﻿{"id":11133,"date":"2018-06-18T15:33:46","date_gmt":"2018-06-18T20:33:46","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11133"},"modified":"2024-06-27T13:06:04","modified_gmt":"2024-06-27T19:06:04","slug":"el-tratado-de-guadalupe-hidalgo-y-la-proteccion-a-los-mexicanos-en-eua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-tratado-de-guadalupe-hidalgo-y-la-proteccion-a-los-mexicanos-en-eua\/","title":{"rendered":"El Tratado de Guadalupe Hidalgo y la protecci\u00f3n a los mexicanos en EUA"},"content":{"rendered":"<p>Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 39.<\/span><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Los acuerdos de Paz de 1848, tras la invasi\u00f3n estadounidense, dejaron inermes a miles de mexicanos cuyas propiedades o vidas estaban establecidas en los territorios bajo nueva bandera. La diplomacia mexicana trat\u00f3 de defenderlos y dejares un estatus de ciudadanos que no fuera avasallado en sus derechos civiles, pol\u00edticos y religiososo. El protocolo de Quer\u00e9taro que buscaba ampararlos nunca fue aceptado por el gobierno de Washington.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0032.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11115\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0032.jpg\" alt=\"image003\" width=\"700\" height=\"512\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0032.jpg 700w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0032-300x219.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0032-624x456.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>a noticia de la aprobaci\u00f3n del Tratado de Guadalupe Hidalgo por el Congreso reunido en la ciudad de Quer\u00e9taro lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico la noche del 29 de mayo de 1848, hace ya casi 170 a\u00f1os. Niceto de Zamacois describi\u00f3 la escena 20 a\u00f1os despu\u00e9s:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">varios cohetes de luces y tronidos de petardos, anunciaron a la capital de M\u00e9xico la noticia de la ratificaci\u00f3n del tratado de paz. La espaciosa Plaza de Armas se ve\u00eda literalmente llena de oficiales norteamericanos que manifestaban gran regocijo y entusiasmo por los tratados. En uno de los balcones de palacio, ocupado por las autoridades de los Estados Unidos, apareci\u00f3 iluminado un cuadro en que se le\u00eda, Peace-Paz. Al dejarse ver esa inscripci\u00f3n, resonaron mil vivas que multiplicaron el entusiasmo y la alegr\u00eda de los expresados oficiales. En aquel regocijo no tomaron parte los mexicanos; pues aunque comprend\u00edan la necesidad de haber ajustado la paz, no pod\u00edan olvidar que, para alcanzarla, se hab\u00edan desprendido de riqu\u00edsimas y vastas provincias.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El proceso que llevaba a la paz entre M\u00e9xico y Estados Unidos, iniciado m\u00e1s de un a\u00f1o antes, estaba por terminar. Faltaba, no obstante, dar algunos pasos para que as\u00ed sucediera.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\">Las negociaciones<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Negociar fue parte de la estrategia del presidente James K. Polk para ganar la guerra contra M\u00e9xico, declarada por su gobierno en mayo de 1846. As\u00ed, a los diez meses de conocer la ca\u00edda de Veracruz, nombr\u00f3 comisionado de paz a Nicholas P. Trist, oficial mayor del Departamento de Estado, quien hab\u00eda servido como c\u00f3nsul en La Habana de 1834 a 1841 y por tanto hablaba espa\u00f1ol. Trist recibi\u00f3 sus instrucciones en abril de 1847. Deb\u00eda adquirir los ya ocupados territorios de Nuevo M\u00e9xico y Alta California y fijar el r\u00edo Bravo como l\u00edmite suroeste de Texas. Intentar\u00eda a\u00f1adir Baja California y el \u201cpaso y tr\u00e1nsito\u201d por el istmo de Tehuantepec, aun cuando esto no era indispensable. Pod\u00eda ofrecer compensaciones de entre 15 y 30 millones de d\u00f3lares, as\u00ed como admitir las reclamaciones de los ciudadanos de Estados Unidos contra M\u00e9xico hasta por un total de tres millones. Prometer\u00eda garantizar por escrito los derechos y propiedades de los mexicanos que permanecieran en los territorios adquiridos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s de su arribo a nuestro pa\u00eds y antes de que el ej\u00e9rcito invasor llegara a la capital, Trist celebr\u00f3 negociaciones gracias a la mediaci\u00f3n de los ingleses que fueron un fracaso. Pese a las derrotas y la amenaza sobre la ciudad de M\u00e9xico, los hasta entonces vencidos acced\u00edan a lo m\u00e1s a renunciar a Texas, pero con el r\u00edo Nueces como l\u00edmite, y a una peque\u00f1a parte de Alta California; exig\u00edan que Washington pagara las reclamaciones de sus ciudadanos y los da\u00f1os causados por sus tropas y que, en las \u00e1reas cedidas, reconociera las adjudicaciones de tierras y protegiese a la Iglesia cat\u00f3lica. Se negaban as\u00ed a admitir los t\u00e9rminos que, seg\u00fan el enemigo, reflejaban su desesperanzada situaci\u00f3n militar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trist suspendi\u00f3 las conversaciones y dej\u00f3 el camino libre a los soldados. Al saberlo, Polk, quien ante los triunfos militares pensaba ya adquirir m\u00e1s y pagar menos, le llam\u00f3 de vuelta a Washington. Trist recibi\u00f3 la orden en noviembre de 1847, cuando al fin parec\u00eda posible un acuerdo de paz, pues el partido moderado ocupaba el gobierno formado en Quer\u00e9taro, y se percat\u00f3 que, de irse, los partidarios de la guerra tomar\u00edan el poder. Por otra parte, el conflicto le parec\u00eda injusto; tem\u00eda que su alargamiento causara la anexi\u00f3n de todo M\u00e9xico a Estados Unidos y, a la postre, una ruptura en este. Aun cuando opinaba que alg\u00fan d\u00eda M\u00e9xico elegir\u00eda sumarse a la rep\u00fablica del norte, cre\u00eda que antes era preciso que se recobrara y educase en la democracia; necesitaba paz, la cual no se lograr\u00eda si la facci\u00f3n belicosa tomaba el mando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue as\u00ed que decidi\u00f3 desobedecer y seguir las discusiones hasta el final. El 2 de enero de 1848 comenz\u00f3 a reunirse con Miguel Atrist\u00e1in, Bernardo Couto y Luis G. Cuevas nombrados comisionados por parte de M\u00e9xico por el general Pedro Mar\u00eda Anaya, a quien el Congreso hab\u00eda designado presidente a la renuncia del general Antonio L\u00f3pez de Santa Anna. Polk se indignar\u00eda al enterarse de la desobediencia de su comisionado; habl\u00f3 entonces de cesarlo, pero se lo impidieron la posibilidad de que Trist ya hubiera suscrito un acuerdo razonable y el miedo a la reacci\u00f3n de sus opositores en el Congreso. Por lo dem\u00e1s, Trist hab\u00eda seguido sus instrucciones. Pudo exigir m\u00e1s, pero comprendi\u00f3 que hacerlo equival\u00eda a suspender las pl\u00e1ticas. Negoci\u00f3 varias semanas; por fin, a las seis de la tarde del jueves 2 de febrero de 1848, firm\u00f3 el Tratado de Guadalupe Hidalgo. Esa misma noche pidi\u00f3 al corresponsal del <em>Delta<\/em> de Nueva Orle\u00e1ns que lo llevara a Washington.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">El tratado<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Const\u00f3 de 23 art\u00edculos, adem\u00e1s de uno secreto, y norma a\u00fan parcialmente las relaciones M\u00e9xico-Estados Unidos. Abordaremos tres: el 8\u00ba, 9\u00ba y 10\u00ba, los cuales evidencian la reflexi\u00f3n que se ven\u00eda haciendo en M\u00e9xico sobre las garant\u00edas individuales y que, sin duda, ser\u00eda compartida por los constituyentes del \u201857, quienes les dedicaron un cap\u00edtulo entero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reinaba gran preocupaci\u00f3n por lo que Cuevas llamaba \u201cla suerte futura de los habitantes de Nuevo M\u00e9xico y de la Alta California\u201d. Si bien era de suponerse que la Constituci\u00f3n y las leyes de Estados Unidos proteger\u00edan sus derechos, se quisieron obtener garant\u00edas para ellos. El art\u00edculo 8\u00ba norm\u00f3 que los mexicanos vecinos de los territorios que cambiaban de manos pudieran permanecer en ellos o mudarse a M\u00e9xico cuando quisieran, se asegur\u00f3 el respeto inviolable de sus bienes, que podr\u00edan vender, trasladar o retener, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Quienes se quedaran habr\u00edan de elegir antes de un a\u00f1o entre la ciudadan\u00eda estadunidense y la mexicana. Aquellos que no lo hicieran tendr\u00edan la primera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El art\u00edculo 9\u00ba confirm\u00f3 a estos mexicanos el goce de su libertad, propiedades y derechos civiles, como se los otorgaban las leyes mexicanas e iguales a los estadunidenses. Se ampar\u00f3 la pr\u00e1ctica religiosa y el uso de sus bienes a cl\u00e9rigos, comunidades y corporaciones eclesi\u00e1sticas y otro las relaciones entre los cat\u00f3licos y las jerarqu\u00edas en M\u00e9xico, mientras no se trazaran nuevos distritos seg\u00fan las leyes de la Iglesia cat\u00f3lica romana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El art\u00edculo 10\u00ba ratific\u00f3 la validez de las concesiones de tierra hechas por las autoridades mexicanas en Texas, Nuevo M\u00e9xico y California. Quienes tuvieran la posesi\u00f3n, pero no hubiesen cumplido los requisitos, habr\u00edan de hacerlo en un plazo fijo; de no hacerlo la perder\u00edan. Los comisionados mexicanos pretend\u00edan que los propietarios pudieran completar la legalizaci\u00f3n de sus t\u00edtulos, demorada por los cambios pol\u00edticos y la lentitud de la burocracia. Se resaltaba el caso de Texas, donde desde su independencia se hab\u00edan acumulado las quejas de reclamantes mexicanos despose\u00eddos por estadunidenses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Tratado de Guadalupe Hidalgo dio fin a la guerra, pero ha contribuido a las fricciones y disparidad en las relaciones entre ambos pa\u00edses. Para M\u00e9xico, que trat\u00f3 de salvar lo m\u00e1s posible a trav\u00e9s de sus diplom\u00e1ticos, prob\u00f3 su condici\u00f3n rezagada. A Estados Unidos le facilit\u00f3 el despegue como potencia americana; gan\u00f3 un territorio gigantesco y rico en recursos, ampli\u00f3 su litoral en el oc\u00e9ano Pac\u00edfico tanto como su ambici\u00f3n y tuvo adem\u00e1s la certeza de su Destino Manifiesto. De cualquier forma, apenas comenzaba el proceso para que el tratado entrara en vigor. Faltaban tres pasos: la aprobaci\u00f3n de los respectivos Congresos, las ratificaciones presidenciales y el canje de estas.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">La paz en Estados Unidos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oportunidad y la tentaci\u00f3n de tomar m\u00e1s territorio eran mayores que nunca cuando el Tratado de Guadalupe Hidalgo lleg\u00f3 a Washington. El gobierno de Polk pod\u00eda exigir que la paz reflejara los triunfos militares as\u00ed como el costo humano y material. En su \u00faltimo mensaje anual hab\u00eda dejado las posibilidades abiertas y cuando revis\u00f3 el acuerdo con el gabinete, admiti\u00f3 que \u00e9l habr\u00eda pedido m\u00e1s, tal vez llegar a la Sierra Madre. Lo indignaban los t\u00e9rminos fijados por Trist y pudo vetarlos; pero tuvo que ser prudente ante la creciente divisi\u00f3n en su propio partido y, peor a\u00fan, dentro del pa\u00eds. Tem\u00eda que su gobierno perdiera apoyo por la actitud de sus enemigos en el Congreso, que lo culpaban de la guerra. Hab\u00eda adem\u00e1s presiones financieras. Los dem\u00f3cratas recelaban de que el gasto b\u00e9lico creciente llevara a restaurar los aranceles altos. Los c\u00edrculos comerciales se sent\u00edan inquietos por el d\u00e9ficit administrativo y la posibilidad de otro pr\u00e9stamo b\u00e9lico. Polk tambi\u00e9n quer\u00eda aumentar las oportunidades de su partido en la pr\u00f3xima elecci\u00f3n presidencial. Por lo dem\u00e1s, el pa\u00eds se hallaba cansado de la guerra; tres d\u00edas despu\u00e9s de la llegada del tratado, su contenido se filtr\u00f3 a la prensa y la reacci\u00f3n colectiva fue de alivio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas consideraciones, junto con el riesgo de agregar a su pa\u00eds una poblaci\u00f3n numerosa y extra\u00f1a si se reanudaba la guerra, decidieron al ejecutivo a someter al tratado al Senado, aunque invit\u00e1ndolo a eliminar el art\u00edculo 10\u00ba. El 28 de febrero, 34 senadores dem\u00f3cratas y 11 <em>whigs<\/em> comenzaron a discutir, hacer y rechazar propuestas. Al final, el documento recibi\u00f3 siete enmiendas, algunas mayores que otras. Para el tema aqu\u00ed abordado, hay que destacar la del art\u00edculo 9\u00ba, cuyo texto se remplaz\u00f3 con otro m\u00e1s vago y general. Se sacrificaron los derechos pol\u00edticos y civiles de los mexicanos que permanecieran en Estados Unidos; ni ellos recibir\u00edan la ciudadan\u00eda ni los nuevos territorios ser\u00edan estados sino \u201cen tiempo oportuno\u201d y a juicio del Congreso. Se borraron los p\u00e1rrafos sobre privilegios clericales y nada m\u00e1s se asegur\u00f3 el libre ejercicio de la religi\u00f3n; se vet\u00f3 la protecci\u00f3n especial a una iglesia \u2013lo cual era anticonstitucional\u2013 y rompieron los lazos con la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica en M\u00e9xico. Asimismo, el Senado acept\u00f3 la recomendaci\u00f3n de eliminar el art\u00edculo 10\u00ba. Se juzg\u00f3 que pod\u00eda resucitar reclamaciones en Texas, ya nulas, as\u00ed como dar pie a litigios largos e injustos. Era tambi\u00e9n ofensivo para la soberan\u00eda de este estado y se presum\u00eda la existencia de permisos ilegales en Alta California y Nuevo M\u00e9xico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Tratado de Guadalupe Hidalgo recibi\u00f3 la aprobaci\u00f3n del Senado el 10 de marzo, por 38 votos contra 14. Polk lo ratific\u00f3 el 16. Las noticias se propagaron con rapidez; era el arreglo m\u00e1s aceptable para la mayor\u00eda estadunidense, pues se obten\u00edan comarcas grandes, ricas y, mejor a\u00fan, poco pobladas.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Aprobaci\u00f3n y ratificaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hab\u00eda la posibilidad de que, por las enmiendas, M\u00e9xico objetara al tratado, Polk decidi\u00f3 enviar a dos comisionados: el senador Ambrose H. Sevier, presidente del comit\u00e9 de Relaciones Exteriores del Senado, y su Procurador General, Nathan Clifford. Le alarmaba un rechazo, pues alargar el conflicto pondr\u00eda en su contra a la opini\u00f3n p\u00fablica. Sus instrucciones fueron no alterar la \u00faltima versi\u00f3n del tratado y no negociar otro. Deb\u00edan hacer ver a los mexicanos las ventajas de restaurar pronto la paz, en condiciones tan favorables, y recalcar que si la guerra se renovaba, Estados Unidos tendr\u00eda que adue\u00f1arse, sin pago inmediato, de un gran territorio para cubrir los gastos de guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto llegaron, Clifford y Sevier se pusieron a las \u00f3rdenes del secretario de Relaciones; dijeron estar autorizados para el canje de ratificaciones y listos para hacer aclaraciones. Luis de la Rosa acus\u00f3 recibo, pero les pidi\u00f3 que aguardaran a la reuni\u00f3n y resoluci\u00f3n de las c\u00e1maras para viajar a Quer\u00e9taro. Pero no hubo <em>quorum<\/em> sino hasta el 3 de mayo; hab\u00eda sido preciso celebrar elecciones, pero adem\u00e1s reunir fondos para pagar los vi\u00e1ticos de los legisladores. El presidente interino Manuel de la Pe\u00f1a y Pe\u00f1a \u2013quien hab\u00eda sucedido al general Anaya a principios de a\u00f1o\u2013 abri\u00f3 las sesiones el 7, con un discurso elocuente donde enunci\u00f3 las razones para apoyar la paz; en el mismo sentido respondi\u00f3 Francisco Elorriaga, presidente del Congreso. El 9 De la Rosa explic\u00f3 el contenido y advirti\u00f3 que, si la guerra continuaba, los males ser\u00edan terribles. Se oy\u00f3, adem\u00e1s, al general Pedro Mar\u00eda Anaya, ministro de Guerra, quien describi\u00f3 la situaci\u00f3n militar y la dificultad de reanudar las hostilidades, tanto como a los comisionados mexicanos, que insistieron en que la derrota se decidi\u00f3 en el campo de batalla, no en la mesa de discusi\u00f3n. Conced\u00edan que el tratado era \u201cuna gran desgracia\u201d, aun cuando imped\u00eda la prosecuci\u00f3n de la guerra y mayores p\u00e9rdidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hechos apoyaban la postura del gobierno. La situaci\u00f3n financiera era desesperada. En el terreno militar, se acababan de perder Chihuahua y las costas del mar de Cort\u00e9s. De modo que la mayor\u00eda de los congresistas opt\u00f3 por el mal menor: aceptar el tratado significaba salvar el ser pol\u00edtico de M\u00e9xico, impugnarlo reanudar\u00eda las batallas, demorar\u00eda la paz interna y causar\u00eda un mayor sacrificio territorial. Los comit\u00e9s de Relaciones Exteriores dictaminaron a favor; luego de un fuerte debate en el pleno de cada C\u00e1mara, la baja vot\u00f3 a favor el 19 de mayo (51-35) y la alta el 25 (33-4).<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Protocolo de Quer\u00e9taro<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los comisionados llegaron a Quer\u00e9taro el mismo 25 por la tarde. De la Pe\u00f1a los recibi\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente ante el gabinete as\u00ed como funcionarios civiles y militares. Ambas partes expresaron el deseo de establecer relaciones amistosas. Segu\u00edan la ratificaci\u00f3n presidencial y luego su canje con la estadunidense, pero se tardaron cinco d\u00edas, pasados en recepciones y conferencias. Una de suma importancia fue cuando De la Rosa, Cuevas y Couto pidieron una aclaraci\u00f3n de las enmiendas. Como los comisionados respondieron que no alteraban en lo m\u00e1s m\u00ednimo la esencia del arreglo, el primero les pidi\u00f3 que lo pusieran por escrito; no les qued\u00f3 m\u00e1s remedio que hacerlo, pese a sus \u00f3rdenes de evitar notas escritas en lo posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue el origen del llamado Protocolo de Quer\u00e9taro, que establec\u00eda que, al modificar el art\u00edculo 9\u00ba, el Senado de Estados Unidos no pretendi\u00f3 cancelar nada de lo pactado en favor de los habitantes de territorios cedidos por M\u00e9xico, quienes gozar\u00edan de sus garant\u00edas civiles, pol\u00edticas y religiosas. Sobre la supresi\u00f3n del art\u00edculo 10\u00ba, se esclareci\u00f3 que no hab\u00eda el intento de anular las concesiones de tierra hechas por M\u00e9xico y sus poseedores podr\u00edan defender sus t\u00edtulos leg\u00edtimos en los tribunales. As\u00ed, seg\u00fan el protocolo, Estados Unidos se obligaba a respetar los derechos y patrimonio de los mexicanos en las provincias anexadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conforme con esta explicaci\u00f3n, De la Rosa se oblig\u00f3 a proceder a la firma del Tratado y el canje de ratificaciones despu\u00e9s de que los comisionados y \u00e9l firmaran el protocolo. De tal modo les arranc\u00f3 un compromiso tan importante que lo present\u00f3 a las C\u00e1maras, que expresaron su agrado un\u00e1nimemente, y lo public\u00f3 en la prensa. Los estadunidenses, empero, apenas lo mencionaron en su despacho al Departamento de Estado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La firma de presidencial y el canje de ratificaciones tuvieron lugar el 30 de mayo. El mismo d\u00eda, el general Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Herrera fue electo presidente constitucional de M\u00e9xico. Tom\u00f3 posesi\u00f3n el 3 de junio. \u00c9l y su gabinete se trasladaron al pueblo de Mixcoac, en las afueras de la capital, donde aguardaron la salida del ej\u00e9rcito invasor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las noticias llegaron a Washington el 22, mientras el tratado ratificado por M\u00e9xico arrib\u00f3 el 4 de julio. Polk ten\u00eda lista desde antes la proclamaci\u00f3n de la paz, pero quiso firmarla en el aniversario de la independencia de su pa\u00eds. Dos d\u00edas despu\u00e9s present\u00f3 el tratado al Congreso, junto con los documentos que ilustraban las diversas negociaciones, sin incluir el Protocolo de Quer\u00e9taro. La suerte de los mexicanos que permanecieron en Estados Unidos qued\u00f3 en sus manos y las de los diplom\u00e1ticos mexicanos, quienes tratar\u00edan de defenderla con empe\u00f1o. Sobra decir que no les fue muy bien, pero esa es otra historia.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>\u201cTratado de Guadalupe Hidalgo. Tratado de paz, amistad y l\u00edmites entre la Rep\u00fablica Mexicana y los Estados Unidos de Am\u00e9rica\u201d, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/XtY81G\">https:\/\/goo.gl\/XtY81G<\/a><\/li>\n<li>V\u00e1zquez, Josefina Zoraida, \u201cEl Tratado de Guadalupe Hidalgo\u201d, <em>Revista de la Universidad de M\u00e9xico<\/em>, 1999, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/cmgbdE\">https:\/\/goo.gl\/cmgbdE<\/a><\/li>\n<li>\u201cTratados de Guadalupe Hidalgo\u201d, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/1HdLXM\">https:\/\/goo.gl\/1HdLXM<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam.\u00a0 39. Los acuerdos de Paz de 1848, tras la invasi\u00f3n estadounidense, dejaron inermes a miles de mexicanos cuyas propiedades o vidas estaban establecidas en los territorios bajo nueva bandera. La diplomacia mexicana trat\u00f3 de defenderlos y dejares un estatus de ciudadanos que no fuera avasallado en sus derechos civiles, pol\u00edticos y religiososo. El protocolo de Quer\u00e9taro que buscaba ampararlos nunca fue aceptado por el gobierno de Washington. La noticia de la aprobaci\u00f3n del Tratado de Guadalupe Hidalgo por el Congreso reunido en la ciudad de Quer\u00e9taro lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico la noche del 29 de mayo de 1848, hace ya casi 170 a\u00f1os. Niceto de Zamacois describi\u00f3 la escena 20 a\u00f1os despu\u00e9s: varios cohetes de luces y tronidos de petardos, anunciaron a la capital de M\u00e9xico la noticia de la ratificaci\u00f3n del<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,1917,20],"tags":[1922,463,1921,1447],"class_list":{"0":"post-11133","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-39","8":"category-revistanumero","9":"tag-guerra-de-1847","10":"tag-guerra-mexico-estados-unidos","11":"tag-intervencion-estadounidense","12":"tag-intervencion-estadunidense"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11133","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11133"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11133\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19782,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11133\/revisions\/19782"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11133"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11133"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11133"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}