Vicente Riva Palacio en el Colegio de San Gregorio

JosAi?? OrtAi??z Monasterio
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 32.

La educaciA?n tradicional catA?lica, tanto en su casa como en las aulas, del autor de Los Ceros, no le impidiA? transitar hacia el liberalismo y convertirse en un protagonista destacado de la reforma. Fue un estudiante Ai??notorio, el hijo admirado por sus padre y protector de su hermano carlos.

Manzana en la que se encontraba el Colegio de San Gregorio (640x425)

MurguAi??a, Frente del exai??i??colegio e iglesia de Sn. Pedro y Sn. Pablo, litografAi??a en Manuel Rivera Cambas, MAi??xico pintoresco artAi??stico y monumental, t. ii, MAi??xico, Imprenta de la Reforma, 1882. Biblioteca ai???Ernesto de la Torre Villarai??? ai??i?? Instituto Mora.

Vicente Riva Palacios fue educado en la tradiciA?n catA?lica mA?s pura. Su padre tenAi??a firmes creencias religiosas y las oraciones, los santos y toda esa encantadora milagrerAi??a del cristianismo debieron ser el ambiente natural de su casa, algo comA?n en cualquier hogar de los aAi??os treinta y cuarenta del siglo XIX. Curas, chantres, canA?nigos y presbAi??teros, lo mismo que su ilustrAi??sima, tenAi??an un papel importante en aquella sociedad, al igual que las A?rdenes monacales de hombres y mujeres. La suerte de los padres jesuitas corrAi??a sobre un pAi??ndulo, pues podAi??an ser tanto tolerados como prohibidos de un aAi??o a otro. Pero todos los actos trascendentes de los mexicanos eran presididos por un sacerdote: el nacimiento, la comuniA?n, la confirmaciA?n, el matrimonio, la defunciA?n. Y el sacerdote tambiAi??n estaba presente en bendiciones, procesiones, tertulias familiares y hasta en los negocios. Sin embargo, desde la ciencia se cuestionaba el papel de la Iglesia, por ejemplo, al seAi??alar el peligro de enterrar cuerpos en las iglesias en tiempos de epidemias, cuando estos lugares eran frecuentados por los feligreses. Y no hay que olvidar, por otra parte, que el templo era lugar favorito de encuentro para los enamorados.

El propio Riva Palacio recuerda en el libro Los ceros, cuando la Iglesia tenAi??a presencia en todas las actividades cotidianas:

Hace 50 aAi??os cuando el dominio
del clero era tan absoluto que los
transeA?ntes no pasaban cerca de un
sacerdote sin quitarse el sombrero los
varones, y besarle la mano las mujeres
y los niAi??os; cuando las conversaciones
en todas las tertulias, sobre todo delante
de las seAi??oras, giraban siempre sobre el
padre fulano, sobre la plA?tica del padre
mengano, sobre los maitines de catedral,
la calenda de Loreto, el vespertino
de San Francisco o las tres horas de
la Profesa; cuando todas las novias las
iban a pedir los canA?nigos o los curas;
cuando todos los niAi??os jugaban a las
capillitas, y en todas las enfermedades
ofrecAi??an las muchachas ponerse el
hA?bito; entonces como una venganza,
como una muestra de insurrecciA?n de
los espAi??ritus, pasaban de boca en boca,
lo mismo en las tertulias de los ricos
que en el chocolatero de los canA?nigos,
o el cuadrante de las parroquias,
cuentos de religiA?n y de sacerdotes en
que se ponAi??a en ridAi??culo al culto y sus
ministros.

Vicente Riva Palacio A?leo - copia (434x640)

AnA?nimo, Vicente Riva Palacio, A?leo sobre cartA?n, ca. 1869. Museo Nacional de Historia. ReproducciA?n autorizada por el INAH.

Es un hecho que cierto jacobinismo, heredado de las pugnas entre la Iglesia y el Estado en el siglo XIX (y tambiAi??n en el XX y XXI), nos ha impedido conocer y reconocer como nuestra la historia eclesiA?stica mexicana, que tantos varones eminentes produjo y que han jugadoAi??un gran papel en la sociedad. Pero son, mA?s que nada, ciertas asociaciones confesionales intolerantes actuales, las que nos obligan a defender por encima de todo la libertad de conciencia.

Pero nuestro conflicto es poca cosa frenteAi??al que debiA? vivir Vicente, educado en la tradiciA?nAi??y convertido luego en actor importanteAi??de la revoluciA?n de la reforma. Es difAi??cil determinar un punto de conversiA?n, y su vida mA?sAi??se asemeja a un trA?nsito paulatino. Pero pareceAi??seguro que en sus aAi??os de estudiante era unAi??ferviente catA?lico, aunque el liberalismo mA?sAi??radical, digamos de un Ignacio RamAi??rez, debiA? plantear una disyuntiva a los jA?venes de entonces,Ai??cuyas interminables discusiones sobre lasAi??ideas modernas hubiAi??ramos querido escuchar.

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