de una diversi\u00f3n a la que estaban acostumbrados y en la que pod\u00edan socializar. En los teatros de la ciudad no se dio la misma convivencia. Ah\u00ed, aunque se organizaron numerosos espect\u00e1culos, concurrieron casi solamente extranjeros. Sobre todo, en los primeros meses de la ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Teatro, danza y \u00f3pera<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Donde mayor variedad hubo en los espect\u00e1culos y se reunieron militares estadunidenses de todos los rangos fue en los tres teatros m\u00e1s importantes de la ciudad: el Nacional, el Principal y el de Nuevo M\u00e9xico. En este \u00faltimo, llamado as\u00ed por la calle en la que se encontraba (la actual Art\u00edculo 123, entre Luis Moya y Dolores), algunos soldados, aficionados al teatro, escenificaron obras en ingl\u00e9s espor\u00e1dicamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Teatro Principal se llev\u00f3 a cabo otro tipo de espect\u00e1culos. Este escenario, construido en la \u00e9poca colonial, se ubicaba en la calle del Coliseo (hoy Bol\u00edvar, entre 16 de Septiembre y Madero, en el espacio que ocupa un edificio de la Suprema Corte de Justicia). Ah\u00ed se present\u00f3 el circo angloamericano, formado por artistas que llegaron con el ej\u00e9rcito y por otros que se encontraban en M\u00e9xico desde antes de la guerra. Los actos inclu\u00edan numerosas acrobacias ecuestres, demostraciones de fuerza por parte de los \u201ch\u00e9rcules\u201d y las del hombre el\u00e1stico, al igual que actos de baile y canto. Entre estos \u00faltimos estuvieron los \u201cSable Harmonists\u201d, que interpretaban canciones t\u00edpicas de Estados Unidos, y los \u201cEthiopian Serenaders\u201d, que eran parte de un g\u00e9nero de entretenimiento surgido por entonces denominado \u201cMinstrel Show\u201d, en el que los artistas se pintaban la cara de negro e interpretaban canciones y bailes tomados de la cultura de los esclavos del sur del pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de todo ello, en el Teatro Principal se presentaron obras fastuosas, como <em>Napole\u00f3n en Egipto<\/em>, con decenas de actores, caballos y ca\u00f1ones en el escenario. Igualmente, se recrearon las batallas de Churubusco y Molino del Rey, reci\u00e9n acontecidas, que pintaban a los soldados estadunidenses como h\u00e9roes y a los mexicanos como sus crueles enemigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Teatro Nacional se escenificaron, principalmente, obras dram\u00e1ticas y oper\u00edsticas, adem\u00e1s de funciones de magia. Este teatro (que tambi\u00e9n se llam\u00f3 Teatro de Santa Anna en las ocasiones en las que el general estuvo en el gobierno) se encontraba en la calle de Vergara (hoy Bol\u00edvar) y fue inaugurado en 1844. El espacio que ocup\u00f3 hoy es la avenida 5 de Mayo, en el tramo de Filomeno Mata a Bol\u00edvar. Durante la ocupaci\u00f3n estadunidense se presentaron all\u00ed los artistas m\u00e1s admirados por los militares estadunidenses de todos los rangos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos meses de 1847, actuaron dos compa\u00f1\u00edas de teatro. Una de ellas, viajaba a la par del ej\u00e9rcito y comenz\u00f3 las representaciones de obras en ingl\u00e9s pocos d\u00edas despu\u00e9s de la toma de la ciudad. Antes, se hab\u00eda presentado en las ciudades ocupadas del norte del pa\u00eds y en el puerto de Veracruz. La otra la formaron artistas mexicanos y espa\u00f1oles de las diferentes compa\u00f1\u00edas de verso, danza y \u00f3pera italiana que hab\u00eda en la capital antes de la llegada del ej\u00e9rcito. Algunos se negaron a actuar frente a los invasores, mientras que, para otros, la necesidad fue mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Teatro Nacional se convirti\u00f3 en sitio de reuni\u00f3n del ej\u00e9rcito estadunidense y de unos cuantos mexicanos. En el escenario, se presentaron obras famosas en la \u00e9poca, como la \u00f3pera <em>La Son\u00e1mbula<\/em>. Tambi\u00e9n comedias de magia, que usaban tramoyas y diferentes efectos para crear ilusiones, y que los ilustrados intentaban combatir, sin \u00e9xito, desde el siglo xviii. Las que m\u00e1s disfrutaron los invasores fueron <em>Marta la Romarantina<\/em> y <em>El m\u00e1gico de Serv\u00e1n<\/em> <em>y tirano de Astrac\u00e1n<\/em>. Esta \u00faltima cautiv\u00f3 a todos por estar llena de trucos, magia, encantos, procesiones, danzas orientales, fuego azul y una maquinaria precisa. La mayor\u00eda no hab\u00eda presenciado espect\u00e1culos as\u00ed antes. En ocasiones, las funciones en el Teatro Nacional terminaban con canciones patri\u00f3ticas estadunidenses, como \u201cYankee Doodle\u201d o \u201cHail Columbia!\u201d, lo cual nos hace imaginar el ambiente que se viv\u00eda al interior. No sorprende tanto, entonces, que pocos mexicanos decidieran concurrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que m\u00e1s cautiv\u00f3 a los extranjeros en los primeros meses de ocupaci\u00f3n fue la actriz Mar\u00eda Ca\u00f1ete. La Ca\u00f1ete, como se la conoc\u00eda, era una actriz espa\u00f1ola, llegada a M\u00e9xico a inicios de la d\u00e9cada de 1840. Fue adorada por los militares y los periodistas estadunidenses, quienes editaban peri\u00f3dicos en la ciudad y no dejaron de recalcar su belleza. Aunque la mayor\u00eda no entend\u00eda el castellano, acud\u00edan al teatro para verla actuar. Incluso los generales m\u00e1s importantes del ej\u00e9rcito organizaron una funci\u00f3n en beneficio de la actriz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero en enero de 1848, los militares se quedaron sin su Ca\u00f1ete, cuando ella y varios artistas de su compa\u00f1\u00eda dejaron la ciudad para probar suerte en Cuba. Una vez que la actriz se fue, muchos dejaron de concurrir al teatro, ya que el anhelo de contemplar a las \u201c<em>dark-eyed<\/em> se\u00f1oritas\u201d entre el p\u00fablico, su otra motivaci\u00f3n para asistir, no se les hab\u00eda cumplido. Las familias mexicanas que acostumbraban ir al teatro antes de que la guerra llegara a la ciudad, se abstuvieron de hacerlo en los primeros meses de la ocupaci\u00f3n, lo que frustr\u00f3 a los estadunidenses quienes, lejos de casa, a\u00f1oraban admirar rostros femeninos en sus espacios de socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cosas cambiaron desde marzo de 1848, cuando se firm\u00f3 un armisticio que suspendi\u00f3 oficialmente las hostilidades entre los ej\u00e9rcitos. Esto le dio mayor confianza a los habitantes de la ciudad para salir de sus casas y concurrir a los sitios de esparcimiento. Y coincidi\u00f3 con el inicio de las funciones del mago alem\u00e1n conocido como <em>Herr<\/em> Alexander, quien convoc\u00f3 a una multitud de mexicanos y extranjeros a admirar sus actos en el Teatro Nacional.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Magia alemana<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alexander Heimb\u00fcrger o <em>Herr<\/em> Alexander lleg\u00f3 a Veracruz el 4 de enero de 1848, procedente de Nueva Orleans. Desembarc\u00f3 en el maltratado muelle del puerto y entr\u00f3 a la ciudad, que se hallaba bajo el poder de los invasores desde inicios de abril de 1847.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mago viaj\u00f3 a M\u00e9xico porque un oficial estadunidense lo invit\u00f3 a actuar frente a los militares en la capital. Sin embargo, los que se encontraban en el puerto no quisieron desaprovechar la oportunidad de admirar las proezas de las que se hablaba en los diarios del pa\u00eds del norte. <em>Herr<\/em> Alexander era famoso en ciudades como La Habana, Nueva York, Filadelfia y Nueva Orleans.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El general David E. Twiggs, quien comandaba la ciudad de Veracruz en esos momentos, le ofreci\u00f3 el Palacio de Gobierno de la ciudad para actuar frente a los militares ah\u00ed presentes y a los veracruzanos que desearan asistir (que fueron muy pocos). Entre el 11 y el 20 de enero present\u00f3 sus \u201cexperimentos qu\u00edmicos, neum\u00e1ticos, \u00f3pticos f\u00edsicos y m\u00e1gicos\u201d, como se anunciaron sus funciones en los peri\u00f3dicos. Y despu\u00e9s parti\u00f3 hacia la capital mexicana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Probablemente, <em>Herr<\/em> Alexander estuvo en Xalapa y Puebla, ciudades que tambi\u00e9n se encontraban bajo la mirada vigilante de las barras y las estrellas, y lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico el 1 de marzo de 1848. Los periodistas de la ciudad anunciaron su primera presentaci\u00f3n en el Teatro Nacional, que ser\u00eda el 11 de marzo. Mientras llegaba el d\u00eda, el prestidigitador convivi\u00f3 con los oficiales del ej\u00e9rcito, dando muestras de sus habilidades en reuniones privadas y en un baile de m\u00e1scaras, en el que se divirti\u00f3 confundiendo a los asistentes con sus habilidades de prestidigitador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente iniciaron las funciones en el Teatro Nacional. Desde la primera, el s\u00e1bado 11 de marzo, las familias mexicanas se animaron a concurrir y a compartir el mismo espacio con el ej\u00e9rcito invasor, entre quienes se encontraban los generales que gobernaban la ciudad. El peri\u00f3dico mexicano <em>El Monitor Republicano<\/em> brind\u00f3 detalles de la funci\u00f3n y describi\u00f3 la ilusi\u00f3n m\u00e1s sorprendente:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">la de los <em>regalos de Flores<\/em> con que dio fin a la diversi\u00f3n. El prestidigitador pidi\u00f3 un sombrero a la concurrencia, y sin soltarle de las manos, sin hab\u00e9rselo llegado al cuerpo, sin haberse separado del proscenio con s\u00f3lo los dedos, y el sombrero en el aire, hizo que apareciese lleno de preciosos ramilletes de flores naturales y olorosas que reparti\u00f3 primero a las damas de los palcos, y en seguida a todos sin distinci\u00f3n; con lo que cre\u00edamos que las flores se hab\u00edan agotado, pero sin moverse del lugar en que se hallaba y en presencia de todos, con solo agitar de nuevo el sombrero multiplicaba las flores al infinito, y hallaba con que continuar sus galantes obsequios.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Herr Alexander ofreci\u00f3 diez funciones m\u00e1s entre el domingo 12 de marzo y el jueves 6 de abril, de aproximadamente dos horas y media. En todas ellas, los espectadores llenaron el teatro: desde los asientos del patio, los sitios privilegiados en los palcos y lunetas, hasta las lejanas galer\u00edas y ventilas. Con sus trucos y su carisma, el mago se gan\u00f3 la simpat\u00eda de mexicanos y extranjeros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los diferentes peri\u00f3dicos de la ciudad rese\u00f1aron sus presentaciones y algunos de sus actos y juegos de manos. Entre otras cosas, \u201cresucit\u00f3\u201d palomas, separ\u00f3 agua y vino que se encontraban mezclados y, de m\u00faltiples maneras, adivin\u00f3 las cartas elegidas por los espectadores de entre una baraja. <em>El Eco del Comercio<\/em> describi\u00f3 un truco que divirti\u00f3 a la concurrencia en la funci\u00f3n del jueves 16 de marzo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alexander pidi\u00f3 pa\u00f1uelos y mascadas a los concurrentes y los coloc\u00f3 sobre una mesa, tomando s\u00f3lo de los veinte que eran, un pa\u00f1uelo blanco y una mascada de cuadros; los cort\u00f3 en presencia de todos, y habi\u00e9ndolos cosido despu\u00e9s misteriosamente, result\u00f3 que el pa\u00f1uelo blanco estaba remendado con la mascada y, al contrario: viendo esto el Sr. Alejandro repiti\u00f3 la operaci\u00f3n, y sac\u00e1ndolos ya buenos de la \u00e1nfora, los devolvi\u00f3 a sus due\u00f1os. Los pa\u00f1uelos que hab\u00eda mojado ya en presencia de todos, los puso en una caja y les tir\u00f3 un pistoletazo, sacando enseguida, en medio del aplauso universal, los pa\u00f1uelos ya planchados, que devolvi\u00f3 a sus due\u00f1os; pero a\u00fan faltaba una cosa, el agua donde hab\u00eda lavado los pa\u00f1uelos estaba en la cubeta, como lo hizo ver vaciando un poco; pero \u00e9l quer\u00eda vaciarla sobre los espectadores, y al hacer el impulso todos cre\u00edmos que nos iba a ba\u00f1ar, y nos asombramos cuando, en vez de agua, cayeron sobre nosotros muchas flores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus \u00faltimas dos presentaciones en la ciudad, el domingo 2 y el jueves 6 de abril, <em>Herr<\/em> Alexander hizo su mejor truco. Present\u00f3 en el escenario a un ni\u00f1o de doce a\u00f1os, quien se sent\u00f3 en una silla y se \u201cdurmi\u00f3\u201d, tras ser hipnotizado. Posteriormente, el mago coloc\u00f3 dos bastones, que llegaban hasta el suelo, bajo sus brazos. Retir\u00f3 la silla, de forma que el ni\u00f1o qued\u00f3 sostenido solamente por los bastones, ya que sus pies no alcanzaban el piso del escenario. Finalmente, retir\u00f3 el bast\u00f3n del brazo izquierdo, tras lo cual el ni\u00f1o permaneci\u00f3 \u201cflotando\u201d mientras dorm\u00eda. El prestidigitador tom\u00f3 una espada afilada y traz\u00f3 un c\u00edrculo en el aire, alrededor del joven asistente, para mostrar que no se ayudaba de hilos o cuerdas. El truco fue muy aplaudido y sirvi\u00f3 para dejarles una muy buena impresi\u00f3n a los concurrentes y, en general, a los pobladores de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien los trucos de <em>Herr<\/em> Alexander nos pueden parecer poco espectaculares, hay que tomar en cuenta que en ese momento apenas comenzaba el ilusionismo moderno. Muy pocas personas en la ciudad de M\u00e9xico de mediados de siglo xix hab\u00edan admirado actos as\u00ed. Por ello fue tan aclamado. De hecho, unos cuantos temieron que sus trucos fueran sobrenaturales y lo apodaron \u201cEl Demonio\u201d o \u201cEl Diablo\u201d. Los editores de <em>El Monitor Republicano<\/em> afirmaron que, aunque sab\u00edan que no hab\u00eda nada sobrenatural en los actos de <em>Herr<\/em> Alexander, este parec\u00eda \u201cposeer la facultad de aniquilar el tiempo, el espacio y la materia\u201d. Incluso, lo llamaron \u201cel nuevo Mefist\u00f3feles\u201d. No obstante, la mayor\u00eda comprendi\u00f3 que se trataba de ilusiones, producto de la habilidad y del conocimiento del alem\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, tan asombroso como sus trucos de magia, fue lograr que los mexicanos volvieran al teatro. La mayor parte de las familias hab\u00eda decidido no ir mientras los soldados estadunidenses permanecieran en la ciudad. Pero la simpat\u00eda de <em>Herr<\/em> Alexander, lo novedoso de su espect\u00e1culo y la afortunada coincidencia de la firma del armisticio, a inicios de marzo de 1848, les hizo cambiar de postura. Por su parte, los invasores se alegraron por poder acercarse, al fin, a las a\u00f1oradas \u201c<em>dark-eyed<\/em> se\u00f1oritas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Herr<\/em> Alexander permaneci\u00f3 en la ciudad unos d\u00edas m\u00e1s y luego march\u00f3 con rumbo a Guanajuato y San Luis, donde planeaba llevar a cabo nuevas funciones. Despu\u00e9s de su partida, en el Teatro Nacional se presentaron otros espect\u00e1culos para militares y mexicanos, que se sintieron con m\u00e1s confianza para retomar sus actividades de recreaci\u00f3n. Un mago italiano, Giovanni Rossi, quien adem\u00e1s era ventr\u00edlocuo, actu\u00f3 junto con la bailarina Fanny Manten. Y en el Teatro Principal, la compa\u00f1\u00eda que ah\u00ed actuaba antes de la ocupaci\u00f3n retom\u00f3 sus funciones y, de hecho, las actividades cotidianas de la ciudad poco a poco volvieron a la \u201cnormalidad\u201d. Finalmente, despu\u00e9s de que se ratific\u00f3 el tratado de paz, el 12 de junio de 1848 el ej\u00e9rcito invasor dej\u00f3 la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de estar en medio de una guerra, los que habitaban la ciudad de M\u00e9xico y los que la ocuparon entre 1847 y 1848, encontraron la manera de divertirse. Por ello, en esos meses no s\u00f3lo la violencia visit\u00f3 la ciudad. Tambi\u00e9n las risas, el placer, el asombro, el suspenso&#8230; hasta \u201cel Demonio\u201d la visit\u00f3.<\/p>\n<h3>Para saber m\u00e1s<\/h3>\n<ul>\n<li>Eisenhower, John S. D., <em>Tan lejos de Dios. La guerra de los Estados Unidos contra M\u00e9xico, 1846- 1848<\/em>, trad. Jos\u00e9 Esteban Calder\u00f3n, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2006.<\/li>\n<li>Gay\u00f3n C\u00f3rdova (comp.), <em>La ocupaci\u00f3n yanqui de la ciudad de M\u00e9xico, 1847-1848<\/em>, M\u00e9xico, INAH, Conaculta, 1997 (Regiones).<\/li>\n<li>Herrera Serna, Laura, \u201cLa guerra entre M\u00e9xico y Estados Unidos en los calendarios de mediados del siglo xix\u201d, <em>Bolet\u00edn del Instituto de Investigaciones Bibliogr\u00e1ficas<\/em>, UNAM, 2000, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/YFtw8E\">https:\/\/goo.gl\/YFtw8E<\/a><\/li>\n<li>S\u00e1nchez Ulloa, Crist\u00f3bal Alfonso, \u201cLa vida en la ciudad de M\u00e9xico durante la ocupaci\u00f3n del ej\u00e9rcito estadunidense. Septiembre de 1847-junio de 1848\u201d, tesis de licenciatura en Historia, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM, 2012, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/QyXbem\">https:\/\/goo.gl\/QyXbem<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Crist\u00f3bal A. S\u00e1nchez Ulloa CIESAS Peninsular En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 40. Durante los nueve meses en que las tropas del general Winfield Scott se instalaron en la ciudad de M\u00e9xico entre 1847 y 1848, hubo una relativa armon\u00eda con la poblaci\u00f3n a pesar de tratarse de una fuerza invasora. Carreras de caballo, paseos fuera y dentro de la ciudad, obras de teatro, corridas de toros, espect\u00e1culos de magia y \u00f3pera formaron parte de diferentes entretenimientos que compartieron en mayor o menor medida, aunque hubiese desconfianzas. Que ten\u00eda un pacto con el diablo. Era lo que se rumoraba en la ciudad. Y el aire de misterio que lo rodeaba, su mirada incisiva, su voz y ese acento peculiar abonaban a la palabrer\u00eda. Por esos decires, algunos habitantes de la capital mexicana decidieron no ir a verlo, a pesar de que sus trucos eran algo ins\u00f3lito.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,1934,20],"tags":[1941,12,184,2258,1447,2259,2268,832],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11257"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11257"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11257\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19759,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11257\/revisions\/19759"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11257"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11257"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11257"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}