﻿{"id":11186,"date":"2018-06-21T15:50:33","date_gmt":"2018-06-21T20:50:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11186"},"modified":"2024-06-27T11:26:21","modified_gmt":"2024-06-27T17:26:21","slug":"julio-ruelas-la-imaginacion-aniquiladora-y-redentora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/julio-ruelas-la-imaginacion-aniquiladora-y-redentora\/","title":{"rendered":"Julio Ruelas. La imaginaci\u00f3n aniquiladora y redentora"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Otto C\u00e1zares<br \/>\nFacultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 39.<\/strong><\/span><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Un gran dibujante. Ese fue Ruelas, el artista de corta vida, cuyo pensamiento pl\u00e1stico lo plasmo en el dibujo y la gr\u00e1fica en blanco y negro. Figura central del modernismo en tiempos porfiristas, su obra merecer\u00eda un estudio detallado acerca de la imaginaci\u00f3n y la fantas\u00eda.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image009.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-11121\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image009.jpg\" alt=\"image009\" width=\"420\" height=\"396\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">A mi sol redentor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>H<\/strong>ace 110 a\u00f1os Julio Ruelas (Zacatecas, 1870-1907) logr\u00f3 autodestruirse. Fue su \u00faltimo empe\u00f1o art\u00edstico y a ello dedic\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os de vida en el Barrio Latino de Par\u00eds: a fumar y fumar y a beber y beber. Ajenjo y otros brebajes, tambi\u00e9n estupefacientes (\u00bf\u00e9ter?); con tal que le ocasionaran delirios a la manera del monje desdoblado Medardo de <em>Los el\u00edxires del diablo<\/em> de E. T. A. Hoffmann. Ten\u00eda 37 a\u00f1os cuando consum\u00f3 su muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad, no muri\u00f3 para transfigurarse ayudado por el amor de alguna Isolda. En Ruelas el amor fue un desierto; cultiv\u00f3 la Nada amorosa en el campo inf\u00e9rtil de los prost\u00edbulos de Par\u00eds y la ciudad de M\u00e9xico, con su olor a fermento de sexo desecado, y de la Nada, Ruelas extrajo una velada misoginia que bien podr\u00edamos comprender desde la morbidez pesimista del \u201cdecadentismo\u201d, cuya fascinaci\u00f3n m\u00e1s grande estribaba en adentrarse al misterio de las \u201cBellas damas sin piedad\u201d, \u201cmujeres de almas abolidas\u201d o \u201cMujeres fatales\u201d. Casi no es necesario apuntar que el decadentismo, es decir, el cansado y f\u00e9tido \u00faltimo aliento del romanticismo, mantuvo una percepci\u00f3n de lo femenino que ven\u00eda aparejada con una sublimaci\u00f3n del deseo er\u00f3tico que, las m\u00e1s de las veces, encubr\u00eda un sentimiento de inferioridad y de impotencia; en todo caso, lo Femenino era un Enigma y su forma, una Esfinge Cruel de inescrutables designios. La lista es, desde luego, amplia, pero baste mencionar las escrituras paradigm\u00e1ticas del erotismo sublimado que lleva a los protagonistas a los terrenos de la disoluci\u00f3n: <em>Carmen<\/em> de Prosper Merime\u00e9, <em>Salamb\u00f3<\/em> de Gustave Flaubert y <em>Salom\u00e9<\/em> de \u00d3scar Wilde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Exotismo y erotismo son dos de los temas que el decadentismo simbolista inclin\u00f3 con sumo placer en una copa afilada y siempre, de los terrenos del sue\u00f1o y del deseo, emergi\u00f3 un s\u00edmbolo de cu\u00f1o estrictamente personal que a fuerza de altura art\u00edstica se convirti\u00f3 en Arquetipo; pero, en primera instancia, el s\u00edmbolo del simbolismo es ajeno a \u201clo simb\u00f3lico\u201d (cuya interpretaci\u00f3n est\u00e1 determinada por el <em>sensus communis<\/em>, sentido com\u00fan o doxa). En esto estriba principalmente la diferencia entre simbolismo, como corriente art\u00edstica, de \u201clo simb\u00f3lico\u201d, distinci\u00f3n que tantos quebraderos de cabeza produce, incluso, a los m\u00e1s informados de los especialistas. Julio Ruelas era un simbolista de pura cepa; decadentista hasta el tu\u00e9tano, bebi\u00f3 de las fuentes exquisitas y pestilentes a un tiempo de la literatura y la m\u00fasica: Goethe (<em>Fausto<\/em> fue siempre su libro de cabecera), H\u00f6lderlin, Tieck, Von Chamisso, Eichendorff y Jean Paul Richter, por el lado de los alemanes; pero tambi\u00e9n Hugo, Balzac, Baudelaire, Rimbaud y Poe. La m\u00fasica model\u00f3 el alma del decadente zacatecano: Schumann, Chopin y \u00a1oh, fervor! Wagner, siempre Wagner. De modo que, en Ruelas, tenemos a un esp\u00edritu grande labrado a partir de la literatura y la m\u00fasica; es uno m\u00e1s de los grandes \u201cartistas literarios\u201d de su tiempo: Gustave Moreau \u2013que dej\u00f3, a la manera de Wagner con el Teatro de los Festivales de Bayreuth, un museo consagrado por entero a su propia obra\u2013 y Arnold B\u00f6cklin, a quien conoci\u00f3 personalmente y con el que comparti\u00f3 dos personajes pict\u00f3ricos: la Muerte y el S\u00e1tiro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero si bien hemos definido el simbolismo distingui\u00e9ndolo de \u201clo simb\u00f3lico\u201d, tambi\u00e9n cabr\u00eda definir decadentismo para comprender mejor el interior del artista que nos ocupa. Se les llam\u00f3 \u201cdecadentes\u201d a los seguidores de la est\u00e9tica mastod\u00f3ntica, colosal, de los dramas musicales de Richard Wagner, provenientes de su programa fil\u00f3sofico-art\u00edstico\u00a0<em>La obra de arte del futuro<\/em>. Fue Friedrich Nietzsche quien, en la\u00a0<em>Cuarta intempestiva<\/em>\u00a0y con el coraz\u00f3n ulcerado, se refiri\u00f3 a la m\u00fasica de Wagner como \u201cdecadente\u201d, oscura y obnubilante; habr\u00edamos de preferir \u2013apunt\u00f3 Nietzsche\u2013 las luces meridionales de Georges Bizet sobre las sombras mel\u00f3dicas de su antiguo Dios personal. Fueron \u201cdecadentistas\u201d los seguidores franceses de la m\u00fasica wagneriana: Baudelaire el primero de ellos, pero tambi\u00e9n Marcel Proust, que se hac\u00eda transmitir la tetralog\u00eda del\u00a0<em>Anillo del nibulengo<\/em>\u00a0v\u00eda telef\u00f3nica. Pero Ruelas, como decadentista, no continu\u00f3 la senda del colosalismo wagneriano, m\u00e1s bien prefiri\u00f3 los peque\u00f1os formatos pict\u00f3ricos y los dibujos a plumilla que pudiera realizar sentado a la mesa de alg\u00fan caf\u00e9. Si consideramos a Ruelas como un decadentista habr\u00edamos de decir que su Decadentismo, m\u00e1s que un estilo superficial, es la definici\u00f3n de su car\u00e1cter m\u00e1s sustancial: melanc\u00f3lico, silencioso, contemplativo, alma solitaria en compa\u00f1\u00eda de sus ausentes entra\u00f1ables. Por \u00faltimo, habremos de agregar que Ruelas posey\u00f3 ese aristocratismo espiritual tan inclinado al desd\u00e9n de quien sabe que todo est\u00e1 perdido. Y en esto se pareci\u00f3 a Hugo von Hoffmansthal, a quien ley\u00f3 con devoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una nota m\u00e1s para complementar la primera parte de esta cartograf\u00eda: el \u201csatanismo\u201d de Julio Ruelas. Para rastrear el satanismo en la sensibilidad decadente habr\u00edamos de voltear al romanticismo ingl\u00e9s y, principalmente, a las creaciones de Lord Byron, el autoproclamado \u201cpoeta sat\u00e1nico\u201d, muerto en Misolonghi, y cuya est\u00e9tica, sobre todo en sus obras\u00a0<em>Ca\u00edn\u00a0y\u00a0Manfredo<\/em>, se halla rebosante de\u00a0<em>algofilia:\u00a0algos<\/em>, dolor,\u00a0<em>filia<\/em>, propensi\u00f3n, esto es, inclinaci\u00f3n o simpat\u00eda por lo doloroso. Para un m\u00e1s cabal entendimiento de estos temas recomiendo la lectura del insuperable libro de Mario Praz\u00a0<em>La carne, la muerte y el diablo<\/em> en la literatura rom\u00e1ntica. Baste para nuestra reflexi\u00f3n mencionar que el satanismo literario contiene una dosis alta de algofilia expresada en tormentos y suplicios de raigambre sadiana, pero tambi\u00e9n, sin lugar a dudas, provenientes de la imaginaci\u00f3n de verdugo que posey\u00f3 el pintor barroco Alessandro Magnasco y aun Torquato Tasso en su poes\u00eda dram\u00e1tica\u00a0<em>Aminta<\/em>, con ese suplicio de la ninfa Sylvia amarrada a un \u00e1rbol con sus cabellos por un l\u00fabrico S\u00e1tiro. Si Ruelas fue un satanista, lo fue del lado de la literatura. M\u00e1s tarde el zacatecano entrar\u00e1 en contacto con el pintor Felicien Rops cuyo satanismo pose\u00eda un germen para el desarrollo m\u00e1s tard\u00edo de Aleyster Crowley: T\u00e9lemos y su santuario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Julio Ruelas tenemos a un gran dibujante que pint\u00f3 extraordinarias pinturas. Pero fundamentalmente su pensamiento pl\u00e1stico aconteci\u00f3 en el dibujo y la gr\u00e1fica. Pensamiento en blanco y negro, de ah\u00ed que Alfonso Reyes haya descrito a Ruelas como un \u201cdocto sombr\u00edo\u201d. Desde los catorce a\u00f1os, en los d\u00edas del Instituto Cient\u00edfico e Industrial de Tacubaya (donde tuvo por compa\u00f1ero y amigo a Jos\u00e9 Juan Tablada), el adolescente Ruelas dibujaba con papeles recortados y papiroflexias ambientaciones grotescas que llamaba \u201ctitirimundos\u201d. A menudo me he preguntado por el aspecto de estos \u201ctitirimundos\u201d puesto que se tratar\u00eda del germen de una obra fundada en el grotesquismo, pero tambi\u00e9n en el dibujo, que a fuerza de dobleces e incisiones, irrumpe en la tridimensionalidad, precisamente, aquella reflexi\u00f3n espacial que nos falta en toda la obra posterior de nuestro artista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando hacia 1885 Ruelas ingres\u00f3 a la Escuela de Bellas Artes, comprendi\u00f3 el dibujo acad\u00e9mico con mucha facilidad. Pero es necesario desaprender este dibujo, desaprender el yeso, desaprender la escayola, para encontrar en el dibujo un \u201cidioma\u201d de formas propias, veh\u00edculo de sus obsesiones cultivadas literariamente. Emprendi\u00f3 peregrinaciones art\u00edsticas, a la manera del\u00a0<em>Wilhelm Meister<\/em>\u00a0de Goethe, en dos ocasiones. La primera de ellas a la ciudad alemana de Karlsruhe en 1895 ten\u00eda boleto de regreso; la segunda peregrinaci\u00f3n, la de Par\u00eds en 1904, tres a\u00f1os antes de su muerte y subvencionada por Justo Sierra, no tendr\u00e1 regreso. Los dos viajes son, desde luego, modeladores de su fisonom\u00eda: en el de 1895, Ruelas entra en contacto con el romanticismo alem\u00e1n, tambi\u00e9n estudia a Durero, Schongauer, Cranach, Grien, pero no a Mathias Gr\u00fcnewald. En el segundo viaje, de 1904, Ruelas \u201cse disipa\u201d, como afirm\u00f3 Teresa del Conde en su libro de referencia. De hecho, en Par\u00eds, Ruelas trabaja poco \u201cy tiene miedo de ser regresado a M\u00e9xico\u201d; en una palabra, el car\u00e1cter del decadentista se forj\u00f3 en el segundo viaje a fuerza de precarizar su salud, envuelto en una capa que era la nube de humo de los muchos cigarrillos de su faltriquera, el flaneurismo baudeleriano y las \u00f3peras de Meyerbeer. Un puro esp\u00edritu contemplativo que perd\u00eda el tiempo con suma elegancia cerca de las b\u00f3vedas de Saint Germain. De hecho, Ruelas solamente expuso su obra en dos ocasiones a lo largo de toda su vida. Es necesario conocer el hartazgo de la vida art\u00edstica, sentirla hasta el tu\u00e9tano, para desear el olvido deliberado en la contemplaci\u00f3n y en la concentraci\u00f3n ambulante del dibujo.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">El dibujante e ilustrador<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00ed, Julio Ruelas dibujaba todo el tiempo. Sus l\u00edneas crec\u00edan de sus cuadernos como yedra trepadora por los caf\u00e9s del Barrio Latino. Pocas veces Ruelas dibuj\u00f3 en su habitaci\u00f3n del Hotel de Suez, donde vivi\u00f3 hasta su muerte por espasmo en la laringe. Prefer\u00eda la concentraci\u00f3n del que se a\u00edsla en la algarab\u00eda. Esta caracter\u00edstica no es exclusivamente parisina puesto que ya antes de su segunda peregrinaci\u00f3n, cuando habitaba su taller de la calle del Indio Triste en la ciudad de M\u00e9xico, como prefiriera el dibujo sobre la pintura, sal\u00eda del estudio en b\u00fasqueda de la concentraci\u00f3n mundana que es esa \u201catenci\u00f3n acompa\u00f1ada\u201d del ruido de los caf\u00e9s, los prost\u00edbulos o las tabernas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como dibujante e ilustrador Ruelas particip\u00f3 con mucha frecuencia en pasquines y revistas. Si poseemos un\u00a0continuum\u00a0de su obra es por la periodicidad de las publicaciones en las que particip\u00f3. Tempranamente, antes incluso de ingresar a la Escuela de Bellas Artes en 1885, dibujaba figuras burlescas para el pasqu\u00edn El Sinapismo, que dirig\u00eda Jos\u00e9 Juan Tablada. Mucho se ha discutido acerca de si sus chanzas impresas les granjearon la expulsi\u00f3n del Instituto Cient\u00edfico e Industrial de Tacubaya. Del Conde sugiere que no fue as\u00ed. M\u00e1s tarde, en 1894, nuestro artista se embarc\u00f3 a la nave de los locos de la\u00a0<em>Revista Azul<\/em>\u00a0que fund\u00f3 Manuel Guti\u00e9rrez N\u00e1jera y cuyo centro de operaciones era la cervecer\u00eda Sal\u00f3n de Comercio de la calle Palma. Es en julio de 1898 cuando aparece el primer n\u00famero de la\u00a0<em>Revista Moderna<\/em>\u00a0que fund\u00f3 el siempre inquieto Jos\u00e9 Juan Tablada. Cuando la revista apareci\u00f3, su formato era de una sola p\u00e1gina pero su proyecto trascend\u00eda esta aparente limitaci\u00f3n: dar cohesi\u00f3n al movimiento modernista latinoamericano, convocando a las voces po\u00e9ticas finiseculares m\u00e1s significativas, voces de un \u201csentimentalismo neur\u00f3tico\u201d, al decir de Alfonso Reyes. Para la<em>\u00a0Revista Moderna<\/em>, Ruelas produjo frisos, letras capitulares y vi\u00f1etas de diversos tipos. La apariencia de estas obras de primer orden es la de la arborescencia y la germinaci\u00f3n. Ramas y ra\u00edces van a ensortijarse a los cabellos de bellas mujeres decapitadas (ver la c\u00e9lebre Letra A capitular). Tambi\u00e9n lo serpentino en nupcias con lo femenino: serpientes anidadas a los miembros a la manera del Laocoonte. El amor por Serpentina lo debe Ruelas a sus lecturas del cuento\u00a0<em>El puchero de oro<\/em>\u00a0de E. T. A. Hoffmann. Hay una ilustraci\u00f3n de Job aliment\u00e1ndose del excremento de un ave dispuesta en un marco ornamental: el zacatecano devenido parisino conoci\u00f3 muy bien las ilustraciones para el\u00a0<em>Libro de Job<\/em>\u00a0de William Blake, sobre todo a partir del \u201credescubrimiento\u201d blakeano por parte del c\u00edrculo prerrafaelista de Dante Gabriel Rosetti. Este Job de Julio Ruelas es, desde luego, su lectura profunda de Blake, del romanticismo ingl\u00e9s y del posterior c\u00edrculo decadentista del prerrafaelismo con el que Ruelas sinti\u00f3 una profunda afinidad electiva. Finalmente, los motivos de m\u00e1scaras y los Pierrots son recurrentes. A\u00f1os antes del\u00a0<em>Pierrot lunaire<\/em>\u00a0de Schoenberg (1912), Ruelas produjo una hermosa serie de dibujos cuyo protagonista es Pierrot caprichoso, <em>Pierrot sepulturero<\/em>, <em>Pierrot perdido en el bosque<\/em>, <em>las nupcias de Pierrot<\/em>. Seg\u00fan mi criterio,\u00a0<em>Los caprichos de Pierrot<\/em>\u00a0forman parte de la especulaci\u00f3n literaria-dibuj\u00edstica de Julio Ruelas que se amalgaman en un proceso \u201cfantasioso\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Julio Ruelas, ilustrador, nos sumerge en una reflexi\u00f3n que bien merecer\u00eda un estudio detallado acerca de la Imaginaci\u00f3n y la Fantas\u00eda. Mar\u00eda Noel Lapoujade ha pensado estos temas con mucha hondura en su\u00a0<em>Filosof\u00eda de la Imaginaci\u00f3n<\/em>. El \u00e1mbito en el que deambula el pensamiento pl\u00e1stico de las ilustraciones de Julio Ruelas es el de la Imaginaci\u00f3n como la \u00fanica salvaci\u00f3n. Imaginaci\u00f3n redentora. Si Ruelas muri\u00f3 seg\u00fan sus propios impulsos autodestructivos a los 37 a\u00f1os debido a un espasmo en la laringe, es que muri\u00f3 como su\u00a0<em>S\u00e1tiro Ahogado<\/em>, pintura de 1904. La vida y el arte para cualquier decadentista son indisociables y la disoluci\u00f3n de una es la unificaci\u00f3n m\u00edstica con la otra. Ese fue el \u00fanico \u00e1mbito redentor que conoci\u00f3 esta alma bella de s\u00e1tiro desecado como grillo de jard\u00edn.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>Conde, Teresa del, Carlos Monsiv\u00e1is, y Antonio Saborit, <em>El viajero l\u00fagubre. Julio Ruelas Modernista 1870-1907<\/em>, M\u00e9xico, Museo Nacional de Arte. Instituto Nacional de Bellas Artes, 2007.<\/li>\n<li>Praz, Mario, <em>La carne, la muerte y el diablo en la literatura rom\u00e1ntica<\/em>, Barcelona, Acantilado, 2003.<\/li>\n<li>Raine, Kathleen, <em>Ocho ensayos sobre William Blake<\/em>, Madrid, Atalanta, 2014.<\/li>\n<li>Safranski, R\u00fcdiger, <em> Una odisea del esp\u00edritu alem\u00e1n<\/em>, Barcelona, Tusquets Editores, 2009.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Otto C\u00e1zares Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 39. Un gran dibujante. Ese fue Ruelas, el artista de corta vida, cuyo pensamiento pl\u00e1stico lo plasmo en el dibujo y la gr\u00e1fica en blanco y negro. Figura central del modernismo en tiempos porfiristas, su obra merecer\u00eda un estudio detallado acerca de la imaginaci\u00f3n y la fantas\u00eda. A mi sol redentor. Hace 110 a\u00f1os Julio Ruelas (Zacatecas, 1870-1907) logr\u00f3 autodestruirse. Fue su \u00faltimo empe\u00f1o art\u00edstico y a ello dedic\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os de vida en el Barrio Latino de Par\u00eds: a fumar y fumar y a beber y beber. Ajenjo y otros brebajes, tambi\u00e9n estupefacientes (\u00bf\u00e9ter?); con tal que le ocasionaran delirios a la manera del monje desdoblado Medardo de Los el\u00edxires del diablo de E. T. A. Hoffmann. Ten\u00eda 37 a\u00f1os cuando consum\u00f3 su muerte. En realidad, no muri\u00f3 para transfigurarse<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[53,1917,20],"tags":[480],"class_list":{"0":"post-11186","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-arte","7":"category-bicentenario-39","8":"category-revistanumero","9":"tag-julio-ruelas"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11186","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11186"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11186\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19771,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11186\/revisions\/19771"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11186"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11186"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11186"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}