﻿{"id":1027,"date":"2011-05-01T19:22:37","date_gmt":"2011-05-02T00:22:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=1027"},"modified":"2021-05-04T14:58:02","modified_gmt":"2021-05-04T19:58:02","slug":"preludio-del-segundo-imperio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/preludio-del-segundo-imperio\/","title":{"rendered":"Preludio del Segundo Imperio"},"content":{"rendered":"<address><strong>V\u00edctor A. Villavicencio Navarro<\/strong><\/address>\n<address>Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<\/address>\n<address><span style=\"color: #993366;\">Revista BiCentenario #7<\/span><\/address>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"ngg-singlepic ngg-center\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/gallery\/bicentenario-7\/Bicentenario-7pdfmora-37.jpg\" alt=\"Carlota de niAi??a\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00edan pasado casi ocho meses desde que la mayor\u00eda de los miembros de la Comisi\u00f3n salieron de su patria con el objeto de ofrecer formalmente la corona mexicana al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, y poco m\u00e1s de seis de haber cumplido su misi\u00f3n y encontrarse esperando, paciente y angustiosamente, su respuesta. Al fin, el 10 de abril de 1864, se hallaban en la espl\u00e9ndida sala de ceremonias del castillo de Miramar, la bell\u00edsima construcci\u00f3n que Maximiliano habitaba junto con su esposa y que mand\u00f3 levantar de acuerdo con sus deseos, a las afueras de Trieste (entonces dominio del Imperio Austriaco), a punto de escuchar de los labios de su futuro emperador, la aceptaci\u00f3n oficial para ocupar el trono, una vez satisfechas las condiciones que hab\u00eda puesto para asegurarse que la mayor\u00eda del pueblo mexicano lo deseaba.<\/p>\n<blockquote><p><em>M\u00e9xico<\/em><\/p>\n<p>Dijo en su discurso Jos\u00e9 Mar\u00eda Guti\u00e9rrez de Estrada, quien presid\u00f3a la Comisi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con una confianza filial, pone en vuestras manos el poder soberano y constituyente, que debe regular los futuros destinos y asegurar su glorioso porvenir, prometi\u00e9ndonos, en este momento de solemne alianza, un amor sin l\u00edmites y una felicidad inalterable.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 Manuel Hidalgo y Esnaurr\u00edzar miraba y escuchaba complacido, orgulloso de haber sido \u00e9l, en gran parte, el responsable de que la empresa que ahora se consumaba se hubiera echado a andar a\u00f1os atr\u00e1s. Su tacto y sus finas maneras le hab\u00edan granjeado un lugar de preferencia dentro de la corte de Napole\u00f3n III, gracias a lo cual tuvo la oportunidad de exponer a los monarcas franceses la suerte de su desdichada patria en innumerables ocasiones, asegur\u00e1ndoles que, sin su ayuda, M\u00e9xico desaparecer\u00eda ante la voracidad estadunidense. Por su parte, Ignacio Aguilar y Marocho, para quien el viaje signific\u00f3 la primera oportunidad de salir de M\u00e9xico, continuaba asombrado por la belleza del sal\u00f3n de ceremonias, el lujo y buen gusto que decoraban cada rinc\u00f3n de Miramar; impaciente por escuchar a Maximiliano, sent\u00eda la certeza de que sus infortunios acabar\u00edan. No tendr\u00eda que ocultarse m\u00e1s, ni soportar la humillaci\u00f3n de someterse a un juicio de responsabilidad por haber sido ministro de Su Alteza Seren\u00edsima durante su dictadura. Tampoco volver\u00eda a sufrir de persecuci\u00f3n por haber servido al gobierno conservador como ministro de la Suprema Corte de Justicia durante la Guerra de Reforma. Al fin podr\u00eda vivir tranquilo y rodeado de su familia.<\/p>\n<blockquote><p><em>Conciudanos la honra insigne e inefable dicha de ser los primeros, entre los mexicanos <\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Conclu\u00eda Guti\u00e9rrez de Estrada<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">que reverentes os saluden a nombre del pa\u00eds, como el Soberano<\/p>\n<p>de <em>M\u00e9xico, \u00e1rbitro de sus destinos y depositario de su porvenir. Todo el pueblo mexicano, que aspira con indecible impaciencia a poseeros, os acoger\u00e1 en su suelo privilegiado con un grito un\u00e1nime de agradecimiento y de amor.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los presentes contuvieron el aliento y dirigieron la mirada expectante al archiduque y su esposa. Maximiliano, ataviado con el traje de gala de almirante de la marina austriaca, en color azul y oro, dio unos pasos hacia delante y dijo: &#8220;Solemnemente declaro que con la ayuda del Todopoderoso acepto de las manos de la Naci\u00f3n mexicana la Corona que ella me ofrece&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>[&#8230;]<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO,\u00a0<a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/2010\/02\/?page_id=10\">SUSCR\u00cdBASE A BICENTENARIO<\/a>.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HabAi??an pasado casi ocho meses desde que la mayorAi??a de los miembros de la ComisiA?n salieron de su patria con el objeto de ofrecer formalmente la corona mexicana al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, y poco mA?s de seis de haber cumplido su misiA?n y encontrarse esperando, paciente y angustiosamente, su respuesta. <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,162,20],"tags":[655,653,654,652,656,433],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1027"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1027"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1027\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16039,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1027\/revisions\/16039"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}