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Porfirio Díaz en Yucatán. Una visita Triunfal

Marisa Pérez Domínguez
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.

El general tuvo múltiples agasajos y realizó un buen número de inauguraciones de obras a su paso por Mérida, a principios de 1906. Pero su presencia significó también un fuerte respaldo a los hacendados henequeneros, denunciados por el maltrato laboral y las prácticas esclavistas de sus jornaleros.

Arco triunfal 33350 (640x455)

Como fecha “memorable” fue calificada la llegada del general Porfirio Díaz a tierras yucatecas en los primeros días del mes de febrero de 1906. El viaje presidencial, o “Las Fiestas Presidenciales”, como fue bautizada la inédita visita, revestía gran importancia, pues por primera vez honraba al Estado la visita de un presidente de la República.

El acontecimiento adquiría aún mayor relevancia porque, desde 1902, se había obtenido finalmente la “pacificación” de los mayas rebeldes, que habían permanecido en pie de lucha en el entonces territorio de Quintana Roo. Consumado este esfuerzo, el general Díaz arribaría a Mérida para inaugurar las mejoras materiales realizadas por la administración de Olegario Molina, recién reelecto como gobernador, y que representaban “el progreso de Yucatán”.

La insistencia local en conseguir que don Porfirio visitara Yucatán también respondía a preocupaciones de otro orden, relacionadas con una polémica campaña que algunos periódicos de la ciudad de México habían iniciado años atrás, acusando a los hacendados henequeneros de prácticas esclavistas contra los jornaleros yucatecos. La presencia del presidente significaba así para los terratenientes la ocasión de demostrar que las denuncias eran falsas, producto de una campaña instrumentada en la capital y que, lo que se vivía en Yucatán, distaba mucho de lo que la prensa nacional aseveraba.

Porfirio DAi??az en YucatA?n 5306 (640x455)

La visita tendría una amplia cobertura por parte de la prensa nacional e internacional, particularmente la de La Habana, Cuba, que dio cuenta de los detalles del viaje con una gran cantidad de fotografías, como fue el caso de El Fígaro. Revista Universal Ilustrada, quien le dedicó un número especial. Empero, la mirada de esta fuente representaría la visión parcial de un sector de la sociedad yucateca, que contrastaba con las lamentables condiciones laborales que imperaban en las haciendas henequeneras.

El 1 de enero de 1906, durante la comparecencia de Olegario Molina ante la Legislatura del Estado, se anunció que el general Díaz había sido invitado para concurrir a la inauguración de las obras recién erigidas en Mérida. Se trataba del nuevo Hospital O’Horán y el Asilo Ayala, entre otras.

La “fiesta” presidencial, como señaló el cronista de la misma, Rafael de Zayas Enríquez, “debía ser una verdadera marcha triunfal y tener caracteres de apoteosis”, ya que “venía a destruir la excepción que por circunstancias especiales se había hecho de la península, porque esa visita vendría a robustecer más aún los vínculos fraternales que la unen con los demás estados”. Asimismo, apuntaba que la presencia del presidente era excepcional por el número y la calidad de los huéspedes, y excepcional también tenía que ser el recibimiento y los festejos con que se obsequiase a quienes concurrían.

El entusiasmo que la noticia ocasionó fue más que patente. Los miembros de la elite yucateca, para estar a tono con el acontecimiento, pusieron a trabajar a sastres y modistas de la capital y el extranjero; se gastaron una fortuna en joyas, carruajes y troncos de caballos de pura sangre; las fachadas de las casas y edificios públicos fueron pintadas. Se invirtieron muchos recursos económicos en los preparativos.

[...]

Para leer el artículo completo, consulte la revista BiCentenario.

Sólo ustedes lo saben

Silvia L. Cuessy

BiCentenario #21 Ai?? Ai??

Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambiA? tu suerte. A?Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la naciA?n te lo dijo: ese hombre sA?lo te traerA? dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querAi??as saber. Cuando te topaste con Ai??l, tu lAi??nea del destino quedA? trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quiAi??n era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metiA? en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivA? una extraAi??a mirada sA?lo entendida por los que sabAi??an tus secretos. TA? que entonces manipulabas la CA?mara a tu antojo; tA? que poseAi??as innumerables tierras y eras dueAi??o del destino de tantas personas, tenAi??as que acercA?rtele. Los caballos sirvieron de pretexto. TA? tenAi??as los mA?s finos del paAi??s; Ai??l era el mejor arrendador de la regiA?n.

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman's Sons, 1910

Amada DAi??az de la Torre, JosAi?? Francisco Godoy. Porfirio DAi??az, President of Mexico, the Master Builder of a GReat Commonwealth, Nueva York, G. P. Putman’s Sons, 1910

Hoy sAi?? piensas en Amada, A?verdad? EstA?s agonizando en esa cama del Hospital Stern, Nacho, y ahora sAi?? la llamas. Maldito. OjalA? tambiAi??n te acuerdes de lo mucho que la hiciste sufrir. AAi??o tras aAi??o la dejaste sola en Navidades y aniversarios, ademA?s de los otros 355 dAi??as del aAi??o, si descontamos los ocho en que quizA? la llevaste al teatro o a algA?n baile porque asAi?? te convenAi??a hacerlo. Desdichada. Deambulaba por cualquiera de las casas, ya fueran las de la capital o en alguna de las haciendas. Sola en su hogar, sola en los ajenos. Sus lamentos, zumbidos molestos a tus oAi??dosai??i?? Nacho, ya no quiero que me miren con lA?stima cada vez que llego sin ti a una fiesta. Nacho no soporto los cuchicheos detrA?s de las copas de cognac o los abanicosai??i?? Sola, porque ni un hijo le quisiste dar; ni para cubrir las apariencias o acallar las malas lenguas. RehuAi??as las miradas de tu esposa suplicando caricias, y el contacto de sus manos sobre las tuyas te revolvAi??a las entraAi??as. Por las noches escuchaste sus pasos detenerse a la puerta de tu habitaciA?n y no abriste ni siquiera para un buenas noches. A?QuAi?? te costaba sacrificarte un poquito con tal de cumplirle el deseo de la maternidad? Te vas a morir pronto, Nacho, y esa mujer merecAi??a por lo menos el consuelo de un heredero. Ella te dio fidelidad y devociA?n, y tA? le devolviste penas y vergA?enza. Ya no tendrA? otra opciA?n que cuidar sobrinos y morirse de vieja con los brazos vacAi??os.

Ni el azA?car producido en todas tus haciendas lograba endulzarte el carA?cter, bromeaba tu suegro con el resto de la familia. Fuiste siempre tan arrogante. Las fotos no mienten, en ellas pareces estatua de conquistador moderno. Un sportman de revista: mano a la cintura, bigote retorcido a manera de kA?iser mexicano, chaqueta de tweed, pantalA?n golf y boina de lana: pura moda inglesa, no hay duda. A?Ah! quAi?? diferencia A?verdad? Y ahora, mAi??rate ahAi?? tan vulnerable con el trasero purulento reventado por las almorranas; alrededor, enfermos que al igual que tA? tienen los minutos contados; sin embargo ninguno del mismo mal, ninguno se retuerce tanto en la cama para calmar sus dolores, y ninguno tan arrepentido de sus pecados mientras suplica y llora. EspAi??rate tantito, desgraciado, Amada no tarda, viene en camino desde MAi??xico. Llevaba meses buscA?ndote; en la capital, en Morelos, bajo las piedras. Seguro dio gracias a Dios y a los santos del cielo cuando le llegA? la nota furtiva en la que le avisabas, desde Veracruz, que ya ibas rumbo a Nueva York. Ni ella misma supo cA?mo habAi??a sido la huida. No importa si fue mediante su ayuda o la de otros, no interesa si fue un milagro divino. VendiA? las alhajas que le diste en lugar de amor despuAi??s de que los rebeldes le quitaron a tu familia cuanta pertenencia tenAi??a; esas joyas eran su esperanza de no depender de los parientes y de la supuesta herencia de su padre. Viene a firmar la autorizaciA?n para que los mAi??dicos te sometan a una cirugAi??a. SorteA? obstA?culos y lA?grimas en medio de tiempos convulsionados. Quiere estar a tu lado y cumplir con su deber de esposa abnegada. Pareces cadA?ver, quiAi??n sabe si aguantes. Por lo menos dale ese A?nico gusto. EspAi??rala vivo, infeliz.

Utilizabas a la gente. La movAi??as a placer para proteger tus intereses. Para eso son el poder y el dinero, decAi??as. Confabulaste con tus colegas diputados para acabar con el gobierno de Madero, mandaste a tu chofer a rentar un auto frente a La Alameda; un coche que llevarAi??a al presidente y al vicepresidente a su encuentro con la traiciA?n y la muerte, junto a la penitenciarAi??a de Lecumberri. Pensaste que acabado su gobierno, todo volverAi??a a ser igual y los capitales, tuyos y de tu camarilla, estarAi??an a salvo.

Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??baseAi??a la RevistaAi??BiCentenario.

Los retratos del general y la imagen del presidente

Roberto Fernández Castro

BiCentenario #20

Porfirio Díaz supo aprovechar la fotografía para cuidar una imagen sin emociones ni sentimientos, de un militar frío, inquebrantable y de mano dura. Ya en la ancianidad, se retrataba como un patriarca austero y benigno. De héroe militar republicano a estadista y constructor de una nación moderna. El culto porfirista sería sustituido luego de su caída por un antiporfirismo igualmente poderoso.

El mundo ilustrado, MAi??xico, 5 de abril de 1913

El mundo ilustrado, México, 5 de abril de 1913

Qué clase de persona fue Porfirio Díaz? La pregunta que el periodista y caricaturista Carlo de Fornaro se hizo, y que con tremenda saña respondió en las páginas de su libro Díaz, zar de México (1909) no puede ser extraña para un biógrafo, pero a veces lo es para el historiador, sobre todo cuando nos olvidamos de la importancia de nuestro trato con las personas del pasado, o cuando la vida personal, incluyendo la propia, deja de ser el inicio y el fin de la historia. Para Fornaro, director artístico del suplemento dominical del Diario Ilustrado que dirigía Juan Sánchez Azcona, como ocurría con las biografías de la antiguedad, la descripción física de Porfirio Díaz ocupa el sitio de primera importancia: un hombre de mediana estatura que gracias a la excelente proporción de sus miembros parecía alto; de gesticulación mesurada y calmosa, con la frente baja, oblicua e intelectual.

Los ojos, como cuentas, penetrantes, eran algunas veces bondadosos y festivos, pero siempre observadores y suspicaces. La nariz deformada por sus ventanillas demasiado amplias, la barba ancha, las mandíbulas macizas y articuladas, las orejas grandes y afeadas por largos lAbulos, pero características de hombres y de razas destinados a la longevidad. El pelo y el bigote blancos, el cutis claro y salpicado de rojas manchas hécticas.

Retrato del general Porfirio DAi??az sentado en la silla presidencial, MAi??xico, principios del siglo XX, Col. de postales de la UACJ

Retrato del general Porfirio Díaz sentado en la silla presidencial, México, principios del siglo XX, Col. de postales de la UACJ

El objeto de tan minuciosa descripción era servir como contraste con los retratos de cuando Díaz tenía 37 años, para percibir una transformación tan maravillosa como increíble, pues merced al restregamiento, al estropajo, a los baños de regadera, al jabón y a la alimentación propia de la gente, el general se había transformado de un grasiento capitán de mercenarios en un completo zar blanco, algo así como el producto del cruzamiento de un prusiano Bismarck de frente estrecha y de un dorado Crispi azteca.

Díaz había concentrado además todas sus energías en el gran juego de la política y de su ambición personal, desechando todo aquello que para los hombres de su tiempo y de su posición resultaba atractivo: jugar, fumar, beber, poseer mujeres, asistir al teatro, aficionarse a las bellas artes, a los deportes o a la lectura.

PARA SABER MÁS:

Díaz y de Ovando, Clementina, Invitación al baile: arte, espectáculo y rito en la sociedad mexicana (1825-1910), México, unam, 2006, 2 vols. + 1 CD ROM.

Fornaro, Carlo de, Díaz zar de México, México, Debolsillo, 2010.

Garner, Paul, Porfirio Díaz: del héroe al dictador. Una biografía política, México, Planeta, 2010.

Rosa Casanova, Francisco I. Madero, entre la imagen pública y la acción política 1901-1913, México, Museo Nacional de Historia INAH, 2012.

Para leer el artículo completo, suscríbase a la RevistaBiCentenario.

La caAi??da del Coloso

Octavio Paz SolA?rzano, ediciA?n Regina HernA?ndez – Instituto Mora.

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

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Ai??

La ciudad de MAi??xico en 1910 era una ciudad llena de contrastes. Como sAi??mbolo del poder, representaba a un rAi??gimen que sostenAi??a el orden y el progreso. Las obras de urbanizaciA?n, agua, drenaje, pavimentaciA?n de calles, alumbrado, servicios y nuevas comunicaciones traslapaban los contrastes entre la miseria y la riqueza y bajo el cual las diferencias entre pobres y ricos se incrementaban. Representaba asimismo a un rAi??gimen que, entre afeites, perfumes franceses, carreras de caballos, clubes hAi??picos, grandes salones y restaurantes, pretendAi??a esconder su cansancio y decrepitud. Desde 1908 ai??i??despuAi??s de la entrevista DAi??az-Creelmanai??i??, la capital vio aparecer en sus calles, cafAi??s, plazas, mercados, barrios y colonias voces discordantes que rompAi??an el silencio y la apatAi??a. Nuevos grupos polAi??ticos se sumaban a los partidarios de la No ReelecciA?n de Porfirio DAi??az. El pueblo querAi??a y buscaba un cambio.

Esperando la renuncia de DAi??az frente a la CA?mara de Diputados, junio 2, 1911

Esperando la renuncia de DAi??az frente a la CA?mara de Diputados, junio 2, 1911

En 1910 la ciudad de MAi??xico vivAi??a en un dilema. Por un lado, se hizo festiva, patriota, retomA? el sentido nacionalista producido por el redescubrimiento de los hAi??roes que 100 aAi??os antes habAi??an lanzado el grito libertario. Por el otro, era cuestionadora, crAi??tica, exigente, tomaba las calles para exigir un cambio que le permitiera obtener mejores salarios, elegir libremente a sus gobernantes e imponer la bandera del nuevo proyecto que reclamaba el Sufragio Efectivo y la No ReelecciA?n.

Por la calle de Tacuba transitaban jA?venes estudiantes, obreros, empleados, maestros, periodistas, que se dirigAi??an al Centro Antirreleccionista a escuchar las propuestas de Emilio VA?zquez GA?mez, Francisco I. Madero, Luis Cabrera, Filomeno Mata y JosAi?? Vasconcelos. LeAi??an con sumo interAi??s los artAi??culos publicados en dos nuevos periA?dicos: MAi??xico Nuevo y El Constitucional. Pero a la vez la poblaciA?n se preparaba para esconder sus inconformidades y mostrar al mundo los logros del rAi??gimen porfirista. Las fiestas del Centenario la convirtieron en escenario de los desfiles de huAi??spedes distinguidos. Se veAi??an bombines, jaquAi??s, kepis, levitas, sombreros emplumados y vestidos de seda y muselina, en contraste con los anchos sombreros de palma, los calzones de manta, los huaraches, los sacos de lana burda y corriente. El escritor y diplomA?tico Federico Gamboa anota en su Diario: ai???La sociedad Ai??ntegra y el pueblo entero secundaron al gobierno con patriA?tica y cA?lida cooperaciA?n inolvidableai???.

El pueblo observaba detrA?s de la valla de soldados y policAi??as las inauguraciones de los edificios del manicomio de La CastaAi??eda, la Normal para Maestros y la AsociaciA?n Cristiana de JA?venes en la calle de Balderas, vio colocar las estatuas de Luis Pasteur, Georges Washington y Alejando Von Humboldt. En la Alameda aplaudiA? la inauguraciA?n del Hemiciclo a JuA?rez y desde el elegante paseo de la Reforma admirA? elevarse la columna de la Independencia. Fiestas, bailes y banquetes halagaban a los invitados, pero las notas discordantes se escabullAi??an para aparecer en el anA?nimo grito de apoyo a Madero y el Sufragio Efectivo, No ReelecciA?n.

Una vez que transcurriA? el jolgorio, la tensiA?n polAi??tica aumentA?. La oposiciA?n ganA? terreno. DAi??az utilizA? los medios oficiales y oficialistas para declararse triunfante. El descontento recorrAi??a las calles de la ciudad. La protesta levantaba su voz. Las noticias llegaron pronto: Madero habAi??a promulgado el Plan de San Luis PotosAi?? y llamaba a un levantamiento armado. Aquiles SerdA?n cayA? luchando en Puebla. La misma capital de la repA?blica se enfrentA? al rAi??gimen: el 18 de marzo de 1911 un grupo de intelectuales encabezado por Camilo Arriaga dio a conocer el Plan de Tacubaya, en el que se convocaba a una rebeliA?n armada y a la toma del cuartel de San Diego. Al denunciarse la conspiraciA?n, algunos de sus participantes fueron hechos prisioneros, otros escaparon y se refugiaron en Estados Unidos. La represiA?n aumentA?, hubo delaciones y acoso. Las cA?rceles se llenaron.

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DAi??az se tardA? mucho en reaccionar; cuando por fin se percatA? de la importancia del movimiento maderista quiso revertir la situaciA?n. Hizo renunciar al gabinete en pleno con excepciA?n del ministro de Hacienda JosAi?? Yves Limantour. El 1Ai?? de abril enviA? al Congreso una iniciativa de ley para restablecer el principio de no reelecciA?n y repartir algunas tierras de las grandes haciendas. BuscA? tambiAi??n un acercamiento con el jefe revolucionario Madero pero sus emisarios se negaron a discutir acerca de la renuncia presidencial. La lucha creciA?, el ejAi??rcito fue incapaz de dominar las sublevaciones. La ciudad de MAi??xico no escondiA? su inconformidad y se lanzA? a la calle; estudiantes y obreros unieron sus gritos y exigieron la salida de DAi??az, apedrearon su casa y el taller de El imparcial, reconocido como la voz del rAi??gimen, fue incendiado. El coloso temblA?, su caAi??da era inminente.

El fragmento que reproducimos a continuaciA?n expresa de excelente forma la efervescencia que se viviA? en el Distrito Federal los dAi??as previos a la renuncia de Porfirio DAi??az. Procede del ai???Magazine Para Todosai??? del diario El Universal, del 10 de noviembre de 1929. Su autor, Octavio Paz SolA?rzano, era hijo de don Ireneo Paz, y hacia 1910 colaboraba con su padre en La Patria, el periA?dico que este habAi??a fundado por Ai??l. Atendamos pues a su testimonio.

Regina HernA?ndez
Instituto Mora

[...] Los mA?s entusiastas en los ideales [revolucionarios] por los que se combatAi??a eran los estudiantes: Unos, decididamente despuAi??s de haber estado comprometidos en las conspiraciones que se fraguaban y temiendo ser aprehendidos, se agregaron a los amigos o conocidos que tenAi??an en la revoluciA?n. [JosAi??] Siurob marchA? a Guanajuato; Enrique Estrada al norte; Rafael Cal y Mayor, que habAi??a sido comisionado por Siurob para hacer propaganda entre los estudiantes, con el objeto de conseguir adeptos al Plan de Tacubaya y que el dAi??a designado para el levantamiento debAi??a apoderarse, en compaAi??Ai??a de otros estudiantes, del armamento de la guardia del Hospital Militar. Al fracasar la conspiraciA?n fue a unirse con Rafael Tapia, al Estado de Veracruz.

Un grupo de estudiantes de las diversas escuelas metropolitanas, encabezados por Fandila PeAi??a y Gonzalo ZA?Ai??iga, tuvieron la audacia de irle a pedir la renuncia al general DAi??az, pero al estar en su presencia les impuso de tal manera la voz ronca de don Porfirio, que ya ni hallaban ni cA?mo salir, y todos aterrorizados cuando se les preguntaba quAi?? les habAi??a respondido el presidente, no sabAi??an ni quAi?? contestar, pues decAi??an que sA?lo habAi??an oAi??do un ronquido. DespuAi??s de este hecho, Fandi- la PeAi??a, con un grupo de los atrevidos se fue con los revolucionarios surianos.

[...]
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Hombres ilustres de MAi??xico en ParAi??s

Miguel RodrAi??guez -Ai??UniversitAi?? Paris Sorbonne (Paris IV),Ai??Institut dai??i??Etudes Hispaniques

RevistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 13.

Los monumentos a personajes pA?blicos se multiplicaron en las grandes capitales europeas desde mediados del siglo XIX. Ya no se trataba mA?s de venerar a los santos o de hacer honores a la figura del monarca, sino de exaltar los valores ciudadanos del varA?n virtuoso. Como se inscribe sobre la fachada del PanthAi??on en ParAi??s, templo laico en el que estA?n enterrados militares heroicos, sabios, polAi??ticos y escritores, a los Hombres Ilustres, la Patria agradecida. El primer motivo del monumento es obviamente la conmemoraciA?n.

Busto de Justo Sierra en ParAi??s

Busto de Justo Sierra en ParAi??s

La multiplicaciA?n de monumentos recibiA? bastantes ataques: Pasamos nuestro tiempo, desde hace muchos aAi??os, erigiendo estatuas, a menudo mediocres, a una plAi??yade de hombres ilustres cuya fama no va mA?s allA? del lAi??mite del distrito en el que estA?n situadas, escribe un crAi??tico en 1908. Cuatro aAi??os mA?s tarde, otra obra denuncia la ai???estatuomanAi??a parisinaai???, esto es, el abuso en la costumbre de erigir estatuas en el espacio pA?blico. Fue enton- ces cuando Jacques Duclos, un joven provinciano francAi??s, quien harAi??a despuAi??s una larga carrera polAi??tica en las filas del comunismo, descubriA? la capital de su paAi??s: ai???ParAi??sai??? ai??i??expresa despuAi??sai??i?? ai???me hacAi??a el efecto de un libro de historia con grabados de piedraai???. Y es que otro objeto esencial de los monumentos pA?blicos es la educaciA?n del transeA?nte.

En esta ai???capital del siglo XIXai???ai??i??como la llamA? Walter Benjamin, el filA?sofo alemA?nai??i??, la memoria de hombres ilustres de otras naciones se consagrA? tardAi??amente (una excepciA?n notable fue la del precursor de la independencia de las colonias espaAi??olas en SudamAi??rica, el venezolano Francisco de Miranda, cuyo nombre estA? escrito en el Arco del Triunfo desde 1836, en reconocimiento a que fue un destacado general de la RevoluciA?n francesa).El conquistador Diego VelA?zquez fue por mucho tiempo el A?nico espaAi??ol y, antes de 1914, Georges Washington (1900) y Benjamin Franklin (1906) representaron al Nuevo Mundo. En la Ai??poca posterior a la primera guerra mundial, cuando el gobierno francAi??s iniciA? una campaAi??a de acercamiento a sus ai???hermanas latinasai??? del continente americano, se considerA? importante la consagraciA?n de cada una de las naciones latinoamericanas, a travAi??s de la colocaciA?n de una figura heroica que las representase en ParAi??s. A las funciones evidentes del monumento se suma de tal modo la de contribuir a la legitimaciA?n, tanto del personaje representado como de los grupos o instancias que lo apoyan.

Y como en otras grandes metrA?polis ai??i??Nueva York (1921), Madrid (1925), Roma (1933)ai??i?? se planeA? honrar, antes que a otro, a SimA?n BolAi??var, el prA?cer por antonomasia que, ademA?s de sus virtudes propias, integra la historia de los paAi??ses andinos. Su estatua ecuestre serAi??a el eje de un espacio conmemorativo construido expresamente como parque de AmAi??rica Latina, como se le llamA? desde 1934. Se trataba de una zona un tanto perifAi??rica en el noroeste de ParAi??s, cuyos terrenos baldAi??os y jardines desordenados sustituAi??an las fortificaciones y las murallas de antaAi??o y que el go- bierno municipal trataba de ocupar con edificios populares y lugares de recreo.

Visita de Luis EcheverrAi??a a ParAi??s en abril 1973

Visita de Luis EcheverrAi??a a ParAi??s en abril 1973

En los aAi??os siguientes, con un claro cuidado por la armonAi??a y el equilibrio del parque, se fueron instalando pequeAi??os bustos a ambos lados del gran BolAi??var: los de RubAi??n DarAi??o y de JosAi?? Enrique RodA? en 1934, luego los de JosAi?? MartAi?? y Juan Montalvo en 1939, siguiendo con los de VicuAi??a Mackenna y Ricardo Palma (1955 y 1960), que enaltecAi??an asAi?? a cada uno de sus paAi??ses: Nicaragua, Uruguay, Cuba, Ecuador, Chile y PerA?. En una publicaciA?n de 1936, firmada por Gonzalo Zaldumbide, literato y entonces ministro ecuatoriano, y por el escritor franco-argentino Max Daireaux, se decAi??a que la presencia de esas figuras en el parquecito parisino era como la realizaciA?n de esa hermosa pA?gina en la que RodA?, hablando precisamente de Montalvo, lo representa en los Campos ElAi??seos de la AntigA?edad, conversando con los espAi??ritus elegidos sobre las cosas eternas: asAi?? nos parece verlos, reunidos aquAi?? en la perennidad del bronce, y oAi??r en el silencio el diA?logo ideal de estas tutelares sombras de nuestra AmAi??rica.

Hay que observar de entrada que todas esas sombras tutelares son de hombres; si por lo general las estatuas ignoraban el gAi??nero femenino (a menos que se tratase de alegorAi??as), la tendencia crecAi??a en el caso de las naciones latinoamericanas. De allAi?? que no haya un monumento a Gabriela Mistral o Sor Juana. A?QuAi?? virtudes se subrayan al erigirse estos bustos, al elegirse a estos hombres ilustres? Letrados todos, con su pluma contribuyeron a la cimentaciA?n de la identidad nacional, algunos habiendo jugado tambiAi??n un importante papel en la vida polAi??tica e institucional en el primer siglo de vida independiente.

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