﻿{"id":1074,"date":"2020-03-16T11:53:14","date_gmt":"2020-03-16T17:53:14","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1074"},"modified":"2020-08-03T09:25:51","modified_gmt":"2020-08-03T14:25:51","slug":"memoria-de-mi-infancia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/memoria-de-mi-infancia-2\/","title":{"rendered":"Memoria de mi infancia"},"content":{"rendered":"<p>Joaqu\u00edn Moreno<\/p>\n<p>Revista BiCentenario #12<\/p>\n<p><em>L<\/em><em>a historia de la infancia mexicana ha me publicaci\u00f3n por Genaro Estrada, entonces director <\/em>D. T.<\/p>\n<p><em>del Archivo Hist\u00f3rico Diplom\u00e1tico Mexicano en el a\u00f1o de 1923. Sabemos as\u00ed que Moreno lleg\u00f3 a ser el escribiente de la legaci\u00f3n de M\u00e9xico en Francia cuando Lorenzo de Zavala fue el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del primer gobierno de Antonio L\u00f3pez de Santa Anna (1833-1835). Sus anotaciones de ese lapso ofrecen la mirada viajera de un mexicano sobre Nueva York, Par\u00eds y Roma y se extienden hasta marzo de 1835, cuando regres\u00f3 al pa\u00eds. Moreno se pierde despu\u00e9s en las tinieblas de la historia, pero antes nos proporcion\u00f3, sin quererlo, y por lo mismo fresco y aut\u00e9ntico, un relato de los negocios de tierras texanas de Zavala, que explican las razones por las cuales se convirti\u00f3 en el primer vicepresidente de Texas, la conocida entonces como Rep\u00fablica de la Estrella Solitaria.<\/em><\/p>\n<p><em>Joaqu\u00edn Moreno hab\u00eda nacido en la villa de Ja- lapa, intendencia de Veracruz, hacia 1808. Al quedar hu\u00e9rfano de madre y sin aparecer el padre, fue recibido por un pariente, quien le educ\u00f3 con gran\u00a0<\/em><em>recido pocos estudios. Si bien el campo se ha <\/em><em>abierto en los \u00faltimos a\u00f1os y cuenta ya con varios trabajos de nivel acad\u00e9mico excelente, \u00e9stos se concentran, sobre todo, en los ni\u00f1os del Porfiriato y la Revoluci\u00f3n mexicana. En tal sentido, el testimonio que ofrecemos a continuaci\u00f3n tiene un gran inter\u00e9s, pues aborda la vida de Joaqu\u00edn Moreno, quien sufri\u00f3 los efectos del abandono de su padre, cuando \u00e9ste se incorpor\u00f3 a las filas de la guerra de Independencia y su hijo era a\u00fan tan peque\u00f1o que a su vuelta no lo pudo reconocer, de la prematura muerte de la madre, agobiada por las carencias y el cuidado de varios hijos, que entonces comenzaron a rodar de casa en casa, entre familiares o conocidos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n era Joaqu\u00edn Moreno? Un desconocido, uno de tantos mexicanos que pasar\u00eda inadvertido de no ser porque gustaba de llevar un diario y \u00e9ste no fue destruido a su muerte, sino que cambi\u00f3 de mano en mano hasta ir a dar a un puesto de libros viejos. All\u00ed lo descubri\u00f3 un bibli\u00f3filo, quien permitir\u00eda su <\/em><em>severidad. Sin recursos, estudi\u00f3 como <\/em>colegial de beca<em>, hasta que pas\u00f3 a la tutor\u00eda de su cu\u00f1ado, que le trataba muy mal. El regreso de su progenitor, al t\u00e9rmino de la guerra de Independencia, no le significar\u00eda alivio alguno, hasta que, con aproximadamente unos 18 a\u00f1os de edad, \u00e9l decidi\u00f3 tomar las riendas de su vida y comenz\u00f3 a trabajar.<\/em><\/p>\n<p><em>El fragmento que presentamos a continuaci\u00f3n forma parte del titulado <\/em>Diario de un escribiente de legaci\u00f3n<em>, uno de los escasos testimonios existentes acerca de la vida de un ni\u00f1o de clase media durante la d\u00e9cada de la insurgencia y los primeros a\u00f1os del M\u00e9xico independiente. Ilustra la vida de un peque\u00f1o que, por la ausencia y la irresponsabilidad del padre, enfrent\u00f3 no s\u00f3lo una situaci\u00f3n socioecon\u00f3mi<\/em><em>ca dif\u00edcil, sino abandono y maltrato. No obstante tuvo la oportunidad de estudiar, siendo la escuela el eje de su vida, siempre con referencia a la iglesia: cl\u00e9rigos, jesuitas, mercedarios, etc\u00e9tera. Oigamos pues a Joaqu\u00edn cont\u00e1ndonos su historia, cuando era un joven <\/em>escribiente de legaci\u00f3n<em>.<\/em><\/p>\n<p><strong>Ana Rosa Su\u00e1rez Arg\u00fcello<\/strong><\/p>\n<p>Instituto Mora<\/p>\n<blockquote><p>[&#8230;] qu\u00e9 vida tan llena de aventuras la m\u00eda y cu\u00e1n incierta ha sido siempre mi suerte. Tuve la desgracia de ser hijo de padres pobres; en lo m\u00e1s tierno de mi infancia, a los dos a\u00f1os, quedo abandonado del autor de mis d\u00edas, lo mismo que madre y tres hermanas ni\u00f1as, porque le fue indispensable reunirse a las filas americanas en que estaba tan comprometido. \u00a1Qu\u00e9 de trabajos no soport\u00f3 mi madre hasta su \u00faltima hora por procurar a sus hijos una miserable subsistencia y muy mediana educaci\u00f3n! El peso de tantos trabajos, aunque en los \u00faltimos a\u00f1os ya le prestaban alg\u00fan auxilio mis j\u00f3venes hermanas y un hermano suyo, ya para procurarnos juntamente con sus padres la subsistencia, ya que para nuestra educaci\u00f3n, para mal vestir, juntamente con las continuas meditaciones de nuestro porvenir sin auxilio, le arrancan la vida y quedo hu\u00e9rfano a los diez a\u00f1os de edad, en poder de un t\u00edo materno, una abuela y dos j\u00f3venes hermanas, sin m\u00e1s capital que el golpe de haber perdido a una admirable y ejemplar madre [&#8230;].<\/p><\/blockquote>\n<p>El padre don Alejandro Campos, de 97 a\u00f1os de edad, que era compadre de mi madre y padrino de la hermana que muri\u00f3, y que nos daba el auxilio en casa, recogi\u00f3 a mis dos hermanas y yo qued\u00e9 con mi t\u00edo, que para procurarnos a su madre y a m\u00ed la subsistencia, estaba obligado a sacrificarse d\u00eda y noche en pintar. Al a\u00f1o muri\u00f3 mi abuelo y mis hermanas cuidaban de que fuese a la escuela cuando vino una orden terminante de un padre don Jos\u00e9 Santos Coy [superior de los frailes mercedarios], residente en Puebla y propietario de dos haciendas y una casa, que no s\u00e9 con qu\u00e9 t\u00edtulo se dec\u00eda t\u00edo nuestro y con quien viv\u00edan a\u00f1os ha dos hermanas de mi padre, para que pas\u00e1semos a dicha ciudad. La idea de estar mejor y de la novedad nos hizo aceptar y ponernos en marcha, no obstante el parecer contrario del padre Campos, quien nos ofrec\u00eda no abandonarnos ni olvidarse de nosotros en su testamento.<\/p>\n<p>Llegamos a Puebla el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o de 1819, fuimos bien recibidos y luego se nos impuso que a nuestras t\u00edas deb\u00edamos llamarles, a ejemplo de otras dos hu\u00e9rfanas y una prima bastarda m\u00eda, <em>mamita <\/em>a la una y <em>mamita quica <\/em>a la otra y al padre <em>Tata<\/em>, padrecito. Pasaron las dos semanas de miel y comenzaron los trabajos dom\u00e9sticos con una dureza para mis delicadas hermanas y la escuela para m\u00ed. A las otras j\u00f3venes les llam\u00e1bamos hermanas, aunque no sab\u00edamos qui\u00e9nes eran ni de d\u00f3nde proced\u00edan. El padre comenz\u00f3 muy pronto a usar conmigo el sistema b\u00e1rbaro de azo-<\/p>\n<p>tes por travesuras muy naturales en todo ni\u00f1o, o porque me acostaba m\u00e1s tarde de lo prevenido, y era tal su vicio en azotar, que muchas veces, sin motivo, [\u00e9l] lo provocaba para satisfacer su infame costumbre. En fin, al finalizar de 1820, sal\u00ed de la escuela, bien honrado y con el primer pre- mio [&#8230;]. Quise abrazar el comercio; pero como dicho padre ni sab\u00eda qu\u00e9 cosa era ni hab\u00eda tomado otra educaci\u00f3n que la de fraile mercedario, me meti\u00f3 en un colegio de jesuitas, quienes fueron suprimidos al mes de estar yo con ellos [1821].<\/p>\n<p>El trato duro que sufr\u00edan mis hermanas y los intereses del padre se combinaron para sacrificar a mi hermana Pl\u00e1cida, de quince a\u00f1os, cas\u00e1ndola [ese mismo a\u00f1o] con un tal [Jos\u00e9 Manuel] Figueroa, de bajo nacimiento y vil educaci\u00f3n, que durante su vida dio un trato dur\u00edsimo a mi\u00a0hermana y a m\u00ed, que tuve la desgracia de estar con \u00e9l por las circunstancias que seguir\u00e1n. Ignoro por qu\u00e9 causas luego que se hizo este matrimonio resolvi\u00f3 el padre irse a vivir a la hacienda de Santa \u00c1gueda, dej\u00e1ndome de colegial de beca, recomendando[me] al can\u00f3nigo don \u00c1ngel Pantiga [prefecto de una academia], y mi t\u00eda la menor de ni\u00f1a del convento de Santa Clara. Tres meses o cuatro se pasaron de libertad para m\u00ed y de duros sufrimientos a mi hermana, sobre todo a la menor, cuando repentinamente viene una orden del padre para que se encargase de m\u00ed mi cu\u00f1ado, porque \u00e9l me abandonaba enteramente, haci\u00e9ndome la gracia, por algunos empe\u00f1os, de no crucificarme. El motivo fue dizque romp\u00eda dos pares de zapatos al mes y que andaba hecho pedazos, seg\u00fan le inform\u00f3 Pantiga. Y yo pregunto \u00bfqui\u00e9n es el muchacho que no visti\u00e9ndose m\u00e1s de una vez a la semana, pueda estar limpio, y sobre todo cuando \u00e9ste sea vivo, fogoso y de car\u00e1cter violento? Pero en fin, me fue indispensable pasar a ser propiedad de mi cu\u00f1ado y empeor\u00e9 bajo todos los aspectos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joaqu\u00edn Moreno Revista BiCentenario #12 La historia de la infancia mexicana ha me publicaci\u00f3n por Genaro Estrada, entonces director D. T. del Archivo Hist\u00f3rico Diplom\u00e1tico Mexicano en el a\u00f1o de 1923. Sabemos as\u00ed que Moreno lleg\u00f3 a ser el escribiente de la legaci\u00f3n de M\u00e9xico en Francia cuando Lorenzo de Zavala fue el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del primer gobierno de Antonio L\u00f3pez de Santa Anna (1833-1835). Sus anotaciones de ese lapso ofrecen la mirada viajera de un mexicano sobre Nueva York, Par\u00eds y Roma y se extienden hasta marzo de 1835, cuando regres\u00f3 al pa\u00eds. Moreno se pierde despu\u00e9s en las tinieblas de la historia, pero antes nos proporcion\u00f3, sin quererlo, y por lo mismo fresco y aut\u00e9ntico, un relato de los negocios de tierras texanas de Zavala, que explican las razones por las cuales se convirti\u00f3 en el primer vicepresidente de Texas, la conocida entonces como Rep\u00fablica<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":{"0":"post-1074","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1074"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14686,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1074\/revisions\/14686"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}