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Receta: Aceite de perfecto amor

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 1

8.1 Aceite de Perfecto Amor, No. 1

Se dejan macerar por algunas horas al calor de la atmósfera, en diez y seis cuartillos de aguardiente, dos onzas de cáscaras descarnadas de limón, otro tanto de los de cidra y un adarme de clavo; se destila en baño de María y se obtiene la mitad del licor. Se disuelven a un fuego suave cuatro libras de azúcar en ocho cuartillos de agua, y así que se haya enfriado perfectamente, se mezcla muy bien con lo destilado: se le da color rojo con la tintura de grana se filtra por la manga y se guarda en botellas bien tapadas.

-Diccionario de cocina, o el nuevo cocinero mexicano en forma de diccionario…, imprenta de I. Cumplido, México, 1845.

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De vuelta a la vida cotidiana

Ma. Esther Pérez Salas – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 1

Una vez concluidas las festividades de la Consumación de la Independencia, los habitantes capitalinos de la flamante República Mexicana retomaron sus actividades, quedando en la memoria Te Deums, verbenas y discursos celebratorios. Al igual que había sucedido durante el periodo virreinal, plazas, iglesias, canales, conventos, garitas, acueductos, mansiones y jacales continuaron siendo el marco en el que se desarrollaba la agitada vida de los capitalinos de las primeras décadas de vida independiente. Las plazas y las calles eran A?reas privilegiadas en las que sucedían distintos acontecimientos, ya que eran lugares de encuentro, de recreo, de intercambio, de compra-venta, al igual que mudos testigos de asesinatos, ejecuciones y enfrentamientos militares, lo que nos lleva a considerar que se disfrutaba y vivía la Ciudad de México con intensidad. Son los acontecimientos cotidianos en las plazas y calles los que abordaremos en el presente texto a partir de los testimonios visuales con que contamos.

Para darnos una idea del aspecto que tenía el país en las primeras décadas de vida independiente, las revistas literarias, así como álbumes y novelas con ilustraciones, además de las imágenes publicadas en hojas sueltas, resultan una fuente de información inagotable. Dichas publicaciones constituyeron uno de los vehículos a partir de los cuales los habitantes del México independiente se crearon una imagen de su ciudad capital a la vez que se identificaron con ella.

Vida cotidiana

La técnica mediante la cual se reprodujeron las ilustraciones fue la litográfica, convirtiéndose dichas ilustraciones en una imagen prefotográfica en cuanto que fueron capaces de reproducir de una forma bastante cercana a la realidad los distintos lugares que no eran conocidos de manera directa. Así, la imagen de las plazas de Zacatecas, Veracruz o de la Ciudad de México, como la de los paseos tradicionales de la sociedad, satisfacieron las necesidades de afirmación nacional de los ciudadanos, a la vez que los intereses de la recién fundada Sociedad de Geografía y Estadística, A?vida de contar con registros visuales de la flamante República Mexicana.

Igualmente se dio especial atención a la representación gráfica de los temas costumbristas mexicanos, lo que favoreció la publicación de estampas de rancheros, cocheros, aguadores, vendedoras de aguas frescas, además de aquellos personajes que portaban una indumentaria específica o desempeñaban oficios propios del país, y que por motivos muy concretos utilizaban como centro de trabajo las calles y plazas de la ciudad.

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Receta: Orejas de Vaca Rellenas

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 1.

8.2 Orejas de vaca rellenas

Se preparan las orejas y se ponen a cocer (se remojan y escaldan) siete u ocho orejas de vaca, se aperdigan, se refrescan, se pasan por las llamas, y se les echan por dentro algún relleno cocido que se tendrá cuidado de unir y apretar bien; se revuelcan en pan rallado, se rebozan con huevo batido y se fríen, sirviéndolas con una sustancia aguada por encima.

Nuevo cocinero Mexicano, Librería de Ch. Bouret, México, 1878.

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La segunda generación en el multi. Foto-entrevista

Lourdes Roca – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4.

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Pequeño infierno rojo
donde convivió el estupro y el despojo
el esperpento de una ciudad
que desechó sus pálidos oropeles de colonia.
Pequeño infierno, infiltrado en mi memoria,
en mis sueños
rojo de sangre
de lívida sangre encadenada
rojo ladrillo
rojo de sangre milenaria.

Multifamiliar Miguel Alemán

Alejandro Ortiz Izunza.

 

La ciudad alcanzaba los tres millones de habitantes y lo que se pretendía era que un solo predio fuese habitado por entre 5,000 y 6,0000 personas. Para muchos son como una idea descabellada y podría parecerlo todavía en pleno siglo XXI; sin embargo, la obra se llevó a cabo y así surgió el Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA), mejor conocido como Multifamiliar Miguel Alemán El Multi, en pleno sur de la ciudad de México, inaugurado en septiembre de 1949. Pionero de una serie de colonias burocráticas edificadas por los gobiernos príistas, que seguirían hasta la más ampliamente referida Unidad de Tlatelolco hecha en los años sesenta, El Multi respondía a los planes desarrollistas del sexenio de Miguel Alemán, caracterizado como un periodo de bonanza económica en que el Estado Benefactor se encargaba de cuidar los intereses y necesidades de las clases trabajadoras.

Cuando se inició la construcción de la unidad en 1947, la ciudad era muy distinta a la de hoy. Las generaciones mayores todavía decían que “iban a México” cuando se trasladaban a lo que hoy es el Zócalo. El lugar elegido, en los alrededores aparentemente desolados de la urbe, sería causa de muchos recelos para sus futuros habitantes, todos trabajadores de diversas dependencias gubernamentales y en su mayoría procedentes del antiguo centro de la capital.

El principal modelo de hábitat urbano que se siguió fue el de Estados Unidos: comodidades y electrodomésticos eran el lema publicitario que se imponía, lo cual iba muy bien con el impulso industrial generado por el Estado. Además, en los inicios de la guerra fría, éste buscaba identificarse con el bando capitalista, sobre todo frente a cualquier resabio del legado cardenista y que sus proyectos no se confundieran con las “iniciativas comunistas” que surgían por doquier, reproduciéndose día a día en los discursos y prácticas de muchos países.

Se gestaba una nueva forma de vivir y habitar la ciudad: en condominio. Y justo por novedosa no pudo escapar a la crítica que, con la bandera de la tradición, emergió de todos los rincones, como podemos ver en cómo la prensa criticaba la obra pocos días antes de su inauguración, manifestando una gran suspicacia por el proyecto de juntar a una gran cantidad de población en un espacio tan compacto como el destinado al Multifamiliar Alemán.

En efecto, durante los quince días previos se publicaron diversas notas que, desde el título, predecían que una “Muerte lenta será la vida” en el Multifamiliar de Pensiones, haciendo escándalo ante las restricciones y deberes anunciados e inventados que implicaría habitarlo y que formarían la contra-propaganda del inmueble: no tener macetas, flores, pájaros, gatos, perros; no tender ni sacudir la ropa en las ventanas; no oír música; y, enfatizaban con saña la supuesta norma de bañarse constantemente en D.D.T. para no generar plagas. Este discurso impregnó los mensajes de prensa, radio y aun de cine, tanto en noticieros como en la ficción, al grado de retrasar mucho la ocupación total de la unidad y de arraigarse en las formas de concebir este espacio por parte de sus primeros habitantes, que en su mayoría llegarían a habitarlo con numerosas reservas; hubo, incluso, quienes declinaron la oferta de vivir en él.

La ronda de las generaciones

10 (448x640)La ciudad se concibió, entonces, en pleno alemanismo y por iniciativa de la entonces Dirección General de Pensiones Civiles y de Retiro, con el afán de acomodar a muchas personas en un terreno de 40 mil metros cuadrados. Habría 1,080 departamentos, ubicados en una sola e inmensa cuadra a través de una ingeniosa traza arquitectónica vertical y en forma de zigzag, en departamentos muy ingeniosos que primero fueron motivo de amplios recelos y después se convertirían en símbolo del desarrollo urbano y la innovación arquitectónica.

Los primeros habitantes llegaron adultos y muchos con familia; fue una generación pionera que tuvo que sortear las dificultades que implicó un cambio drástico en la forma de vivir, a la vez que disfrutar la época de esplendor de esta novedosa vivienda que contaba hasta con canchas y alberca. Sus hijos, en cambio, que llegaron muy pequeños o nacieron allí, constituyeron una segunda y aguerrida generación que enfrentó la necesidad de ganarse y defender el lugar, y sobre todo lograr su respeto y permanencia, en un entorno que crecía rápidamente para convertirse en la hoy muy poblada colonia Del Valle, donde el Multi es conocido como “La Tepito del Valle”. Además, después de pasar buena parte de sus vidas en esta nueva forma de hábitat urbano y acostumbrarse a que “el gobierno” lo mantuviera, esta generación, ya adulta, tuvo que encarar en la segunda mitad de los años ochenta la venta que el ISSSTE…

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De cómo se comía en la Ciudad de México hacia 1800

 
Enriqueta Quiroz
Instituto Mora
Revista BiCentenario 9
 
CA?mo se comAi??a en MAi??xico

Resulta difícil de creer, a la fecha, que durante la Colonia, la dieta de todos los capitalinos estuviera centrada en las carnes de matadero como el carnero, la res y el cerdo, el maíz, el trigo y el pulque, bebida diaria y popular por excelencia. Y también que había muchas diferencias sociales en la forma de comer y preparar las comidas, en cuanta, variedad y combinación de platillos. Sin embargo, luego de los años de la insurgencia, se advirtiA? una baja en la cantidad de alimentos consumidos por la mayoría de la gente, pero sobre todo en las raciones habituales de los jornaleros y, en particular, en las de carne.

Se sabe que el consumo de alimentos entre los estratos altos era muy exclusivo y una forma de exhibir abundancia, lujo y riqueza. Los españoles al servicio del rey gozaban del privilegio de saborear varios tipos de carne en una sola comida así como de probar un sinfín de panes o bizcochos cada día. Y todo de gran calidad, bien sazonado con especies y condimentos, acompañado por hortalizas y frutas y degustado con las bebidas preferidas.

Llama poderosamente la atención la gran diversidad de carnes que se consumían. Era bastante normal, por ejemplo, que en las comidas ofrecidas por las autoridades del Cabildo se sirvieran tres carneros, dos pechos de vacas, tuétanos de vaca, lomo de puerco, jamón, dos gallinas, lenguas y pies de puerco, 32 pollos, cuatro docenas de pichones y diez pavos, además de una arroba de pescado fresco.

Desde luego, la variedad se incrementaba mucho más si se trataba de banquetes para recibir a los virreyes o conmemorativos, como indican muchos documentos existentes en el Archivo General de la Nación. En ellos se hallan los cálculos para los gastos de mesas de hasta 60 cubiertos; era tal la abundancia de carnes rojas que se llegaban a preparar tres terneras, una vaca, cuatro cochinitos de leche y hasta 16 carneros. Sobraban las carnes blancas (pavos, gallinas, pollos) y los animales de caza (codornices, perdices, conejos, liebres), además, de cabritos, piezas frías (pies y cabezas de puerco, jamón, salchichas y tocino), y como si algo faltara, había pescado blanco, bagre, truchas y bacalao de España.

Las especias más usadas en la mesa virreinal eran la canela, el clavo, la nuez moscada, la pimienta, el chile y especies ordinarias, junto con el ajo, el perejil y la hierbabuena. Otros ingredientes para cocinar y aderezar eran el vinagre y el aceite de Castilla, los encurtidos de España, las mantequillas, la manteca, los quesos, el requesón, las pasas, las aceitunas sevillanas, las alcaparras y azúcar blanca. Había macarrones y fideos, arroz y cantidades muy pequeñas de garbanzos y frijoles.

Se disponían asimismo manojos de espárragos, docenas de alcachofas y una pluralidad de hortalizas: coles, repollos, nabos, cebollas, espinacas, zanahorias, betabeles, apio, puerros, berenjenas, coliflor, calabazas, pepinos, cardos y otras verduras. En los banquetes virreinales, los postres aparecían al llegar la noche, junto con la repostería…

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Ser niño o niña

Laura Suárez de la Torre – Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 5.

En el siglo XIX

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Un niño de posición acomodada recibía una educación cuidadosa y una serie de privilegios que, con el tiempo, le sumarían a los grupos rectores del país, desde un punto de vista político o económico o aun religioso. Su vida transcurría sin preocupaciones, o cuando menos eso se pretendía, para que pudiera dedicarse a forjar con denuedo una profesión de abogado, médico, maestro y, más tarde, quizá como ingeniero en los colegios establecidos para ese fin. Su infancia pasaba entre el estudio con silabarios y catecismos, libros de fábulas y máximas de buena educación. Gozaba con los juegos al aire libre y, en casa, con trompos y soldados de latón o cartulina de vivos colores, marionetas de trapo, una corneta o juguetes de madera pintada: un caballito risueño, luchadores enfrentados, un torero, el juego de la oca y la lotería. Se le enseñaba la religión con el catecismo del Padre Ripalda; en ella iban las prácticas devotas, pero además la celebración de fiestas, acompañadas por juguetes como los alfeñiques y los judas, las matracas y las calaveras.

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En el siglo XX

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Niños y niñas tuvieron la posibilidad de mejorar su condición de vida, que intentó abrirles la Revolución mexicana. La educación no se enfocaría a formar buenos cristianos, sino a instaurar una educación científica y difundir los principios cívicos y nacionalistas de un Estado liberal que desde el XIX se perseguían sin gran éxito. Los niños privilegiados no fueron los únicos que pudieron aspirar a ser médicos y abogados y las niñas dejaron de tener como única opción la de ser esposas y madres o monjas.

Niños y niñas pudieron, poco a poco, asistir a escuelas primarias en todo el país y aspirar a un progreso, aunque no todos, pues las diferencias continuaron entre los niños y las niñas de los distintos sectores sociales y entre los del campo y la ciudad. Las acostumbradas y populares rondas o las canciones de Cri-Crí y los entretenimientos tradicionales que se practicaban en el hogar o al aire libre fueron desapareciendo. Por dar un ejemplo, los niños y las niñas de las ciudades salieron a las calles a disfrutar de los parques y jardines en nuevas urbanizaciones; anduvieron en bicicletas, triciclos y patines; jugaron fútbol y béisbol. Asistieron a los cines y se pasaron muchas horas ante las televisiones, las computadoras y los videojuegos. Todos (unos más, otros menos) recibieron los beneficios de los avances médicos, que les permitieron traspasar los primeros años de vida, lo cual en siglos anteriores, no era común. Por último, el autoritarismo que se ejercía sobre ellos se fue perdiendo y se proclamaron abiertamente sus derechos, derechos que, lamentablemente, no se han conquistado a plenitud.

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UNA MIRADA AL PASADO. LA CIUDAD DE CAMPECHE EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

José Manuel Alcocer Bernés / Cronista de la ciudad
Revista BiCentenario No.5, págs. 50-51

Campeche torres catedral B-5Hace unos meses me buscaron dos jóvenes campechanos para mostrarme una serie de fotografías que su abuela, doña Eulalia Josefina Puertovanety, guardaba en un álbum. Mientras yo las miraba, me contaron que habían pertenecido a una fotógrafa de origen italiano que llegó a Campeche en los años cincuenta, y que su abuela hospedó en su casa porque en aquel entonces se dificultaba encontrar alojamiento en los escasos hoteles de la ciudad.

Según su relato, la fotógrafa permaneció en Campeche cerca de un mes, y parece que durante ese tiempo se dedicó a captar con su cámara todo lo que a sus ojos interesó de aquella época. Al despedirse y retornar  “no se sabe si a su patria o a otro lugar”, obsequió a la familia un lote de fotografías, como muestra de agradecimiento y amistad.

Contó 47 fotos que enseguida me puse a estudiar minuciosamente, encontrándome con un Campeche diferente al de ahora. En unas pude identificar los lugares y edificios típicos de aquí. En otras, no reconocía qué parte de la ciudad mostraban. También descubrí que habían sido numeradas, pero en esto presentaban irregularidades, lo cual me hizo suponer que debieron existir otras tantas porque algunas exhibían números de más de cien. Por supuesto les compré las fotografías a los muchachos.

Las imágenes de la fotógrafa italiana de nombre desconocido, forman parte de la memoria histórica de la ciudad de Campeche y muestran a las nuevas generaciones la evolución histórica, cultural y económica de esta vieja y pequeña ciudad llena de encanto, patrimonio de la humanidad, de la que los campechanos nos sentimos orgullosos.

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LAS PULQUERÚAS DE LA CIUDAD DE MÉXICO DURANTE EL SIGLO XIX

Mariana Díaz Álvarez / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

Revista BiCentenario No.5, pág.17
Pulque bendito, dulce tormento. / ¿Qué haces ahí afuera? ¡Venga pa’ dentro!
(Brindis popular)

Pulquería Recreo B-5Si pudiéramos imaginar una pulquería del siglo XIX, el resultado se asemejaría a una de las descripciones que hizo el escritor Guillermo Prieto en Memorias de mis tiempos: Un jacalón inmenso con techo de dos aguas formado de tejamanil sostenido por vigones y bases de piedra. Uno de sus lados da al aire libre, otro lo forman tablones gruesos, con mesas corridas y sillas bajas de tule. El suelo es de tierra apisonada y se cubre a veces con un poco de aserrín, óptimo para jugar rayuela sobre él. En la cabecera se hallan las tinas de pulque, que incluyen distintos curados de frutas o carne, cubiertas con largas tablas de madera y pintadas de rojo, verde y azul, y en cuya superficie exterior hay letreros que dicen La Madre Venus, Fierabrés, La Vencedora, La Sultana, La Reina, La Valiente o El de los Fuertes e indican la calidad de la bebida. Encima de las tinas hay repisas con vasos verdes y de pepita, cubos de palo, cajetes, cántaros y vasos cónicos de vidrio, lisos y acanalados, que constituían las diferentes medidas.

Las pulquerías comunes estaban adornadas con papel picado o cadenas de papel de china, cuadros de paisajes y toros, espejos y, en algún rincón, un objeto de la devoción del propietario: durante el siglo XIX solía haber una imagen de la Virgen de la Soledad, que en el siglo XX sería sustituida por la de Guadalupe.

Pulquería foto B-5Fuera de la pulquería, los caballos e incluso uno que otro gallo se ataban a los pilares. Las pinturas de las paredes representan distintas figuras, por ejemplo, un moro con un alfanje en una mano y la cabeza de un cristiano en la otra, y arriba un gran rótulo que dice “Pulquería del Moro Valiente”; o al leal escudero de Don Quijote montado en su burro y arriba, con grandes letras, “Pulquería de Sancho Panza”.

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Consejos de belleza

EL SIGLO XIX

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El rostro femenino recibía una atención especial. Las publicaciones periódicas prodigaban consejos y anuncios de artículos de belleza y nuestras tatarabuelas y bisabuelas debieron buscarlos y conseguirlos. En general, el ideal era que la tez luciese como de porcelana, el cabello se peinara en rizos o un moño sencillo o trenzado y recogido en una guirnalda. Se aceptaba el teñido, pues desagradaba el cabello gris o rojo. Asimismo, se veía vulgar la pintura roja en labios o mejillas y el retoque de las cejas. Los sombreros, que enmarcaban la cara, formaban parte del guardarropa y cambiaban según la moda.

Sin título5Como en el siglo XVIII

Apenas sale la señora de la cama, después de hacer dos caricias a su perrito, dar dos voces a sus criados, y olvidándose muchas veces de dar gracias a su Creador, se dirige a este paraje [el tocador], en donde se gastan las mejores horas de la mañana –entra el peluquero– la señora padece con gran gusto un martirio insufrible. Gasta tres o cuatro horas en adobar su cabello […]. Saca luego los emplastos y salserillas, dase en el rostro, y con ellos logra, ¡qué milagro! Salir blanca de morena, colorada de descolorida, con lunares, sin haberlos tenido, y en fin con una cara sobrepuesta, adulada de mueble, lisonjeada de sus criadas, y ella muy pagada de sí.

Diario de México, 1811.

A las trigueñas

Lo blanco sienta bien a todas las fisonomías […]. Pero con respecto a los demás colores, debe la trigueña consultar el buen gusto y el espejo. El azul fuerte sobre todo en pañuelos cerca de la cara, debe considerarlo como una tentación del demonio. Nada diremos del encarnado en igual caso, porque nos parece imposible que ninguna trigueñita en su juicio quiera exponer sus gracias a prueba tan terrible. En general, no conviene a su fisonomía ningún color fuerte. El de barquillo, el de paja, el de caía bajo, el azul muy suave, el rosa muy suave también, son colores que sientan bien, que aumentan la expresión de una cara trigueña.

Panorama de las señoritas mexicanas, 1842.

Para secar el cabello

El abundante cabello de una señora puede secarse inmediatamente, exponiendo al vaho o vapor del benjuí. Debe la señora reclinarse en un sofá de suerte que le cuelgue el pelo por el otro lado. Un braserillo con dos o tres pedacitos de carbón encendido se coloca después debajo del cabello y échese luego una poca de goma de benjuí en polvo en el braserillo. El espeso humo que se desprende y que está muy impregnado de ácido carbónico, absorbe rápidamente la humedad del pelo, el cual debe antes enjuagarse muy bien con una toalla de manera que conserve la menor humedad posible, y pocos minutos se tendrá el cabello perfectamente seco y aromatizado.

Semana de las señoritas mexicanas, 1851.

Vinagre aromático, cosmético y antimefítico

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Este vinagre preparado para el tocador evita y hace desaparecer los granitos, ardor, manchas ocasionadas por el sol, y las arrugas; refresca, blanquea y ablanda el cutis, hace que esté siempre terso. Se halla de venta en México en la calle de S. Agustín núm. 1.

Los espejuelos del diablo, 1865.

Vigor del cabello del Dr. Ayer

Es el mejor cosmético. Hace crecer el cabello, destruye la caspa, y con su uso el cabello gris vuelve a tomar su color primitivo […], conservando su riqueza, exuberancia y color hasta un periodo avanzado de la vida. Cuanto más se usa, más rápidos son sus efectos. Medalla de oro en la Exposición de Barcelona.

El mundo, 1896.

01Nueva higiene del cabello

La nueva higiene del cabello que prescribe el Dr. Guelpa consiste en tratar el cabello con sustancias grasientas y proceder al masaje de la cabeza, prescribiéndose en cambio el empleo de lociones antisépticas, salvo en casos especialmente indicados. La experiencia ha demostrado que con el masaje de la cabeza los cabellos suelen crecer más rápidamente y más fuertes que con cualquier otro tratamiento.

El tiempo ilustrado, 1910.

EL SIGLO XX

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Fue en el decenio de 1920 cuando el arreglo del rostro femenino cambió de forma radical con hábitos nuevos como el depilado de las cejas o el uso del lápiz labial. Con el avance de la liberación femenina, este arreglo fue cada vez más atrevido y personal. La industria de los cosméticos triunfó, aunque siguieron las rutinas caseras –sugeridas muchas veces en periódicos y revistas populares. La tez blanca se defendió, aunque se aceptó darle tonos rosados y, años después, que se bronceara, el cabello se recortó, pero también se usó largo, se le tiñó pero no sólo para ocultar las canas sino para cambiar el color, y labios, mejillas, ojos, cejas, pestañas se pintaron de colores rojos o púrpuras. A partir de los años sesenta, y hasta la fecha, no hubo o hay más límites que los que cada quien se impuso o impone. Los afeites para el rostro, por lo demás, hallaron un nuevo mercado: el masculino. En cuanto a los sombreros, ineficaces en un mundo y un tiempo marcados por las multitudes y la velocidad, fueron desapareciendo.

Agua para rejuvenecer el rostro

Cuézanse dos pies de ternero en diez y ocho libras de agua de río, y cuando se haya disminuido ésta de una mitad, échese una libra de arroz, que se hará cocer asimismo con migas de pan remojado con leche, dos libras de mantequilla fresca y las claras de diez huevos también frescos con sus cortezas y telillas. Enfriada la mezcla se pasará en seguida por un lienzo fino, y el agua que resultara es la que tiene la propiedad de hermosear y rejuvenecer.

Elegancias, 1923.

03 (465x640)El camino más corto hacia la belleza

Indudablemente que usted lo descubre cuando se asegura de que su maquillaje es correcto. De igual manera que si sus ojos son azules usted realza su belleza con un vestido azul, el maquillaje que le corresponde es el que proporciona el uso de Lápiz Labial, Arrebol, Sombra, Máscara y Polvo Marvelous en tonto Dresden. Si sus ojos son oscuros, Parisian si café claro, Continental si verdes o grises, Patrician.

La familia, 1931

Un aspecto más juvenil

Un magnífico estimulante de la circulación sanguínea del rostro es un trozo de hielo. Envuelto en un paño delgado –pues aplicado directamente podría causar ligeras quemaduras– como si fuera una borla de polvos, pasárselo repetidas veces por la cara, pero siempre partiendo de la barbilla en dirección a la frente. Su acción beneficiosa es múltiple, pues además de activar el riego sanguíneo hace que se adquiera en seguida un aspecto más animado y juvenil. [..] Después de este pequeño masaje un poco de crema va muy bien.

Enciclopedia del hogar, 1945.

04 (320x500)Atención especial al rostro

La crema base para polvo o tónica simplemente, se aplica con los dedos haciéndose un ligero masaje. Luego se retira el excedente con una toalla suave o un kleenex, luego el polvo; se arreglan meticulosamente las pestañas, el rouge y lápiz de los labios, de acuerdo con el color del rostro, y ya está.

Excélsior, 1960.

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