﻿{"id":11195,"date":"2018-06-21T17:13:28","date_gmt":"2018-06-21T22:13:28","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11195"},"modified":"2024-06-27T11:17:28","modified_gmt":"2024-06-27T17:17:28","slug":"recuerdos-de-infancia-manicomio-la-castaneda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/recuerdos-de-infancia-manicomio-la-castaneda\/","title":{"rendered":"Recuerdos de infancia. Manicomio La Casta\u00f1eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Francisco Javier Castellanos Cervantes<br \/>\nCiencias Odontol\u00f3gicas, M\u00e9dica y de la Salud, UNAM.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 39.<\/span><\/strong><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Dos vivencias de la ni\u00f1ez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblem\u00e1tico en la atenci\u00f3n de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image011.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11123\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image011.jpg\" alt=\"image011\" width=\"700\" height=\"484\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image011.jpg 700w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image011-300x207.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image011-624x431.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>C<\/strong>incuenta y ocho a\u00f1os hab\u00edan sido suficientes para que el Manicomio General La Casta\u00f1eda pudiera lograr que la psiquiatr\u00eda se profesionalizara en nuestro pa\u00eds. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida m\u00e1s llevadera. Sin embargo, tambi\u00e9n podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes conviv\u00edan con los pacientes de forma cotidiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Casta\u00f1eda fungi\u00f3 por muchos a\u00f1os como una instituci\u00f3n de beneficencia. Si bien es cierto que contaba con poblaci\u00f3n pensionista que pagaba para recibir un trato mejor al de los dem\u00e1s, la mayor parte no pod\u00eda hacerlo. Una gran parte de los internos eran llevados por sus familiares y la mayor\u00eda no volv\u00eda a salir de ah\u00ed y, aunque se sabe poco sobre los ni\u00f1os abandonados en este manicomio, fue un fen\u00f3meno relativamente com\u00fan a mediados del siglo XX. El abandono se deb\u00eda m\u00e1s que a un problema mental a una cuesti\u00f3n que hoy entra en el terreno de la teratolog\u00eda, esto es, a que algunos ni\u00f1os que nac\u00edan con malformaciones encontraban su destino dentro de los muros de La Casta\u00f1eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter de asistencia social del manicomio, acorde con un aparato de beneficencia que dur\u00f3 algunas d\u00e9cadas, tambi\u00e9n resuelve la interrogante de por qu\u00e9 muchas personas terminaban ah\u00ed dentro, pues la carga econ\u00f3mica era un aspecto fundamental para que los familiares encontraran un alivio para sus bolsillos y para los malestares f\u00edsicos de sus enfermos. Sin embargo, la carga social pesaba m\u00e1s que otros aspectos. El abandono era muy recurrente sin consideraciones de g\u00e9nero o edad. En este contexto, los ni\u00f1os con malformaciones eran un peso que soportar y que motivaba a sus parientes a dejarlos en el hospital para que pudieran recibir alg\u00fan tipo de tratamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La infancia no escap\u00f3 a la mirada eugen\u00e9sica ni de higiene mental que segu\u00eda presente dentro de este tipo de instituciones, ni desde luego de muchas pr\u00e1cticas como la psicometr\u00eda que se orient\u00f3 a marcar un cambio en quienes ser\u00edan futuros ciudadanos. La higiene mental fue la principal herramienta con la que se trabajaba en la psique del ni\u00f1o para poder prevenir desviaciones y desequilibrios, los que se pensaba derivar\u00edan en una persona perversa, alienada o criminal. La misma situaci\u00f3n se pod\u00eda ver en la poblaci\u00f3n adulta: desde el retraso mental hasta la imbecilidad o idiotez eran nombres con los que se designaba a varias \u201cenfermedades\u201d mentales y eran motivo de reclusi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los textos que se presentan a continuaci\u00f3n constituyen una visi\u00f3n poco usual. Son los recuerdos de dos personas que crecieron en el manicomio y para quienes este espacio era algo natural; con personas que catalogan como \u201cdiferentes\u201d pero nada m\u00e1s, pues en su momento no comprend\u00edan la magnitud de sus padecimientos. Sin embargo, al ser entrevistados, s\u00ed mostraron mucha reserva para hablar del que llaman el pabell\u00f3n de ni\u00f1os, donde la mayor\u00eda de sus habitantes no pasaba de los dos a\u00f1os de edad, siendo algunos reci\u00e9n nacidos y su problema un impedimento f\u00edsico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quienes nos brindaron su testimonio habitaron all\u00ed entre los a\u00f1os 1955 y 1965, aproximadamente. Se trata de un hombre y una mujer, cuyos recuerdos de la infancia son en su mayor\u00eda agradables. Su estancia en este lugar fue de trece a catorce a\u00f1os. Uno se mud\u00f3 una vez que el manicomio cerr\u00f3 sus puertas, el otro lo hizo antes de que esto sucediera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coinciden en describir una infancia inolvidable en varios aspectos, siendo el primero cu\u00e1nto se divert\u00edan en los jardines de la instituci\u00f3n. Los rememoran como bastante amplios, hermosos y siempre cuidados, como un espacio donde pudieron jugar con libertad. La arquitectura, por otra parte, les brind\u00f3 la posibilidad de imaginarse todo un mundo. Tambi\u00e9n cont\u00f3 el haber crecido y convivido con personas \u201canormales\u201d que se hallaban all\u00ed por causas diversas, que les parec\u00edan \u201cnormales\u201d, habituados tanto unos como otros a la convivencia. Concuerdan en que los pacientes que observaban y con los que muchas veces hablaban, eran personas tranquilas; cada uno en su universo, sin generar conflicto alguno. Describen tambi\u00e9n un sitio con diferencias internas, causadas sobre todo por razones econ\u00f3micas, pues los pacientes pensionistas recib\u00edan siempre un trato \u201cmejor\u201d, pero en el que, sin importar el motivo de ingreso, se tornaba igualitario al interior, ya que estar all\u00ed dentro significaba que la normalidad y la raz\u00f3n ya no se encontraban en ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, lo que vale la pena resaltar es que la convivencia entre estos ni\u00f1os y los pacientes mostraba que el principal obst\u00e1culo con el que se tropieza para tratar la locura es c\u00f3mo se mira a la otra persona. Tambi\u00e9n es un indicativo de que la convivencia entre unos y otros podr\u00eda orientar a la sociedad a mirar estos padecimientos con un enfoque m\u00e1s humanizado.<\/p>\n<p class=\"BiC08Subtitulo\">\u201cAlgunos los declaraban locos por las herencias\u201d<\/p>\n<p class=\"BiC08Subtitulo\">Relato de un hombre de entre 65 y 70 a\u00f1os de edad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gran mayor\u00eda de los chavos que nos junt\u00e1bamos nos conocimos en la escuela. Despu\u00e9s mi pap\u00e1 compr\u00f3 un terreno, por medio de mi t\u00edo Abel V\u00e1zquez y mi t\u00eda Esperanza Pe\u00f1a, que vendi\u00f3 un empleado, y nos cambiamos de Zurbar\u00e1n a Merced G\u00f3mez a la altura de donde est\u00e1 Audiolog\u00eda. Todo lo que es Plateros era bald\u00edo, no hab\u00eda nada, s\u00f3lo hortalizas, inclusive all\u00ed hab\u00eda un enfermo que remendaba zapatos, se llamaba Uribe, pon\u00eda unos clavos grandes en la suela que era de llanta, y con eso se manten\u00eda. Le pagaban 10 o 15 pesos. All\u00ed terminaba el manicomio, donde se encontraban los servicios y los filtros \u2013de agua\u2013 en una especie de piletas. Cerca de donde trabajaba Uribe se hallaba un tanque r\u00fastico, lleno de agua, y los ni\u00f1os se met\u00edan a nadar. Una vez ten\u00eda zapatos nuevos y con el lodo se perdi\u00f3 uno, y ya sabr\u00e1s c\u00f3mo nos pusieron los pap\u00e1s. Disfrut\u00e1bamos del manicomio porque entr\u00e1bamos donde trabajaba mi t\u00eda en el Pabell\u00f3n de Observaci\u00f3n de Enfermas, y hab\u00eda de todo: unas estaban amarradas, otras gritando, otras encerradas como en c\u00e1rcel porque eran agitadas, las <i>locas<\/i> que ya estaban m\u00e1s sanas, por decirlo as\u00ed, o que ya no ten\u00edan secuelas. Ten\u00edamos seis o siete a\u00f1os, y mi t\u00eda nos mandaba all\u00ed, nos ba\u00f1aban las <i>locas<\/i>, y cuando sal\u00edamos ba\u00f1ados nos daban caf\u00e9, con un pan grande, pero muy sabroso, despu\u00e9s nos daban pan con un huevo, a otros pan solo o el caf\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la hora que sal\u00eda mi t\u00eda acostumbraba llevar la ropa sucia para que las enfermas la lavaran; ya lavada y seca, la llev\u00e1bamos de regreso con ella a la casa. Mi t\u00edo era velador y trabajaba cada tercer d\u00eda, bueno en ese tiempo dizque trabajaban, nada m\u00e1s se iban a dormir, o sea, ya iba en decadencia el manicomio. Tambi\u00e9n nos divert\u00edamos en los s\u00f3tanos, hab\u00eda como unos arcos, nada m\u00e1s que ah\u00ed echaban los colchones de los enfermos, los que ya no serv\u00edan. Se met\u00edan all\u00ed los perros y tambi\u00e9n se aliviaban las perras, y ah\u00ed \u00edbamos a jugar, a echar maromas y todo eso, por eso al menos yo tengo muchas defensas para la enfermedad, por tanta porquer\u00eda que hab\u00eda ah\u00ed. Despu\u00e9s and\u00e1bamos de canijos con las enfermas que estaban en las ventanas. Ten\u00edan su reja, hab\u00eda como un balconcito donde estaba la reja y las puertas de la ventana y luego las <i>loquitas<\/i> empezaban, pas\u00e1bamos nosotros jugando, y nos llamaban: [\u2026] y pues nosotros de canijos ah\u00ed est\u00e1bamos con ellas, pero luego pasaban los enfermos y por medio de la reja ten\u00edan sexo con las enfermas [\u2026].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi pap\u00e1 trabaj\u00f3, supuestamente, no supe cu\u00e1nto tiempo, pero s\u00f3lo fue un tiempo, porque fue cuando Estados Unidos estaba dando contratos para ir a trabajar all\u00e1 y se fue, estuvo muy poco tiempo, pero mi mam\u00e1 no trabaj\u00f3 nunca en el manicomio. Estaba C\u00e9sar Puente \u2013un amigo\u2013 su pap\u00e1 trabajaba en el Pabell\u00f3n de Hombres donde estaban los viciosos, y \u00e9l les repart\u00eda la marihuana; tambi\u00e9n estaban los t\u00edos de Arturo Garc\u00eda, mi cu\u00f1ado, sus t\u00edos trabajaban en la cocina, y sacaban de todo, carne, frijoles cocidos, de todo, y a los enfermos no les daban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nosotros and\u00e1bamos m\u00e1s por donde estaban las mujeres, por mi t\u00eda. Luego \u00edbamos al cine, los jueves iban todos los enfermos y a nosotros nos dejaban entrar por ser hijos de empleados [\u2026]. Los enfermos se sentaban alrededor y nosotros a la entrada ten\u00edamos tres bancas y nos met\u00edamos con ellos, no hab\u00eda ning\u00fan problema. Ve\u00edamos las pel\u00edculas mexicanas; cuando sal\u00eda una imagen, la Virgen o Cristo, todos los locos aplaud\u00edan y nosotros nos contagi\u00e1bamos y tambi\u00e9n aplaud\u00edamos. Todos los pacientes estaban tranquilos, regularmente todos eran tranquilos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda un pabell\u00f3n de pura gente de dinero, artistas, todo hab\u00eda ah\u00ed. Los empleados iban a jugar baraja con los enfermos, cuando ganaba el empleado todo bien, pero cuando ganaba alg\u00fan enfermo, entonces hab\u00eda supervisi\u00f3n y los pasaban a amolar, les hac\u00edan supervisi\u00f3n y otra vez. Era el ritmo de vida, como no hab\u00eda una organizaci\u00f3n de vigilancia para controlar a los empleados, hac\u00edan lo que quer\u00edan, porque luego sacaban a los enfermos y se los llevaban a la franja, y los enfermos estaban a gusto porque era otra comida, aparte les pagaban una lana, era diferente, los ocupaban como alba\u00f1iles o como barrenderos y ah\u00ed los pon\u00edan a trabajar. Los sacaban a las 7 de la ma\u00f1ana y los regresaban a las 6 o 7 de la tarde al pabell\u00f3n para que alcanzaran la cena y durmieran, as\u00ed muchos ya no quer\u00edan regresar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos no ten\u00edan familiares o ya no los frecuentaban, viv\u00edan all\u00ed d\u00eda y noche. Nadie los procuraba, hab\u00eda muchos enfermos que por envidias los declaraban locos y ah\u00ed los met\u00edan por las herencias, y dec\u00edan \u201cyo no estoy loco\u201d, pero no pod\u00edan salir, no los dejaban salir, ten\u00edan doctores pero no hab\u00eda nadie que dijera que estaban sanos. Muchas veces pagaban para que los tuvieran ah\u00ed, por ese lado est\u00e1 canijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vivimos en Merced G\u00f3mez muchos a\u00f1os, fueron como 25 o 30 a\u00f1os. Mi pap\u00e1, que hab\u00eda trabajado en el correo 35 a\u00f1os, falleci\u00f3 despu\u00e9s de que un d\u00eda en que iba al trabajo se baj\u00f3 de <i>palomita<\/i>, como se dice, del troleb\u00fas, y se resbal\u00f3 y se cay\u00f3. Al mes le empez\u00f3 como una convulsi\u00f3n y se fue agravando. Los doctores dijeron que era un tumor inoperable de cuando era chico, que se activ\u00f3 en la ca\u00edda. Ya cuando falleci\u00f3 se vendi\u00f3 esa casa y se fue mi mam\u00e1 a vivir a la Piloto [\u2026].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre \u201cla franja\u201d, cualquier persona te dice, hay muchas historias y vivencias. En ese tiempo m\u00e1s o menos todos \u00e9ramos sanos porque no hab\u00eda nada de drogas, y a los 18 o 20 a\u00f1os, ya empezaba la cerveza y a fumar, pero era tranquilo en ese aspecto. A la altura de la escuela se form\u00f3 el club 14 Aztecas; y nosotros fundamos el club Cedami. Hab\u00eda enfrentamiento de bailes y de canciones, pero en ese tiempo los de abajo se juntaron con nosotros y hac\u00edamos bailables enfrente de la iglesia. Hicimos \u201cLa Reina de la Colonia\u201d, pero no armamos bien la tarima y se cay\u00f3 Leopoldo, \u201cEl Polines\u201d, cuando estaba bailando. Tuvimos que suspender el festival ese d\u00eda y ya lo reforzamos y se volvi\u00f3 a hacer. Tambi\u00e9n hac\u00edamos campa\u00f1as de alfabetizaci\u00f3n en la colonia, entre Centenario y 5 de Mayo, excursiones cada a\u00f1o en Semana Santa y en diciembre a Acapulco, y en el resto del a\u00f1o a Morelos a balnearios. As\u00ed, m\u00e1s o menos, la cotorre\u00e1bamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Andaba un loquito ah\u00ed, \u201cEl Chihuique\u201d, que cuidaba los carros en la entrada, algo retirado de la Casta\u00f1eda. Hasta all\u00ed, donde estaba ese edificio, numeraron las piedras y se las llevaron \u2013a Amecameca\u2013. Lo hicieron igual, piedra por piedra, y todo eso eran jardines por donde entraban los carros y hab\u00eda un \u00e1rbol bastante alto que ten\u00eda una casita que le dec\u00edamos que era de Tarz\u00e1n. Todo eso lo tiraron, a la altura de donde est\u00e1 ahora el WalMart estaban las oficinas del manicomio. Y donde est\u00e1 la avenida \u2013Perif\u00e9rico\u2013 me met\u00eda yo a nadar [\u2026], ah\u00ed estaba el r\u00edo y pura tierra, tambi\u00e9n el puente [\u2026]. Com\u00edamos charales all\u00ed. Cuando viv\u00edamos en Zurbar\u00e1n, estaba la estaci\u00f3n de trenes, pero no nos dejaban pasar, ni por debajo de los vagones. Que \u201clos van a atropellar\u201d, nos dec\u00edan, y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 m\u00e1s, ya sabes, las mam\u00e1s. La estaci\u00f3n estaba en Giotto y el r\u00edo, all\u00ed estaba la vecindad blanca, como lo dec\u00edamos, pasando Giotto [\u2026] Camin\u00e1bamos bastante de un lado para otro en el tren, nos baj\u00e1bamos hasta San Antonio, y nos regres\u00e1bamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi hermano hac\u00eda paletas y las vend\u00edan en el manicomio los d\u00edas de visita. Ya m\u00e1s grande le hac\u00edamos burla, porque gritaba \u201cpalidas\u201d\u2026 \u201cpalidas\u201d, junto con mi primo, Miguel Sandoval. Donde est\u00e1 la refaccionaria hab\u00eda una bodega de vinos que ten\u00eda muchas barricas, ah\u00ed nos rob\u00e1bamos las brevas. Y de la calle Sassoferrato para arriba, agarr\u00e1bamos los carritos de baleros en la bajada. Ya para arriba no hab\u00eda nada, era puro cerro, esas eran nuestras aventuras. Le ofrecieron a mi pap\u00e1 un terreno por donde est\u00e1 el jard\u00edn como a dos cuadras, y un hermano suyo le dijo que no, que son puros cerros, qu\u00e9 vas a hacer ah\u00ed, y luego en la noche que regresas de trabajar te pueden asaltar. No lo dej\u00f3 que comprara, pero su hermano s\u00ed compr\u00f3, o sea que como que no funcion\u00f3 eso [\u2026] Tambi\u00e9n otro hermano compr\u00f3 por ah\u00ed, pero no dejaron que comprara mi pap\u00e1 en ese tiempo. Fue un sacrificio de mi pap\u00e1 porque fuimos once hermanos, a todos nos puso nombres con \u201cr\u201d: Rafael, Rosa Mar\u00eda, Raquel, Roberto, Rebeca, Rosaura, Rodrigo, Reyna, Rub\u00e9n y Ram\u00f3n, as\u00ed que para que tuviera dinero y comprara el terreno estaba canijo. En ese tiempo a mi pap\u00e1 le vend\u00edan un terreno tambi\u00e9n en la Postal \u2013ahora entre el Eje 5 y Xola\u2013 y le dec\u00edan \u201cno, que est\u00e1 solo, que qui\u00e9n sabe qu\u00e9\u201d, y lo mismo, no lo dejaron comprar.<\/p>\n<p class=\"BiC08Subtitulo\">\u201cEl pabell\u00f3n para ni\u00f1os era deprimente\u201d<\/p>\n<p class=\"BiC08Subtitulo\">Relato de una mujer de entre 64 y 68 a\u00f1os de edad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi mam\u00e1 trabajaba en la farmacia del manicomio, era la encargada y quien hac\u00eda f\u00f3rmulas magistrales y tambi\u00e9n supervisaba que estuvieran bien hechas. Pap\u00e1 era jefe de enfermeros y trabajaba en las noches cada tercer d\u00eda, visitaba todos los pabellones para ver si no hab\u00eda ning\u00fan problema, si se ofrec\u00eda algo. [\u2026] Nosotros est\u00e1bamos chicos e \u00edbamos a jugar ah\u00ed, mi mam\u00e1 nos met\u00eda debajo de la mesita donde hac\u00edan las c\u00e1psulas y las preparaciones y all\u00ed nos pon\u00edamos a jugar mi hermano y yo. Luego nos \u00edbamos atr\u00e1s de la farmacia, a un patio muy grande donde sacaban a los enfermitos a que hicieran gimnasia, y estaba tambi\u00e9n ah\u00ed el cine. Nosotros ve\u00edamos c\u00f3mo hac\u00edan la gimnasia y nos met\u00edamos al cine con ellos a ver las pel\u00edculas. En el cine hab\u00eda una enfermita que se llamaba Karime y nada m\u00e1s ten\u00eda un brazo, pero tej\u00eda canastitas con una mano, y todo lo que se encontraba en el cine, canicas, pelotitas, iba y se lo llevaba a mi mam\u00e1 y le dec\u00eda \u201cten g\u00fcerita, l\u00e1vaselos a los ni\u00f1os y d\u00e1selos\u201d. Tambi\u00e9n hab\u00eda un enfermito que se llamaba \u201cEl Chihuique\u201d, \u00e9l nos bailaba la jota, pero se pon\u00eda a bailar arriba de la cisterna que estaba atr\u00e1s del patio, y siempre bailaba, dec\u00eda \u201cv\u00e9nganse mis ni\u00f1os, v\u00e9ngase mis g\u00fceritos\u201d. Tambi\u00e9n estaba el pap\u00e1 de \u201cBeto el Boticario\u201d, que siempre andaba bien trajeadito, era un se\u00f1or alto, siempre con su veliz. Saliendo de la farmacia, enfrente, hab\u00eda una fuente muy bonita, en medio, y a los lados corredores. Hacia el lado derecho estaba la roper\u00eda y hacia el lado izquierdo el archivo; ten\u00eda una escalera que daba a muchos jardines bonitos y se bajaba a los pabellones. Sin bajar la escalera estaba un corredor que daba al comedor y a la cocina; ah\u00ed trabajaba Carmelita [\u2026] y en el archivo mi madrina [\u2026]. Acabando la cocina y nutrici\u00f3n empezaban todos los pabellones y dentro un quiosco que era una tienda que atend\u00eda un t\u00edo. Creo que \u00e9l viv\u00eda ah\u00ed, le daban casa, dur\u00f3 a\u00f1os con ese quiosquito, pero nos platicaba una de sus hijas que en una ocasi\u00f3n murieron muchos enfermos porque les dieron cianuro, en vez de az\u00facar. Como el az\u00facar la compraban con mi t\u00edo, se lo llevaron preso, hasta que se dieron cuenta de que con lo que hab\u00edan endulzado el caf\u00e9 era cianuro y no az\u00facar, pero de eso tuvo la culpa una de las empleadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era muy bonito ah\u00ed. A m\u00ed me gustaba mucho irme a los ba\u00f1os de cirug\u00eda, porque hab\u00eda regaderas por todos lados y nos daban permiso para ba\u00f1arnos. Tambi\u00e9n sembraban lechugas, r\u00e1bano, zanahoria, y hab\u00eda muchos \u00e1rboles y filtros donde almacenaban agua, era muy grande. Tambi\u00e9n hab\u00eda canchas de futbol, jugaban basquetbol, beisbol. Todav\u00eda no estaba construido Plateros, y hasta el fondo hab\u00eda casitas de los trabajadores y terminaba donde estaban los enfermitos. Tambi\u00e9n por all\u00ed estaba el anfiteatro. Hab\u00eda el pabell\u00f3n de pensionistas que eran los que pagaban, otro que era el de agitados, donde estaban los alterados. La entrada al manicomio eran unas escaleras y una rampa preciosa, ten\u00eda un reloj a la entrada, y sus jardineras, me encantaba ir a jugar ah\u00ed. Bajando por la rampa, a mano izquierda estaba el pabell\u00f3n de ni\u00f1os, pero era deprimente. Fui una vez a hacer una pr\u00e1ctica que me llevaron de la universidad, yo lo conoc\u00eda por fuera, pero nunca hab\u00eda entrado. Y en esa pr\u00e1ctica que fui, qu\u00e9 cosas tan deprimentes, personas que uno no se imagina que existieran, triste, triste. Y de ese pabell\u00f3n hacia enfrente hab\u00eda mucho jard\u00edn, aunque se me figuraba que ah\u00ed era un pante\u00f3n: hab\u00eda tipo jardineras pero del tama\u00f1o de un ata\u00fad, de ambos lados del camino. Y bajando mucho pasto, aunque estaba muy descuidado, hab\u00eda unos \u00e1rboles enormes que eran los que daban a la cascada y saliendo hacia la calle estaba otro jard\u00edn hermoso. Ah\u00ed hab\u00eda otro quiosco que cuidaba el pap\u00e1 de Irma, el se\u00f1or se apellidaba Ruiz, y ten\u00eda unos rosales muy bonitos. Nos gustaba mucho ir a jugar porque el quiosco ten\u00eda banquitas, y en un \u00e1rbol viv\u00eda un empleado, ten\u00eda su casa en uno de los \u00e1rboles, era muy grande. Saliendo hacia la calle estaba la oficina del checador y del vigilante, y del otro lado las v\u00edas del tren. Pas\u00e1bamos nosotros diario porque \u00edbamos a ver a mi mam\u00e1 a la farmacia. Hasta los 12 o 13 a\u00f1os fue andar ah\u00ed y jugar. Nuestros pap\u00e1s nos dejaban jugar porque nadie nos hac\u00eda nada, pod\u00edamos correr para all\u00e1 y para ac\u00e1 sin peligro, yo pasaba corriendo y sacaba las zanahorias, nada m\u00e1s las limpiaba y me las com\u00eda. \u00cdbamos a comer al comedor, hac\u00edan un caf\u00e9 y un pan muy ricos, los trabajadores ten\u00edan una hora de alimentos y les daban su raci\u00f3n. A nosotros nos regalaban porque Carmelita, la mam\u00e1 de Irma, trabajaba ah\u00ed, y era amiga de mi mam\u00e1. Como siempre and\u00e1bamos nosotras metidas all\u00ed, dec\u00eda \u201cm\u00e1ndame a los ni\u00f1os para darles de comer\u201d. Riqu\u00edsimo. Enfrente de la farmacia, pero en el primer piso, estaba la direcci\u00f3n y oficinas, era como un cubo, ten\u00eda un patio con fuente, y alrededor estaba construido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo me vine a vivir aqu\u00ed a los nueve a\u00f1os. La colonia no ten\u00eda pavimento ni luz ni agua. Estos terrenos se los vendi\u00f3 Salubridad a los empleados, a precios muy econ\u00f3micos y con escrituras. Aqu\u00ed casi todos somos hijos de trabajadores. Pero yo no me iba a meter con los loquitos, me daba miedo. En el manicomio se puede decir que eran libres, estaba precioso. Los ni\u00f1os era una cosa triste, muchos ten\u00edan deformidades. Mi abuela trabajaba en uno de los pabellones, creo que era en agitados, y mi t\u00eda hac\u00eda gorditas y las iba a vender. Yo iba con ella a venderlas, mi abuela [\u2026] trabaj\u00f3 ah\u00ed toda su vida hasta que se jubil\u00f3, mi mam\u00e1 no, la incapacitaron porque le dieron varios infartos [\u2026], pero trabaj\u00f3 a\u00f1os en la farmacia y era muy bonita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me acuerdo mucho de los pacientes. Una vez se avent\u00f3 un enfermito por la ventana de la direcci\u00f3n, se mat\u00f3. Del \u00fanico paciente que me acuerdo era de \u201cEl conde Boby\u201d, as\u00ed le dec\u00edan al pap\u00e1 de \u201cBeto el Boticario\u201d: muy guapo el se\u00f1or, alto, blanco y de ojos azules, siempre andaba con su maleta, yo creo que a \u00e9l le pagaban su estancia ah\u00ed y siempre andaba limpio y bien perfumado, y se sentaba y se pon\u00eda a platicar con nosotros, tambi\u00e9n estaba Mechita, muy perfumada y bien pintadita, no recuerdo si era enfermita o ah\u00ed trabajaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi pap\u00e1 tambi\u00e9n trabajaba en la universidad, era maestro de geograf\u00eda en el d\u00eda y en la noche, cada tercer d\u00eda, trabajaba en el manicomio. Mi mam\u00e1 se retir\u00f3 en el a\u00f1o 60, m\u00e1s o menos. En las tardes jug\u00e1bamos todos los ni\u00f1os, a la reata, el beisbol, y nos encantaba. Todos nos conoc\u00edamos y nos llev\u00e1bamos bien, y nuestros pap\u00e1s nos dejaban porque sab\u00edan que no corr\u00edamos peligro y no nos pod\u00edamos salir por ning\u00fan lado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Javier Castellanos Cervantes Ciencias Odontol\u00f3gicas, M\u00e9dica y de la Salud, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 39. Dos vivencias de la ni\u00f1ez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblem\u00e1tico en la atenci\u00f3n de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva. Cincuenta y ocho a\u00f1os hab\u00edan sido suficientes para que el Manicomio General La Casta\u00f1eda pudiera lograr que la psiquiatr\u00eda se profesionalizara en nuestro pa\u00eds. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida m\u00e1s llevadera. Sin embargo, tambi\u00e9n podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes conviv\u00edan<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1917,181,20],"tags":[1933,198,156],"class_list":{"0":"post-11195","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-39","7":"category-entrevistas","8":"category-revistanumero","9":"tag-manicomio-de-la-castaneda","10":"tag-porfiriato","11":"tag-siglo-xx"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11195","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11195"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11195\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19768,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11195\/revisions\/19768"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11195"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11195"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11195"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}