﻿{"id":11130,"date":"2018-06-18T15:21:12","date_gmt":"2018-06-18T20:21:12","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=11130"},"modified":"2024-06-27T13:12:03","modified_gmt":"2024-06-27T19:12:03","slug":"la-opera-conquista-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-opera-conquista-mexico\/","title":{"rendered":"La \u00f3pera conquista M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Arturo Aguilar Ochoa y Montserrat Valdez Alc\u00e1ntara<br \/>\nBenem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla<\/p>\n<h3><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam.\u00a0 39.<\/span><\/strong><\/h3>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Las grandes figuras del entretenimiento en 1836 en la ciudad de M\u00e9xico eran dos bellas artistas italianas, Mar\u00eda Albini y Adela Cesari que lograban poner par\u00e9ntesis a esos tiempos de complicaciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas. Sus voces insuperables generaban desde aplausos fren\u00e9ticos, l\u00e1grimas y suspiros hasta grupos de seguidores y discuciones acaloradas fuera del teatro principal donde representaban <em>Norma<\/em>, <em>La Urraca<\/em> o <em>El Condestable de Chester<\/em>.<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0022.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11114\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0022.jpg\" alt=\"image002\" width=\"700\" height=\"543\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0022.jpg 700w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0022-300x232.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image0022-624x484.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>l a\u00f1o 1836 podr\u00eda pasar desapercibido en nuestra historia nacional ya que se inscribi\u00f3 dentro de una larga etapa que tiene como signo un gran n\u00famero de dificultades para M\u00e9xico o, dicho de otra manera, un nuevo eslab\u00f3n en la cadena de calamidades, pero el espect\u00e1culo de la \u00f3pera encerr\u00f3 contradicciones de luces y sombras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas hab\u00edan pasado quince a\u00f1os desde la consumaci\u00f3n de la independencia y el optimismo con que se pod\u00eda vislumbrar el futuro se ahogaba estrepitosamente: el pa\u00eds oscilaba por numerosos cambios de gobierno, desde un imperio hasta una rep\u00fablica federal y otra centralista, que luchaban por imponer sus proyectos; un intento fallido de aplicar reformas liberales en 1833, que gener\u00f3 levantamientos en todo el territorio, las constantes revueltas y asonadas o, como se les llamaba en esa \u00e9poca, \u201cpronunciamientos\u201d, que no cesaron ni permitieron que se consolidara casi ning\u00fan gobierno. El \u00fanico periodo presidencial que se cumpli\u00f3 por completo fue el del general Guadalupe Victoria, entre 1824 y 1828; todos los dem\u00e1s no llegaron a los cuatro a\u00f1os establecidos. En 1836 fueron aprobadas las llamadas Sietes Leyes, que tantos trastornos provocaron a la sociedad. Pero, en esos momentos, lo que m\u00e1s preocupaba a los mexicanos era lo que suced\u00eda en Texas. A partir de que esa provincia hab\u00eda decidido declarar su independencia, el gobierno realiz\u00f3 enormes esfuerzos por recuperarla; con los consecuentes gastos para el aprovisionamiento, vestimenta y equipamiento militar que requer\u00eda el ej\u00e9rcito mexicano; el simple traslado a una provincia tan lejana, que implicaba m\u00e1s de un mes de viaje atravesando desiertos, r\u00edos y zonas pocas pobladas, ocasion\u00f3 la p\u00e9rdida de muchos hombres antes de llegar a entablar alguna batalla, sin contar, desde luego, las deserciones. Por supuesto, el general que intent\u00f3 recuperar el territorio rebelde fue el h\u00e9roe del momento: Antonio L\u00f3pez de Santa Anna quien, por cierto, no tuvo \u00e9xito en la empresa y, al final, tambi\u00e9n result\u00f3 un fiasco la supuesta reconquista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por si esto fuera poco, la amplia circulaci\u00f3n de monedas falsas de cobre gener\u00f3 conflictos econ\u00f3micos y la persecuci\u00f3n de importantes figuras que participaron en el delito de la falsificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 por ello, en medio de estos grandes problemas que aquejaban a la naci\u00f3n, la sociedad capitalina de entonces busc\u00f3 en las diversiones alg\u00fan escape o refugio para olvidar y sustraerse de la dura realidad del momento. Las ascensiones aerost\u00e1ticas del se\u00f1or Robertson atra\u00edan multitudes en la plaza de toros, lo mismo que la llegada del primer elefante mexicano a un circo, lo cual asombr\u00f3 a los c\u00e1ndidos habitantes y, ni que decir, el furor causado por la presentaci\u00f3n de lo que algunos peri\u00f3dicos mencionaban como el espect\u00e1culo de unas pulgas vestidas. Los toros y el teatro, desde luego, eran las diversiones m\u00e1s comunes; pero, lo que realmente sorprendi\u00f3 al p\u00fablico capitalino fue la llegada de una compa\u00f1\u00eda de \u00f3pera y el favoritismo que se brind\u00f3 a dos de sus principales divas italianas. La empresa hab\u00eda llegado al pa\u00eds a principios de 1836 y desde entonces todo el elenco \u2013incluido el decorador de los telones, el pintor italiano Pedro Gualdi\u2013 despert\u00f3 la curiosidad de los capitalinos; apenas sal\u00edan los cantantes a la calle, la gente de todas las clases sociales se arremolinaba en torno a ellos para conocerlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La compa\u00f1\u00eda comenz\u00f3 a dar funciones desde febrero en el famoso Teatro Principal, viejo edificio que databa del siglo XVIII y que para algunos viajeros, como madame Calder\u00f3n de la Barca, estaba \u201coscuro, sucio y foco de malos olores, y los pasillos que conducen a los palcos iluminados del modo peor, de suerte que en la oscuridad no sabe uno donde pisa\u201d. Sin embargo, en ese marco la compa\u00f1\u00eda caus\u00f3 inmediatamente un verdadero revuelo en todos los grupos sociales, ya que no era la primera vez que llegaba una compa\u00f1\u00eda de \u00f3pera y los capitalinos estaban acostumbrados al <em>bel canto<\/em> y a escuchar el gorjeo de los cantantes, lo que se hab\u00eda convertido en una pasi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan Manuel Payno, quien lo registr\u00f3 en su conocida novela <em>Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo<\/em>, las \u00f3peras favoritas del p\u00fablico fueron: <em>Norma<\/em>, <em>La urraca ladrona<\/em>, <em>El pirata<\/em>, <em>El condestable de Chester<\/em>, <em>La italiana en Argel<\/em>, <em>Isabel de Inglaterra<\/em>, <em>La casa deshabitada<\/em>, <em>Los Capuletos<\/em>, <em>Guillermo Tell<\/em>, <em>Mois\u00e9s en Egipto<\/em>, <em>La donna del lago<\/em>, <em>Zelmira<\/em>, <em>Lo straniera<\/em> \u2013de autores como Vincenzo Bellini y Gioachino Rossini\u2013, entre otras m\u00e1s, las cuales ten\u00edan, seg\u00fan su relato, en una especie de encanto a la ciudad de M\u00e9xico, sin permitir que nadie se ocupase de otra cosa ni hablase m\u00e1s que de la \u00f3pera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan el mismo Payno, los partidos pol\u00edticos, tan vehementes, calmaron sus pasiones, las logias mas\u00f3nicas dormitaban, los hermanos prefer\u00edan irse al teatro que jugar la tradicional partida de naipes en las tertulias. Yorkinos y escoceses llegaron a firmar una tregua, aquellas personas que no ten\u00edan dinero empe\u00f1aban sus alhajas en el montep\u00edo para continuar abonados al teatro e incluso \u201clos empleados de algunas oficinas vendieron sus sueldos a los usureros. En resumen, las \u00f3peras favoritas del repertorio ten\u00edan a M\u00e9xico en una suerte de encanto que no permit\u00eda a nadie ocuparse de otra cosa ni hablase m\u00e1s que de \u00f3pera\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Mar\u00eda Albini, <em>la prima donna<\/em>, cant\u00f3 <em>Norma<\/em> por primera vez, fue tal la emoci\u00f3n del p\u00fablico que no s\u00f3lo hubo aplausos fren\u00e9ticos, sino l\u00e1grimas, suspiros, apretones de mano, quejidos; hasta los hombres lloraron y poco falt\u00f3 para que los espectadores saltaran al foro, liberasen a Norma junto a sus hijos, se llevasen a la cantante que representaba a Adalgisa e hicieran trizas a los villanos de la obra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no era para menos, Albini era una de las m\u00e1s destacadas cantantes de la \u00e9poca, que lleg\u00f3 de Italia a M\u00e9xico precedida de una gran fama por sus actuaciones en Mil\u00e1n, Roma y Par\u00eds, adem\u00e1s de ser una mujer muy bella, de unos 26 a\u00f1os de edad, descrita por Payno como \u201calta y robusta mujer, blanca como la leche, de porte majestuoso, de ojos peque\u00f1os pero muy negros y una perfecta nariz romana que le nac\u00eda de la frente, como a las estatuas que se ven en los museos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La otra cantante, Adela Cesari, concit\u00f3 tambi\u00e9n la atenci\u00f3n por su notable belleza, pues \u201cera o parec\u00eda napolitana, llena de atractivos al mirar, al hablar, al re\u00edr, al moverse, al andar, toda ella gracia y voluptuosidad\u201d, lo que le gener\u00f3 muchos admiradores y destac\u00f3 en obras como <em>El condestable de Chester<\/em>. Con voz de contralto, Cesari provoc\u00f3 en su primera aparici\u00f3n un entusiasta y nutrido aplauso, y todo el ruido que se pudiera hacer con los pies, los bastones o las bancas. Desde luego, tambi\u00e9n impactaron varios hombres del elenco. Adem\u00e1s de sus potentes voces, la mayor\u00eda \u2013se dec\u00eda\u2013 eran muy guapos, como Mussati, un delicioso tenorcillo al estilo de Nicoli y Sirletti, fogoso y arrebatador; Galli, un bajo profundo que hac\u00eda temblar el teatro cuando cantaba el aria del <em>Duque de Caldo<\/em>sa; Supantini, el bufo popular y simp\u00e1tico que tuteaba a todo M\u00e9xico, y, para completar el cuadro, la orquesta con los m\u00fasicos y un gran n\u00famero de coristas graciosas y atractivas a m\u00e1s no poder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como era de esperarse, el p\u00fablico form\u00f3 grupos para apoyar a una u otra de las divas: el de los albinitas y el de los cesaristas. Nunca faltaron las discusiones acaloradas. Al entrar y salir del teatro se formaban en el vest\u00edbulo bandas de apoyo a una u otra. M\u00e1s all\u00e1 de gritos, insultos o porras, se lleg\u00f3 incluso a duelos entre las personas de cierto rango social; la lucha entre yorkinos y escoceses, entre centralistas y federalistas, pas\u00f3 a ser un juego de ni\u00f1os comparado, dicen, con las divisiones que generaron las compa\u00f1\u00edas de \u00f3pera. Payno relata que en la noche de la funci\u00f3n en beneficio de Albini, su cuarto estaba literalmente cubierto de flores y regalos y con sorpresa vio el regalo del viejo conde de Regla, que era una talega de 1 000 pesos, atada con cordones y cintas de seda. A su vez, en su beneficio, la Cesari tambi\u00e9n recibi\u00f3 muestras similares, adem\u00e1s de una charola de plata que portaba un magn\u00edfico aderezo de brillantes con un valor de 5 000 pesos, regalo del conde de la Cortina.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">\u00bfFantas\u00eda o verdad?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto, que se antojar\u00eda exagerado en las narraciones de Payno, tiene un fondo de verdad; en varios legajos sobre teatros y diversiones p\u00fablicas en el archivo del Ayuntamiento de la ciudad de M\u00e9xico, se encuentran innumerables quejas y solicitudes de aplacar el desorden a las afueras del teatro. Entre las encontradas, algunas por dem\u00e1s curiosas, est\u00e1 aquella fechada el 17 de julio de 1836, dirigida al gobernador de la ciudad de M\u00e9xico en la cual se le pide que suspenda la ejecuci\u00f3n de la \u00f3pera <em>Los capuletos<\/em>, ya que corr\u00eda el rumor de que la interpretar\u00eda madame Albini y no la Cesari, como originalmente estaba programada. Se aduc\u00eda, por supuesto sin ning\u00fan fundamento, que el papel en <em>Los capuletos<\/em> era adecuado especialmente para la primera. Entre los firmantes se encontraban personas de reconocido prestigio como Mar\u00eda Ana G\u00f3mez de la Cortina (condesa del mismo nombre y madre del gobernador), Francisco S\u00e1yago, Manuel Gargollo, Tel\u00e9sforo Castillo, el senador Basillo Guerra, Juan de Dios Peza (padre del famoso poeta) y don Anselmo de Zurutuza, entre otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabr\u00eda preguntarse si efectivamente para los habitantes de la ciudad de M\u00e9xico eran verdaderamente m\u00e1s importantes asuntos tan fr\u00edvolos como los papeles de la \u00f3pera o, simplemente, se trataba de una forma de escapar a la dura realidad que asolaba a la rep\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, tambi\u00e9n nos hemos preguntado si Manuel Payno recurri\u00f3 a la fantas\u00eda o a la verdad al asegurar que, cuando la compa\u00f1\u00eda de \u00f3pera viajaba a Veracruz para embarcarse de regreso a Europa, sus integrantes fueron asaltados en R\u00edo Fr\u00edo; algo por dem\u00e1s normal, pues para el a\u00f1o en que regresaron \u2013quiz\u00e1s a finales de 1837 o principios de 1838\u2013, esa zona boscosa ya era el lugar predilecto de los asaltantes, los cuales no ten\u00edan freno a sus fechor\u00edas, y los d\u00e9biles gobiernos no hab\u00edan podido controlarlos. De hecho, se comprob\u00f3 que un ayudante del mism\u00edsimo general Santa Anna, el general Y\u00e1\u00f1ez, era jefe de una banda. En efecto, no fueron pocas las diligencias que sufrieron esos ataques y muchos viajeros, adem\u00e1s de ser despojados de sus pertenencias, fueron obligados a desprenderse de sus ropas, quedando desnudos y facilitando as\u00ed que los bandidos pudiesen escapar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la novela se narra el enorme susto que sufrieron los cantantes cuando, de improviso, aparecieron los enmascarados en medio del camino y obligaron a los dos coches a detenerse; hubo incluso el intento del valiente italiano Giaccomo Vellani, esposo de la Albini, por defenderse; pero todo fue in\u00fatil pues los bandidos, al darse cuenta, lanzaron disparos al aire para intimidar cualquier resistencia. Despu\u00e9s procedieron a revisar las maletas, ba\u00fales y sacos, regando los vestidos y los adornos del teatro, que fue lo \u00fanico que encontraron, pues inteligentemente, la compa\u00f1\u00eda hab\u00eda mandado todas sus ganancias y regalos en una <em>conducta secreta<\/em> que los ladrones no pudieron detectar. Sin embargo, ante las s\u00faplicas de los artistas, el convencimiento de que no tra\u00edan dinero y sabedores de qui\u00e9nes eran sus v\u00edctimas, los ladrones tuvieron una idea sorpresiva que nadie esperaba: pidieron que en pleno bosque cantaran sus arias m\u00e1s famosas. Ante ello, algunos pensaron que era la mejor concesi\u00f3n que pod\u00edan arrancarles pues el enojo y la frustraci\u00f3n de los asaltantes pod\u00edan ocasionar que los mataran a todos, de modo que decidieron cambiar de ropa para ponerse a tono. Enorme fue su sorpresa cuando vieron sacar de los ba\u00fales trajes de una reina de Babilonia, otro del Condestable de Chester o de Adalgisa, que a muchos \u2013procedentes de la sierra de Chalma\u2013 les hizo pensar que eran ornamentos de la iglesia o de personajes muy elevados, ya que nunca hab\u00edan visto nada parecido en las personas que atravesaban el camino, regularmente vestidos con sarapes y capotones, que nada ten\u00edan que ver con estas telas finas, de raso, terciopelo y galones de oro y plata que portaban los artistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron el tenor Galli y la se\u00f1ora Cesari quienes aceptaron cumplir este capricho, haci\u00e9ndolo con tanto entusiasmo que hasta los p\u00e1jaros en las copas de los \u00e1rboles se conmovieron, dice Payno. El primero cant\u00f3 un aria que le inspir\u00f3 la majestad del bosque y lo hizo, seg\u00fan se narra en la novela, como nunca antes en el teatro, a tal grado que el jefe de los ladrones, Evaristo \u2013quien no ten\u00eda idea de esas grandezas del genio y su voz\u2013, se qued\u00f3 inm\u00f3vil y absorto al escucharlo. El mismo entusiasmo levant\u00f3 la Cesari al improvisar notas de arias que sal\u00edan con enorme dulzura de su garganta privilegiada; su voz reson\u00f3 en medio de la monta\u00f1a sorprendiendo a\u00fan m\u00e1s a la gavilla de bandidos, a tal grado que Evaristo intent\u00f3 abrazarla cuando termin\u00f3 el improvisado espect\u00e1culo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al final todos quedaron contentos y agradecidos e, incluso, los artistas se fueron saludando a sus captores desde la diligencia. Ha sido dif\u00edcil comprobar si este \u00faltimo episodio fue verdad o fantas\u00eda; las fuentes de archivo no las registraron y tampoco los peri\u00f3dicos dejaron constancia de ello, al menos los que hemos revisado, quiz\u00e1 por no tener entonces la costumbre de narrar asuntos de nota roja; sin embargo, reconociendo a Manuel Payno como un gran retratista de la vida mexicana, nos inclinamos a pensar que tenga una base real, ya que refleja la importancia que la \u00f3pera ten\u00eda en esa \u00e9poca.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li>Archivo General del Ayuntamiento de la Ciudad de M\u00e9xico, Ramo Diversiones, a\u00f1os 1836, 1837 y 1838.<\/li>\n<li><em>El escenario urbano de Pedro Gualdi 1808-1857<\/em>, M\u00e9xico, San Luis Corporaci\u00f3n y Patronato del Museo Nacional de Arte, 1997.<\/li>\n<li>Payno, Manuel, <em>Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo<\/em>, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/mpyS6r\">https:\/\/goo.gl\/mpyS6r<\/a><\/li>\n<li>Olavarr\u00eda y Ferrari, Enrique, <em>Rese\u00f1a\u00a0hist\u00f3rica\u00a0del\u00a0teatro\u00a0en\u00a0M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, La Europea, 1895, <a href=\"https:\/\/goo.gl\/nvFSp5\">https:\/\/goo.gl\/nvFSp5<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Aguilar Ochoa y Montserrat Valdez Alc\u00e1ntara Benem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla En revista BiCentenario. 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