﻿{"id":1095,"date":"2011-06-08T13:08:35","date_gmt":"2011-06-08T18:08:35","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1095"},"modified":"2021-05-04T14:56:51","modified_gmt":"2021-05-04T19:56:51","slug":"testimonio-de-un-japones-radicado-en-mexico-durante-la-segunda-guerra-mundial-teiji-sekiguchi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/testimonio-de-un-japones-radicado-en-mexico-durante-la-segunda-guerra-mundial-teiji-sekiguchi\/","title":{"rendered":"TESTIMONIO DE UN JAPON&Eacute;S RADICADO EN M&Eacute;XICO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL \/ TEIJI SEKIGUCHI"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><strong>Teiji Sekiguchi<\/strong><\/p>\n<p><strong>Testimonio de un japon\u00e9s radicado en M\u00e9xico durante la Segunda Guerra Mundial<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>C<\/strong>uando el presidente Manuel \u00c1vila Camacho supo, en el curso del d\u00eda 7 de diciembre de 1941, que aviones del Imperio japon\u00e9s hab\u00edan a atacado a las 7.55 a.m. la la flota de Estados Unidos anclada en Pearl Harbor y, posiblemente, bombardeado Manila, no debi\u00f3 dudar sobre el camino que iba a seguir. Le obligaban los pactos de cooperaci\u00f3n hemisf\u00e9rica y de defensa de la costa del Pac\u00edfico firmados meses antes con el gobierno de Estados Unidos y que facultaban a la fuerza a\u00e9rea de este pa\u00eds a servirse de nuestros aeropuertos para el aterrizaje y el servicio de las unidades en tr\u00e1nsito a otros puntos, a transmitir a Washington los datos que se recabaran sobre los agentes y ciudadanos del Eje Berl\u00edn-Roma-Tokio y a no vender materiales estrat\u00e9gicos a pa\u00edses no americanos.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para calmar el temor del vecino del norte a que Jap\u00f3n empleara territorio mexicano para atacarlo, directamente o a trav\u00e9s de sus s\u00fabditos, para asegurar la paz interna mediante la vigilancia de una !quinta columna&#8221; y para cumplir con los acuerdos panamericanos, a administraci\u00f3n de \u00c1vila Camacho conden\u00f3 el proceder de Jap\u00f3n, con el cual de inmediato rompi\u00f3 relaciones. Poco despu\u00e9s tom\u00f3 medidas que afectaron severamente la vida y los bienes de los inmigrantes japoneses. Orden\u00f3 a los que resid\u00edan en el norte y en las costas del pa\u00eds que se concentraran en Celaya, Guadalajara y el Distrito Federal, embarg\u00f3 sus propiedades, congel\u00f3 sus cuentas bancarias y suspendi\u00f3 sus garant\u00edas individuales. Dej\u00f3 de otorgarles cartas de naturalizaci\u00f3n y revoc\u00f3 las otorgadas los dos a\u00f1os anteriores. Hizo todo esto antes aun de que declarara la guerra a las potencias del Eje el 22 de mayo de 1942.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1ntas personas padecieron estas medidas? Sin restar el dolor, las p\u00e9rdidas y las penas que sufrieron, se calcula que fueron unos 6,000. Y es que la colonia nipona, surgida a fines del siglo XIX, era peque\u00f1a, humilde y dispersa. A partir de la firma del <em>Tratado de Comercio y Navegaci\u00f3n\u00a0<\/em>con el Imperio Japon\u00e9s en 1924, M\u00e9xico pudo regular y medir el n\u00famero de entradas al pa\u00eds, ya que se requiri\u00f3 a quienes llegaran con intenci\u00f3n de quedarse que tuvieran la invitaci\u00f3n de un connacional aqu\u00ed radicado. As\u00ed, entre los 2,183 japoneses que se contaron hasta 1932 se hallaba Teiji Sekiguchi, autor del testimonio que, gracias a la generosidad de sus hijos, Concepci\u00f3n y Jorge, reproducimos enseguida, y que se public\u00f3 por primera vez en su pa\u00eds de origen en 1993. Nos relata en \u00e9l sus primeros a\u00f1os en la que acab\u00f3 por ser su segunda patria y morir\u00eda. A\u00f1os en los que con trabajo y empe\u00f1o inici\u00f3 un s\u00f3lido negocio de ferreter\u00eda, vinculado siempre en forma estrecha a sus compatriotas. Nos relata tambi\u00e9n los tiempos dif\u00edciles que vivieron los <em>nikkei<\/em> (inmigrantes de origen japon\u00e9s y sus descendientes) en v\u00edsperas y durante la segunda guerra mundial. Tiempos dif\u00edciles en los que, como si fuera poco, hubieron sin duda de sobrevivir en una sociedad tradicional y cat\u00f3lica, en parte discriminadora y racista, como era y es a\u00fan la sociedad mexicana.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar su n\u00famero escaso, los <em>nikkei<\/em> se organizaron y ayudaron uno a otro ante el impacto de sucesos lejanos, de los que no eran responsables, pero que no los dejaron escapar. Se form\u00f3 el <strong>Comit\u00e9 de Ayuda Mutua Kyoeikai<\/strong>, dirigido por tres de los m\u00e1s reconocidos por su alcance pol\u00edtico y econ\u00f3mico, el cual alberg\u00f3 en el edificio que rent\u00f3 en la colonia Santa Mar\u00eda la Ribera a quienes hab\u00edan sido reubicados y comenzaban a presentarse en la capital, luego de malbaratar sus bienes y deshacer sus hogares en unos cuantos d\u00edas. Vistos como &#8220;prisioneros de guerra&#8221; y sin dinero hasta para comer, su traslado se realiz\u00f3, muchas veces, en condiciones infrahumanas.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">A quienes llegaron con alg\u00fan recurso, se les permiti\u00f3 instalarse en departamentos o casas de renta m\u00f3dica, por lo general situados en barrios pobres como eran entonces la colonia Obrera y la Jard\u00edn Balbuena. La mayor\u00eda lleg\u00f3 al edificio de la Santa Mar\u00eda, que pronto se volvi\u00f3 insuficiente. El Sr. Sanshiro Matsumoto, due\u00f1o de un importante negocio de jardiner\u00eda y floricultura, puso entonces a su disposici\u00f3n la Hacienda Bat\u00e1n, de su propiedad, cerca del pueblo de San Jer\u00f3nimo dice, al sur de la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la Hacienda Bat\u00e1n lleg\u00f3 tambi\u00e9n al l\u00edmite y con rapidez; as\u00ed, un informe de la secretar\u00eda de Gobernaci\u00f3n da cuenta a mediados de 1942 de que era habitada por 569 personas, que dorm\u00edan sobre colchones y sin otra cosa que comer que lo que les pod\u00edan llevar sus connacionales m\u00e1s afortunados. El Comit\u00e9 de Ayuda Mutua propuso entonces la compra de una propiedad rural, para lo que primero hubo de obtenerse el permiso gubernamental. Lo facilit\u00f3 la amistad de Matsumoto y Maximino \u00c1vila Camacho, hermano del presidente y poderoso secretario de Comunicaciones y Obras P\u00fablicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO,\u00a0<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/2010\/03\/?page_id=10\">SUSCR\u00cdBASE A BICENTENARIO<\/a>.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el presidente Manuel A?vila Camacho supo, en el curso del dAi??a 7 de diciembre de 1941, que aviones del Imperio japonAi??s habAi??an a atacado a las 7.55 a.m. a la flota de Estados Unidos anclada en Pearl Harbor y, posiblemente, bombardeado Manila, no debiA? dudar sobre el camino que iba a seguir. <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,162,20],"tags":[809,808,2259],"class_list":{"0":"post-1095","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-7","8":"category-revistanumero","9":"tag-ii-guerra-mundial","10":"tag-japon","11":"tag-mexico"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1095","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1095"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1095\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16035,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1095\/revisions\/16035"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1095"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1095"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1095"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}