﻿{"id":11190,"date":"2018-06-21T16:22:07","date_gmt":"2018-06-21T21:22:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11190"},"modified":"2024-06-27T11:22:38","modified_gmt":"2024-06-27T17:22:38","slug":"jornada-al-fondo-de-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/jornada-al-fondo-de-la-noche\/","title":{"rendered":"Jornada al fondo de la noche"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Arturo Garmendia<\/p>\n<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 39.<\/span><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter wp-image-11191\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569.jpg\" alt=\"image014569\" width=\"419\" height=\"421\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569.jpg 699w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569-300x300.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image014569-624x625.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 419px) 100vw, 419px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Pues ahora, de esos que murieron j\u00f3venes te llega el murmullo.<br \/>\n<span style=\"color: #808000;\">Rainer Mar\u00eda Rilke. Eleg\u00edas de Duino<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>a hoguera del vivac ilumina los pies de los soldados que se preparan para pasar la noche. Su luz es incierta y asciende por los cuerpos yacentes con dificultad. Muchos rostros quedan en penumbras, pero el capit\u00e1n D\u2019Anjou girando la cabeza puede reconocer a los zuavos, tocados con su <em>fez<\/em> e inconfundibles por sus anchos pantalones rojos; a los h\u00fasares austriacos, en su uniforme verde; y a los propios soldados franceses, de chaqueta corta y quep\u00ed azul marino. Pr\u00f3ximo a \u00e9l reposa un jovencito, que custodia el estandarte de la compa\u00f1\u00eda. Se descubre para apoyar la cabeza sobre su mochila y por su cuello desborda una cascada de rizos rubios que, junto a su p\u00e1lida faz, le dan el aspecto de una jovencita. Al capit\u00e1n D\u2019Anjou le recuerda a su hija. Le pregunta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Eh, t\u00fa! \u00bfC\u00f3mo te llamas?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Crist\u00f3bal Villafagne, se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tienes?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Reci\u00e9n cumpl\u00ed diecisiete.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY de d\u00f3nde eres?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013De Lorena, se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfCu\u00e1ndo llegaste?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Hace tres d\u00edas desembarcamos en Veracruz, se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Vamos a la guerra \u2013repuso el capit\u00e1n\u2013 \u00bfNo tienes miedo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfMiedo a qu\u00e9, se\u00f1or? Nuestro ej\u00e9rcito es el m\u00e1s poderoso del mundo y en cuanto a los mexicanos\u2026 Lo dijo nuestro comandante, en Orizaba: \u201c\u2026 somos tan superiores a los mexicanos en organizaci\u00f3n, disciplina, raza, moral y sensibilidad que, a partir de este momento y al mando de nuestros 6 000 valientes soldados, ya somos due\u00f1os de M\u00e9xico\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ning\u00fan soldado debe menospreciar al enemigo \u2013sentenci\u00f3 D\u2019Anjou, a\u00f1adiendo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY qu\u00e9 has venido a buscar aqu\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013La gloria, se\u00f1or\u2026 y fortuna. Mi familia espera eso de m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las conversaciones se han ido apagando. El fuego chisporrotea y alguien tose. El joven alf\u00e9rez saca de su chaqueta un relicario, y del joyel un mech\u00f3n de rubios cabellos, que contempla en silencio. El capit\u00e1n interrumpe sus pensamientos.<\/p>\n<p>\u2013Tu familia te espera\u2026 y alguna amiguita tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crist\u00f3bal sonr\u00ede y se ruboriza. Esconde el guardapelo y cierra los ojos. Dedica su \u00faltimo pensamiento a la coqueta Marie, que con sus juegos sab\u00eda enardecerlo, pero al mismo tiempo defender su infranqueable virtud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabalgar, cabalgar, cabalgar por estas cumbres de extra\u00f1os follajes; por esos campos arrasados por un enemigo que ha quemado sus sembrad\u00edos y abandonado sus pueblos para obstaculizar el avance de la tropa, para que de pronto, sin previo aviso, poder acosarlos con grupos guerrilleros que no logran hacer mucho da\u00f1o, pero que los mantienen en estado de alerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Avanzan en medio de una lluvia torrencial, que cesa y deja paso a un sol despiadado. Los abruma con un calor h\u00famedo, asfixiante. Los cascos de los caballos se hunden en el lodo y dificultan la marcha. Las ruedas de un ca\u00f1\u00f3n se atascan y hay que detenerse a liberarlo. Se escucha un ulular en el bosque y alguien dice: \u201cEn estas tierras, cuando el b\u00faho canta el indio muere\u201d. Otra voz riposta: \u201cEntonces, est\u00e1 de nuestra parte\u201d y despierta algunas cansadas risas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al atardecer arriban a un poblado aparentemente evacuado. Extra\u00f1as chozas se acuclillan sedientas junto a pozos fangosos. La tropa se prepara para pernoctar ah\u00ed. El capit\u00e1n D\u2019Anjou deambula por el pueblo y se topa con el joven alf\u00e9rez. Caminan lado a lado, en silencio. En un recodo descubren el cad\u00e1ver de un campesino, cara al cielo. Crist\u00f3bal se inclina para contemplar sus ojos muertos. Parece que lo interroga.<\/p>\n<p>\u2013Quien dice guerra, dice muerte \u2013sentencia el capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed, pero\u2026 Nosotros luchamos por el honor, por la patria\u2026<\/p>\n<p>\u2013Nosotros s\u00ed, pero los poderosos s\u00f3lo luchan por el poder.<\/p>\n<p>Quienes lo tienen quieren m\u00e1s y m\u00e1s. Son insaciables.<\/p>\n<p>\u2013Entonces usted\u2026 \u00bfquiere m\u00e1s poder?<\/p>\n<p>El capit\u00e1n sonr\u00ede:<\/p>\n<p>\u2013No me disgustar\u00eda tener uno o dos grados m\u00e1s, pero no es eso lo que busco: es que no s\u00e9 hacer otra cosa.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY su familia?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Mi familia es el ej\u00e9rcito. As\u00ed es que si quieres progresar en la guerra, olv\u00eddate de tu familia. Debes estar dispuesto a abrazar la muerte.<\/p>\n<p>Se alejan envueltos en los tintes rojizos del crep\u00fasculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasan d\u00edas enteros de marcha, sin tregua. La compa\u00f1\u00eda se limita a seguir cabalgando. Desde lejos la caravana parece una culebra que se arrastra por los caminos, asciende por los cerros, vadea arroyos y levanta enormes nubes de polvo a su paso. Ahora el paisaje ha cambiado: hay campos cultivados, algunos de ellos sembrados de curiosos espinos gigantes, de los que se asegura producen un poderoso licor. A lo lejos se divisan monta\u00f1as cubiertas de nieve. Por los pueblos que cruzan, los aldeanos los saludan y gritan \u201c\u00a1Viva el emperador!\u201d. Un prominente hacendado, del bando conservador, los espera para agasajarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La soldadesca rodea el caser\u00edo. Los oficiales son conducidos a la hacienda, que semeja una fortaleza. Ah\u00ed han dispuesto mesas para el banquete y gallardas mozas vienen a atenderlos. Prueban el mentado licor de agave, que pronto hace estragos en sus filas. Se organiza el baile, que deviene francachela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crist\u00f3bal abandona el patio cubierto de coloridos festones de papel picado. Se interna en la amplia casona; atraviesa varios cuartos donde se amontonan muebles y objetos embalados, como dispuestos a emprender la huida. Luego descubre estancias vac\u00edas, donde sus pasos resuenan graves. Un grito, sollozos apagados y cuerpos que luchan lo atraen presuroso. Una doncella forcejea con un hombre, corpulento. Crist\u00f3bal es rechazado cuando intenta separarlos. Crist\u00f3bal toma el cuchillo de caza que porta en su cintura y vuelve a la carga. El hombre resiste a pesar de recibir varias heridas, pero el cuchillo es corto y no hace mucho da\u00f1o. Crist\u00f3bal insiste, aunque en ocasiones se hiere a s\u00ed mismo. La ni\u00f1a observa desde un rinc\u00f3n, presa del p\u00e1nico. Finalmente las fuerzas del maleante empiezan a ceder. Desconfiado, Crist\u00f3bal le asesta una pu\u00f1alada tras otra y a cada golpe se siente m\u00e1s poderoso, satisfecho del dominio que tiene sobre su enemigo. Ambos terminan ba\u00f1ados en sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por un tiempo no se escucha m\u00e1s que el jadeo de Crist\u00f3bal y los sollozos apagados de la ni\u00f1a. Cuando recuperan el aliento, ella lo toma de la mano y lo conduce a un cuarto vecino, donde lo deja por unos momentos. Regresa con un cubo con agua y le descubre el torso lav\u00e1ndolo cuidadosamente. Tiene un ara\u00f1azo sobre el coraz\u00f3n. Ella acaricia los bordes de la herida y luego la besa. Se miran hondamente, como si quisieran descifrarse y luego se funden el uno en el otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de partir, los j\u00f3venes se abrazan. Sienten que el tiempo se desmoron\u00f3 sobre ellos, y ahora renacen de sus ruinas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabalgar, cabalgar, cabalgar. Crist\u00f3bal va a la vanguardia: su rostro se ha hecho m\u00e1s adusto y porta orgulloso el estandarte de la compa\u00f1\u00eda. El capit\u00e1n se le empareja.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Vaya! Est\u00e1s de buen humor, \u00bfverdad? \u00bfQu\u00e9 ha pasado? Crist\u00f3bal le relata, envanecido, su reciente encuentro.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Humm! \u2013responde el capit\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Tu primer muerto y\u2026 tu primera mujer \u00bfverdad? Pero que no se te suban a la cabeza. Todav\u00eda puedes morir en batalla, y con las mujeres\u2026 nunca se sabe. Igual pueden despreciarte\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han alcanzado su meta. Las tropas francesas marchan hacia la ciudad de Puebla: cuatro mil hombres, de los que forma parte la compa\u00f1\u00eda del capit\u00e1n D\u2019Anjou. El militar recibe la orden de dirigir su tropa hacia los fuertes de Loreto y Guadalupe que custodian la ciudad. Contempla c\u00f3mo su gente se dispersa en abanico y asciende por la falda del cerro, precedida por el estandarte con el \u00e1guila imperial de Napole\u00f3n, que porta su alf\u00e9rez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El capit\u00e1n debe atender el avance de sus hombres, pero trata de no perder de vista al del estandarte. All\u00e1 va. Intempestivamente se confunde con los zuavos que, al abrigo de una hondonada, van a la cabeza. Una lluvia de balas los recibe y los ca\u00f1onazos rugen en torno suyo; sin embargo, el pend\u00f3n contin\u00faa ascendiendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crist\u00f3bal, enardecido, s\u00f3lo escucha el latido de la sangre que golpea sus sienes. Tiene la misma exaltaci\u00f3n que lo pose\u00eda cuando luchaba contra el villano lujurioso, hace s\u00f3lo unos d\u00edas. Es de los primeros en llegar al parapeto del fuerte y en saltar dentro. El capit\u00e1n D\u2019Anjou lo pierde de vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El corneta toca retirada. La derrota es cierta y hay que reagrupar las fuerzas. Despu\u00e9s el capit\u00e1n revisa los cuerpos de los ca\u00eddos en batalla y, a pesar de su rostro desfigurado, reconoce al alf\u00e9rez. Interroga a los zuavos y le cuentan: en el momento en que el joven pis\u00f3 el fuerte, un artillero se dispon\u00eda a colocar una bala en el ca\u00f1\u00f3n. Sorprendido, el ca\u00f1onero se la arroj\u00f3 a la cabeza y le hizo desplomarse cerro abajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El militar, con un nudo en la garganta, retira de entre las ropas del joven el guardapelo, con la intenci\u00f3n de enviarlo de regreso a casa; y piensa que tambi\u00e9n un d\u00eda aciago su hija recibir\u00e1 noticias de su muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Garmendia En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 39. 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