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Con la mA?sica por dentro

Ingrid S. BiviA?n – Instituto Mora.

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xicoAi??/Ai??DurangoAi??450 aAi??os de historia, ediciA?n especial.

Nombres como Revueltas, Fournier, Alvarado, Castro o Baca, sobresalen como autores de las destacadas obras filarmA?nicas que ha dado MAi??xico.

Ricardo Castro (640x454)

Ricardo Castro tocando el piano en Composiciones de Ricardo Castro, MAi??xico, A. Wagner y Levien Socs. 1a Capuchmas 21, [s. f.]. ColecciA?n particular.

Al hablar de la historia de la mA?sica en MAi??xico es indispensable dirigir nuestra atenciA?n hacia Durango, tierra fAi??rtil que ha acunado a intAi??rpretes y compositores que han dejado una huella indeleble en el cultivo del arte de Euterpe en nuestro paAi??s. Este texto se referirA? a cinco destacados filarmA?nicos durangueAi??os: Luis Baca, Ricardo Castro, Alberto M. AlvaAi??rado, Francisco Fournier y Silvestre Revueltas, quienes, no obstante representar sA?lo una parte del talento musical del que ha dado muestra el estado, tienen el suficiente peso e importancia para permitirnos atisbar a travAi??s de sus trayectorias y composiciones algunos de los rasgos que caracterizaron a la mA?sica en MAi??xico durante la segunda y primera miAi??tad de los siglos XIX y XX, respectivamente. Periodo durante el cual el predominio de la A?pera italiana y de los bailes de salA?n fue queAi??dando poco a poco atrA?s, acercA?ndose el gusto musical hacia otras formas de composiciA?n como las sinfonAi??as.

Baca, un compositor en ParAi??s

Nuestro recorrido comienza cronolA?gicamente con Luis Baca Elorriaga, quien vino al mundo el 15 de diciembre de 1826. A la edad de siete aAi??os comenzA? sus estudios musicales en su natal Durango con Vicente Guardado, maestro de capilla de la catedral, y, posteriormente, los continuA? en la ciudad de MAi??xico, donde asistiA? a las clases del Conservatorio de la Gran Sociedad FilarmA?nica, reciAi??n inaugurado en 1839. AllAi?? fue instruido por JosAi?? Antonio GA?mez, de quien seguirAi??a recibiendo leccioAi??nes despuAi??s de la desapariciA?n del centro de enseAi??anza en 1843.

Tan grande era la inclinaciA?n del joven Luis hacia la mA?sica que declinA? continuar la carrera de derecho que cursaba en la capital; sin embargo, su familia no estuvo de acuerdo con su proceder y en 1844 lo instA? a viajar a ParAi??s para estudiar medicina. Ni quAi?? decir que accediA? de buen grado, pero no por el gusto de hacerse un galeno, sino por el de aprovechar su estancia en la Ciudad Luz para dedicarse de lleno a la composiciA?n; convirtiAi??ndose asAi?? en el primer mexicano en hacer estudios musicales en Europa.

Baca se inscribiA? en el Conservatorio de ParAi??s como alumno de asignatura libre y asistiA? a la cA?tedra de composiciA?n para la cual habrAi??a de escribir una serie de polkas de salA?n como ejercicios de clase. Los frutos de su residencia parisina no se hicieron esperar: en 1850, con motivo de las fiestas de Nuestra SeAi??ora de Loreto, compuso su Ave MarAi??a, que logrA? tan buena aceptaciA?n que fue lujosamente impresa, y se iniciA? en la composiciA?n de A?pera italiana con Leonor y Giovanna di Castiglia.

Alberto M. Alvarado Partitura 'Palomita Consentida' (1) (446x640)

Alberto M. Alvarado, “Palomita consentida”, partitura, fox trot para piano.

Tras visitar Italia, BAi??lgica e Inglaterra, finalmente retornA? a MAi??xico en 1852, donde fue recibido con beneplA?cito por sus coteAi??rrA?neos; sin embargo, ante las dificultades para presentar sus A?peras, resolviA? hacer un nuevo viaje al Viejo Mundo. Por desgracia, este propA?sito se vio truncado en 1855, al morir repentinamente atacado de cA?lico.

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Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la Revista BiCentenario.

La A?pera en MAi??xico del siglo XIX al siglo XXI

Ingrid S. BiviA?n
Instituto Mora

En revistaAi??BiCentenario. El ayer y hoy de MAi??xico, nA?m. 12.

Ai??Vestido de A?pera

Estimado pA?blico, esta es la tercera llamada, tercera llamada. A?Comenzamos! Un silencio se apodera del teatro. La orquesta comienza a tocar y el telA?n se abre para mostrar el soberbio escenario. AnteAi??nosotros aparecen los protagonistas de esta historia que hoy en dAi??a seguimos escribiendo.

Adelina PattiPrimer acto

La acciA?n se sitA?a en los albores del MAi??xico independiente, cuando en la ciudad de MAi??xico son estrenadas una tras otra las A?peras de Rossini. Un pA?blico de clase media y alta se aficiona al divino arte y tararea divertido la obertura del Barbero de Sevilla. Es tal el Ai??xito del tenor espaAi??ol Manuel GarcAi??a (1827-1828), que lo seguirA?n los mA?s brillantesAi??cantantes del siglo, y otros muchos no tan famosos. Los aficionados aplauden hasta el delirio a Henriette Sontag (1854), Enrico Tamberlick (1871) y Adelina Patti (1887), mientras que los poetas les dedican odas enteras. MenciA?n especial merece A?ngela Peralta (1845-1883), el RuiseAi??or mexicano, la primera cantatriz que muestra al mundo que su paAi??s tambiAi??n sabe cantar A?pera.Adelaide Ristori

El gusto nacional se inclina por la A?pera italiana. Los aficionados escuchan, duranteAi??largas temporadas, ya sea en el Gran Teatro Nacional, el Principal, el Arbeu o el Coliseo Viejo, las grandes obras de Rossini, Bellini,Ai??Donizetti y Verdi, pero tambiAi??n las de Mozart, Offenbach y Wagner. Y la A?pera no se oye sA?lo en la capital. Los habitantes de QuerAi??taro, Jalisco, Guanajuato, Sinaloa y otros estados asisten a teatrosAi??reciAi??n estrenados para disfrutar de LucAi??a de Lammermoor o AAi??da.

Los compositores mexicanos tambiAi??n se hacen presentes en los escenarios: Melesio Morales, Cenobio Paniagua, Miguel Meneses y Aniceto Ortega son losAi??principales; en algunos casos, Jenny Lind en La Sonnambulaenfrentan grandes dificultades, pues pA?blico y empresarios, en su mayorAi??a, carecen de interAi??s por las obras nacionales. Fue el caso de Morales, con Ildegonda.

Hay A?pera en el teatro, la tertulia, los domingos en la Alameda,Ai??la clase de mA?sica, la literatura, los periA?dicos y revistas. El pA?blico rAi??e, llora, sufre y maldice junto con los cantantes; y, aunque a veces se niegue a asistir al teatro, las compaAi??Ai??as de A?pera no dejan de ofrecer estrenos cada vez conAi??mayor presteza, pues la escena mexicana era entonces una de las mA?s importantes del continente.

Se acerca el final de siglo, nuestros cantantes, teatros, compositores y aficionados se despiden.

Poster Turandot, 1926, Mushii

Segundo acto

Comenzamos el siglo XX y… A?y el teatro?, A?quAi?? fue del Gran Teatro Nacional (1844-1901)? Don Porfirio DAi??az tuvo por buena la idea de deshacerse de Ai??l, no importando que aA?n no estuviera listo el Palacio de Bellas Artes (1934). Pero el que es buen gallo, donde quiera canta, y la A?pera sigue presentA?ndose en el Arbeu, el Esperanza Iris, el Circo Teatro OrrAi??n y, cuando la ocasiA?n lo amerita, el mismo Toreo (Caruso, 1919). Los mexicanos siguen yendo a la A?pera a deleitarse con las voces de sopranos, tenores, barAi??tonos y contraltos. Se interpretan notas distintas: de Puccini, Massenet, Leoncavallo y Tchaikovsky. Es el tiempo de Madame Butterfly y hayAi??A?peras mexicanas como Atzimba (Ricardo Castro).

Llegan los aAi??os treinta y transcurren hasta los setenta. El mundo cambia con rapidez; las nuevas tecnologAi??as ai??i??cine, radio y televisiA?nai??i?? se convierten en sinA?nimo de entretenimiento. Si las tempo- radas de A?pera de principios de siglo no se comparaban en cantidad con las del XIX, Ai??stas menos. No obstante, las grandes figuras del arte lAi??rico siguen visitA?ndonos: la Callas (1950) y, mA?s tarde, PlA?cidoAi??Domingo, a la fecha de apariciA?n constante.

Manuel Garcia as Otello in Paris from Gallica, c. 1821 (532x640)

Los mA?sicos mexicanos siguen componiendo A?peras. Carlos JimAi??nez Mabarak, Luis Sandi, Alicia Urreta y Daniel CatA?n, por referir algunos, contribuyen a formar todo un corpus de A?pera nacional. A fines de siglo, la A?pera parece recuperar popularidad entre cAi??rculos mA?s amplios de la sociedad.

Opera_ViennaTercer acto

El siglo XXI inicia con atisbos de progreso. Los medios de comunicaciA?n no dejan de revolucionarAi??la relaciA?n entre la A?pera y el pA?blico: cualquiera que cuente con una computadora y tenga acceso a internet puede disfrutar de A?peras completas sin salir de casa. Y quiAi??n iba a pensar que se podAi??a dedicar un fin de semana para ir al Auditorio Nacional a escuchar las representaciones del Metropolitan de Nueva York. Sin duda alguna, MAi??xico tiene interAi??s por la A?pera; lo prueba el Ai??xito del reality show Ai??pera prima yAi??los llenos en el Auditorio, Bellas Artes y el Esperanza Iris.

El siglo adelanta con la esperanza de que el divino arte siga siendo revalorado en nuestro paAi??s y cause el mismo embeleso que a nuestros abuelos, para que su historia no termine en tragedia.

Cae el telA?n.

Cantorales del siglo XIX en la Catedral de MAi??xico

Silvia Salgado
Instituto de Investigaciones BibliogrA?ficas, UNAM
Revista BiCentenario #7

 

Mientras que afuera de la Catedral de la ciudad de MAi??xico se desarrollaba la hazaAi??a libertaria que separA? a la Nueva EspaAi??a de su matriz imperial y permitiA? el nacimiento de una naciA?n independiente, dentro de la Iglesia metropolitana se celebraban las misas y los oficios divinos que se habAi??an practicado a lo largo de los tres siglos de dominaciA?n hispana y, mA?s aA?n, se seguAi??an elaborando y comprando libros de coro o cantorales para cantar las alabanzas a Dios y ataviar el culto.

Desde la llegada de los espaAi??oles y hasta fines del siglo XIX, la Iglesia Catedral de MAi??xico elaborA? y utilizA? los cantorales, artilugios surgidos de la tradiciA?n judeocristiana, indispensables para sus celebraciones, sin que el final del orden virreinal y el surgimiento de otro orden polAi??tico, las guerras civiles y exteriores, las reformas socioeconA?micas, etcAi??tera, interrumpieran esta labor. FormA? asAi?? una de las colecciones mA?s ricas del paAi??s.

De esta colecciA?n se conservan, a la fecha, tan sA?lo 123 ejemplares, ya que muchos se perdieron por saqueo, ventas, descuido y exposiciA?n a diversos desastres naturales, al olvido y la ignorancia ai??i??que les dio otro uso considerA?ndolos sin valor. Los que quedan deben ser estimados como objetos culturales A?nicos. Son parte de nuestro patrimonio bibliogrA?fico y artAi??stico y la labor de hallazgo, inventario, preservaciA?n, estudio y difusiA?n ha de seguir.

Los cantorales son los libros de coro, escritos por lo general sobre pergamino, si bien los hay en papel artesanal o fabril, con textos basados en la Biblia y una notaciA?n musical vinculada a formas medievales y renacentistas. Su objetivo principal era ayudar en la alabanza ritual del Dios catA?lico, alabanza que ocurrAi??a en el altar catedralicio, en el coro alto o las naves laterales de los conventos masculinos, el coro oculto de los femeninos y en el altar de cualquier iglesia. Se caracterizan por su gran tamaAi??o ai??i??pueden medir entre 90 x 65 y 60 x 40 centAi??metros (alto por ancho) y tener un peso de hasta 50 kilogramosai??i??, lo cual resultaba preciso para que pudieran ser leAi??dos por todos los integrantes del coro, situados alrededor del facistol o gran atril que los sostenAi??a.

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1975: EL AAi??O EN QUE CHICAGO VINO A MAi??XICO

Leonides Afendefulis GarcAi??a / IPN
Revista BiCentenario #8
Chicago B-8
El campeonato mundial de futbol celebrado en 1970 dio un respiro al gobierno mexicaAi??no, interesado en tener en calma a la juventud y en distraer a la poblaciA?n que aA?n tenAi??a fresca en la memoria la masacre de TlaAi??telolco de 1968. Y que el 2 de octubre no se olvida quedaAi??ba mA?s que claro al escuchar a la mayorAi??a de las bandas nacionales de rock, que deAi??jaron de interpretar cancioAi??nes de grupos extranjeros y comenzaron a componer sus propias canciones en espaAi??ol y a comunicar mensajes mA?s afines a las nuevas generaAi??ciones y la realidad del paAi??s. Asimismo, la oposiciA?n seguAi??a y provocaba probleAi??mas. El movimiento gueAi??rrillero avanzaba con Lucio CabaAi??as, Genaro VA?zquez y la Liga 23 de Septiembre parecAi??a extenderse. Los estuAi??diantes tampoco se conservaAi??ban tranquilos. El presidente Luis EcheverrAi??a, quien como secretario de GobernaAi??ciA?n habAi??a sido corresponsable de los sucesos del 68, no se detuvo para hacer sentir su mano dura el 10 de junio de 1971. Ese dAi??a, llamado tambiAi??n Jueves de Corpus, el grupo paramilitar conocido como ai???Los Halconesai???, que se hallaba al servicio del DepartaAi??mento del Distrito Federal, reprimiA? brutalmente una marcha de protesAi??ta en los alrededores de la Escuela Normal de Maestros, llevando a cabo otra matanza. Ai??Con el A?nimo de congraciarse con la juAi??ventud nacional, CarAi??los Hank GonzA?lez, entonces gobernador del estado de MAi??xico, autorizA? a Luis de LlaAi??no, Eduardo LA?pez NeAi??grete y otros jA?venes de familias adineradas para que organizaran un Festival Rock y Ruedas en AvA?nAi??daro, el cual se celebrarAi??a los siguientes 12 y 13 de octubre. El programa era que durante todo un dAi??a y toda una noche se presentaran grupos de rock y que la jornada musical terminara con una carrera de autos. Hank GonzA?lez hacAi??a su juego, consideAi??rando que no tenAi??a nada que perder, pues, si las cosas marchaban bien, sus aspiraciones polAi??ticas se verAi??an fortalecidas y, en caso contrario, sabrAi??a como deslindarse de cualquier tipo de responsabilidad. El evento se llevA? a cabo con Ai??xito y tranAi??quilidad. Sin embargo, al otro dAi??a del evento, y con una actitud terriAi??blemente amarillista, la prensa se dio vuelo inventando desastres. Se reportaron, por ejemplo, cuatro muertos en el A?rea del concierto, cuando en realidad los fallecimientos acaecieAi??ron, uno a 20 kilA?metros, porque un desafortunado participante fue atropellado por un coche y el resto no habAi??an tenido nada que ver. Se publicA? tambiAi??n que hubo una bacanal de sexo y drogas, y que se atendieAi??ron 224 casos de sobredosis, cuando el hospital civil LA?Ai??pez Mateos de Valle de Bravo declarA? haber auxiliado sA?lo a 27 muchachos intoxicados con estupefacientes, a los que dio de alta a las pocas horas. Ai??El hecho era que el goAi??bierno, junto con el sector mA?s conservador de la socieAi??dad, se hallaban totalmente en contra de los llamados en la Ai??poca ai??? jipitecasai??? ai??i??verAi??siA?n nacional de los hippies estadunidensesai??i??, a los que tildaban de desaseaAi??dos y criticaban por su modo de vestir y su mA?siAi??ca. Surgieron asAi?? los ai???hoyos funkysai???, que eran siAi??tios marginales donde estos grupos podAi??an reunirse. Los mA?s emblemA?ticos en el DF fueron el salA?n Chicago en el barrio de Peralvillo y El HerradeAi??ro, por el rumbo de la colonia AgrAi??cola Oriental. Ai??visita de los Rolling Stones a la Ciudad de MAi??xico, permitiendo en cambio la actuaciA?n en el Auditorio Nacional de la entonces triunfante banda ChicaAi??go. Los sucesos en los tres conciertos, que Leonides AfAi??ndulis nos ofrece en lo que es un testimonio de un gran momento de su adolescencia y que ahora comparte generosamente con nosotros, sirvieron de termA?metro para medir el grado de alteraciA?n e insatisfacciA?n entre los jA?venes, por lo menos en la capital de la repA?blica. Con argumentos tramposos, como el de que la juventud nacional no estaba lista para ese tipo de espectA?culos, el gobierno los prohibiA? totalmente.
Boleto Chicago B-8

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